Especial
Abogado de los pobres y labradores
Compuesta
por el Dr. Mariano de Mendoza Bueno y Fontal. 1816.
Novena
que el religioso Mariano de Mendoza Bueno y Fontal escribe a San Isidro,
protector de pobres y labradores, para que conceda la libertad al rey de
España, depuesto por la invasión napoleónica a la península Ibérica. Además,
pide mejoras para la situación por la que pasan las naciones americanas.
Bogotá:
Imprenta de Nicomedes Lora.
Con
aprobación eclesiástica.
COMENZAMOS: 6 de mayo.
FINALIZAMOS: 14 de mayo.
FESTIVIDAD: 15 de mayo.
ADVERTENCIA
El
tiempo más oportuno para hacer esta Novena es el mes de Mayo, en que la Iglesia
celebra a San Isidro, empezando el día 6 para concluirla el 14, que es la víspera
del Santo. Importa mucho acompañarla con ejercicios de virtudes y
principalmente con el de la limosna, porque ella libra de la muerte, como
leemos en Tobías y hace conseguir la misericordia y vida eterna. También porque
en esta virtud se distinguió más el Santo, y es justo en orden, que oiga con
mayor agrado las oraciones de aquellos que con mayor celo imitan sus ejemplos.
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos,
líbranos
Señor
✠ Dios
nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que
por rescatar mi alma de la esclavitud del demonio ofrecisteis a vuestro Eterno
Padre el precio infinito de vuestra sangre. Yo, miserable
pecador, postrado a vuestros divinos pies, reconozco y confieso la grandeza de
este beneficio, que por mis muchas ingratitudes no he sabido corresponder. De ellas
me pesa en lo más vivo de mi Corazón. Las detesto por ser ofensas hechas a Vos,
y deseo amaros fielmente hasta el último momento de mi vida, para gozar en
vuestro dulce seno de una eternidad de gloria.
Amén.
DÍA PRIMERO —6 de
mayo
HISTORIA
Nace
Isidro en la ciudad de Madrid, antigua corte de los Reyes católicos, y en el
undécimo siglo de nuestra redención. Sus padres, aunque pobres y humildes, eran
honestos y virtuosos. Por la devoción que profesaban al glorioso San Isidro,
Arzobispo de Sevilla hicieron poner al niño en el bautismo el nombre de Isidro.
Todo lo que sabemos de su infancia es que casi desde la cuna fue prevenido con
las más dulces bendiciones del Señor, y tan inclinado a la virtud, que jamás perdió
el candor de la primera inocencia.
ORACIÓN
¡Oh Dios de
infinita grandeza! que compadecido de Ia miserable suerte a que nos
había reducido la soberbia de nuestros primeros padres, quisisteis darnos desde
la primera catedra del Pesebre hasta la última de la Cruz, las más sublimes lecciones
de humildad, de pobreza y de un absoluto y generoso desprecio de cuanto el
mundo adora. Deseosos nosotros de seguir la celestial doctrina de vuestra escuela,
para ser vuestros fieles y verdaderos discípulos, os
pedimos la gracia que disteis a vuestro amado siervo San Isidro, para que,
renaciendo por ella a vuestra amistad, pongamos nuestra riqueza, nuestro honor,
nuestra comodidad y todo nuestro amor en Vos solo. Amén.
—Se rezan
tres Padrenuestros y Avemarías con Gloria Patri, se hace la petición y luego la
oración que sigue, que es para todos los días.
ORACIÓN
PARA TODOS LOS DÍAS
Humildísimo Isidro, compendio
de las virtudes cristianas, lumbrera de la Iglesia, cortesano del Cielo,
compañero favorito de los Ángeles, aun hallándoos en el mundo, ejemplo de pobreza,
tesoro escondido en el oscuro campo de la humildad, precioso vaso de la pureza
más heroica, maestro de la vida activa y devota, fiel amante de María, modelo
de verdadera santidad, segura senda de la virtud, manantial fecundo de
milagros, abogado poderoso de los miserables, remediador propicio de los necesitados,
dulce consolador de los infelices que riegan la tierra con sus lágrimas y
sudores, esperando con paciencia el fruto de sus fatigas, perfecto discípulo de
Nuestro Señor Jesucristo, depositario de sus maravillas, heredero de su
espíritu y sabio dispensador de sus riquezas en las manos de sus pobres.
