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domingo, 9 de julio de 2023

NOVENA EN HONOR A SAN VICENTE DE PAÚL.



Novena publicada en francés en 1808, traducida e impresa por don Mariano Arévalo en la Ciudad de México en 1843. El Acto de contrición proviene del Arte mística especulativa y práctica, compuesta por el Padre Fray Diego de la Madre de Dios OFM Disc., impresa en Salamanca en 1713; los Gozos, impresos en Barcelona hacia 1860, son tradicionales, sin autor conocido.



COMENZAMOS: 10 de julio.

FINALIZAMOS: 18 de julio.

FESTIVIDAD VETUS ORDO: 19 de julio.


INTRODUCCIÓN


   Si alguno deseare conocer y honrar a SAN VICENTE DE PAÚL, consulte su vida, sus cartas, sus instrucciones, las reglas que ha dejado a las varias sociedades que estableció, y, sobre todo, las actas de su canonización; entonces se sentirá movido de devoción, y conocerá que este Santo fue realmente un hombre de Dios y un prodigio de santidad. Este hombre que no creía merecer más que el desprecio de todos, era sin embargo el modelo de los pastores, el apoyo de los obispos, el consejero de los reyes, el restaurador del decoro del clero, el padre de los pobres, el amparo de los miserables, el consuelo de los afligidos, y, en una palabra, el alma de cuanto se hizo en su siglo para gloria de la Religión.

   Con la multitud de obras buenas que emprendió y llevó a cabo, ha defendido la pureza de la fe de los errores que en sus días comenzaron a alterarla, y la pureza de la moral de la general corrupción de su siglo; ha restablecido la disciplina eclesiástica; su celo por la salud de las almas ha abrazado todo; ha socorrido las necesidades de los ignorantes, de los enfermos y de los pobres. Encontró recursos para aliviar toda clase de desgraciados: a los esclavos de los turcos en Túnez y en Argel, a los viejos agobiados con el peso de los años, a los artesanos imposibilitados para el trabajo, a los niños expósitos, a las religiosas exclaustradas por las guerras, a las mujeres entregadas a la prostitución, a los jóvenes en peligro de perderse, a los criminales condenados a galeras, a los extranjeros desamparados de relaciones y sin medios de curarse cuando caían en cama. Verá también quien quiera leer la vida de Vicente, que los que tenían la desgracia de perder el juicio, los mendigos que tanto habían aumentado por las guerras que desolaban la Francia, las familias vergonzantes y muertas de hambre, las provincias enteras, como la Lorena, Champaña y Picardía, desoladas por los terribles azotes de la guerra, la hambre y la peste, y en una palabra, todos los desgraciados encontraban en Vicente un padre, un amigo, un libertador, que proporcionaba a unos la salud, a otros la libertad, a estos una educación cristiana, a aquellos un retiro seguro; que siempre miraba a los pobres como una porción de la herencia más preciosa de Jesucristo; que se desvelaba por ellos, que les distribuyó en el espacio de muy pocos años limosnas que importaron sumas considerables. ¿Podrá alguno observar más exactamente la máxima que había adoptado Vicente, de no hacer mal a nadie y servir a todo el mundo?

   Sin embargo, por favorable que sea la idea que pueda cualquiera formarse de San Vicente de Paúl, al ver la grandeza y multitud de sus obras, es preciso reconocer que el prodigio más grande que debe admirarse en su vida es la eminencia de sus virtudes: con razón la Iglesia, por el órgano de su jefe, proclamó con toda solemnidad la santidad de Vicente, y lo ha presentado a todos los fieles, como el modelo que deben imitar, y el caritativo y poderoso protector que deben invocar en sus necesidades.

