domingo, 2 de agosto de 2026

NOVENA EN HONOR A SAN EMIGDIO MÁRTIR.

     



 

Novena dispuesta por el Padre Fray Manuel Monzón, ex-provincial de la Orden de los Mínimos, y publicada en Palma de Mallorca por la Imprenta Real de Juan Guasp y Pascual en 1835; reimpresa en dicha ciudad en 1851, con aprobación eclesiástica. La bendición contra los terremotos proviene de la Colléctio Benedictiónum, compilada por el padre Bernhard Sannig OFM Ref., Nápoles, imprenta de Andrea Festa, 1847.


COMENZAMOS: 27 de julio.

FINALIZAMOS: 4 de agosto.

FESTIVIDAD: 5 de agosto.


      

—Otros días para hacer esta novena:


 

—12 de marzo, que es el día de la invención de su sagrado Cuerpo.


—12 de abril, que es el día de su solemne Traslación.



PRÓLOGO DEL AUTOR

 

Tan célebre como verdadera es aquella sentencia del gran Padre San Gregorio, en que dice, que las calamidades que nos afligen en esta vida mortal, como a empellones nos llevan a Dios. Y verdaderamente todo esto es menester para que algunos hombres se acuerden de su Divina Majestad; porque las felicidades, honras, riquezas y delicios de esta vida les hacen olvidar de la eterna, y tan ciegamente las aman, que parece tienen al destierro por patria, y que se quisieran perpetuar en este valle de miserias.

  

Para despertar pues de este ingrato olvido a los hombres suele su Majestad enviar al mundo algunas calamidades que amenacen a pobres y a ricos, a nobles у plebeyos; para que unos y otros levanten los ojos al cielo, de donde solo les puede venir el auxilio. Tales son los terribles terremotos con que Dios nos avisa en estos tiempos. Años pasados atemorizaron a la América, y en estos amedrentan a la Europa y han hecho grandes estragos en nuestra España; para que, si en la prosperidad no queremos acordarnos de Dios, le temamos y tengamos en memoria en la adversidad.

 

Como a empellones pues nos llevan estas adversidades a Dios. ¿Pero con qué cara nos hemos de poner delante de su Majestad, viendo que no nos lleva el amor sino el temor? Podemos justamente temer que no nos dé audiencia, y que, enojado como David con su hijo Absalón, nos vuelva las espaldas. Pero no, que ya irá con nosotros un Joab que temple los enojos de David, y lleve a su presencia de la mano a Absalón. Venga un San Emigdio, privado y amigo más familiar de Dios que Joab de David, que en su mismo nombre parece que lleva la insignia de Medianero, y en la Corte del cielo es uno de sus mayores validos: pongamos en sus manos el memorial de este Novenario, en que suplicamos a Dios nos libre de terremotos, templando los justos enojos que su Majestad tiene contra los pecados del mundo.

   

Mucho pueden en esto todos los Santos, porque como dice S. Jerónimo, ellos mitigan con sus ruegos las justas iras de Dios: ellos son que en sus hombros mantienen el mundo, según dice Job; porque si no fuera por las oraciones de los Santos, ya nuestro Señor hubiera destruido al mundo por sus muchos pecados, como explica el mismo S. Jerónimo. Pero entre todos los Santos el glorioso obispo de Áscoli y mártir San EMIGDIO es especial defensor contra los terremotos. Desconocido estaba este santo en estos países, pues apenas se había oído su nombre sino en el Martirologio romano al día 5 de agosto; porque como en nuestra península pocas veces se han experimentado temblores de tierra, su nombre y protección en tales calamidades se ignoraba, hasta que el año pasado de 1755 el día de todos los Santos, se oyó la primera vez en Zaragoza invocar a San Emigdio, al tiempo que temblaron edificios y templos, cesando los vaivenes del templo de los padres Mínimos al invocar un religioso a San EMIGDIO, cuando cantaban tercia en el coro; y así por medio de los padres Mínimos ha empezado a ser venerado en Zaragoza San Emigdio como abogado especialísimo contra terremotos.

