Novena publicada en francés en 1808, traducida e impresa por don Mariano Arévalo en la Ciudad de México en 1843. El Acto de contrición proviene del Arte mística especulativa y práctica, compuesta por el Padre Fray Diego de la Madre de Dios OFM Disc., impresa en Salamanca en 1713; los Gozos, impresos en Barcelona hacia 1860, son tradicionales, sin autor conocido.
COMENZAMOS: 10 de julio.
FINALIZAMOS: 18 de julio.
FESTIVIDAD VETUS ORDO: 19 de julio.
INTRODUCCIÓN
Si alguno deseare conocer y honrar a SAN VICENTE DE PAÚL, consulte su vida, sus
cartas, sus instrucciones, las reglas que ha dejado a las varias sociedades que
estableció, y, sobre todo, las actas de su canonización; entonces se sentirá
movido de devoción, y conocerá que este Santo fue realmente un hombre de Dios y
un prodigio de santidad. Este hombre que no creía merecer más que el desprecio de
todos, era sin embargo el modelo de los pastores, el apoyo de los obispos, el
consejero de los reyes, el restaurador del decoro del clero, el padre de los
pobres, el amparo de los miserables, el consuelo de los afligidos, y, en una
palabra, el alma de cuanto se hizo en su siglo para gloria de la Religión.
Con la multitud de obras buenas que
emprendió y llevó a cabo, ha defendido la pureza de la fe de los errores que en
sus días comenzaron a alterarla, y la pureza de la moral de la general
corrupción de su siglo; ha restablecido la disciplina eclesiástica; su celo por
la salud de las almas ha abrazado todo; ha socorrido las necesidades de los
ignorantes, de los enfermos y de los pobres. Encontró recursos para aliviar
toda clase de desgraciados: a los esclavos de los turcos en Túnez y en Argel, a
los viejos agobiados con el peso de los años, a los artesanos imposibilitados
para el trabajo, a los niños expósitos, a las religiosas exclaustradas por las
guerras, a las mujeres entregadas a la prostitución, a los jóvenes en peligro
de perderse, a los criminales condenados a galeras, a los extranjeros
desamparados de relaciones y sin medios de curarse cuando caían en cama. Verá
también quien quiera leer la vida de Vicente, que los que tenían la desgracia
de perder el juicio, los mendigos que tanto habían aumentado por las guerras
que desolaban la Francia, las familias vergonzantes y muertas de hambre, las
provincias enteras, como la Lorena, Champaña y Picardía, desoladas por los
terribles azotes de la guerra, la hambre y la peste, y en una palabra, todos
los desgraciados encontraban en Vicente un padre, un amigo, un libertador, que
proporcionaba a unos la salud, a otros la libertad, a estos una educación
cristiana, a aquellos un retiro seguro; que siempre miraba a los pobres como
una porción de la herencia más preciosa de Jesucristo; que se desvelaba por
ellos, que les distribuyó en el espacio de muy pocos años limosnas que
importaron sumas considerables. ¿Podrá alguno observar más exactamente la máxima que
había adoptado Vicente, de no hacer mal a nadie y servir a todo el mundo?
Sin embargo, por favorable que sea la idea
que pueda cualquiera formarse de San Vicente de Paúl, al ver la grandeza y
multitud de sus obras, es preciso reconocer que el prodigio más grande que debe
admirarse en su vida es la eminencia de sus virtudes: con razón la
Iglesia, por el órgano de su jefe, proclamó con toda solemnidad la santidad de
Vicente, y lo ha presentado a todos los fieles, como el modelo que deben
imitar, y el caritativo y poderoso protector que deben invocar en sus
necesidades.
Se ha creído conveniente para secundar las
miras de la Iglesia e inspirar la devoción y confianza de los fieles, presentar
las principales virtudes del Santo, en cortas meditaciones, distribuidas en
forma de novena, que puede servir para celebrar la festividad del Santo (que es el 19 de
julio), y en ellas encontrarán los fieles motivos de esperanza y
medios para alcanzar de Dios la gracia que se le pida por Ia intercesión de su
siervo. La caridad de San Vicente de Paul que en la tierra fue siempre tan
viva, tan perfecta y tan ilimitada, que se extendió a toda clase de
necesidades, en el Cielo nada ha perdido de su ardor y de su extensión. Por su mediación
debemos esperar poderosos y prontos socorros en cualquier acontecimiento
azaroso, con tal que invoquemos a este gran Santo con las disposiciones
adecuadas para mover su caridad hacia nosotros, y nos hagamos merecedores de
las gracias espirituales o temporales que deseemos alcanzar durante la novena.