   Se ha creído conveniente para secundar las miras de la Iglesia e inspirar la devoción y confianza de los fieles, presentar las principales virtudes del Santo, en cortas meditaciones, distribuidas en forma de novena, que puede servir para celebrar la festividad del Santo (que es el 19 de julio), y en ellas encontrarán los fieles motivos de esperanza y medios para alcanzar de Dios la gracia que se le pida por Ia intercesión de su siervo. La caridad de San Vicente de Paul que en la tierra fue siempre tan viva, tan perfecta y tan ilimitada, que se extendió a toda clase de necesidades, en el Cielo nada ha perdido de su ardor y de su extensión. Por su mediación debemos esperar poderosos y prontos socorros en cualquier acontecimiento azaroso, con tal que invoquemos a este gran Santo con las disposiciones adecuadas para mover su caridad hacia nosotros, y nos hagamos merecedores de las gracias espirituales o temporales que deseemos alcanzar durante la novena.

   Entre esas disposiciones es la primera, prepararse con una buena confesión antes de la novena o cuando más el primer día, procurando con el mayor esfuerzo que vaya acompañada de un profundo dolor de haber ofendido a Dios, de una firme resolución de no volver a ofenderle, evitando el pecado y las ocasiones de él. Con tan saludable preparación se debe esperar que las prácticas de la religión, las súplicas, los ayunos y otras buenas obras que se hagan durante la novena, serán muy agradables a Dios, y nos procurarán las gracias que pidamos para sí o para otros.

   Debe pedirse con fervor y perseverancia la gracia particular que se desea alcanzar por intercesión de San Vicente de Paúl, y si esta gracia es para gloria de Dios o salud de nuestra alma, debe pedirse sin restricción alguna, pues en este caso es conforme con la voluntad de Dios. Así pues, si se desea conseguir la victoria sobre alguna pasión, corregirse de algún vicio, adquirir alguna virtud particular, arraigar en el corazón el odio al pecado, o el amor de Dios y del prójimo, conocerse perfectamente para reparar, mediante una buena confesión, todas las faltas y defectos de la vida pasada (gracia que San Vicente ha concedido a muchos), tales gracias deben pedirse absolutamente. Pero si se desea obtener la curación de una enfermedad o cualquiera otro objeto, que, aunque bueno, no sea relativo más que a los bienes de este mundo, se puede sin duda suplicar con fervor, pero siempre sujetándolo todo al agrado de Dios, para que haga lo que convenga a su gloria y a la salud del alma. Es necesario considerarse indigno de cualquier favor, y no aguardarlo más que en virtud de la bondad de Dios y de los méritos de nuestro Señor Jesucristo.

   No debemos limitarnos a pedir la gracia que deseamos obtener de Dios, por la intercesión de San Vicente de Paúl, sino que debemos esforzarnos a merecerla mediante la práctica de buenas obras y la imitación del Santo que invocamos, y en esto consiste el verdadero culto que debemos tributarle. Decía San Francisco de Sales que la vida de todos los santos no era más que el Evangelio en práctica, y con muy particular razón debemos decirlo de la vida de San Vicente de Paúl, que siempre fue un perfecto imitador de Jesucristo. Considerando los varios pasajes de la vida de este Santo en cualquier estado en que lo colocaba la Providencia, nos convenceremos de que nos es fácil y absolutamente necesario imitar al Hombre Dios. Nos servirá San Vicente de antorcha para alumbrarnos y de guía para conducirnos a fin de arreglar nuestra conducta a la de Jesucristo, según nuestra situación y nuestras necesidades.

   Para practicar más fácilmente la virtud en que meditemos, se han añadido a cada meditación algunas máximas del Santo relativas a esta virtud, y por medio de estas máximas nos penetraremos más y más del espíritu de aquel. También se han agregado algunas prácticas que se deben considerar como el fruto de la meditación que se ha hecho. Al fin de cada día se rezará tres veces Pater noster, Ave Maria y Gloria Patri en honor del Santo, pidiéndole con fervor nos alcance de Dios la virtud particular que se haya meditado. Y cada día de la novena se puede pedir a San Vicente que nos haga participantes de su humildad y caridad, para lo cual se rezará la antífona Operatus est bonum etc. y la oración Deus qui ad evangelizandum etc., por medio de la cual nos enseña la Iglesia a pedir estas dos virtudes que nuestro Santo practicó con tal perfección, que no puede decirse en cuál de las dos sobresalió más.


