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jueves, 14 de septiembre de 2023

NOVENA AL SANTO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN.

 

Novena compuesta en 1754 por Fray Braulio de Herrera OP, Misionero Apostólico y Prior del Convento de San José de la Orden de Predicadores en Cartagena de Indias, e impresa por un devoto del Santo Cristo de la Expiración en 1764 con aprobación eclesiástica; reimpresa en 1913 por la Tipografía Mogollón en Magangué. Reimprimátur concedido el 6 de Agosto de 1912 por el Padre José María Muñoz, Provicario General de la Archidiócesis de Cartagena.

COMENZAMOS: 5 de septiembre.

FINALIZAMOS: 13 de septiembre.

FESTIVIDAD: 14 de septiembre.

PRÓLOGO AL LECTOR

   Llegué, lector mío, a esta ciudad de Cartagena, a los principios de Febrero del año de mil setecientos cincuenta y tres; y viniendo como Misionero Apostólico a estos Reinos, encontré en el Convento de Predicadores, de esta ciudad la devotísima y milagrosísima Imagen de Nuestro Señor Crucificado con el título de la Expiración, simulacro ciertamente tan devoto, que ninguno puede poner en él los ojos sin que interiormente se mude.

   Sucedió en dicha ciudad en el año siguiente de mil setecientos cincuenta y cuatro una epidemia de viruelas, de que se llenaban las sepulturas de personas. Para templar el Divino enojo, en el Convento varias veces se sacó a Nuestra Señora del Rosario por las calles. El nobilísimo Cabildo de esta ciudad puso en Novena al Señor San Roque Confesor; pero nada templó el Divino enojo, porque siempre proseguía el contagio, hasta que haciendo Novena (que es esta que se imprime) a esta milagrosa Imagen del Santo Cristo de la Expiración, cesó totalmente el accidente, dando a entender Dios la intercesión de esta milagrosa Imagen.

   El origen de esta Santa Imagen, según la tradición que hay en este Convento, es milagroso y así singularísimo. Es el caso (según refiere la tradición) que en este Convento se retiró un hombre, que dijo era Estatuario. Salían los hermanos del Noviciado todas las semanas a paseo por la puerta que llaman del Sol, y a las orillas del mar encontraron un tronco desechado y arrojado de sus olas, y luego les vino a la imaginación que de aquel madero se podía formar la imagen de un Santo Cristo, teniendo artífice dentro del mismo Convento.

   Comunicaron con el Estatuario el pensamiento, y preguntándoles por la longitud del tronco, dijo no era bueno, pues debía tener dos palmos más de largo. Salieron otro día a paseo y movidos de la curiosidad, fueron al sitio, y midiéndolo encontraron tenía ya un palmo más de largo. Trajeron la noticia al artífice; pero no tenía la longitud suficiente. Tercera vez lo volvieron a registrar y encontraron ya palmo y medio de creces; hasta que, prosiguiendo las visitas del madero en las salidas, encontraron había crecido hasta tener longitud necesaria. Contentos con esto los Religiosos hicieron conducir el madero al Convento, y requiriendo el disimulado Artífice, para la hechura, se mandó este cerrar en un cuarto, y dispuso que ninguno entrase en él; antes bien dijo, que la comida se la dieran por una ventana. Así estuvo muchos días cerrado; pero advirtiendo los Religiosos, que en el cuarto no se oía ruido, ni golpe alguno, abrieron la puerta, y no encontraron al disimulado artífice; pero sí la comida, y esta milagrosa y devota Imagen de Nuestro Señor Jesucristo al tiempo de expirar, de lo que infirieron sería el Artífice algún Ángel, que envió Dios a este Convento, para la formación de este devoto Simulacro del Santo Cristo de la Expiración. Esta es la tradición, que ha llegado a nosotros de nuestros mayores.

   Lo que es digno de reparar, que esta Santa Imagen, siendo tan antigua, del mismo modelo que salió de las manos del Artífice, sin haber permitido que la retocasen, pues aún el tiempo que lo consume todo, no ha tenido entrada en la encarnación de este devoto Simulacro. También es de admirar, que habiendo querido la devoción ponerle clavos de plata en Pies y Manos se han encontrado al otro día sobre la Mesa del Altar, quedando la Santa Imagen mantenida por sí misma en el Sagrado Madero de la Cruz.

   Los prodigios que obra Dios por medio de esta Imagen, son muchos y no sería fácil comprenderlos en el breve volumen de un Novenario; por lo que los omito, no sin sentimiento, porque encenderían más la devoción a esta Santa Imagen, que es el fin que tengo, en que salga a la luz este Novenario.

ADVERTENCIA PARA HACER ESTA NOVENA

   Esta Novena del Santo Cristo de la Expiración se hace en el Convento de San José, orden de Predicadores de la ciudad de Cartagena, nueve días antes de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en cuyo día se celebra y venera esta Santa y milagrosa Imagen; pero cualquier persona la puede hacer en su casa en cualquier tiempo del año.

   Para conseguir las gracias y favores que se desean alcanzar en las Novenas, es preciso entre en ellas, quien las hace, con una santa indiferencia; pues no sabiendo nosotros lo que hemos de pedir, se ha de suplicar se alcance este Don de Dios, mediante la intercesión del Santo a quien se hace el Novenario.