   

Tienen estos religiosos padres en Nápoles (donde los terremotos son muy frecuentes) en su convento de la Estrella, capilla y reliquia de San Emigdio; y en el año de 1732 en que se arruinaron allí muchos edificios con los terremotos, nada padeció dicho convento, donde es venerado con especialidad el Santo, y por eso lo eligió Nápoles por patrón, y desde entonces no ha experimentado la más ligera fatalidad. En Áscoli, Áquila y Roma también es venerado como patrón este Santo, experimentados de su patrocinio en los terremotos, de que se podían referir muchos y singulares casos; pero solo diré el más moderno, que es del año 1742.

  

La ciudad de Catania, en Sicilia, fue muchas veces arruinada por los temblores de tierra a que está expuesta; pero habiendo logrado aquel Senado el dicho año una reliquia del Santo que le enviaron los asculanos, desde entonces se halla libre de terremotos, aun cuando los experimentan los lugares circunvecinos, lo cual atribuye aquel Senado al patrocinio de San Emigdio, que se colige que este glorioso Santo es especialísimo abogado contra el terrible azote de los terremotos.

  

Para merecer pues su amoroso patrocinio en todos tiempos, y más en los de los terremotos, se ofrece aquí a todos un eficaz medio que es el siguiente Novenario, que será como un memorial que ponemos en manos de San Emigdio, para que como valido especial en la Corte del Cielo temple los enojos de Dios cuando nos avisa con terremotos; y lo que nosotros no merecemos alcanzar, lo consigamos por su intercesión.

  

MÉTODO PARA HACER ESTA NOVENA

 

La disposición más necesaria para conseguir lo que pedimos en este Novena es procurar la amistad y gracia divina, purificando de culpas el alma por medio del santo Sacramento de la Penitencia: y así el día que se empiece la Novena u otro de los nueve, se ha de confesar y comulgar para que sea más eficaz nuestra oración.

   

El ayuno corporal eleva el alma, dándole alas para que vuele a contemplar las cosas divinas, y con él la oración es muy eficaz y muy buena: y así el que pudiere ayunar lo hará el viernes o sábado dentro de la Novena, y el que no pudiere lo conmutará en otra obra de supererogación a arbitrio de su confesor o padre espiritual.

  

La limosna libra de la muerte, limpia de culpas y hace que hallemos en Dios misericordia: y así cuando nos vemos amagados con este azote de su justicia, buena disposición es la limosna para conseguir la misericordia divina; pero el pobre que no puede hacerla, hará (de consejo de su confesor) otra obra buena. Estas son las principales obras satisfactorias: oración, ayuno y limosna; y así juntando el ayuno y limosna a la oración que se hace en esta Novena, será eficaz disposición para que Dios airado nos mire con ojos de piedad.

 

Todos los días de la Novena se ha de visitar el altar o capilla del Santo (donde la haya); y si no se puede cómodamente, bastará hacer la oración delante de alguna imagen del Santo; у el que no la tuviere, delante del Santísimo Sacramento o en su casa en lugar devoto.

 

El tiempo más oportuno para hacer este Novenario es cuando haya amagos de terremotos; pero fuera de este contratiempo (para alcanzar de Dios que nos libre de este trabajo) será bien hacerlo todos los años en uno de tres tiempos. El primero a 5 de agosto, que es el día principal del Santo, por ser el de su glorioso martirio: se puede empezar la víspera y concluir en su octava, o empezarlo nueve días antes del de su dichosa muerte. El segundo tiempo es a 12 de marzo, que es el día de la invención de su sagrado Cuerpo: y el tercero a 12 de abril, que es el día de su solemne Traslación.

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Todos los días se hace memoria de alguna especial obra virtuosa que el Santo hizo en su vida, pidiendo al Señor que nos dé auxilios para imitar sus ejemplos, a más de suplicarle que por su intercesión nos libre de terremotos. El que tuviere alguna necesidad especial también puede hacer la Novena para este fin, que para todas las necesidades es poderoso San Emigdio con Dios, teniendo gran confianza que (si le conviene) alcanzará lo que desea.

