Mostrando entradas con la etiqueta Novena de la Divina Maternidad de María Santísima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novena de la Divina Maternidad de María Santísima. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de octubre de 2024

NOVENA EN HONOR DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA.

 


Novena compuesta por María Josefa Amalia de Sajonia de Borbón, reina consorte de España, y publicada por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en la imprenta de José Rubio en Barcelona, con aprobación del Cardenal-Arzobispo de Toledo en 1828. Los Gozos son de la autoría de Josep Martí Folguera.

 

COMENZAMOS: 2 de octubre.

FINALIZAMOS: 10 de octubre.

FESTIVIDAD VETUS ORDO: 11 de octubre.

 

PRÓLOGO


Siendo la Encarnación del Verbo el principio de nuestra felicidad, el fundamento de los otros beneficios Divinos, en el orden de la Gracia y de la gloria, y uno de los misterios en que más resplandecen las perfecciones del Señor, y singularmente su infinita Bondad y amor a los hombres: justo es que estos procuren honrarla con particular devoción y reverencia. Es el primero de todos los misterios de la Nueva Ley, y el fin de la Antigua: es el beneficio de Dios, del cual son consecuencia los otros: pues en su Humanidad Sacratísima pagó Jesucristo la deuda del género humano; bajo su velo anduvo por el mundo iluminándole con su celestial Doctrina y dándonos en su admirable vida un perfecto dechado de todas las virtudes. El beneficio de la Encarnación disminuye en cierto modo el pasmo que habían de causarnos los que a él se siguieron, pues un Dios, cuyo amor a los hombres llega hasta el punto de vestirse de su misma carne, y cargarse con todas sus miserias, excepto las de ignorancia y malicia; ¿que no hará por aquellos a quienes mostró tan gran ternura, y que ya, después de este principio; cuenta por sus hermanos y particioneros con él de una misma naturaleza? La creencia de este Misterio es una de las primeras bases de nuestra Fe, cuyo principal objeto es un solo Dios en tres personas, de las cuales la segunda es al mismo tiempo Hombre verdadero; es el cimiento sólido de nuestra Esperanza, pues cuando este Señor se hizo Hijo del Hombre, nosotros fuimos adoptados por hijos de su Eterno Padre, por hermanos del Hombre Dios, y por coherederos de su gloria. Por él fuimos consagrados para Templos del Espíritu Santo; limpios de nuestras culpas, y adornados de su Gracia. Por él somos mirados de Dios con ojos de misericordia; pues si este Señor estaba pronto a perdonar al culpado pueblo de Sodoma, como encontrase en él diez justos; ¿con qué ojos no mirará a la naturaleza humana, a aquel pueblo en cuyo número cuenta, no ya solo diez justos, sino la justicia y la Santidad por esencia, que es su Unigénito Hijo, objeto de sus eternas complacencias? La Encarnación de este dulcísimo Redentor de nuestras almas es también incentivo de la caridad, pues si con nada se enciende mejor un fuego que con otro fuego, ¿qué mayor motivo para que nuestros corazones se abrasen en amor de este Señor, que ver una prueba tan asombrosa del suyo como es hacerse hombre y morir por salvarnos? Ella es también la gloria de nuestra naturaleza, pues siendo esta por sí baja y terrestre, y habiendo decaído por la culpa de su primera excelencia, se ve tan elevada en la Divina persona de Jesucristo, que los más altos Serafines del Cielo se postran delante de ella para adorar el propio cuerpo y Alma de su Dios y Criador. Ella también nos abre la puerta segura y fácil camino para la unión con Dios y contemplación de sus perfecciones infinitas, pues como el espejo ustorio recoge los rayos del Sol y los atrae a la tierra, así los atributos divinos, que resplandecen en la Humanidad Sagrada del Hijo de Dios, cual en espejo clarísimo, como que se acercan a nuestra vista y se acomodan más a nuestro flaco entendimiento, Aquel que habita la luz inaccesible ya se presenta a nuestros ojos, y vestido de nuestra carne, podemos conversar con él y llegarnos como un hombre se llega a otro hombre, a aquel Dios ante cuyo acatamiento tiemblan y encogen sus alas las potestades Angélicas, para que, como canta la Iglesia, cuando conocemos a Dios visiblemente, seamos arrebatados por él al amor de las cosas invisibles; pues aquí se empezó a descubrir el Velo del Santuario, que había de rasgarse del todo en la muerte