QUE PODRA REZARSE: En cualquier tiempo del año,
principalmente en la octava de Pentecostés, o antes de emprender algún negocio
de trascendencia, y también para alcanzar de Dios el remedio en alguna vicisitud.
Su contenido en su mayor parte, está extractado de la obra del ABATE GAUME,
sobre el Espíritu Santo y ordenado por un sacerdote del Arzobispado de México,
y Profesor del Seminario.
COMENZAMOS:
19 de mayo.
FINALIZAMOS:
27 de mayo.
FESTIVIDAD: 28 de mayo del 2023.
AVISO:
A las indulgencias concedidas por S. S. León XIII, deben
agregarse 80 días de indulgencia que, por cada día dé la novena, se dignó
conceder el excelentísimo, señor Dr. D. Próspero María Alarcón y Sánchez de la
Barquera, Arzobispo de México.
Acto de contrición,
ofrecimiento, himno y oración.
(Para todos los días).
Creo en Dios Padre, mi
Creador; creo en Dios Hijo, mi Redentor; creo en Dios Espíritu Santo, mi
Salvador: tres personas distintas y un solo Dios,
verdadero: en Él espero como verdad infalible en sus promesas; a Él amo como a
la suma bondad, más que a todas las cosas y criaturas y me pesa de todo corazón
de haberle ofendido; no sólo por ser tan bueno, sino también por su justicia, y
por el temor del infierno y de perder el cielo. Así ofrezco a mi Dios todo
cuanto en mi vida hiciere y padeciere en satisfacción de mis culpas. A Vos, oh
Espíritu Santo, dispensador de todas las gracias, una os pido ahora en
particular, que es: la de hacer como debo y quiero esta santa Novena, que a
honra y gloria vuestra dedico, a la de la Agustísima Trinidad y de vuestra
divina Esposa, la Inmaculada Virgen María, y pido en ella el aumento de vuestro
culto; por la intención del Romano Pontífice, por su salud y prosperidad y por
la de los demás Obispos, sacerdotes y fieles; por el triunfo de la fe católica,
conversión de los infieles herejes y pecadores; por la salud de los enfermos, redención
de los cautivos, alivio de las almas del purgatorio y por el bien espiritual y
temporal de todos mis deudos, bienhechores, amigos y enemigos; por la prosperidad
y acierto de los gobernantes y por todos los demás fines que pide la Santa
Iglesia. Amén.
HIMNO SAGRADO
(para todos los días).
Venid, ¡oh Santo
Espíritu!
y desde el cielo enviadnos,
con su fulgor espléndido
un rayo abrasador.
¡Oh Padre de los míseros!
dispensador de bienes,
venid, y vuestras ráfagas
den luz al corazón.
Consolador magnánimo,
del alma dulce huésped,
sed Vos el refrigerio
que calme nuestro afán.
En las fatigas horridas
Vos sois nuestro descanso,
templáis las estaciones
y el llanto mitigáis.
¡Oh luz del cielo fúlgida!
llenad los corazones
de vuestros fieles siervos
con vivo resplandor.
Sin Vos ni somos átomos,
el hombre es ser impuro,
y nada en él existe
si no viene de Vos.
Regad todo lo árido,
purificad las manchas
y aquello que está enfermo,
sanad, Señor, sanad.
Doblad todo lo rígido,
calor dad a los hielos,
y lo que está desviado
dignaos enderezar.
A vuestros fieles súbditos,
que en vos tienen confianza,
el sacro septenario
de vuestros dones dad.
De la virtud el mérito,
de la salud la gracia,
de Vos tengamos todos,
y el goce perennal.
Amén. ¡Aleluya!
Venid, Espíritu Santo, llenad los corazones de
vuestro amor.
Enviad, ¡oh Señor, vuestro Espíritu y
renovaréis la faz de la tierra!
ORACIÓN:
¡Oh Dios!, que habéis iluminado é instruido el corazón
de los fieles con la luz del Espíritu Santo, haced, Señor, que en el mismo Espíritu
sepamos siempre apreciar el bien y ser llenos de vuestros consuelos divinos,
por Cristo Nuestro Señor. Amén.
CONSIDERACIÓN PARA EL
PRIMER DÍA
Venid, Padre de los pobres.
PUNTO PRIMERO.