 

Al fin de la oración que se pone para todos los días, se rezará un Credo en reverencia de la Pasión de Cristo (en cuya santísima muerte tembló la tierra con terremotos, y a cuya vista lo confesaron por Hijo de Dios algunos) y en memoria de la confesión de la Fe que hizo San Emigdio cuando de gentil pasó a cristiano.

 

Después para cada día se poden dos oraciones: una al Santo, para que nos alcance del Señor auxilios para imitar sus ejemplos: otra a nuestro Señor, para que por los méritos del Santo nos conceda lo que le pedimos, y después de esta última oración se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y al fin de todo los Gozos del Santo con la antífona y oración propia de su oficio, con que celebran su fiesta en Nápoles y demás ciudades donde es patrón. Y el que no supiere leer o no pudiere asistir cuando otros leen la Novena, bastará que rece el Credo y los dichos Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri en veneración del Santo, solicitando su amoroso y eficaz patrocinio.

   

ESPIRITUAL NOVENARIO AL GLORIOSO OBISPO DE ÁSCOLI Y MÁRTIR SAN EMIGDIO, MEDIANERO PODEROSO ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES PARA TEMPLAR LOS ENOJOS DIVINOS EN TIEMPO DE TERREMOTOS

   

 

   

—Puesto de rodillas ante el altar o imagen del Santo, habiéndose signado con la señal de la Cruz, se hará con fervor el acto de contrición diciendo:

   

Por la señal de la santa Cruz; de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  

ACTO DE CONTRICIÓN


Señor mío Jesucristo, ¡Verdad eterna!, creo en Vos. ¡Misericordia infinita!, en Vos espero. ¡Bondad suma!, yo os amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, potencias y sentidos. Por ser Vos mi Padre, mi Señor y mi Dios, infinitamente bueno, y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa de haberos ofendido, solo por ser quien sois. Os doy palabra de nunca más ofenderos, propongo morir antes que pecar: y espero en vuestra suma bondad y misericordia, me perdonaréis, me daréis gracia para enmendarme, y me comunicaréis vuestro amor y la perseverancia en el bien, hasta la muerte. Amén.

      


DÍA PRIMERO – 27 DE JULIO

 

Este día se hace memoria de cómo siendo San Emigdio, hijo de padres gentiles, criado y educado en sus errores, a los veinte y tres años de su edad (cuando excedía a los mayores filósofos en sabiduría) de una conversación que tuvo con unos cristianos, gente sencilla, en que trataron de la Religión cristiana, se movió a dejar la idolatría y abrazar la santa Fe Católica, y luego entró a ser catecúmeno, posponiendo las razones de su ingenio soberano a la luz e inspiración del Cielo.

  

ORACIÓN QUE SE HA DE DECIR TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA

 

Dulcísimo Jesús, clementísimo Redentor de nuestras almas, que muriendo en una cruz trajisteis todas las cosas a Vos, cuando toda la máquina del orbe en terremotos, y las piedras con sus quebrantos movieron a muchos judíos os confesasen Hijo de Dios; concedednos auxilios eficaces que ablanden la dureza de nuestros corazones, para que verdaderamente contritos lloremos nuestros pecados y no volvamos a crucificaros otra vez con ellos: Y cuando enojado contra nuestras culpas, hagáis temblar la tierra con solo mirarla, usad de piedad con los que tememos vuestra justa ira que conmueve los fundamentos de la tierra, y experimentemos vuestra amorosa clemencia que piadosamente los sana. Como os lo suplicamos, así lo esperamos conseguir de vuestra piedad infinita, por las entrañas de misericordia con que descendisteis del cielo a la tierra. Amén.

   

—Ahora se rezará un Credo. Después se dirán con fervor estos actos de Fe y Caridad.

 

Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo, y creo en el misterio de la Santísima Trinidad y en aquello que cree y confiesa la santa Iglesia Católica romana, porque es gusto de Dios. Quisiera, Señor, haberte amado y amarte ahora por todos los instantes de la eternidad, y que todos los hombres y ángeles te amaran (si posible fuera) como Tú te amas a ti. Échanos, Señor, tu santa bendición, y sea la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. Amén.

