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jueves, 12 de octubre de 2023

NOVENA A LA VIRGEN DEL ROSARIO.



 

Escrita por M. A. Imprenta de J. Villalpando 1884.

El excelentísimo. Sr. Dr. D. Tomás Barón y Morales, dignísimo Obispo de esta Diócesis, se dignó conceder cuarenta días de indulgencias por cada día que se rece de esta Novena. León, 1° de Setiembre de 1884.

COMENZAMOS: 28 de septiembre.

FINALIZAMOS: 6 de octubre.

FESTIVIDAD: 7 de octubre.

AL LECTOR

   Señor Gobernador de esta Sagrada Mitra: He leído con atención y detenimiento la Novena para implorar el auxilio de la siempre Virgen María Santa Madre de Dios, bajo el glorioso título de Reina del Sacratísimo Rosario, que V. S. se dignó sujetar a mi humilde censura, y no encontrando en ella cosa alguna contra el dogma ni las buenas costumbres, y antes al contrario, juzgándola muy oportuna para fomentar la piedad de los fieles, y avivar más y más en ellos la Santísima devoción al Rosario de María, tan recomendada últimamente por N. S. P. León XIII, juzgo que puede V. S. conceder la licencia que se solicita para imprimir dicha novena.

   Tal es mi humilde juicio, que en todo sujeto al más ilustrado y prudente de V. S. Dios guarde á V. S. muchos años. —León, Agosto 30 de 1884.

Francisco de Sales Ginori.

León, Setiembre 1° de 1884.

   Visto el anterior dictamen: concedemos nuestra licencia, para que se imprima la Novena á que se refiere, con calidad de que no se publique sin que previamente sea cotejado el impreso con el original por el mismo Señor Censor. Así el Sr. Gobernador de esta Sagrada Mitra lo decretó y firmó.

M. f. Dr. Zúñiga.

Jesús María Aguirre,

Srio.

NOVENA PARA IMPLORAR el AUXILIO DE LA VIRGEN MARÍA SANTA MADRE DE DIOS, bajo el glorioso título de MADRE DEL SACRATÍSIMO ROSARIO.

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN.

   ¿A dónde hemos de ir perseguidos por vuestra justicia ¡oh amantísimo Redentor nuestro! sino a la sombra y amparo de vuestra misericordia? ¿A dónde iremos a ocultarnos de vuestro enojo ¡oh Dios Santo! cuando estáis presente en todas partes, y “en donde no estáis por vuestra gracia, estáis por vuestra venganza? ¿Quién nos librará del castigo que merecemos, sino esa preciosa Sangre que por nosotros habéis derramado? Después de tantos pecados como hemos cometido, no nos queda otro medio para conseguir nuestra justificación que acogernos a los méritos de vuestra pasión Sagrada. Estos méritos alegamos en favor nuestro: Vos nos los habéis dado. Nos acogemos a vuestra preciosa Sangre para que nos lave: imploramos vuestra misericordia para que nos perdone: nos pesa de haberos ofendido y de haberos negado tantas veces con nuestra conducta infiel. Dirigid a nosotros vuestro rostro y seremos salvos: convertíos a nosotros y nos convertiremos á Vos: enviadnos el raudal de vuestra misericordia antes que nos hiera el azote de vuestra indignación. No nos castiguéis ¡oh dulce Redentor nuestro! En vista de vuestras preciosas llagas y de la mediación de vuestra Santísima Madre, a quien invocamos para nuestro remedio. Perdonadnos ¡oh buen Jesús! y concedednos la gracia de vivir ya como cristianos, de confesar vuestra santa fe con la boca y con el corazón y de morir en el cumplimiento de vuestra santa ley. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.

   ¡Oh María Virgen incomparable y Santa Madre de Dios! En medio de la tempestad que nos agita de pasiones y de pecados y de castigos de Dios, en este mar de nuestra vida, ¿qué remedio podemos tener sino dirigirnos a Vos que sois la Estrella, la fulgentisíma Estrella que nos dirige al puerto de salvación y nos libra de un naufragio eterno? A Vos, pues, volvemos nuestros ojos llorosos para que os dignéis animarnos en nuestras fatigas: os invocamos a Vos para que vengáis a auxiliarnos: os llamamos para que nos tendáis una mano bienhechora. Venid ¡oh María! venid, no tardéis, y a vuestro imperio cesará la tempestad y experimentaremos el bienestar y la calma. Venid, consuelo de los afligidos, auxilios de los cristianos: no permitáis que nos trague el abismo: reprimid la fuerza de nuestros enemigos: acogednos bajo vuestro benéfico amparo. Venid, y suspended los castigos que merecemos. Sin vuestro socorro, sin duda vamos a perecer. Si no abogáis por nosotros, el azote de Dios nos alcanzará; la muerte no emprenderá su fuga, y no podremos recuperar la vida. ¡Oh María! Jamás se ha oído decir que hayáis desamparado a los que os invocan. Esta confianza nos hace llamaros con más y más instancia. Por esto es que venimos a practicar la devoción de vuestro Santísimo rosario que Vos misma revelasteis para nuestra salvación. Queremos por este medio librarnos de los males que nos aquejan. ¡Ojalá y que no se pase un solo día de nuestra vida sin que os invoquemos, mediante esta saludable devoción! ¡Ojalá y que sintamos en nuestro terreno estéril la lluvia de bendiciones que por el Rosario habéis ofrecido! Concedednos ¡oh María! el triunfo sobre nuestras pasiones, obedeciendo la ley del Señor: libradnos de la eterna venganza y abridnos la puerta del cielo. Amén.