NOVENA EN HONOR DE SAN VICENTE DE PAÚL, PARA PREPARARSE A CELEBRAR SU FESTIVIDAD, O PARA PEDIR A DIOS POR SU INTERCESIÓN ALGUNA GRACIA PARTICULAR.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, pésame con todo mi corazón de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas cosas, porque sois mi Dios, mi Señor, mi Creador, mi Redentor, mi Salvador, mi Glorificador, último Fin sobrenatural de mi alma, Sumo e infinito Bien, digno de ser infinitamente amado: Señor, pequé contra vuestra Divina Majestad, pésame con todo mi corazón de todo cuanto os he ofendido y propongo firmísimamente con vuestra Divina Gracia enmienda en todo, y de nunca más pecar; y de apartarme de todas las ocasiones que puedan ser ofensa vuestra: propongo de confesarme enteramente, y de cumplir la penitencia que me fuere impuesta; y de satisfacer, y restituir si alguna cosa debiere: por vuestro amor perdono de todo mi corazón a todos mis enemigos y a los que me hubieren agraviado y ofendido; ofrezcoos mi vida, obras, y trabajos con los vuestros, en satisfacción de todos mis pecados: así como os lo suplico, así confío y espero en vuestra infinita Bondad y Misericordia, que por vuestra Sacratísima Pasión y Muerte me los perdonaréis, y me daréis vuestra Gracia y vuestros auxilios, para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte, y me llevaréis a vuestra Gloria, donde os ame y os alabe eternamente. Amén.



DÍA PRIMERO – 10 DE JULIO


FE DE SAN VICENTE DE PAÚL: «Qui confitébitur me coram homínibus, confitébor et ego eum coram Patre meo qui in cœlis est». (A todo aquel que me reconociere y confesare por Mesías delante de los hombres, yo también lo reconoceré y me declararé por él delante de mi Padre que está en los cielos). San Mateo X, 12.


PUNTO PRIMERO


   El cristiano que es fiel a Jesucristo, busca siempre con empeño las ocasiones de presentarse como discípulo de tan buen Maestro; pero el negligente y abandonado se avergüenza cada día de pertenecer a la bandera de Jesucristo. Reserva Dios para las almas fuertes las más penosas pruebas, y por este medio señala quiénes son sus mejores siervos. Sostuvo Vicente duros combates, y siempre salió triunfante de ellos.

   Habiendo caído prisionero en manos de los infieles, vio con sumo placer que lo despojaron de todos sus bienes, persuadido de que Dios le reservaba otros más sólidos que nunca podrían quitarle los corsarios. Se vio, sin tristeza, cargado de cadenas, puesto en venta y entregado a bárbaros dueños; pero no veía en estos más que al Soberano Dueño del universo, y con tal fidelidad los sirvió, que al fin logró ganarse su voluntad. Por este mismo aprecio de sus dueños se vio la fe de Vicente en mayor peligro que al que le hubieran puesto las amenazas y tormentos, pues por cariño le ofrecieron grandes riquezas, una brillante posición en la sociedad, y lo que es más, la libertad. Más de una vez le dijo el Demonio: Todas estas cosas te daré, si postrándote delante de mí me adorares (San Mateo IV, 9); pero firme como la roca, el siervo de Dios resistió a todas las tentaciones; no perdió jamás de vista al Señor que adoraba, y cantó constantemente sus alabanzas en medio de un pueblo bárbaro. Aun hizo más, pues habló con tanta dulzura a su amo, que al fin logró convertirlo a Jesucristo. De este modo salió triunfante de la prisión en que había vivido cargado de cadenas; y quitó al Demonio las armas de que se había valido para atacar su fe, haciendo volver a entrar al seno de la Iglesia al amo apóstata que convirtió.