 

—Todo lo dicho se dice todos los días.

  

AFECTOS Y DEPRECACIÓN AL SANTO PARA ESTE DÍA

 

Gloriosísimo Obispo y mártir San Emigdio, que entre las espinas crueles de la gentilidad saliste azucena agradable a los ojos de Dios; alcanzadnos de su Majestad gracia para que los que nacimos azucenas en el paraíso de la Iglesia, no nos convirtamos en espinas que ofendan a su Majestad Soberana. Por aquella docilidad con que os rendisteis a las razones sencillas de los que os propusieron la santa Fe Católica, y dejasteis las sofisticas de la sabiduría mundana con que resplandecíais entre los idólatras, conseguidnos del Señor un corazón dócil y obediente a sus santas inspiraciones: un corazón humilde que se rinda a la verdad y no la impugne, y finalmente perfecto conocimiento de que es necedad delante de Dios la sabiduría de este mundo, para que imitándoos en estos vuestros primeros y maravillosos ejemplos, os tengamos propicio para que nos defendáis en las calamidades de los terremotos, y logremos por vuestra intercesión lo demás que pedimos en este Novenario, como lo esperamos de vuestra gran caridad. Amén.

 

—Ahora se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

 

ORACIÓN A NUESTRO SEÑOR


Padre soberano de las divinas luces у Señor de cielos y tierra, os damos rendidas gracias porque revelaste a vuestro dócil y humilde siervo Emigdio lo que escondiste a los arrogantes y soberbios, dándole luz para conocer que se deben creer y son muy creíbles vuestros testimonios y verdades; y para que, dejadas las razones vanas de la sabiduría de los idólatras, se rindiese a las de vuestra eterna Sabiduría y recibiese la Fe Católica, abjurando de la idolatría. Por esta docilidad y prontitud con que respondió a vuestra divina inspiración recibiendo vuestra santa Fe, y por los méritos grandes con que después os sirvió, os suplicamos, Señor, que nos confirméis en vuestra santa Fe, con una Fe firmísima, una Fe formada y acompañada de buenas obras, y nos deis luces e inspiraciones soberanas para conocer cuál sea vuestra voluntad agradable y perfecta, y cumplirla hasta el fin de nuestra vida: y juntamente (para mayor gloria vuestra) dadnos, Señor, lo que os pedimos en esta Novena, si conviene para la salvación de nuestras almas. Amén.

 

GOZOS Y LOORES EN HONOR DE SAN EMIGDIO

 

Pues sois arco celestial,

EMIGDIO, en los terremotos;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

 

Tréveris os dio al mundo

En la Alemania famosa,

La Fe a la Iglesia esposa,

En virtudes muy fecundo:

En milagros sin segundo,

En portentos sin igual;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Nacido en el gentilismo

Y educado entre paganos,

Os pasaste a los cristianos,

Renaciendo en el Bautismo:

Mucho sintió el paganismo

Mudanza tan especial;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

 

Los gentiles con terrores

A sí os quisieron volver,

Mas los hicisteis temer

Con celestiales fulgores:

Cuando la tierra en temblores

Ostentó ser tribunal;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

El que vaso os escogió

Para salud de las gentes,

A dejar tierra y parientes

Por ángel os avisó:

Y al sacerdocio elevó

Vuestra vida angelical;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Por dios de la medicina

Los infieles os tuvieron,

Cuando adorar pretendieron

Vuestra virtud peregrina:

De milagros rica mina

Y en las curas celestial;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

En Obispo consagrado

Los ídolos os temieron,

Y sus templos se cayeron

En terremoto causado:

De ver vuestro celo airado

Con báculo pastoral;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Ingenioso vuestro celo

Sabía minar la tierra,

Y con este ardid de guerra

Echar ídolos al suelo:

Con esta traza del cielo

Dabais la vida inmortal;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Así a la Fe convertiste

A innumerables paganos,

Y así a muchos cristianos

En la Fe fortaleciste:

Y con portentos que hiciste

Disteis salud corporal;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Mancos, ciegos y tullidos

Encuentran en vos remedio,

Pues sois poderoso medio

Para amparar afligidos:

Sus males envejecidos

Pierden su fuerza mortal;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

De tu pureza la flor

El tirano quiso ajar,

Pero llegaste a lograr

Diese de clavel olor:

Vuestro triunfo fue mayor

Que su furor infernal;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Con rigor más que inhumano

Os cortaron la cabeza,

Que con bizarra fineza

Llevasteis en vuestra mano;

¡Prodigio muy soberano

Y entre todos principal!