Nosotros veneramos todas estas prerrogativas y excelencias de que os colmó la
diestra del Altísimo, exaltando vuestra dichosa alma al sublime trono que tiene
preparado a los humildes. Nosotros nos gozamos de tanto honor y gloria y
tributamos al Señor, que en ella os introdujo, las mismas alabanzas que le
tributan los espíritus celestiales. Nosotros esperamos
también conseguir por vuestra intercesión y méritos ser verdaderamente
humildes, para poder contar con el premio que a ellos se promete. Dadnos
Vuestra mano, Isidro santo, en todos los peligros de este mundo, alcanzadnos la
paz, que nos dejó en herencia nuestro adorable Redentor; conseguidnos la
serenidad en las estaciones del año para que logremos abundantes cosechas en
todos los frutos de la tierra, y el principal de todos, que es el de las buenas
obras para conseguir la gracia, y por ella en vuestra compañía la gloria. Amén.
ORACIÓN MARÍA SANTÍSIMA
(Para
todos los días)
Soberana Emperatriz
de los Cielos, dulcísima Madre del amor hermoso, fuente de piedad y de
misericordia, nosotros os suplicamos humildes que por los merecimientos de
vuestro fiel siervo San Isidro, nos miréis con ojos de clemencia y desarméis la
cólera de un justo Dios irritado por nuestras muchas y gravísimas culpas.
Dignaos, Señora, emplear todo vuestro poder en la extinción de tantos enemigos
que nos cercan, de tantas angustias que nos agitan, de tantas necesidades que
nos afligen, y de tantos peligros que nos amenazan. Alcanzadnos de ese Dios benigno que tenéis en vuestros brazos,
la paz, tranquilidad y buen orden que hemos perdido por la ambición y soberbia:
derramad últimamente vuestras bendiciones sobre nuestros campos, y
principalmente sobre nuestras almas, para que en ellas consigan el fruto de la
pasión y muerte de vuestro divino Hijo.
Amén.
—Se reza
una Salve.
GOZOS
Con la más firme confianza
Tu
protección invocamos.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
La venturosa Madrid
Fiel
publica su fortuna,
Por
haber sido la cuna
De
este segundo David;
Por
tanto, todos decid
En
su honor y su alabanza
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Humilde en su nacimiento,
Pobre
en su vida privada,
La
altivez deja humillada
De
un Goliat el más violento;
Tal
es un mundo avariento
Que
al justo pone asechanza.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Apenas la luz del día
Se
daba a manifestar,
Todo
su anhelo era ciar
Su
corazón a María:
A
ella todo pedía
y
por ella todo alcanza.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
A veces falta al oficio
En
que estaba concertado,
Por
no faltar a su amado
En
el Santo Sacrificio;
El
mismo amado, propicio,
Cuida
bien de su alabanza.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Mientras
Isidro se ocupa
En
su Dios, que lo alimenta,
Los
ángeles de su cuenta
Toman los bueyes y arado,
y
entre ellos colocado
Le
mira su amo, y amansa.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Al ver los pobres hambrientos,
Su
corazón se afligía,
Más
la caridad suplía
A
sus píos sentimientos;
Dios
le ofrece los sustentos
En
aumento y sin tardanza.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Así sabemos de cierto,
Que,
en su casa, humilde choza,
Se
ve la obra milagrosa
Qué
hizo Cristo en el desierto;
Pero
él estaba cubierto
Con
el fiat y su confianza.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Patrono de labradores
El
mundo todo te llama,
y
tu sepulcro proclama
Innumerables
honores
Allí
tu mano en favores,
No
se abrevia ni se cansa.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Por el Papa siempre Rey
Te
pedimos con fervor,
y
también por el pastor
De
esta fiel devota grey;
y
que sea la santa ley
Nuestra
bienaventuranza.
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Con la más firme confianza
Tu
protección invocamos
En vos,
Isidro, fijamos
Nuestra
cristiana esperanza.
Antífona:
Comió el fruto de sus manos, y a los hambrientos
llenó de bienes el Señor Dios nuestro.
℣.
Lo amó el Señor, y lo adornó.
℟.
Lo revistió con una estola gloriosa.
ORACIÓN
Te rogamos, oh
Dios misericordioso, que por la intercesión de tu bienaventurado
confesor San Isidro, nos concedas tu gracia para no sentir
vanamente de nosotros mismos, y servirte con aquella humildad que te agrada.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
En el
nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