de este Señor. En el día dichoso de la Encarnación se presenta la víctima, que había de servir para nuestro rescate, y se preparó el grano de trigo precioso, del cual se había de amasar el Pan del Cielo para nuestro alimento, se alegraron los Ángeles porque iba a poblarse el Empíreo de nuevos ciudadanos; y se llenaron de rabia los demonios, porque iban a perder su presa, y ver ocupar a los hombres los puestos que ellos habían perdido por su soberbia. Este misterio es nuestro consuelo, nuestro esfuerzo, y nuestra alegría, por sellar la Fe de los puntos concernientes a él murieron invictos mártires, y desafiaron los gloriosos Confesores la ira de los Cesares; él triunfó de todas las herejías que se levantaron contra él, que no trato de referir aquí, antes.... ¡Ojalá fuera posible sepultarlas en un eterno olvido! pero solo sirvieron para ponerlo en más clara luz, y para que la Iglesia declarase con más solemnidad y publicase con más esforzado grito entre todos sus hijos, cómo en la Divina Persona de Jesucristo están reunidas en uno las dos naturalezas Divina y humana; en uno digo, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por asunción de la Humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por unidad de la Persona; pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y el hombre, es un solo Cristo. Siendo, pues, tal la grandeza de este Misterio; y tan notables las ventajas que se nos siguieron de él; es bien justo, como ya dije al principio, que todos los cristianos que nos preciamos de pueblo escogido del Hombre Dios, le tributemos en él particular culto y adoración; y habiendo tenido tanta parte en él María Santísima, y siendo su Maternidad Divina el origen de todas sus otras prerrogativas, también es debido nos alegremos con ella, y la demos el para bien de su dicha, y nos gocemos y gloriemos de que sea Madre nuestra la Madre del mismo Dios; el cual, no contento con habernos hecho hijos de su Padre Celestial, y dado su vida por nuestro rescate, y su Cuerpo y Sangre por alimento, también nos hizo desde la Cruz este precioso legado, cuando nos dijo a todos en cabeza de San Juan: «Mira ahí a tu Madre». Por esto he dispuesto yo en esta Novena que la consideración y oración particular de cada día, trate de una de las perfecciones de Dios y una de las virtudes de María Santísima, que singularmente resplandecen en este misterio de la Encarnación. También me ha parecido hacer cada día alguna memoria particular del glorioso Arcángel San Gabriel, que fue el mensajero escogido para traernos la embajada más interesante que se hizo jamás del Cielo a la tierra: y de alguno de los nueve coros de los Ángeles, a quienes mandó el Padre eterno que adorasen a su Unigénito cuando de nuevo le introdujo en el mundo. Todas estas circunstancias, unidas a la dignidad del asunto, y lo mucho que hay que decir sobre él, me ha hecho extender en la Novena más de lo que algunos les permitirán sus ocupaciones; por lo cual pueden, los que quieran, abreviarla, no diciendo más que los tres Credos y nueve Ave Marías en la forma susodicha, nombrando cada día la perfección de Dios de que trate al decir: «Bendita sea la Sacrosanta e Individua Trinidad, cuya (aquí se dice la perfección) tanto resplandece en este Misterio»; excepto el tercer día, que se dirá esto, conforme está puesto; y al decir; «La Humanidad Sacratísima de nuestro Señor Jesucristo, en la cual está todo nuestro remedio», se añadirá; «y la profunda Humildad, de la cual nos dio tan maravilloso ejemplo»; y al decir: «la fecunda integridad de María Santísima», se nombrará también cada día la virtud que le toque, diciendo, «La fecunda integridad (y se nombra la virtud) de María Santísima».

   

Bueno será confesar y comulgar en alguno de los nueve días, especialmente el primero y el último en que se trata del amor de Dios a los hombres; y también podrá leerse este prologo, para prepararse antes de empezarla; pero siendo mi principal objeto, excitar los corazones a un ardiente amor y profunda gratitud hacia el Divino Verbo Encarnado; sobre todo, encargo a cuantos la hicieren, procuren encender en su corazón este fuego celestial con frecuentes y fervorosos actos de Caridad, y con pedirle los abrase en él a ellos y a todos los hombres, no olvidando en particular a la última de las Siervas de este Señor, la Autora, María Josefa Amalia de Sajonia - Borbón.