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

En Nápoles venerado

Sois con afectos y votos,

Patrón contra terremotos

Con prodigios confirmado:

Sed pues también abogado

De Mallorca en general;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

  

Pues sois arco celestial,

EMIGDIO, en los terremotos;

Guardad a vuestros devotos

En tiempo de tanto mal.

 

Antífona: San Emigdio con el espíritu de su boca derrocó el culto a los ídolos y sus templos; guardó fielmente a los que en la fe de Cristo engendró: y luego de cortada la cabeza, completó la insigne lucha, y su preciosa sangre decoró el triunfo.

 

. La tierra tembló, y se aquietó.

. Cuando San Emigdio rogó por nosotros.

  

ORACIÓN

 

Omnipotente y misericordioso Dios, que por la intercesión de tu Mártir y Pontífice San Emigdio quisiste que temblara la tierra para derrocar la impiedad de los ídolos, y para confirmar la fe de los cristianos aquietaste la tierra, concédenos, te suplicamos, que cuantos fielmente recordamos su nombre, seamos liberados por su admirable virtud del flagelo de los terremotos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  

sábado, 9 de mayo de 2026

NOVENA EN HONOR A LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

    

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Novena compuesta por el Padre Dr. Tadeo Galván, Catedrático de Vísperas y Vicerrector del Seminario de San Antonio Abad del Cuzco, e impreso en Lima en 1794 con aprobación del Obispado de Cuzco. Las meditaciones fueron tomadas del Arco Iris de Paz del Padre Fray Pedro de Santa María de Ulloa OP. Puede rezarse nueve días antes del Jueves de la Ascensión, o desde la Vigilia y durante toda la Octava.

 

NOVENA A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL MISTERIO DE SU ADMIRABLE ASCENSIÓN

 

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 


ACTO DE CONTRICIÓN


   Señor mío Jesucristo, mi Dios, mi Salvador, mi Redentor, y objeto de todo mi amor. ¡Qué glorioso os contempla el alma, cuando os considera subiendo por esa región celestial a recibir de mano de vuestro Eterno Padre el honor, la corona y la dominación correspondiente a vuestros méritos infinitos! Vuestro amor os hizo bajar de los Cielos y salir del seno de vuestro Padre, os hizo sufrir tantas tribulaciones, dolores, afrentas y muerte en una Cruz, para que por este medio se nos franquease la bienaventuranza, de la que habíamos sido desposeídos por el primer pecado; pero ya, mi Jesús, ha pasado el tropel de vuestras aflicciones: el amargo Cáliz de vuestra Pasión, que por nosotros bebisteis amoroso se os ha convertido ya en eternas dulzuras y glorias, y revestido de vuestra inmortalidad subís triunfante de la culpa y del Infierno, después de haber despojado de su imperio al príncipe de las tinieblas; llevaos también por despojo este mi corazón, que hasta hoy ha sido siervo del pecado, y pues no suben con Vos nuestros vicios, y ninguna cosa inmunda ha de entrar en vuestro Reino, limpiarlo de sus manchas con esa mano poderosa y llena de clemencia, que yo de mi parte quiero desde luego purificarlo por medio de mi dolor y arrepentimiento, y digo que me pesa de haberos ofendido, y de haber sido tan ingrato a vuestras finezas: muera desde ahora mi deslealtad, y reinad en mi alma solo Vos, para que así consiga subir con Vos a gozaros eternamente. Amén.



