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domingo, 31 de marzo de 2024

NOVENA EN HONOR A JESÚS NAZARENO CON LA CRUZ A CUESTAS.

 


Novena compuesta por el Padre Fray José de San Juan OP, maestro de novicios en el Convento de Santo Tomás de Madrid.

MODO DE HACER LA NOVENA

   Esta Novena se puede hacer cuando a cada uno le pareciere; y especialmente cuando se viere en algún conflicto, o cuando se hallare necesitado de alcanzar de Nuestro Señor alguna gracia o favor. Para lo cual el tiempo más oportuno será en los nueve viernes que hay desde el primero antes de Septuagésima hasta el últimos antes de Ramos, o en los nueve días consecutivos desde el viernes antes de Septuagésima, o en cualquier otro tiempo del año, según instare la urgencia o necesidad de cada uno. El lugar donde se ha de hacer esta Novena, será en la Iglesia donde hubiere Altar o Capilla en donde esté la imagen de Jesús Nazareno con la Cruz a cuestas; y si no se pudiere, la hará cada uno en su casa, delante de alguna Imagen o Estampa que represente este Paso.

   El día primero, en el cual se ha de dar principio a esta Novena, se ha de limpiar primero la conciencia examinándola diligentemente, y se confesará y recibirá la Sagrada Comunión, y la misma diligencia se hará el día último. Esto se entiende cuando la Novena se hiciere en nueve días consecutivos. Pero cuando se haya de hacer en nueve viernes, será muy adecuado confesar, y comulgar en cada uno de ellos, y en aquel día ayunar, y hacer alguna abstinencia, partiendo de su comida con algún pobre. Lo que se ha de meditar en el ejercicio de este Novenario, será algún Paso de lo que sucedió a Jesús Nazareno con la Cruz a cuestas, desde que salió de la casa de Pilatos, hasta llegar al monte Calvario, según el orden que va señalado.

   En llegando la hora del ejercicio de la Novena, te pondrás de rodillas delante de la Santa imagen, y te persignarás del modo acostumbrado. Y luego con todo rendimiento y humildad le pedirás perdón de tus pecados, la oración que se pone en su lugar; y juntamente licencia para comparecer y ponerte en Su presencia, avergonzándote de que por causa de tus pecados va el Señor cargando con aquella Cruz a dar la vida en ella en el monte Calvario. Córrete; y duélete el ver aquel amantísimo Señor en tantas congojas, tristezas, y dolores, en las cuales tus culpas le han constituido.

NOVENA EN HONOR A JESÚS NAZARENO CON LA CRUZ A CUESTAS

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA

   Jesús Nazareno, Criador y Redentor mío, a quien me humillo, y en cuya presencia conozco debo ser vilmente despreciado, por haberos sido ingrato, desagradecido y olvidadizo de tan grandes beneficios como me habéis hecho, padeciendo por mí gravísimas culpas, tantos trabajos, especialmente los dolores que sufristeis, cuando cargaron sobre vuestros delicados hombros esa muy pesada Cruz, para rendir en ella la vida en el monte Calvario: Me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido. Pésame, Señor, de haber sido yo la causa de que llevéis esa Cruz, sufriendo tantos dolores, amarguras, y congojas. Pésame de mi ingratitud y descuido, y de no haberos dado continuamente rendidas gracias por tan grandes beneficios. Dadme licencia, Señor benignísimo, para comparecer y ponerme en vuestra presencia, aunque bien conozco soy indigno de tan grande beneficio, así por mis gravísimos pecados, como porque soy polvo y ceniza. Señor, perdonadme. Y pues no deseáis la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, yo me convierto a Vos y deseo vivir en adelante, según vuestra Santa Ley, y seguir vuestros pasos, sin perderos de vista hasta la hora de mi muerte. Señor, dadme vuestra bendición, y recibidme en vuestra gracia, como a otro hijo Pródigo. Sea mi abogada vuestra Santísima Madre la Virgen Purísima Santa María. Así sea, Señor. Amén Jesús.

—Acabada esta Oración, harás ante la Imagen de Jesús Nazareno una profunda reverencia, inclinando la cabeza muy devotamente, y puesto otra vez, como antes, delante de la Santa Imagen, meditarás el Paso siguiente.

DÍA PRIMERO

MEDITACIÓN

   Este día meditarás cómo el Señor oyó la sentencia inicua que dio Pilatos para que fuese crucificado; y al punto le quitaron aquellos verdugos la Púrpura y el Alba que por desprecio le vistió Herodes, y le volvieron a poner los vestidos suyos propios, para que, así caminando al lugar del suplicio, fuese mejor de todos conocido. Y sacándole fuera, le echan una soga al cuello, como a malhechor, y le cargan la pesada Cruz, para que el mismo Señor la lleve a cuestas.

   Detente en esta meditación, y no sea de paso, antes sí procurando penetrarla, y considerando con estudio, diligencia y atención lo que allí sucedió, y la humildad y obediencia del Señor, para que así se mueva tu voluntad a un afecto y sentimiento de lo mucho que por ti padeció. Síguele los pasos sin perderle de vista.