 

NOVENA EN HONOR DE LA ENCARNACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, Y DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN.

 

   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío y de todos los hombres, por amor de todos los cuales os dignasteis bajar del Cielo a la tierra tomando carne en las purísimas entrañas de María Santísima, y sujetándoos a una muerte afrentosa y cruel: postrado a vuestros pies Divinos, confieso que he merecido mil veces el Infierno por haber despreciado tamaños beneficios y hollado vuestra Sangre preciosa, derramada por mí en la Cruz; pero fiado en vuestra misericordia, que tanto manifestasteis en esta obra, y apoyado en los méritos de esa misma Sangre adorable; me vuelvo a Vos, Salvador mío, y os pido humildemente perdón de todos mis pecados, arrepintiéndome de ellos de todo corazón, solo por ser Vos quien sois tan infinitamente perfecto, bueno y amable: propongo firmemente de nunca más pecar y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos: de confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta, con el auxilio de vuestra Divina gracia, la cual os pido por vuestros méritos y por la intercesión de María Santísima, a quien, dignándoos elegirla por Madre, la constituisteis al mismo tiempo por Reina del Cielo, Madre de misericordia, y refugio de pecadores. Amén.

 

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

 

   Abrid, Señor, mis labios, para bendecir vuestro Santo Nombre; purificad mi corazón de todo vano, ajeno y perverso pensamiento: iluminad mi entendimiento, e inflamad mi voluntad, para que digna, atenta y devotamente pueda hacer esta Novena, y merezca en ella ser oído de vuestra Divina Majestad, por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

Señor, en unión de aquella Divina intención, con la cual en la tierra dirigisteis vuestras alabanzas a Dios, os dirijo estas oraciones.

 


DÍA PRIMERO - 2 DE OCTUBRE.

 

CONSIDERACIÓN: SANTIDAD DE DIOS, Y PUREZA DE MARÍA SANTÍSIMA.

 

Considera la santidad de Dios, que singularmente resplandece en este misterio de su Encarnación; pues habiéndose hecho verdadero hombre, y querido nacer de mujer, no quiso elegir por su Madre a ninguna que no estuviese enteramente libre de toda mancha de pecado; eximiéndola por singular privilegio, por los méritos de su muerte prevista, hasta de la misma culpa original, con la cual todos venimos al mundo; pues si este Señor no quiso tomar carne de una madre, que alguna vez hubiese tenido alguna mancha ni aun original o venial, ¿cómo piensas que ha de querer habitar en un corazón lleno tal vez de gravísimos pecados actuales, si no procura el hombre borrarlos con el dolor y la penitencia?

 

Considera también el amor que este Dios de pureza mostró a esta angelical virtud, eligiendo encarnar en el seno de una Virgen Purísima, y conservándola la gloriosa calidad de tal, antes del parto, en el parto, y después del parto; y repara cómo la Señora por su parte, era tan celosa de esta virtud, que no solo se turbó a la vista de un Ángel, en figura de hombre, sino que aun después de oído el honorífico mensaje, lejos de hacerla olvidar del cuidado de su virginidad el augusto título de Madre de Dios, su primera respuesta a las palabras del Celestial Paraninfo, fue preguntar: «¿Cómo se hará esto, pues yo no conozco varón?».