Entre esas disposiciones es la primera, prepararse con
una buena confesión antes de la novena o cuando más el primer día, procurando
con el mayor esfuerzo que vaya acompañada de un profundo dolor de haber
ofendido a Dios, de una firme resolución de no volver a ofenderle, evitando el
pecado y las ocasiones de él. Con tan saludable preparación se debe
esperar que las prácticas de la religión, las súplicas, los ayunos y otras
buenas obras que se hagan durante la novena, serán muy agradables a Dios, y nos
procurarán las gracias que pidamos para sí o para otros.
2º
Debe pedirse con fervor y perseverancia la gracia particular que
se desea alcanzar por intercesión de San Vicente de Paúl, y si esta gracia es
para gloria de Dios o salud de nuestra alma, debe pedirse sin restricción
alguna, pues en este caso es conforme con la voluntad de Dios. Así pues, si se desea
conseguir la victoria sobre alguna pasión, corregirse de algún vicio, adquirir
alguna virtud particular, arraigar en el corazón el odio al pecado, o el amor
de Dios y del prójimo, conocerse perfectamente para reparar, mediante una buena
confesión, todas las faltas y defectos de la vida pasada (gracia que San
Vicente ha concedido a muchos), tales gracias deben pedirse absolutamente. Pero
si se desea obtener la curación de una enfermedad o cualquiera otro objeto,
que, aunque bueno, no sea relativo más que a los bienes de este mundo, se puede
sin duda suplicar con fervor, pero siempre sujetándolo todo al agrado de Dios,
para que haga lo que convenga a su gloria y a la salud del alma. Es necesario
considerarse indigno de cualquier favor, y no aguardarlo más que en virtud de
la bondad de Dios y de los méritos de nuestro Señor Jesucristo.
3º No debemos limitarnos a pedir la gracia que
deseamos obtener de Dios, por la intercesión de San Vicente de Paúl, sino que
debemos esforzarnos a merecerla mediante la práctica de buenas obras y la
imitación del Santo que invocamos, y en esto consiste el verdadero culto que
debemos tributarle. Decía San
Francisco de Sales que la vida de todos
los santos no era más que el Evangelio en práctica, y con muy particular
razón debemos decirlo de la vida de San Vicente de Paúl, que siempre fue un
perfecto imitador de Jesucristo. Considerando los varios pasajes de la vida de
este Santo en cualquier estado en que lo colocaba la Providencia, nos
convenceremos de que nos es fácil y absolutamente necesario imitar al Hombre
Dios. Nos
servirá San Vicente de antorcha para alumbrarnos y de guía para conducirnos a
fin de arreglar nuestra conducta a la de Jesucristo, según nuestra situación y
nuestras necesidades.
4º Para practicar más fácilmente la virtud en
que meditemos, se han añadido a cada meditación algunas máximas del Santo
relativas a esta virtud, y por medio de estas máximas nos penetraremos más y
más del espíritu de aquel. También
se han agregado algunas prácticas que se deben considerar como el fruto de la
meditación que se ha hecho. Al fin de cada día se rezará tres veces Pater noster, Ave
Maria y Gloria Patri en honor del Santo, pidiéndole con fervor nos alcance de
Dios la virtud particular que se haya meditado. Y cada día de la novena se
puede pedir a San Vicente que nos haga participantes de su humildad y caridad,
para lo cual se rezará la antífona Operatus est bonum etc. y la oración Deus
qui ad evangelizandum etc., por medio de la cual nos enseña la Iglesia a pedir
estas dos virtudes que nuestro Santo practicó con tal perfección, que no puede
decirse en cuál de las dos sobresalió más.