PUNTO SEGUNDO


   Nuevos asaltos sostuvieron la fe de Vicente y aún más peligrosos que los primeros, pues las gentes que los dirigían (los jansenistas) disfrazaban sus fines perversos con el pretexto de reformar las costumbres, de dar a la doctrina su primitiva pureza y volver a la Iglesia su antiguo esplendor. La nueva congregación que acababa Vicente de establecer con el objeto de formar a los eclesiásticos en las funciones de su ministerio, pareció a esas gentes un excelente canal para hacer circular su funesta doctrina. Proyectóse ganar a Vicente, y para esto se emplearon ruegos, alabanzas, servicios, bellos discursos, lágrimas de dolor por la corrupción y desórdenes del pueblo y del clero; pero unas cuantas palabras que se escaparon a los autores de la nueva herejía contra la Iglesia y el concilio de Trento, despertaron la atención de Vicente, y al punto cortó toda comunicación con esos falsos doctores, quienes para vengarse de tan prudente conducta, prorrumpieron en groseras injurias, que realzaron la gloria de Vicente, e hicieron que ejercitase su heroica paciencia. Y con todo esto creía que no había manifestado bastante la fe que profesaba, si no se oponía al error, si no lo perseguía y armaba contra él el celo de los prelados, y, en fin, sino le cortaba todas las entradas en el clero y en los monasterios. No fueron infructuosos sus trabajos, pues Dios se dignó echar sobre ellos abundantes bendiciones.


PUNTO TERCERO


   Por la fe prefirió Vicente la instrucción de los pobres a la de los ricos, y no a estos sino a aquellos consagró todos los servicios de las dos congregaciones que estableció. Por la fe se ocultaba en la oscuridad de las prisiones, en los hospitales, en las reuniones de los labradores, con el fin de instruir, de consolar a los pobres y encaminarlos a la práctica de las virtudes cristianas; por convertirlos a Dios, sufrió el rigor de las estaciones, la grosería de los pueblos y las persecuciones que más de una vez suscitaron contra él los malvados.

   No contento con haber derramado la luz de la instrucción y haber corregido grandes abusos en muchos estados de Europa, extendió su celo a la parte de allá de los mares; y la isla de Madagascar y el Asia admiraron a Vicente en sus discípulos, que llevaron su fe y su espíritu en medio de los países bárbaros.


MÁXIMAS DEL SANTO


      Las materias de fe no deben examinarse con un espíritu curioso y sutil; basta que las proponga la Iglesia para que nunca podamos engañarnos creyéndolas.

   La sumisión humilde y la obediencia a los decretos del Soberano Pontífice, es un buen medio para distinguir los verdaderos hijos de la Iglesia de los rebeldes.

   Podemos algunas veces convencernos con razones sólidas en materias de religión; pero siempre es conveniente sujetar la razón a la fe.


REFLEXIONES Y PRÁCTICA.


   Es la fe el homenaje más perfecto que puede tributar el hombre a la Suprema Verdad. Debe ser la base y regla de nuestra conducta, y nada es más raro en estos tiempos; por lo que debemos recordar aquellas palabras de muestro divino Redentor: Pero cuando viniere el Hijo del Hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra? (San Lucas XVIII, 8).

   Solo una conducta perfectamente arreglada a las verdades de la fe, puede asegurar nuestra salud eterna. Cotejemos frecuentemente nuestra conducta con nuestra fe, y veamos si nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestros sentimientos están conformes con nuestra creencia. Tengamos gran cuidado en apoyar sobre este firme fundamento todos nuestros discursos y nuestras acciones, para no engañarnos en este punto esencial; porque, así como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta (Santiago II, 26).

   Recordemos frecuentemente estas palabras de muestro Señor: A todo aquel que me reconociere confesare por Mesías delante de los hombres, yo también lo reconoceré y me declararé por él delante de mi Padre que está en los cielos (San Mateo X, 32). Nunca pues temamos cumplir delante de los hombres con los deberes que nos impone la fe; evitemos con sumo cuidado cualquiera innovación en artículos de fe; pidamos a menudo a Dios esta virtud, diciéndole con los Apóstoles: Señor, auméntanos la fe (San Lucas XVII, 5).