 

   Alabarás a Dios en esta perfección suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:

 

   Dios de santidad, que sois aquel Esposo Celestial que solo se complace entre las cándidas azucenas de la pureza, por lo cual también quisisteis nacer de Madre Virgen, e Inmaculada desde su misma Concepción; yo os adoro en esta perfección vuestra, que tanto resplandece en el Misterio de vuestra Encarnación, y junto mis adoraciones a las que os rindieron los Ángeles desde el primer instante de ella, y también a las que os rindió vuestro Arcángel San Gabriel que tuvo la dicha de anunciar a María Santísima la elección que habíais hecho de ella para Madre vuestra, y asegurarla al mismo tiempo de la conservación de su pureza virginal; y os suplico por vuestros méritos y la intercesión de la misma Señora y del glorioso Arcángel, que preservéis mi corazón y mi cuerpo de toda mancha, para que sea templo vivo del Espíritu Santo, y aposento hermoso, aparejado y adornado para recibiros dignamente en el Santísimo Sacramento del Altar; a fin de que alimentada mi alma de este divino Maná, camine por el desierto de este siglo, apoyada sobre su amado, como la Esposa de los Cantares; y así llegue a aquel reino de pureza eterna, donde no entra ninguna cosa manchada. Amén.

 

—Ahora se rezarán tres credos en honor de la Santísima Trinidad, en la forma siguiente: se dirá: «¡Bendito sea el Padre Eterno que nos dio su Unigénito Hijo!» y se rezará un Credo; luego se dirá: «¡Bendito sea el Hijo Eterno, que se dignó tomar nuestra naturaleza!», y se rezará el segundo Credo; luego se dirá: «¡Bendito sea el Espíritu Santo, por cuya obra y gracia fue concebido el Hijo!», y rezará el tercer Credo.

 

Después se añadirá: «Bendita sea la Sacrosanta e individua Trinidad cuyas perfecciones tanto resplandecen en este Misterio, la Humanidad Sacratísima de nuestro Señor Jesucristo, en la cual está todo nuestro remedio, y la fecunda integridad de María Santísima, por cuyo medio nos vino tanto bien: a la cual saludamos con el Ángel diciendo»: Aquí se rezarán nueve Ave Marías, en reverencia de la Preñez de María Santísima, y luego se dirá la siguiente oración.

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA.

 

   Señor mío Jesucristo, Verbo Divino, engendrado del Padre antes de todos los siglos, que gozando en su seno de una bienaventuranza cumplida, y no teniendo ninguna necesidad de los hombres, os dignasteis, por nuestro remedio, bajar del Cielo a la tierra, tomando carne en las purísimas entrañas de María Santísima y sujetándoos a la muerte y a todos nuestros dolores y miserias, excepto a las de ignorancia y malicia: postrado a vuestros pies, confieso, que aunque tuviera infinitas lenguas para alabaros, infinitos corazones para amaros, a infinitas vidas para sacrificarlas todas por vuestro amor, todo esto no bastaría para agradeceros tamaño beneficio; pero a lo menos, esto poco que en mí hay, y puedo yo ofreceros (que también es don de vuestra liberalidad) sea todo dedicado a vuestro servicio: empléense todas las potencias de mi alma en bendeciros y glorificaros por el medio tan admirable que escogisteis para nuestra santificación y redención; junto mis adoraciones y las que os rindieron los nueve Coros de los Ángeles desde el primer instante de vuestra vida mortal, y las que os rendirán por toda la eternidad: y os suplico, por el infinito amor que me mostrasteis en esta obra me miréis benignamente, desde el alto trono donde gozáis la Gloria tan debida a la dignidad de vuestra adorable Persona, y a las profundas humillaciones, a las cuales os Sujetasteis por nuestro bien; que me comuniquéis las gracias que merecisteis con vuestro sacrificio, dándome una Fe viva, una Esperanza firme, y una caridad ardiente; adornando mi alma de todas las virtudes cristianas, y consiguiéndome, sobre todo la gracia final; para que después de pasar esta vida miserable en amaros con todo mi corazón, y serviros con todas mis fuerzas, pueda en la Eterna veros y alabaros para siempre, como a mi Criador, mi Redentor, Padre amantísimo, y fuente de todo bien.

 

   Mirad también, Señor, por la Iglesia que fundasteis con vuestra Sangre, y el supremo Pastor que la gobierna: os pido, Dios mío, su exaltación; la extirpación de las herejías, y la paz y concordia entre los Príncipes Cristianos; reducid al gremio de la Iglesia a todos los que viven descarriados de ella; acordaos, Redentor dulcísimo, que también por ellos tomasteis nuestra naturaleza, y que tanto os han costado sus almas, como las de los mayores Santos que reinan con Vos en el Cielo. Mirad también por nuestro Rey, Reina, su Real Familia y Reino; y en fin por todos los hombres, y particularmente los que estamos haciendo esta Santa Novena, concedednos el favor que os pedimos en ella, si es para mayor gloria vuestra y bien de nuestras almas; y si no una perfecta resignación a vuestra Divina voluntad: así os lo suplicamos por vuestros méritos y la intercesión de Maria Santísima, vuestra Madre y nuestra, en quien, después de Vos, ponemos toda nuestra confianza. Amén.