ORACIÓN AL PADRE ETERNO



   Oh Padre Eterno, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación: vuestra infinita bondad, y el amor indecible que nos tenéis os hizo que, compadecido de nuestras miserias, nos dieseis a vuestro Unigénito Hijo, a fin de que Él nos libertase del estado lamentable en que nos hallábamos por la culpa, a costa de tantos dolores y tormentos, porque fuésemos redimidos al precio infinito de su Sangre, del cautiverio en que tenía oprimida nuestra naturaleza. ¿Con qué dones y obsequios satisfaremos, Señor, tan grande amor? ¿Qué lengua, ni entendimiento, podrá acertar a daros las debidas gracias por un beneficio tan inmenso? No hay, ¡oh gran Dios!, caudal en nosotros para una digna retribución, aun cuando nos empleásemos eternamente en serviros y alabaros. Y pues no hay de parte nuestra cosa alguna con qué poder recompensaros dignamente, os ofrecemos los méritos de vuestro Divino Hijo, que son las prendas y tesoros que nos dejó para complaceros, os lo ofrecemos a Él mismo con todos sus dolores y penas, pues Él quiso ofrecerse a Vos en el ara de la Cruz por víctima para nuestra salud: os lo ofrecemos también triunfante y lleno de gloria, como lo veis subir a vuestro Divino Solio. Él va a ejercitar ante Vos el oficio de Abogado y protector nuestro, como nos lo tiene prometido, y esperamos que esos ruegos que escucháis con sumo agrado, por ser de vuestro Hijo dilectísimo, nos han de servir de defensa en las tentaciones, de aliento y vigor para poder levantarnos de las caídas en la culpa, de viático en nuestra peregrinación, y de escala para ascender a gozaros en la Gloria en donde vives y reinas con el mismo Hijo y el Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.   

DÍA PRIMERO


Considera con San Buenaventur11a (Meditación de la Vida de Cristo, cap. XCIX) y San Vicente Ferrer (Sermón único sobre la Ascensión) cómo en Aaquel último convite que refiere San Lucas en el capítulo primero de los Hechos Apostólicos en que se halló el Señor con sus Apóstoles, le declaró era ya llegado el tiempo en que volviese al que lo había enviado y dejase el mundo, el cual pasado no lo verían más con la vista corporal: que se esforzasen y avivasen la fe para verle con los ojos del alma, a cuya vista no faltaría, porque estaba siempre con ellos, aunque se iba. Habiendo oído los Apóstoles estas palabras, fue grande la turbación y susto de sus corazones, y prorrumpieron todos en un llanto muy triste, y derramando muchas lágrimas le dijeron: «Bien sabéis, Señor, que por Vos dejamos cuanto teníamos, y dimos de mano a parientes, amigos, y a cuanto podíamos esperar en esta vida, y todo esto lo hicimos con mucho gusto, porque teniéndoos a Vos, nos teníamos por dichosos y bienaventurados, pero ahora que os vais, y nos dejais huérfanos y destituidos de vuestra presencia, ¿qué ha de ser de nosotros? ¿A dónde hemos de ir, ni a quién nos hemos de juntar, y más cuando todos nos aborrecen y desean vernos fuera del mundo? Llevadnos con Vos, y no nos dejéis en medio de nuestros enemigos». A estas quejas amorosas les repetiría el Señor aquellas palabras llenas de consuelo, que ya les había dicho la noche de su sagrada Pasión: «No se turben vuestros corazones, hijos míos, ni tengáis miedo, que no os dejo huérfanos ni desamparados, como pensáis. ¿Creéis en Dios? Creed en mí, que soy verdadero Dios, y si me creéis Dios, también debéis creer que no os puedo faltar. Voy, y vengo a vosotros, porque como ya os dije, ha de venir mi Espíritu sobre vosotros, y viniendo él, vengo Yo y viene mi Padre, y estaremos con vosotros, haremos mansión en vosotros, y en aquel día conoceréis cómo Yo estoy en mi Padre, y mi Padre en Mí. Si vosotros me amárais, os habríais de alegrar, porque voy a mi Padre, y así alegraos por ello, y juntamente por vuestro bien. Os conviene que me vaya, lo uno, porque voy a disponer y prepararos las sillas y el lugar donde habéis de descansar eternamente en mi compañía, y lo otro, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu Consolador, mas así que Yo me vaya, os lo enviaré para que os enseñe y dé a entender la verdad, y entonces se alegrarán vuestros corazones». Estas, y otras palabras de gran consuelo y ternura les diría a sus discípulos el Señor para confortarlos, según meditan San Buenaventura y San Vicente. Ve tú ponderando cada palabra de por sí, y conocerás el espíritu de amor, de ternura y compasión que reina en tu Dios y Señor para con los que le aman y le sirven, y enamórate de tanta bondad y ternura.