   Roguemos con frecuencia por los ministros de la Iglesia y por los pueblos que reciben sus instrucciones en todos los países del mundo. Consideremos como una felicidad el poder contribuir con muestras oraciones, limosnas, consejos o ejemplo a la conversión de un pecador. Examinemos si conocemos esta obligación y de qué modo, hasta el presente, hemos cumplido con ella.


—Recemos tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias en honor del Santo, pidiendo a Dios con fervor que fortifique nuestra fe, y diciendo en seguida la siguiente:


Antífona: Obró lo que era bueno, recto y justo delante del Señor Dios suyo, en todo aquello que exigía el ministerio de la casa del Señor, según la ley y las ceremonias, deseoso de complacer a su Dios con todo su corazón (2 Paralipómenos XXXI, 20-21).

. San Vicente, ruega por nosotros.

. Para que nos hagamos dignos de las promesas de Cristo. Así sea.


ORACIÓN


   ¡Oh Dios!, que has hecho revivir en nuestros días el espíritu de tu Hijo en la apostólica caridad y en la humildad de San Vicente, para anunciar el Evangelio a los pobres, para aliviar las miserias de los enfermos y desamparados, y para dar nuevo lustre al Orden eclesiástico; concédenos por intercesión de este Santo, que nos veamos libres de las miserias del pecado, y para agradarte imitemos tan ardiente caridad y profunda humildad. Así te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina Dios por todos los siglos de los siglos. Así sea.


LETANÍA EN HONOR DE SAN VICENTE DE PAÚL


Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

 

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

 

Padre celestial que eres Dios. Ten misericordia de nosotros.

Hijo Redentor del mundo que eres Dios. Ten misericordia de nosotros.

Espíritu Santo que eres Dios. Ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad que eres un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.

 

Santa María. Ruega por nosotros.

Santa Madre de Cristo, Soberano Sacerdote. Ruega por nosotros.

San Vicente, que caminaste desde tu infancia en presencia de Dios. Ruega por nosotros.

San Vicente, cuya bondad se extendía a todos. Ruega por nosotros.

San Vicente, que supiste conservar tu castidad. Ruega por nosotros.

San Vicente, Pastor vigilantísimo del rebaño de Jesucristo. Ruega por nosotros.

San Vicente, que evangelizaste a los pobres con tan buen éxito. Ruega por nosotros.

San Vicente, que formaste a tus discípulos para toda clase de obras buenas. Ruega por nosotros.

San Vicente, gloria del sacerdocio. Ruega por nosotros.

San Vicente, humilde en medio del esplendor mundano. Ruega por nosotros.

San Vicente, diligentísimo imitador de Jesucristo. Ruega por nosotros.

San Vicente, alivio de toda clase de miserias. Ruega por nosotros.

San Vicente, recurso de todos los afligidos. Ruega por nosotros.

San Vicente, mantenedor de los hambrientos. Ruega por nosotros.

San Vicente, ayudante eficaz de los enfermos. Ruega por nosotros.

San Vicente, proveedor de los niños expósitos. Ruega por nosotros.

San Vicente, buscador de las ovejas perdidas. Ruega por nosotros.

San Vicente, restaurador de la disciplina del clero. Ruega por nosotros.

San Vicente, angélico sacerdote en el altar. Ruega por nosotros.

San Vicente, defensa de las vírgenes en peligro. Ruega por nosotros.

San Vicente, venerador de la Santa Sede. Ruega por nosotros.

San Vicente, celosísimo glorificador del Señor Dios de los ejércitos. Ruega por nosotros.

 

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo: Óyenos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo: Ten misericordia de nosotros.


. Vicente se hizo servidor de todos y en todo.

. Sigamos sus pasos.