NOVENA EN HONOR DE SAN VICENTE DE PAÚL, PARA PREPARARSE A CELEBRAR SU FESTIVIDAD, O PARA PEDIR A DIOS POR SU INTERCESIÓN ALGUNA GRACIA PARTICULAR.
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos,
líbranos
Señor
✠
Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠,
y del Espíritu
Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío
Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, pésame
con todo mi corazón de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, y porque os
amo sobre todas cosas, porque sois mi Dios, mi Señor, mi Creador, mi Redentor,
mi Salvador, mi Glorificador, último Fin sobrenatural de mi alma, Sumo e
infinito Bien, digno de ser infinitamente amado: Señor, pequé contra vuestra
Divina Majestad, pésame con todo mi corazón de todo cuanto os he ofendido y
propongo firmísimamente con vuestra Divina Gracia enmienda en todo, y de nunca
más pecar; y de apartarme de todas las ocasiones que puedan ser ofensa vuestra:
propongo de confesarme enteramente, y de cumplir la penitencia que me fuere
impuesta; y de satisfacer, y restituir si alguna cosa debiere: por vuestro amor
perdono de todo mi corazón a todos mis enemigos y a los que me hubieren
agraviado y ofendido; ofrezcoos mi vida, obras, y trabajos con los vuestros, en
satisfacción de todos mis pecados: así como os lo suplico, así confío y espero
en vuestra infinita Bondad y Misericordia, que por vuestra Sacratísima Pasión y
Muerte me los perdonaréis, y me daréis vuestra Gracia y vuestros auxilios, para
perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte, y me llevaréis a vuestra
Gloria, donde os ame y os alabe eternamente. Amén.
DÍA PRIMERO – 10 DE JULIO
FE DE SAN
VICENTE DE PAÚL: «Qui
confitébitur me coram homínibus, confitébor et ego eum coram Patre meo qui in
cœlis est». (A
todo aquel que me reconociere y confesare por Mesías delante de los hombres, yo
también lo reconoceré y me declararé por él delante de mi Padre que está en los
cielos). San
Mateo X, 12.
PUNTO PRIMERO
El cristiano que es fiel a Jesucristo, busca
siempre con empeño las ocasiones de presentarse como discípulo de tan buen
Maestro; pero el negligente y abandonado se avergüenza cada día de pertenecer a
la bandera de Jesucristo. Reserva Dios para las almas fuertes las más penosas
pruebas, y por este medio señala quiénes son sus mejores siervos. Sostuvo Vicente
duros combates, y siempre salió triunfante de ellos.
Habiendo caído prisionero en manos de los
infieles, vio con sumo placer que lo despojaron de todos sus bienes, persuadido
de que Dios le reservaba otros más sólidos que nunca podrían quitarle los
corsarios. Se vio, sin tristeza, cargado de cadenas, puesto en venta y
entregado a bárbaros dueños; pero no veía en estos más que al Soberano Dueño
del universo, y con tal fidelidad los sirvió, que al fin logró ganarse su
voluntad. Por este mismo aprecio de sus dueños se vio la fe de Vicente en mayor
peligro que al que le hubieran puesto las amenazas y tormentos, pues por cariño
le ofrecieron grandes riquezas, una brillante posición en la sociedad, y lo que
es más, la libertad. Más de una vez le dijo el Demonio: Todas estas cosas te daré, si postrándote delante de mí me
adorares (San
Mateo IV, 9);
pero firme como la roca, el siervo de Dios resistió a todas las tentaciones; no
perdió jamás de vista al Señor que adoraba, y cantó constantemente sus
alabanzas en medio de un pueblo bárbaro. Aun hizo más, pues habló con
tanta dulzura a su amo, que al fin logró convertirlo a Jesucristo. De este modo
salió triunfante de la prisión en que había vivido cargado de cadenas; y quitó
al Demonio las armas de que se había valido para atacar su fe, haciendo volver
a entrar al seno de la Iglesia al amo apóstata que convirtió.
