Compuesta
por el R.P. Fr. Pedro del Espíritu Santo, Carmelita Descalzo, quien la dedicó
al glorioso Patriarca San José, dignísimo esposo de la madre de Dios, y singular
protector del Carmelo reformado.
Reimpresa
y añadida con los actos de Fe, Esperanza y Caridad
Sale
a la luz a expensas de la Comunidad de PP. Carmelitas Descalzos de la ciudad de
Ávila.
1924
Imp. catól. y Enc. de Sigirano Díaz Ávila.
COMENZAMOS: 6 de octubre.
FINALIZAMOS: 14 de octubre.
FESTIVIDAD: 15 de octubre.
Introducción
a la Novena
Siendo loable máxima de los fieles valerse
de la intercesión de los santos cuando desean conseguir de la Divina Majestad algún
espiritual o temporal beneficio, claro se deja entender con cuánta confianza
pueden esperar de Dios el buen despacho de sus oraciones y súplicas los
devotos, que para este efecto toman por intercesora a la gloriosa madre y
seráfica virgen Santa Teresa de Jesús; pues como afirma en la bula de su
canonización el Santísimo Padre Gregorio XV, dispuso Dios que naciese esta santa
virgen para manifestar a todo el Orbe su Divina Bondad, y para que todos alabasen
al Señor, porque en estos últimos tiempos no apartó de nosotros sus misericordias.
Y esto lo confirma la misma Santa, cuando dice en el libro de su vida: (Vid., cap.
39, núm. 41.)
Que la prometió el Señor no negarla cosa que la pidiese, y que la dijo en otra
ocasión (Chron. Carm. Disc. lib. 2. cap. 25, núm. 5.); Ya sabes el desposorio que hay entre Mí y tí; y habiendo esto,
lo que Yo tengo es tuyo; y así te doy los trabajos y dolores que Yo padecí; ya
con esto puedes pedir a mi Padre como cosa propia. De cuya oferta puede
inferirse, que estando vinculado nuestro bien en el abundantísimo tesoro de la
pasión y méritos de Jesucristo, sí este soberano tesoro está en manos de Santa
Teresa, podemos decirla lo que los egipcios al antiguo José (Génes, 47,
v. 25):
Nuestra salud está en tus manos.
Con qué solicitud tomará la Santa a cargo
suyo conseguir de Dios (si conviene)
lo que desean los devotos que la toman por intercesora, se infiere del grande
amor que viviendo en la tierra tuvo la Santa a sus prójimos, y del fervoroso
celo de la salvación de las almas; porque habiendo sido este amor caridad y celo cortado al
molde de la caridad de Dios que abrasaba su virginal pecho, como
dice el llmo. Sr. D. Fray Diego de Yepes, obispo de Tarazona (Yep. Iib.
3, cap, 23 y 25.);
y siendo este
amor de Dios igual a aquel en que los serafines se abrazan, en sentir del mismo Ilustrísimo, no hay duda que,
si nuestra petición no es opuesta a la salud eterna, podemos fiar de su
intercesión el deseado logro, porque si este amor y abrasado celo no se
disminuye, sino que se aumenta en la gloría por estar allí la caridad en su
cumplida perfección, como dice San Pablo (1. ad. Cor., cap. 15.), infiera el devoto con qué
cuidado solicitará de Dios nuestro bien, reinando en la gloria, quien viviendo
en la tierra así deseaba el bien del prójimo y la salvación de las almas.
Para lograr más oportunamente la intercesión
de los Santos, suelen los fíeles ejercitarse por espacio de nueve días en
devotas oraciones, que por su duración llaman comúnmente novenas, cuyo
ejercicio es tan recomendable como provechoso y eficaz, pues como afirma el
apóstol Santiago: Son de mucho valor las
deprecaciones continuadas de los justos (Episl.
Jac. cap. 5, v. 17.).
Para este efecto se ofrece a la piedad de los
fieles la presente Novena, no porque otras muchas de la misma Santa que hay impresas
dejen de ser muy a propósito para implorar su patrocinio, sino para más abundancia,
y para que entre todas elija el devoto la que más le haga al caso, y mueva más
su voluntad en orden a este efecto. Lo cual todo ceda en mayor honra y gloria de
Dios, obsequio y culto de tan prodigiosa y seráfica virgen y aumento de su
devoción en el corazón de todo cristiano.
DISPOSICIÓN,
ORDEN Y TIEMPO PARA
HACER ESTA NOVENA
El que desea y pretende lograr de Dios, por
intercesión de los Santos algún beneficio temporal o espiritual, de tal manera
ha de disponer su alma y purificar su conciencia, dice San Agustín, (D. Aug.
Serm. 47, de Sanct.) que no solo merezca
conseguir la gracia o favor que desea, sino que imitando sus virtudes se haga
digno de lograr como ellos la gloria; por
que como afirma el venerable Beda (Bed. apud. Alap. Ep. Jac 4, 25.), mal pide a Dios el que no procurando
ajustarse a sus obligaciones quiere conseguir de su Majestad algunos
beneficios.
