Escrita
por M. A. Imprenta de J. Villalpando 1884.
El
excelentísimo. Sr. Dr. D. Tomás Barón y Morales, dignísimo Obispo de esta
Diócesis, se dignó conceder cuarenta días de indulgencias por cada día que se
rece de esta Novena. León, 1° de Setiembre de 1884.
COMENZAMOS: 28 de septiembre.
FINALIZAMOS: 6 de octubre.
FESTIVIDAD: 7 de octubre.
AL LECTOR
Señor
Gobernador de esta Sagrada Mitra:
He leído con atención y detenimiento la Novena para implorar el auxilio de la
siempre Virgen María Santa Madre de Dios, bajo el glorioso título de Reina del
Sacratísimo Rosario, que V. S. se dignó sujetar a mi humilde censura, y no
encontrando en ella cosa alguna contra el dogma ni las buenas costumbres, y
antes al contrario, juzgándola muy oportuna para fomentar la piedad de los
fieles, y avivar más y más en ellos la Santísima devoción al Rosario de María,
tan recomendada últimamente por N. S. P. León XIII, juzgo que puede V. S.
conceder la licencia que se solicita para imprimir dicha novena.
Tal es mi humilde juicio, que en todo sujeto
al más ilustrado y prudente de V. S. Dios guarde á V. S. muchos años. —León, Agosto 30 de 1884.
Francisco
de Sales Ginori.
León,
Setiembre 1° de 1884.
Visto el anterior dictamen: concedemos nuestra
licencia, para que se imprima la Novena á que se refiere, con calidad de que no
se publique sin que previamente sea cotejado el impreso con el original por el
mismo Señor Censor. Así el Sr. Gobernador de esta Sagrada Mitra lo decretó y
firmó.
M.
f. Dr. Zúñiga.
Jesús
María Aguirre,
Srio.
NOVENA PARA IMPLORAR el AUXILIO DE LA VIRGEN MARÍA SANTA MADRE
DE DIOS, bajo el glorioso título de MADRE DEL SACRATÍSIMO ROSARIO.
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos,
líbranos
Señor
✠
Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠,
y del Espíritu
Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN.
¿A dónde hemos de ir perseguidos por vuestra
justicia ¡oh amantísimo
Redentor nuestro! sino a la sombra y
amparo de vuestra misericordia?
¿A dónde iremos a ocultarnos de vuestro enojo ¡oh Dios Santo! cuando
estáis presente en todas partes, y “en donde no estáis por vuestra gracia,
estáis por vuestra venganza? ¿Quién
nos librará del castigo que merecemos, sino esa preciosa Sangre que por
nosotros habéis derramado? Después de tantos pecados como hemos
cometido, no nos queda otro medio para conseguir nuestra justificación que
acogernos a los méritos de vuestra pasión Sagrada. Estos méritos alegamos en
favor nuestro: Vos nos los habéis dado. Nos acogemos a vuestra preciosa Sangre
para que nos lave: imploramos vuestra misericordia para que nos perdone: nos
pesa de haberos ofendido y de haberos negado tantas veces con nuestra conducta
infiel. Dirigid a nosotros vuestro rostro y seremos salvos: convertíos a
nosotros y nos convertiremos á Vos: enviadnos el raudal de vuestra misericordia
antes que nos hiera el azote de vuestra indignación. No nos castiguéis ¡oh dulce Redentor nuestro! En vista de vuestras
preciosas llagas y de la mediación de vuestra Santísima Madre, a quien
invocamos para nuestro remedio. Perdonadnos ¡oh
buen Jesús! y concedednos la gracia de vivir ya como cristianos, de
confesar vuestra santa fe con la boca y con el corazón y de morir en el
cumplimiento de vuestra santa ley. Amén.
ORACIÓN PARA TODOS LOS
DÍAS.
¡Oh María Virgen incomparable y Santa Madre
de Dios! En medio de la tempestad que
nos agita de pasiones y de pecados y de castigos de Dios, en este mar de nuestra
vida, ¿qué remedio podemos tener sino dirigirnos a
Vos que sois la Estrella, la fulgentisíma Estrella que nos dirige al puerto de
salvación y nos libra de un naufragio eterno? A Vos, pues, volvemos
nuestros ojos llorosos para que os dignéis animarnos en nuestras fatigas: os
invocamos a Vos para que vengáis a auxiliarnos: os llamamos para que nos
tendáis una mano bienhechora. Venid ¡oh María! venid,
no tardéis, y a vuestro imperio cesará la tempestad y experimentaremos el
bienestar y la calma. Venid, consuelo de los afligidos, auxilios de los
cristianos: no permitáis que nos trague el abismo: reprimid la fuerza de
nuestros enemigos: acogednos bajo vuestro benéfico amparo. Venid, y suspended
los castigos que merecemos. Sin vuestro socorro, sin duda vamos a perecer. Si
no abogáis por nosotros, el azote de Dios nos alcanzará; la muerte no emprenderá su fuga, y no podremos recuperar
la vida. ¡Oh María! Jamás se ha oído
decir que hayáis desamparado a los que os invocan. Esta confianza nos hace
llamaros con más y más instancia. Por esto es que venimos a practicar la
devoción de vuestro Santísimo rosario que Vos misma revelasteis para nuestra
salvación. Queremos por este medio librarnos de los males que nos aquejan. ¡Ojalá y que no se pase un solo día de nuestra vida sin
que os invoquemos, mediante esta saludable devoción! ¡Ojalá y que sintamos en
nuestro terreno estéril la lluvia de bendiciones que por el Rosario habéis
ofrecido! Concedednos ¡oh María! el
triunfo sobre nuestras pasiones, obedeciendo la ley del Señor: libradnos de la eterna venganza y abridnos la puerta del cielo. Amén.