DÍA PRIMERO —28 de septiembre.

   Hoy que vivimos en un siglo que olvidado de Dios, que es el dador de todos los bienes, solo se ocupa de elogiarse a sí mismo, sin tener presente que habiéndolo recibido todo, de nada puede gloriarse: hoy que el mundo descreído corre desenfrenado al abismo por una pendiente, de cuyo precipicio solo Dios puede librarlo; que infatuado con sus adelantos materiales, ha retrocedido al paganismo no buscando más que pan y placeres, y que constituido enemigo de Dios, ha llegado al grado de llamar escandalo al culto que se debe al mismo Dios: hoy que Satanás ha extendido su imperio por todas las naciones destruyendo la moral cristiana en el individuo, en la familia y en los pueblos propagando la incredulidad desprestigiando la virtud y fomentando el vicio, negando el orden sobrenatural y solo dando crédito a lo que se ve y a lo que se palpa: hoy que la serpiente insidiosa se ha enfurecido contra los vivientes, haciendo innumerables victimas con el halago de las pasiones, con la vanidad de la moda, con la soberbia de la vida: hoy que Dios se ve tan ofendido aun por los mismos cristianos que nos preciamos de profesar la fe católica y que, por lo mismo estamos  haciendo más pesado el brazo de la justicia divina; hoy como nunca se hace más imperiosa la necesidad que tenemos de levantar nuestra alma a Dios, de humillarnos profundamente ante su divino acatamiento, de hacer penitencia para que no nos castigue su mano ¿Más que practica de devoción podremos adoptar tan eficaz y poderosa que en circunstancias tan difíciles contenga el azote de Dios y obtenga de su bondad la misericordia y el perdón? ¿Cuál es esa devoción tan feliz con que podamos desagraviar a Dios y a su Santísima Madre por las blasfemias que se profieren, y que los católicos no podemos escuchar sin lanzar un grito de horror y de indignación?

   El santísimo rosario: he aquí la devoción invencible que siempre ha triunfado del error y de toda clase de enemigos que combaten a los cristianos. El rosario es una de las devociones más aceptas a Dios, más agradables a la Santísima Virgen, más provechosas para la cristiandad. Su práctica ha sido recomendada con encarecimiento por los Sumos Pontífices y últimamente por nuestro Santísimo Padre el Sr. León XIII, a fin de implorar el auxilio divino en las necesidades de la Santa Iglesia. Por el rosario, Dios ha bendecido a los pueblos, santificado a las almas y apartado el azote de su justicia vengadora. La devoción del rosario y su grande utilidad ha sido revelada por la misma Virgen Santísima a Santo Domingo de Guzmán en el Siglo XIII, y en 1858, en Lourdes, ha recomendado su práctica en las diez y ocho veces que se le apareció a Bernarda, pues en todas ellas se dejó ver con el rosario en la mano, recorriendo sus cuentas a cada Ave María que la pastorcita le rezaba.

   María, dice San Bernardo, es la Restauradora de los Siglos; y sin duda que lo será de este, si acudimos a tan excelsa Virgen, invocando su protección con el Santísimo rosario.

   Que el individuo, pues, que las familias y los pueblos se unan de concierto para implorar el amparo de María con la recitación del rosario. “Venid, naciones todas del mundo nos dice San Juan Damasceno, venid, todos los habitantes de la tierra, de toda edad, de toda lengua, de toda clase: abracemos todos el culto de la que hace la alegría de los desgraciados, sirviéndoles de apoyo en sus fragilidades, y de consuelo en sus desgracias”.

   Atendamos a esta invitación: abracemos la práctica del Santísimo rosario, y el azote de Dios no llegará a nosotros; Dios será bendito y María Santísima glorificada.

—Tres Ave Marías en la forma siguiente:

—Dios te Salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Reina del sacratísimo Rosario. Ave María.

— Dios te Salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, Reina del Sacratísimo rosario. Ave María.

—Dios te Salve María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Reina del Sacratísimo rosario. Ave María.

—Gloria al Padre …

ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO.