Por tanto, el devoto que hace o pretende hacer
esta novena para lograr mediante ella la intercesión de la gloriosa Madre Santa
Teresa de Jesús, lo primero que ha de procurar ha de ser poner cuidado durante
los nueve días, en observar con solicitud los mandamientos divinos; poniendo gran
diligencia en traer arregladas a la razón sus pasiones y apetitos. Lo segundo procurará
confesar y comulgar en alguno de los días de la Novena, cuya diligencia será
bien practicarla el primer día, o antes de comenzarla, si siente gravada su conciencia
con alguna culpa mortal. Lo tercero procurará en todos sus pensamientos, palabras
y obras buscar siempre la mayor honra y gloría de Dios, a imitación de la
Santa, la cual decía de sí: (Ep. Jacobi, 4, v. 5.) Me parece ser honra mía que nuestro Señor sea alabado, y ninguna
cosa se me da por lo demás. Esto sabe El bien, o yo estoy muy ciega, que ni
honra, ni vida, ni gloria ni bien ninguno en cuerpo y alma hay que me detenga,
ni quiera, ni desee mi provecho sino su gloría; y finalmente, ha de
procurar que el favor que pretende alcanzar de Dios por intercesión de la Santa
no sea desagradable a su Majestad, o poco conducente para el bien de su alma,
porque en este caso esté cierto que no lo conseguirá; no porque la Santa sea
poco poderosa para conseguirnos de Dios muchos beneficios, sino porque como
dice el Apóstol Santiago (Ep. Jacobi, 4, v. 3.): El no conseguir lo que pedimos es porque pedimos mal. Y de cualquiera manera deberá
resignar en la voluntad de Dios sus peticiones, aprendiendo de Platón, que, aunque
filósofo gentil, hacía así oración a sus falsos dioses: Oh Júpiter, danos lo que nos conviene,
aunque no te lo pidamos; y aunque con error o ignorancia te pidamos lo contrario,
no nos lo concedas. El tiempo oportuno para hacer esta Novena será aquél
en que el devoto se halle con alguna aflicción o trabajo, o desea conseguir algún
especial favor por intercesión de la Santa.
No ocurriendo esto podrá hacerse dos veces
al año; esto es, desde el día 19 hasta el 27 de agosto, en que la Iglesia
celebra la Transverberación de su corazón seráfico, y desde el día 6 hasta el
14 de octubre, un día antes de su festividad que es el 15 de octubre.
NOVENA A SANTA TERESA DE
JESÚS, FUNDADORA DE LA ORDEN CARMELITA DESCALZA
—Puesto de
rodillas delante de algún altar o imagen de la gloriosa Santa Teresa de Jesús,
levantará el corazón a Dios, haciéndose presente a toda la Santísima Trinidad;
y habiendo hecho la señal de la cruz…
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos,
líbranos
Señor
✠
Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠,
y del Espíritu
Santo. Amén.
… se dirá con el mayor fervor y devoción que
pueda, la oración siguiente:
ORACIÓN PREPARATORIA
PARA TODOS LOS DÍAS,
QUE SIRVE DE ACTO DE
CONTRICIÓN
Amabilísimo
Jesús, dulcísimo Redentor mío, Padre de misericordias, postrado a vuestros pies, confieso, Señor, y aborrezco de todo corazón
mis culpas.
Pésame, Dios mío, de haberos ofendido, por
sólo ser Vos quien sois. Creo firmemente todos los misterios y artículos de la
santa fe católica. Amóos con todo mi corazón, y quisiera amaros como os aman
los serafines del cielo. Espero en vuestra infinita misericordia. Yo os ofrezco
todos mis pensamientos, palabras y obras, especialmente esta Novena, para mayor
gloria vuestra y obsequio de la gloriosa virgen Santa Teresa de Jesús. Confío,
Señor, que por vuestra divina bondad todo lo recibiréis en mayor servicio
vuestro, y me daréis gracia para llorar con verdadera contrición mis culpas, y
perseverar en vuestro divino amor hasta el fin de mi vida. Amén.
—Después
dirá la oración siguiente, que sirve para todos los días:
ORACIÓN A SANTA TERESA
Gloriosísima
madre y seráfica virgen Santa Teresa de Jesús, esposa amante de Jesucristo, hija muy amada de la madre de Dios,
vigilante reformadora de su sagrada orden del Carmen, ángel purísimo en la
admirable candidez del alma y cuerpo, iluminado querubín en celestial
sabiduría, y serafín abrasado en amor de Dios; a vuestras virginales plantas
llego, solicitando vuestra piedad en esta Novena. Bien quisiera haber empleado
toda mi vida en imitar vuestras heroicas virtudes, para que así fuese digno de
que intercedieseis por mí ante la Divina Majestad, para que yo emplee lo que
resta de mi vida en disponer mi alma para conseguir una feliz muerte. Pero,
aunque no soy digno de que lleguen a vuestros oídos mis súplicas, confío en que
vuestros elevados méritos han de inclinar la divina clemencia, para que yo
logre el cumplimiento de mis deseos y peticiones. Ruegoos, gloriosa virgen, os dignéis aceptar el corto obsequio que
os ofrezco en esta Novena, y alcanzadme de vuestro divino esposo la gracia y
favor que en ella os pido, si conviene para mayor honra y gloria suya, obsequio
vuestro, y bien de mi alma. Amén.