   También se ha de disponer la persona que hace la Novena para ponerse en gracia mediante los Santos Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía, para lo cual serán muy del caso dos cosas:

   La primera, todos los días hacer examen de conciencia, y una vez que la tenga bien examinada, confesar todas sus culpas con dolor, verdad, integridad y un propósito firme de la enmienda. La segunda, meditar cada día un paso de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y acompañarlo con una obra de Mortificación; y si esto no se pudiere, con una obra de Misericordia; que, disponiéndole de esta suerte, puede vivir asegurado que alcanzará el favor que solicita en el Novenario.

NOVENA DE LA MILAGROSA Y DEVOTA IMAGEN DEL SANTO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN

—Hecha la Señal de la Cruz, se dirá todos los días el Acto de Contrición:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

   ¿Quién dará agua a mis ojos, para que, deshecho mi corazón en lágrimas, llore amargamente la fealdad de mis culpas? ¿Quién iluminará mi entendimiento con un rayo de Soberana Luz, y quién encenderá la tibieza de mi voluntad, con una ascua del Divino Amor para que, conociendo la infinita gravedad de mis ofensas, pueda dignamente aborrecerlas y detestarlas? ¡Oh Altísimo y Clementísimo Dios! ¡Rey de los Reyes y Señor de los Señores! ¡Oh eterna Sabiduría del Padre, que, asentada sobre los Serafines, penetráis con la claridad de vuestra vista en los Abismos, y no hay cosa que no esté patente a vuestros Ojos! Vos, Señor, tan grande amador de todo lo que criasteis y mucho más de mí que me redimisteis, inclinad ahora esos Clementísimo ojos y abrid esos Divinos Oídos, para oír los clamores de este pobre y vil pecador. ¡Señor, Dios mío, ninguna cosa desea más mi alma que amaros, porque ninguna cosa hay en Vos más debida, ni más necesaria, que este amor! Criásteisme para que os amase, Enseñásteisme también, Salvador mío, que no os podía amar si no os conocía, y mucho menos si os injuriaba. Pues ¿quién me dará que así os conozca? ¿Quién más bueno que Vos? ¿Quién es el Esposo de nuestras almas, el puerto de nuestros deseos, el centro de nuestros corazones, el último fin de nuestra vida, nuestra última felicidad, sino Vos? ¿Pues qué haré yo, Dios mío, para alcanzar este conocimiento? ¿Cómo os conoceré, pues no puedo veros? ¿Cómo os podré mirar con ojos tan flacos? ¿Quién me dará alas como de Paloma, para que yo pueda volar a Dios, supuesto, Dios mío, que cada día os ofendo y no os amo? Confieso, Dios mío, esta injusticia; y digo con fervorosos deseos de desenojaros, que me pesa. Pésame, Señor, de haberos ofendido: Misericordia, Señor, misericordia. Apartad, Señor, Dios mío, de mis delitos la indignada severidad de vuestros Ojos, para que, llorando mis culpas, logre la final gracia, con que alabe a Dios eternamente en la Gloria. Amén.

—Se rezan tres Padrenuestros gloriados.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

   Dulcísimo Jesús, Divino Redentor, que estáis en esa Cruz expirando por mí: Yo, humilde criatura vuestra y vil gusanillo, postrándome a vuestros Sagrados Pies, adoro vuestra Pasión, y con especialidad las agonías que padecisteis al tiempo de expirar, como representa esta Venerable y Milagrosa Imagen, que por disposición Angélica quiso fabricarse y quedarse en esta Ciudad de Cartagena; Yo os doy, Jesús mío, infinitas gracias por haber sufrido por mi redención, que os atasen las manos como a inocentísimo Cordero, que os coronasen de espinas para que de las heridas de vuestra sagrada Cabeza saliesen fuentes de salud en la mayor enfermedad; y que después de azotado, coronado de espinas y despreciado del Pueblo, para llevar la Cruz os pusieron las Vestiduras propias, para que siendo más conocido, fuerais más despreciado y afrentado, hasta que en la Cruz expirasteis por mi amor: Suplícoos, Señor, por vuestras santísimas penas y dolores, me concedáis una fe viva con que crea en Vos como en verdad infalible: una firme esperanza con que solo estriben en Vos mis deseos como en infinito poder: una caridad verdadera, con que os ame sobre todas las cosas como a bondad suma, y a mis prójimos con santo amor como a mí mismo. También, Señor, pido a vuestra soberana piedad, me concedáis el favor que solicito conseguir en esta Novena, si conviene para vuestra Gloria y salvación de mi alma. Este es el memorial que os presento, Dios mío, que vivís y reináis con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

—Ahora cada uno pide con el corazón la gracia que desea conseguir en esta Novena.

DÍA PRIMERO - 5 DE SEPTIEMBRE

ORACIÓN

   ¡Oh Soberano Libertador de las almas! Adoro la prodigiosa humildad con que os dejasteis conducir desde Getsemaní ante Antás, Caifás, Pilatos y Herodes, y de nuevo a Pilatos, gobernador débil, que os condenó a muerte luego de reconoceros inocente y de lavarse las manos y dejar libre al criminal Barrabás, señal de liberación de tantos pecadores, con vuestra cruelísima muerte. Beso vuestras manos santísimas, hoy atadas, que criaron los cielos y obraron tantos prodigios, y también venero vuestra paciencia y mansedumbre, permitiendo que por mi amor os llegasen a crucificar. Quisiera, Señor, a costa de mil vidas, haberos excusado tantas afrentas y penas. Suplícoos, Señor, por esta vuestra humildad y paciencia, me deis estas virtudes y me concedáis el buen suceso que deseo, de lo que en esta Novena os pido. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.