PUNTO SEGUNDO
Nuevos asaltos sostuvieron la fe de Vicente
y aún más peligrosos que los primeros, pues las gentes que los dirigían (los jansenistas) disfrazaban sus fines perversos
con el pretexto de reformar las costumbres, de dar a la doctrina su primitiva
pureza y volver a la Iglesia su antiguo esplendor. La nueva congregación que
acababa Vicente de establecer con el objeto de formar a los eclesiásticos en
las funciones de su ministerio, pareció a esas gentes un excelente canal para
hacer circular su funesta doctrina. Proyectóse ganar a Vicente, y para esto se
emplearon ruegos, alabanzas, servicios, bellos discursos, lágrimas de dolor por
la corrupción y desórdenes del pueblo y del clero; pero unas cuantas palabras
que se escaparon a los autores de la nueva herejía contra la Iglesia y el
concilio de Trento, despertaron la atención de Vicente, y al punto cortó toda
comunicación con esos falsos doctores, quienes para vengarse de tan prudente
conducta, prorrumpieron en groseras injurias, que realzaron la gloria de
Vicente, e hicieron que ejercitase su heroica paciencia. Y con todo esto creía
que no había manifestado bastante la fe que profesaba, si no se oponía al
error, si no lo perseguía y armaba contra él el celo de los prelados, y, en
fin, sino le cortaba todas las entradas en el clero y en los monasterios. No fueron infructuosos sus trabajos, pues Dios se dignó
echar sobre ellos abundantes bendiciones.
PUNTO TERCERO
Por la fe
prefirió Vicente la instrucción de los pobres a la de los ricos, y no a estos
sino a aquellos consagró todos los servicios de las dos congregaciones que
estableció. Por la fe se ocultaba en la oscuridad de las prisiones, en
los hospitales, en las reuniones de los labradores, con el fin de instruir, de
consolar a los pobres y encaminarlos a la práctica de las virtudes cristianas;
por convertirlos a Dios, sufrió el rigor de las estaciones, la grosería de los
pueblos y las persecuciones que más de una vez suscitaron contra él los
malvados.
No contento con haber derramado la luz de la
instrucción y haber corregido grandes abusos en muchos estados de Europa,
extendió su celo a la parte de allá de los mares; y la isla de Madagascar y el
Asia admiraron a Vicente en sus discípulos, que llevaron su fe y su espíritu en
medio de los países bárbaros.
MÁXIMAS DEL SANTO
Las materias de fe no deben examinarse con un espíritu curioso y sutil; basta que las proponga la Iglesia para que nunca podamos engañarnos creyéndolas.
La sumisión humilde y la obediencia a los
decretos del Soberano Pontífice, es un buen medio para distinguir los
verdaderos hijos de la Iglesia de los rebeldes.
Podemos algunas veces convencernos con
razones sólidas en materias de religión; pero siempre es conveniente sujetar la
razón a la fe.
REFLEXIONES Y PRÁCTICA.
Es la fe el homenaje más perfecto que puede
tributar el hombre a la Suprema Verdad. Debe ser la base y regla de nuestra
conducta, y nada es más raro en estos tiempos; por lo que debemos recordar
aquellas palabras de muestro divino Redentor: Pero
cuando viniere el Hijo del Hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra? (San Lucas XVIII, 8).
Solo una conducta perfectamente arreglada a
las verdades de la fe, puede asegurar nuestra salud eterna. Cotejemos
frecuentemente nuestra conducta con nuestra fe, y veamos si nuestros
pensamientos, nuestros deseos y nuestros sentimientos están conformes con
nuestra creencia. Tengamos gran cuidado en apoyar sobre este firme fundamento
todos nuestros discursos y nuestras acciones, para no engañarnos en este punto
esencial; porque, así como un
cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta (Santiago II, 26).
Recordemos frecuentemente estas palabras de
muestro Señor: A todo aquel que me
reconociere confesare por Mesías delante de los hombres, yo también lo
reconoceré y me declararé por él delante de mi Padre que está en los cielos (San Mateo X, 32). Nunca pues temamos
cumplir delante de los hombres con los deberes que nos impone la fe; evitemos
con sumo cuidado cualquiera innovación en artículos de fe; pidamos a menudo a Dios
esta virtud, diciéndole con los Apóstoles: Señor,
auméntanos la fe (San
Lucas XVII, 5).