—Dicha
esta Oración levantará el corazón a Dios y pedirá a su Majestad la gracia o
favor que desea conseguir por intercesión de la gloriosa virgen Santa Teresa de
Jesús, con mucha fe y confianza de que se lo concederá el Señor, si conviene
para el bien de su alma. Después dirá la Oración siguiente…
DÍA PRIMERO —6 de octubre.
ORACIÓN A DIOS
Omnipotente
Dios. Rey supremo de todo lo
criado, que para desterrar del corazón humano la tibieza en serviros, y para
enfervorizar las almas en la virtud, infundisteis en el corazón de la seráfica
virgen Santa Teresa de Jesús tan fervoroso aliento en los primeros pasos de su
vida, que, no teniendo más de siete años, ya la animaba tan grande espíritu,
que abrasada de caridad salió de casa de sus padres, caminando a tierra de
moros para que la quitasen la vida por vuestro amor, y por la salvación de las
almas; y no habiendo logrado tan feliz suerte, derramaba tiernas lágrimas. A
Vos, Dios mío, doy infinitas gracias por los ardores tan tempranos con que
ilustrasteis a esta heroica virgen, haciendo que luciese en ella el fuego de
vuestro amor antes que el rayo de la perfecta discreción; y os suplico que por su intercesión y méritos comuniquéis a mi alma
este fervor, para que ya que en mis primeros años antes os ofendí que
aprendiese a amaros, en lo restante de mi vida degüelle mis pasiones con la
espada de vuestro santo temor y llorando amargamente mis culpas, sólo me emplee
en lo que más convenga a vuestro sentó servicio y bien de mi alma.
Amén.
—Acabada
esta Oración rezará tres veces el Padre Nuestro y Ave María con el Gloria
Patri, en honra y gloria de la Santísima Trinidad, y en nacimiento de gracias
por los particulares favores que hizo nuestra Madre Santa Teresa de Jesús.
GOZOS
DE LA SERÁFICA VIRGEN Y
MÍSTICA DOCTORA
SANTA TERESA DE JESÚS.
Por
tu seráfico ardor
Del
Carmelo eres Princesa:
¡Oh
soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Morir
siendo niña intentas
por
la gloria de tu amado;
pero
no africano airado
puso
en tí manos violentas.
El
darte palma mejor
fué
del amor dulce presa:
¡Oh
soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Violentado
el natural
en
contienda belicosa,
te
consagras por Esposa
del
Príncipe celestial
Exhalar
busca tu ardor
los
Vesubios que represa:
¡Oh
soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Tal
volcán tu corazón
reconcentra,
y tan fogoso,
que
dulcemente envidioso
le
hiere angélico harpón,
Como
en él triunfó el amor
de
su fuego fué pavesa:
¡Oh
soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Cual
vara a Ester misteriosa
un
clavo te alarga Cristo;
y
con pasmo poco visto
te
dice: ya eres mi Esposa.
Que
celes, dice, su honor,
y
en su celo te interesa.
¡Oh
Soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Al
Sacro monte Carmelo
ilustras
con nuevas flores;
y
renuevas sus verdores
con
infatigable anhelo.
Debe
a tu heroico valor
los
rigores que hoy profesa.
¡Oh
Soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Tanta
es tu sabiduría,
y
tal doctrina atesora,
que
te acredita doctora
en
mística Teología.
De
tus libros el primor
a
todo sabio embelesa:
¡Oh
Soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Con
un collar misterioso,
y
ropa de gran belleza,
acreditan
tu pureza
María
y su casto Esposo.
Angélico
es tu candor,
pues
hasta el Cielo lo expresa:
¡Oh
Soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
Las
tres Personas divinas
forman
solio en tu interior,
acrecentando
el favor
con
expresiones muy finas.
Por
gracia de ese tenor
grande
el mundo te confiesa:
¡Oh
Soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
El
amor su flecha toma
para
quitarte la vida;
y
tan diestro fué en la herida,
que
la transformó en paloma.
Más
fuego busca tu ardor
volando
a la empírea mesa:
Por
tu seráfico ardor,
Del
Carmelo eres Princesa:
¡Oh
Soberana Teresa,
quién
no admira tu fervor!
LAUS
DEO
ANTIFONA: Intenté tomar una esposa para mí; En otras palabras, ella es la
maestra de la disciplina de Dios y la conductora de sus obras.
℣. Olvídate de tu pueblo y de la casa de tu
Padre.
℟.
Y el Rey codiciará tu belleza.
ORACIÓN
Escúchanos,
Dios nuestro salvador, para
que nos regocijemos en la Fiesta de la Bienaventuranza, Teresa, tu Virgen y
Madre nuestra; para que seamos nutridos de sus doctrinas celestiales y
entrenados en el afecto de la piedad y la devoción. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
En el
nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.