—Después de haber meditado el Paso precedente, leerás con atención lo que dijo el Profeta Real en el Salmo 3 en nombre de nuestro Redentor según los Sagrados Expositores, y es lo siguiente:

   «Mira, Señor, y Padre mío, cómo se han multiplicado mis enemigos y perseguidores. Muchos en gran manera se han conspirado, y levantado contra mí, para hacerme todo pesar y molestia, hasta quitarme la vida. Los más de ellos me improperan y me hieren, diciendo: “No hallarás salud en tu Dios, en quien dices tienes confianza, ni salvará tu alma de nuestras manos”. Mas tú, oh Padre mío, eres mi defensor, mi protector, mi libertador. En estas tribulaciones y persecuciones constituido, con grande afecto, a ti, Señor, levanté la voz, y tú desde el alto trono de tu gloria, en donde resides, en tu magnificencia, en medio de tus Ángeles, oíste mi clamor».

—Después dirás tres Padres nuestros y tres Ave Marías, e inmediatamente la siguiente.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

   Dulcísimo Jesús Nazareno, Señor y Redentor mío, que llevando sobre tus hombros tan pesada Cruz, caminas al monte Calvario, para ser en ella enclavado: Yo, miserable pecador, que fui, y soy la causa de tus dolores y Pasión, te alabo, y doy gracias, aunque muy desiguales a tan grande beneficio, porque como manso Cordero, pacientísimamente la recibiste, y llevaste al lugar de la pasión. Ahora, Señor, se verifica lo que dijo el Profeta Isaías, que tu dominio y principado le tenías sobre los hombros. Ahora también la figura del obediente Isaac, que, al mandato de su padre, llevó al monte la leña para ser con ella sacrificado. Alabo, Señor, y bendigo tu admirable paciencia, pues por mandado de Pilatos, cuando así caminabas al suplicio, iba delante uno de aquellos Sayones proclamando la sentencia que dio contra ti aquel maldito juez. ¿Quién podrá referir, Señor, los empellones y golpes que en el camino recibiste de aquellos crueles soldados? ¿Cuántos oprobios oíste de aquel grande concurso de pueblos que iba en vuestro seguimiento? ¿Cuántos haciendo burla, os arrojaban a la cabeza y a la cara lodo, y otras inmundicias? Pero vos, Señor, como inocente Cordero inclinando la cabeza, a todo callabais, y así caminabais. Oh buen Jesús, cuántas ignominias toleraste; pues no contentos aquellos malvados con que fueses cargado con la Cruz, quisieron también te acompañasen dos famosos Ladrones. Pero no se lee de ellos llevasen Cruz alguna, para que así fueses tenido por más malvado que ellos.

   ¿Pues qué hiciste tú, oh Dulcísimo Señor, porque así fueses juzgado? ¿Qué cometiste, inocentísimo Cordero, porque así fueses tratado? Verdaderamente, Señor, yo soy la llaga de tu dolor, y la ocasión de tu muerte. Yo cometí la maldad, y tú sufres el castigo. Yo hice los pecados, y tú te sujetas a los tormentos. Yo me ensoberbecí, y tú eres humillado. Yo fui el desobediente, y tú hecho obediente hasta la muerte y así pagas la culpa de mi desobediencia. Ruégote piadoso, Señor, me concedas que merezca yo ser enclavado en vuestra Cruz por penitencia de mis pecados. Dadme que acabe yo mi vida en tu servicio. Yo, Señor, me entrego a ti, y me pongo debajo de tu protección. Defiende a este pobre siervo tuyo de todos los males. Enseña y alumbra mi entendimiento, gobierna esta mi alma, rige mis potencias y sentidos, fortalece mi espíritu contra la desordenada flaqueza de mi corazón, dadme Fe cierta, esperanza firme y caridad pura y perfecta, y que en todo lugar y tiempo cumpla tu Santa voluntad. Señor, aparta de mí, y de todos los Fieles todo lo que te desagrada, y concédenos todo lo que contenta a tus beatísimos ojos; y haz que seamos tales, cuales lo quieres que seamos. Encomiéndote a mis padres, hermanos, parientes, bienhechores, amigos, y a todos aquellos por quien debo rogarte. Encomiéndote a toda tu Iglesia, y a nuestros Católicos Monarcas. Haz que todos, Señor, te sirvan, todos te conozcan, todos te amen, y entre sí se amen. Apaga las herejías, convierte a la Fe a todos los que aún no tienen conocimiento de tu Santo Nombre: danos paz entre los Príncipes Cristianos, y consérvanos en ella, así como tú lo quieres, y a nosotros conviene. Debajo de tu fiel amparo encomiendo todas tus criaturas, para que a los vivos concedas gracia, y a los difuntos eterno descanso. También, Señor, te pido me concedas el favor que solicito conseguir de tu piedad en esta Novena, si conviniere para tu gloria, y para salvación de mi alma. Oh gloriosa Reina de los Ángeles, oh Santos y Santas de Dios; sed mis medianeros y abogados, rogad al Señor por mí, para que por Vuestros méritos y oraciones, sea yo de Dios favorecido ahora, y en la hora de mi muerte. Amén Jesús.

Sea bendito y alabado el Santísimo Sacramento del Altar, y la Virgen concebida sin pecado original.

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.