ORACIÓN PARA PEDIR A DIOS LA HUMILDAD POR INTERCESIÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL


   ¡Oh Jesús, manso y humilde de corazón!, puesto que has querido que solo las almas humildes glorifiquen tu santo nombre, y que me sea negado el asiento en tu gloria, si no te dignas hacerme humilde: concédeme esta virtud, que me ha de hacer merecedor de tus gracias, y me ha de asegurar la posesión de tu reino eterno. Perdóname los muchísimos pecados de orgullo que contra ti he cometido: haz, Dios mío, que en adelante tenga yo tanto menosprecio de mí mismo, cuanta ha sido la esclavitud a mi orgullo, el cual detesto a tus pies desde este momento. Concédeme esta gracia por intercesión de San Vicente de Paúl, que fue un modelo tan perfecto de la verdadera humildad. Así sea.


GOZOS EN ALABANZA DE SAN VICENTE DE PAÚL


Pues que en el cielo ensalzado

Sois del Señor siempre oído:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

De buenos padres, más pobres

En Pouy un lugar sin lustre,

Mas ya de entonces ilustre

Nacisteis Padre de pobres;

Fuisteis Pastor desvelado,

Presagio que habéis cumplido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Cual israelita el Salterio

Cautivo en Túnez cantaste,

Y a vuestro señor sacaste

De su mayor cautiverio;

Era infeliz renegado,

Y fue por Vos reducido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

De Dios enviado al mundo

Para su bien y provecho

En la misión le habéis hecho

Un bien que lo es sin segundo;

Muchos que el cielo han ganado,

Sin Vos lo habrían perdido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Sudar por Dios en misiones

Fue vuestro mayor consuelo,

Con el incansable anhelo

De ganarle corazones;

Rindióse el más obstinado

Del dulce trato atraído:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Para niños y mendigos,

Viejos y expuestos a males,

Cuantos fundaste hospitales

De vuestro amor son testigos;

Aun muerto habéis quedado

Apoyo del desvalido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

De Damas la Cofradía

Y de Hijas la Hermandad

Todas de la Caridad

Os confiesan Padre y guía;

Es su instituto el cuidado

Del pobre, enfermo y caído:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Las duras amargas penas

Que los galeotes sentían,

El corazón os rompía

Al triste son de cadenas;

Quedar con ellos atado

Os hizo el amor subido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Entre otros buenos oficios

La Iglesia está venerando

Del ordenado y ordenando

Conferencias y ejercicios;

Con esto al clero habéis dado

Su forma y ser más lúcido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Para el que va a retirarse

Todas vuestras casas son

Una continua misión

Para a Dios encaminarse;

Con esto le habéis ganado

El pecador más perdido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Entrado al real Consejo

A pesar de la humildad,

Se os vio la sinceridad

Y prudencia en el manejo;

Fue todo vuestro cuidado

Que fuese el Señor servido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

De caridad sin más renta,

Las obras no tienen suma,

No hay mano, ni menos pluma,

Que pueda sacar la cuenta;

No hubo en fin necesitado,

Sin ser de Vos socorrido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Esta virtud se os ha visto

Ejercitar de mil modos

En haceros todo a todos

Para ganarlos a Cristo;

Su nombre habéis predicado

Cual otro vaso escogido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

En enfermos incurables

Se vio vuestra gran virtud,

Dándoles total salud

Con milagros inefables;

Dan testimonio abonado

El mudo, ciego y tullido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

La mujer que, con fervor,

En los partos peligrosos,

Recurre a Vos con sollozos,

Conoce vuestro favor,

Con el fruto deseado

En las aguas renacido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Vicente siempre constante

De los prójimos celoso,

Con sí mismo riguroso

De Dios amado y amante;

De toda virtud dechado

A los más santos has sido:

Sed con Dios nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.

  

Pues sois de Dios gran Privado

Tan poderoso y querido:

Sed con Él nuestro valido,

Vicente, padre aclamado.


. Le preparaste, oh Dios, en tu dulzura, para los pobres.

. El Señor le dio mucha virtud para anunciar las palabras del Evangelio.


ORACIÓN


   Oh Dios, que para la salvación de los pobres y la disciplina del clero congregaste en tu Iglesia una nueva familia religiosa por medio del bienaventurado San Vicente, te suplicamos nos concedas, que seamos también nosotros fervientes en el mismo espíritu, amemos lo que él amó, y practiquemos lo que enseñó. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.