   “Santísima Madre de Dios Refugio de los miserables, consuelo de los afligidos, Reyna de la misericordia, poderosa Abogada de los pecadores, dignaos fijar vuestros Clementísimos ojos sobre un desventurado que pide gracia: escuchad los gemidos y los suspiros de la criatura más miserable que existe sobre la tierra: tended la mano a un pobre ciego que se ha precipitado en el profundo abismo de todos los males,” y enseñadme el camino que conduce a la vida. Haced que os ame ¡oh María! que yo os bendiga en todos los instantes de mi vida, y que en la hora de mi muerte experimente vuestra maternal protección como fruto especial de la práctica de vuestro Santísimo Rosario. Amén.

GOZOS

¡Oh Jardín de la hermosura,

De la gracia Relicario!

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

En el rosario sagrado

Nos diste, Virgen clemente,

Un antídoto excelente

Contra el error y el pecado.

Es humillación segura

Para el demonio incendiario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Iris que vino del cielo

Anunciando la bonanza,

Inspiración de esperanza

Y tesoro de consuelo.

De toda humana criatura

Es feliz itinerario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Es el rocío celestial

De gracias y de favores,

Que libra a los pecadores

De la sequía más fatal.

Es de nuestra alma dulzura,

De la oración es breviario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Es la armonía deliciosa

Que despierta al pecador

Para que vuelva al Señor

De su vida licenciosa.

Lleno de celo y ternura

Es un misionero diario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Es el huerto floreciente

Donde muestra su belleza

El lirio de la pureza

Y la flor del penitente.

Su aroma sube a la altura

Como de un rico incensario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Es la lágrima ferviente,

El poderoso gemido

Que al Señor Dios ofendido

Lo calma y muestra indulgente.

Es para toda amargura

Dulce asilo hospitalario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Es la llave del perdón

Que abre las puertas del cielo

Al pobre que con anhelo

Impetra su salvación

Premio de eterna ventura

En el celeste santuario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

Para contar tanto bien

Del rosario de consuelo,

Faltan estrellas al cielo,

Faltan flores al Edén.

De riquezas tu finura

Nos ha donado un erario.

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

 

¡Oh Jardín de la hermosura,

De la gracia Relicario!

Seas bendita, Virgen pura,

Reina excelsa del Rosario.

ORACIÓN FINAL

   ¡Oh María! Cuando veo que vuestra ardiente caridad me ha ofrecido el rosario como remedio eficaz para todos mis males, recuerdo que habéis sido comparada a un hermoso Olivo plantado en medio de los campos; y en verdad que vuestras finezas corresponden perfectamente a tan noble comparación. “Sois el hermoso olivo símbolo de la paz, porque ofrecéis la paz y el reposo a todo aquel que viniere a sentarse a vuestra sombra. Vos sois, además, el olivo plantado en medio de los campos, y no encerrado en los muros de un jardín, para manifestar que cada cual puede, sea justo o pecador, aproximarse a Vos con toda libertad, sin temor de que nadie se lo impida ni lo rechace”. Yo, pues, abrumado de inquietudes y de penas, a la sombra de este bello olivo he resuelto buscar un abrigo: bajo la frescura de este árbol frondoso he resuelto buscar un refugio. Aquí me proveeréis Vos del aceite de la caridad que me falta; calmareis la agitación en que se encuentra mi alma, y me daréis la tranquilidad de los hijos de Dios. Aquí me pondré a salvo del ardor de mis pasiones, y por vuestro medio recuperaré la gracia y la amistad que me una con mi Dios. Aquí, por fin, me libraré de la venganza divina y obtendré la garantía de mi eterna salvación. ¡Que más puedo desear a la sombra de vuestro seguro amparo! “Recibidme, pues Augusta Reina, acogedme Madre mía Nada de tibiezas nada de discordia entre nosotros: Vos seréis mi Señora y yo vuestro siervo; Vos seréis mi Reina y yo vuestro súbdito; Vos seréis mi buena Madre y yo vuestro hijo respetuoso. No daré sin Vos un solo paso; no abriré la boca si no me lo mandáis, no formaré un solo pensamiento que no sea para Vos.” Con el rosario en la mano os alabaré; con el Ave María en la boca os bendeciré; con la meditación de vuestras glorias os pediré misericordia. Miradme como cosa vuestra. Estoy desnudo y de Vos espero un vestido que me dé a conocer que soy vuestro hijo: estoy hambriento y de Vos espero el pan que me sustente; estoy enfermo y Vos seréis mi salud. Acordadme vuestra gracia, vuestro socorro, vuestros favores. Admitidme a vuestra confianza, participadme vuestras maternales solicitudes y conducidme a la gloria de vuestro Santísimo Hijo. Amén.

NOTA. —Los fragmentos de oraciones que están entre comillas, se tomaron de la obrita titulada: María, Estrella del Mar.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.