DÍA PRIMERO —28 de septiembre.
Hoy
que vivimos en un siglo que olvidado de Dios, que es el dador de todos los
bienes, solo se ocupa de elogiarse a sí mismo, sin tener presente que habiéndolo
recibido todo, de nada puede gloriarse: hoy que el
mundo descreído corre desenfrenado al abismo por una pendiente, de cuyo
precipicio solo Dios puede librarlo; que infatuado con sus adelantos
materiales, ha retrocedido al paganismo no
buscando más que pan y placeres, y que
constituido enemigo de Dios, ha llegado al grado de llamar escandalo al culto que se debe al mismo Dios: hoy que Satanás ha extendido su imperio por todas las naciones
destruyendo la moral cristiana en el individuo, en la familia y en los pueblos
propagando la incredulidad desprestigiando la virtud y fomentando el vicio,
negando el orden sobrenatural y solo dando crédito a lo que se ve y a lo que se
palpa: hoy que la serpiente insidiosa se ha enfurecido contra los
vivientes, haciendo innumerables victimas con el halago de las pasiones, con la vanidad de la moda,
con la soberbia de la vida: hoy que Dios se ve tan ofendido aun por los mismos
cristianos que nos preciamos de profesar la fe católica y que, por lo mismo
estamos haciendo más pesado el brazo de la
justicia divina; hoy como nunca se hace más imperiosa la necesidad que
tenemos de levantar nuestra alma a Dios, de humillarnos profundamente ante su
divino acatamiento, de hacer penitencia para que no nos castigue su mano ¿Más que
practica de devoción podremos adoptar tan eficaz y poderosa que en
circunstancias tan difíciles contenga el azote de Dios y obtenga de su bondad
la misericordia y el perdón? ¿Cuál es esa devoción tan feliz con que podamos
desagraviar a Dios y a su Santísima Madre por las blasfemias que se profieren,
y que los católicos no podemos escuchar sin lanzar un grito de horror y de
indignación?
El santísimo rosario: he
aquí la devoción invencible que siempre ha triunfado del error y de toda clase
de enemigos que combaten a los cristianos. El rosario es una de las devociones más
aceptas a Dios, más agradables a la Santísima Virgen, más provechosas para la
cristiandad. Su práctica ha sido recomendada con encarecimiento por los Sumos
Pontífices y últimamente por nuestro Santísimo Padre el Sr. León XIII, a fin de
implorar el auxilio divino en las necesidades de la Santa Iglesia. Por el rosario,
Dios ha bendecido a los pueblos, santificado a las almas y apartado el azote de
su justicia vengadora. La devoción del rosario y su
grande utilidad ha sido revelada por la misma Virgen Santísima a Santo Domingo
de Guzmán en el Siglo XIII, y en 1858, en Lourdes, ha recomendado su práctica en
las diez y ocho veces que se le apareció a Bernarda, pues en todas ellas se
dejó ver con el rosario en la mano, recorriendo sus cuentas a cada Ave María
que la pastorcita le rezaba.
María, dice San Bernardo, es la Restauradora de los Siglos; y
sin duda que lo será de este, si acudimos a tan excelsa Virgen, invocando su
protección con el Santísimo rosario.
Que el individuo, pues, que las familias y
los pueblos se unan de concierto para implorar el amparo de María con la
recitación del rosario. “Venid, naciones todas del mundo nos dice San
Juan Damasceno, venid, todos los habitantes de la
tierra, de toda edad, de toda lengua, de toda clase: abracemos todos el culto
de la que hace la alegría de los desgraciados, sirviéndoles de apoyo en sus
fragilidades, y de consuelo en sus desgracias”.
Atendamos a esta invitación: abracemos la práctica del Santísimo rosario, y el azote de
Dios no llegará a nosotros; Dios será bendito y María Santísima glorificada.
—Tres Ave
Marías en la forma siguiente:
—Dios te
Salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Reina del sacratísimo Rosario. Ave
María.
— Dios te Salve María
Santísima, Madre de Dios Hijo, Reina del Sacratísimo rosario. Ave María.
—Dios te
Salve María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Reina del Sacratísimo rosario.
Ave María.
—Gloria al Padre …
ORACIÓN PARA EL DÍA
PRIMERO.