Considera, alma piadosa, la tierna expresión de Padre con la que
hoy invocamos a Dios Espíritu Santo. No hay atributo, dice un gran santo, que
mejor corresponda a la bondad de Dios, que el llamarle Padre. Por eso, al
dictarnos nuestro divino Maestro, la oración dominical, que es la más sublime
que conocemos, comenzó por la palabra Padre, diciendo: PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN
LOS CIELOS, etc. etc. Así también, cuando Jesús,
salud y vida nuestra, nos quiso dar a comprender la suma bondad y misericordia
de Dios para con él pecador arrepentido, nos trazó la parábola del Hijo Pródigo. “¡Padre!”, le
dijo aquél: “pequé delante del cielo y contra ti” y al instante le abrazó su padre, le
vistió de gala y le dispuso un convite. ¡Ah! cuántos
favores alcanzaría yo del Espíritu Santo, si lo invocara con fervor, con afecto
de hijo y con un “¡pequé de corazón!”
PUNTO SEGUNDO.
Considera
luego, cómo la Santa Madre Iglesia invoca al
Espíritu Santo con el título de PADRE DE LOS POBRES. Y
en efecto: Dios
Espíritu Santo es el Padre de los pobres pecadores: pobres de
méritos, pobres de virtudes y miserables como yo. Pero mía es en verdad la
culpa. Dios Espíritu Santo me había enriquecido con sus siete dones cuando
recibí el Santo Bautismo, la Confirmación y otros sacramentos que me administró
la Iglesia; mas todo lo he perdido por el pecado, me he desterrado a tierra
extraña y entre enemigos, que me han despojado dejándome más andrajoso, pobre y
miserable, que lo que otro tiempo, al Hijo Prodigo.
PUNTO TERCERO.
Considera, en tercer lugar, cómo el Espíritu Santo es
la síntesis del amor divino, puesto que procede del amor mutuo entre Dios Padre
y Dios Hijo. Así es que no hay amor comparable con el amor del Espíritu Santo
para con sus devotos, ya justos, ya pecadores arrepentidos: procura, pues,
corresponderle de igual modo, volviendo amor por amor que es el lema de los que
deverás se aman y corrígete por amor suyo, hasta de las faltas más leves.
ORACIÓN
¡Oh Dios Espíritu Santo!, el
más rico y bondadoso padre del hijo más ingrato y necesitado: yo soy aquel hijo
sin entrañas, que desprecié vuestros dones y malversé la gracia que de Vos
recibí en el Santo Bautismo. Yo desprecié vuestras caricias, desoí vuestras
inspiraciones, me afilié en el bando de vuestros contrarios, y me he hecho
indigno de vuestro amor. Pero vuelvo arrepentido, y aquí me tenéis a vuestros
pies implorando el perdón de todas mis culpas. ¡Perdonadme,
Padre mío! y derramad sobre mí la luz de vuestros dones para que conozca
mis yerros, haga penitencia y no me aparte jamás de Vos. Amén.
—Se rezarán aquí tres Padrenuestros y
Avemarías, en honor de la Santísima Trinidad, y se dirá tres veces: “Santo, Santo, Santo” y “divino Espíritu, Dios
Inmortal”.
—Y se responderá: “Líbranos siempre de todo
mal”.
ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
Oh dulcísima María,
Esposa del Espíritu Santo; Hija del Padre y Madre del Hijo, Reina soberana de los ángeles y de los
hombres, que siendo concebida en gracia y enriquecida con los dones de vuestro
divino esposo, concebisteis a nuestro Redentor Jesucristo; os suplicamos que
nos alcancéis el don de Sabiduría y el santo temor de Dios para que nunca le
ofendamos, nos arrepintamos de nuestras culpas y le sirvamos fielmente hasta la
hora postrera. Amén.
—Se reza una Salve, tres Avemarías y Gloria.
Jaculatoria:
V — ¡Oh María concebida sin pecado!
R —¡Rogad por nosotros que recurrimos a Vos!
VENI CREATOR
HIMNO
Ven, Creador Espíritu,
Visita nuestras almas,
Llenando a tus criaturas
De gracia celestial.
Consolador benéfico,
Del Altísimo dádiva,
Viva fuente, amor, fuego,
Y unción espiritual.
De la paterna mano
Promesa soberana,
Los labios enriqueces
Con ciencia de verdad.
Ilustra los sentidos,
De amor el pecho inflama,
Fortaleciendo el cuerpo
Con virtud perennal.
Ahuyenta al enemigo
Y paz infunde al alma:
Siendo Tú nuestro guía
Huiremos todo mal.
Logremos por ti al Padre
Y al Hijo venerar
Y a ti, de ambos Espíritu,
Creer en toda edad.
A Dios Padre la gloria
Y al Hijo sea dada,
Y al Paráclito Espíritu
Por Una eternidad.
—Amén.
En el nombre del Padre, y
del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