 

—Aquí se pide la gracia que se pretende conseguir, poniendo por intercesora a María Santísima. 

 

GOZOS

 

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Vuestra divina planta

Tiende del pecado el puente:

Salve Regína se os canta

En las cuatro partes del mundo.

Vuestro auxilio siempre grita

El hijo de Eva desdichado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

¡Dios os salve! ¡Toda llena

De la gracia del Señor!

¡Todas las nubes serena!

Vuestra mirada plena de claror.

Por esto es tan débil

El amor con que os han pagado,

Porque a Vos deben la vida

Estañada por el pecado.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Inútilmente la serpiente horrenda

Rodaba por todas partes.

Vos le aplastasteis la cabeza

Con vuestro santísimo pie.

Nunca más, oh serpiente maldecida,

Verán vuestra cabeza en alto:

Nunca más la fuente de la vida

Nunca más quedará estañada.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

  

¡Oh dulzura y esperanza.

Oh santa Madre de Dios!

Piedad y bienaventuranza,

Más blanca y pura que nieve.

Todo a loaros convida,

Mas no hay digno dictado

Para Vos, fuente de la vida

Que a todo el mundo ha salvado.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Por Vos brillan las estrellas

Sobre el mar tempestuoso,

Y todas las cosas bellas

Existen sólo por Vos.

Por Vos, crece como oro, el trigo

Por Vos, la luz de la vida

Deshace la sombra del pecado.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

   

Por Vos, las flores traen aroma:

Por Vos cantan los pájaros,

Y por Vos, llenan el aire

Tantos ecos de cánticos bellos.

Por Vos, la tierra iluminada

Está cuando el sol elevado

Sale a escampar rayos de vida

Por toda la inmensidad.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Cuando la mar se pone inflada,

Os invoca el marinero:

Os invocan en la sequía

El campesino y el jornalero.

Entre la batalla os grita,

Oh Virgen, el pobre soldado;

Todos en Vos, buscan la vida,

El socorro y la piedad.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

  

Los niños, ya en la cuna, tienen

Vuestro escapulario al pecho,

Y uno de los primeros nombres que aprenden

Es vuestro nombre bendito.

¿Qué son los cantos de la haya

Sino preces de amor sagrado?

¿Qué son sino raudales de vida

Que bebe el niño embelesado?

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Cuando en el tiempo de primavera,

Florecen los rosales,

Las doncellas con fallera

Guarnecen vuestros altares.

La feliz y la afligida

Por Vos despullan el prado,

Y las flores cobran más vida

Estando a vuestro costado.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Madre a quien todo hombre venera,

No nos apartéis vuestro amor,

Seguidnos intercesora

Ante Nuestro Señor.

Que sin trabas redimida

El alma vuela pronto.

El alma ama la vida,

Mas sólo en la eternidad.

Virgen santa y bendecida,

Madre del que os ha creado:

Vos hicisteis brotar la vida

Restañada por el pecado.

 

Virgen santa bendecida,

Madre del que os ha creado,

El espíritu se añora y grita

Entre suspiros: ¡Libertad!

   

Antífona: Hoy se ha declarado tan admirable misterio: Renovando la naturaleza, Dios se ha hecho hombre; permaneciendo en lo que fue y asumiendo lo que no era, sin padecer conmixtión ni división.

 

. Benditas sean las entrañas de la Virgen María, que portaron al Hijo del Eterno Padre.

. Y benditos los pechos que lactaron a Cristo el Señor.

 

ORACIÓN

 

   Oh Dios, que quisiste que, al anuncio del ángel, tu Verbo se encarnase en el seno de la Bienaventurada Virgen María: Suplicámoste hagas que, los que creemos que ella es verdadera Madre de Dios, seamos ayudados ante ti por su intercesión. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.