“Santísima Madre
de Dios Refugio de los miserables, consuelo de los afligidos, Reyna de la
misericordia, poderosa Abogada de los pecadores, dignaos fijar vuestros Clementísimos
ojos sobre un desventurado que pide gracia: escuchad los gemidos y los suspiros
de la criatura más miserable que existe sobre la tierra: tended la mano a un
pobre ciego que se ha precipitado en el profundo abismo de todos los males,” y
enseñadme el camino que conduce a la vida. Haced que os ame ¡oh María! que yo os bendiga en todos los instantes de mi vida, y que en la
hora de mi muerte experimente vuestra maternal protección como fruto especial
de la práctica de vuestro Santísimo Rosario. Amén.
GOZOS
¡Oh
Jardín de la hermosura,
De
la gracia Relicario!
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
En
el rosario sagrado
Nos
diste, Virgen clemente,
Un
antídoto excelente
Contra
el error y el pecado.
Es
humillación segura
Para
el demonio incendiario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Iris
que vino del cielo
Anunciando
la bonanza,
Inspiración
de esperanza
Y
tesoro de consuelo.
De
toda humana criatura
Es
feliz itinerario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Es
el rocío celestial
De
gracias y de favores,
Que
libra a los pecadores
De
la sequía más fatal.
Es
de nuestra alma dulzura,
De
la oración es breviario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Es
la armonía deliciosa
Que
despierta al pecador
Para
que vuelva al Señor
De
su vida licenciosa.
Lleno
de celo y ternura
Es
un misionero diario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Es
el huerto floreciente
Donde
muestra su belleza
El
lirio de la pureza
Y
la flor del penitente.
Su
aroma sube a la altura
Como
de un rico incensario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Es
la lágrima ferviente,
El
poderoso gemido
Que
al Señor Dios ofendido
Lo
calma y muestra indulgente.
Es
para toda amargura
Dulce
asilo hospitalario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Es
la llave del perdón
Que
abre las puertas del cielo
Al
pobre que con anhelo
Impetra
su salvación
Premio
de eterna ventura
En
el celeste santuario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
Para
contar tanto bien
Del
rosario de consuelo,
Faltan
estrellas al cielo,
Faltan
flores al Edén.
De
riquezas tu finura
Nos
ha donado un erario.
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
¡Oh
Jardín de la hermosura,
De
la gracia Relicario!
Seas
bendita, Virgen pura,
Reina
excelsa del Rosario.
ORACIÓN FINAL
¡Oh María! Cuando veo que vuestra
ardiente caridad me ha ofrecido el rosario como remedio eficaz para todos mis
males, recuerdo que habéis sido comparada a un hermoso Olivo plantado en medio
de los campos; y en verdad que vuestras finezas corresponden perfectamente a
tan noble comparación. “Sois el hermoso olivo
símbolo de la paz, porque ofrecéis la paz y el reposo a todo aquel que viniere
a sentarse a vuestra sombra. Vos sois, además, el olivo plantado en medio de
los campos, y no encerrado en los muros de un jardín, para manifestar que cada
cual puede, sea justo o pecador, aproximarse a Vos con toda libertad, sin temor
de que nadie se lo impida ni lo rechace”. Yo, pues, abrumado de
inquietudes y de penas, a la sombra de este bello olivo he resuelto buscar un
abrigo: bajo la frescura de este árbol frondoso he resuelto buscar un refugio.
Aquí me proveeréis Vos del aceite de la caridad que me falta; calmareis la
agitación en que se encuentra mi alma, y me daréis la tranquilidad de los hijos
de Dios. Aquí me pondré a salvo del ardor de mis pasiones, y por vuestro medio
recuperaré la gracia y la amistad que me una con mi Dios. Aquí, por fin, me
libraré de la venganza divina y obtendré la garantía de mi eterna salvación. ¡Que más puedo desear a la sombra de vuestro seguro
amparo! “Recibidme, pues Augusta Reina, acogedme
Madre mía Nada de tibiezas nada de discordia entre nosotros: Vos seréis mi
Señora y yo vuestro siervo; Vos seréis mi Reina y yo vuestro súbdito; Vos seréis
mi buena Madre y yo vuestro hijo respetuoso. No daré sin Vos un solo paso; no
abriré la boca si no me lo mandáis, no formaré un solo pensamiento que no sea
para Vos.” Con el rosario en la mano os alabaré; con el Ave María en la
boca os bendeciré; con la meditación de vuestras glorias os pediré
misericordia. Miradme como cosa vuestra. Estoy desnudo y de Vos espero un
vestido que me dé a conocer que soy vuestro hijo: estoy hambriento y de Vos
espero el pan que me sustente; estoy enfermo y Vos seréis mi salud. Acordadme
vuestra gracia, vuestro socorro, vuestros favores. Admitidme a vuestra confianza, participadme vuestras maternales
solicitudes y conducidme a la gloria de vuestro Santísimo Hijo.
Amén.
NOTA. —Los fragmentos de
oraciones que están entre comillas, se tomaron de la obrita titulada: María, Estrella del Mar.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