Roguemos con frecuencia por los ministros de
la Iglesia y por los pueblos que reciben sus instrucciones en todos los países
del mundo. Consideremos como una felicidad el poder contribuir con muestras
oraciones, limosnas, consejos o ejemplo a la conversión de un pecador.
Examinemos si conocemos esta obligación y de qué modo, hasta el presente, hemos
cumplido con ella.
—Recemos
tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias en honor del Santo, pidiendo a Dios
con fervor que fortifique nuestra fe, y diciendo en seguida la siguiente:
Antífona: Obró lo que era bueno, recto y justo
delante del Señor Dios suyo, en todo aquello que exigía el ministerio de la
casa del Señor, según la ley y las ceremonias, deseoso de complacer a su Dios
con todo su corazón (2
Paralipómenos XXXI, 20-21).
℣. San Vicente, ruega por nosotros.
℟. Para que nos hagamos dignos de las promesas
de Cristo. Así sea.
ORACIÓN
¡Oh Dios!, que has hecho revivir en
nuestros días el espíritu de tu Hijo en la apostólica caridad y en la humildad
de San Vicente, para anunciar el Evangelio a los pobres, para aliviar las
miserias de los enfermos y desamparados, y para dar nuevo lustre al Orden
eclesiástico; concédenos por intercesión de este Santo, que nos veamos libres
de las miserias del pecado, y para agradarte imitemos tan ardiente caridad y
profunda humildad. Así te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
contigo y el Espíritu Santo vive y reina Dios por todos los siglos de los
siglos. Así sea.
LETANÍA EN HONOR DE SAN
VICENTE DE PAÚL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo,
óyenos.
Cristo,
escúchanos.
Padre
celestial que eres Dios. Ten
misericordia de nosotros.
Hijo
Redentor del mundo que eres Dios. Ten
misericordia de nosotros.
Espíritu
Santo que eres Dios. Ten
misericordia de nosotros.
Santa
Trinidad que eres un solo Dios. Ten
misericordia de nosotros.
Santa
María. Ruega
por nosotros.
Santa
Madre de Cristo, Soberano Sacerdote. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, que caminaste desde tu infancia en presencia de Dios. Ruega por nosotros.
San
Vicente, cuya bondad se extendía a todos. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, que supiste conservar tu castidad. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, Pastor vigilantísimo del rebaño de Jesucristo. Ruega por nosotros.
San
Vicente, que evangelizaste a los pobres con tan buen éxito. Ruega por nosotros.
San
Vicente, que formaste a tus discípulos para toda clase de obras buenas. Ruega por nosotros.
San
Vicente, gloria del sacerdocio. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, humilde en medio del esplendor mundano. Ruega por nosotros.
San
Vicente, diligentísimo imitador de Jesucristo. Ruega por nosotros.
San
Vicente, alivio de toda clase de miserias. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, recurso de todos los afligidos. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, mantenedor de los hambrientos. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, ayudante eficaz de los enfermos. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, proveedor de los niños expósitos. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, buscador de las ovejas perdidas. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, restaurador de la disciplina del clero. Ruega por nosotros.
San
Vicente, angélico sacerdote en el altar. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, defensa de las vírgenes en peligro. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, venerador de la Santa Sede. Ruega
por nosotros.
San
Vicente, celosísimo glorificador del Señor Dios de los ejércitos. Ruega por nosotros.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos, Señor.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo: Óyenos, Señor.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo: Ten misericordia de nosotros.
℣. Vicente se hizo servidor de todos y en todo.
℟. Sigamos sus pasos.
ORACIÓN PARA PEDIR A
DIOS LA HUMILDAD POR INTERCESIÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL
¡Oh Jesús, manso y humilde de corazón!, puesto que has querido que
solo las almas humildes glorifiquen tu santo nombre, y que me sea negado el
asiento en tu gloria, si no te dignas hacerme humilde: concédeme esta virtud,
que me ha de hacer merecedor de tus gracias, y me ha de asegurar la posesión de
tu reino eterno. Perdóname los muchísimos pecados de orgullo que contra ti he
cometido: haz, Dios mío, que en
adelante tenga yo tanto menosprecio de mí mismo, cuanta ha sido la esclavitud a
mi orgullo, el cual detesto a tus pies desde este momento. Concédeme esta
gracia por intercesión de San Vicente de Paúl, que fue un modelo tan perfecto
de la verdadera humildad. Así sea.
GOZOS EN ALABANZA DE SAN
VICENTE DE PAÚL
Pues
que en el cielo ensalzado
Sois
del Señor siempre oído:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
De
buenos padres, más pobres
En
Pouy un lugar sin lustre,
Mas
ya de entonces ilustre
Nacisteis
Padre de pobres;
Fuisteis
Pastor desvelado,
Presagio
que habéis cumplido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Cual
israelita el Salterio
Cautivo
en Túnez cantaste,
Y
a vuestro señor sacaste
De
su mayor cautiverio;
Era
infeliz renegado,
Y
fue por Vos reducido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
De
Dios enviado al mundo
Para
su bien y provecho
En
la misión le habéis hecho
Un
bien que lo es sin segundo;
Muchos
que el cielo han ganado,
Sin
Vos lo habrían perdido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Sudar
por Dios en misiones
Fue
vuestro mayor consuelo,
Con
el incansable anhelo
De
ganarle corazones;
Rindióse
el más obstinado
Del
dulce trato atraído:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Para
niños y mendigos,
Viejos
y expuestos a males,
Cuantos
fundaste hospitales
De
vuestro amor son testigos;
Aun
muerto habéis quedado
Apoyo
del desvalido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
De
Damas la Cofradía
Y
de Hijas la Hermandad
Todas
de la Caridad
Os
confiesan Padre y guía;
Es
su instituto el cuidado
Del
pobre, enfermo y caído:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Las
duras amargas penas
Que
los galeotes sentían,
El
corazón os rompía
Al
triste son de cadenas;
Quedar
con ellos atado
Os
hizo el amor subido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Entre
otros buenos oficios
La
Iglesia está venerando
Del
ordenado y ordenando
Conferencias
y ejercicios;
Con
esto al clero habéis dado
Su
forma y ser más lúcido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Para
el que va a retirarse
Todas
vuestras casas son
Una
continua misión
Para
a Dios encaminarse;
Con
esto le habéis ganado
El
pecador más perdido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Entrado
al real Consejo
A
pesar de la humildad,
Se
os vio la sinceridad
Y
prudencia en el manejo;
Fue
todo vuestro cuidado
Que
fuese el Señor servido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
De
caridad sin más renta,
Las
obras no tienen suma,
No
hay mano, ni menos pluma,
Que
pueda sacar la cuenta;
No
hubo en fin necesitado,
Sin
ser de Vos socorrido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Esta
virtud se os ha visto
Ejercitar
de mil modos
En
haceros todo a todos
Para
ganarlos a Cristo;
Su
nombre habéis predicado
Cual
otro vaso escogido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
En
enfermos incurables
Se
vio vuestra gran virtud,
Dándoles
total salud
Con
milagros inefables;
Dan
testimonio abonado
El
mudo, ciego y tullido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
La
mujer que, con fervor,
En
los partos peligrosos,
Recurre
a Vos con sollozos,
Conoce
vuestro favor,
Con
el fruto deseado
En
las aguas renacido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Vicente
siempre constante
De
los prójimos celoso,
Con
sí mismo riguroso
De
Dios amado y amante;
De
toda virtud dechado
A
los más santos has sido:
Sed
con Dios nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
Pues
sois de Dios gran Privado
Tan
poderoso y querido:
Sed
con Él nuestro valido,
Vicente,
padre aclamado.
℣. Le preparaste, oh Dios, en tu dulzura, para
los pobres.
℟. El Señor le dio mucha virtud para anunciar
las palabras del Evangelio.
ORACIÓN
Oh Dios, que para la salvación de
los pobres y la disciplina del clero congregaste en tu Iglesia una nueva
familia religiosa por medio del bienaventurado San Vicente, te suplicamos nos
concedas, que seamos también nosotros fervientes en el mismo espíritu, amemos
lo que él amó, y practiquemos lo que enseñó. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del
Espíritu Santo. Amén.