  

ORACIÓN PARA ESTE DÍA



   ¡Oh Señor! ¡Oh Rey de la Gloria! Ya llegó aquel dichoso día en que vuestro Eterno Padre os llama para daros el premio infinito que han merecido vuestras Santísimas obras para exaltar vuestra Humanidad Sacratísima sobre todos los Justos y sobre todos los Ángeles. Ya llegó el día en que entréis en vuestro Reino a tomar asiento a la diestra del Padre, que este solo es el lugar correspondiente a vuestra eterna habitación. Infinitos plácemes os doy por tanta gloria que gozáis. En esta vuestra partida tan gloriosa, y de tan grande regocijo para el Cielo y para la tierra, ¿qué festejos podré haceros, Amado mío? ¿Qué himnos os cantaré? ¿Con qué obsequios podré hacer se aumente la gloria de vuestra admirable Ascensión? Pero bien sé, dulcísimo Jesús, que la gloria que queréis recibir de mi mano es el cumplimiento de vuestra Divina voluntad, mas ya sabéis, pues Vos mismo lo habéis dicho, que nada bueno podemos obrar sin Vos: dejadnos pues vuestro Espíritu, dejadme ese Espíritu de caridad, ese Espíritu de Santidad y Celador de vuestro honor, para que sepa agradaros en esta vida, y después llegue a gozaros eternamente. Amén.

  

—Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri, en reverencia de los treinta y tres años que habitó el Señor entre nosotros.

 

GOZOS

  

Como águila generosa

Remontas, mi Dios, el vuelo

Al Empíreo, pues el Cielo

Sólo es tu mansión dichosa;

Puesto que el alma ansiosa

Seguirte quiere, Señor:

Llévanos a dónde vas,

Soberano Triunfador.

   

En alas de Querubines

Subes al Cielo glorioso,

Y ellos llenos de alborozo

Te hacen sagrados festines,

Góceme que así camines;

Y pues vas con tanto honor:

Llévanos a dónde vas,

Soberano Triunfador.

  

¡Qué contentos y qué ufanos

Entre gozos excesivos,

Contigo van los cautivos

Que libertaron tus manos!

Despojos son soberanos

De tan gran Libertador:

Llévanos a dónde vas,

Soberano Triunfador.

  

En coros muy concertados

Los Príncipes de la Gloria

Cantando ellos tu victoria

Descienden regocijados:

«Sean, dicen, alabados

Triunfos de tal vencedor»:

Llévanos a dónde vas,

Soberano Triunfador.

  

Gime Luzbel abatido,

Porque su imperio tirano

Por tu brazo Soberano

Hoy se mira destruido;

Y pues nos has redimido

Del poder de este traidor:

Llévanos a dónde vas,

Soberano Triunfador.

  

Dan voces con grande gozo

Los Ángeles, porque abiertas

Y apartadas sean las puertas

De ese Alcázar prodigioso,

Porque ha de entrar victorioso

Su Monarca y su Señor:

Llévanos a dónde vas,

Soberano Triunfador.

  


ORACIÓN FINAL



    ¡Oh Amado Redentor de mi alma! ¡Oh León de Judá! ¡Oh Señor y Rey inmortal, vencedor de la muerte y del Infierno! Ruégoos, Señor mío, por aquel glorioso triunfo con que entrásteis victorioso en vuestro Reino, me deis fortaleza para vencer a los enemigos de mi alma, perdonéis la tibieza con que celebro este admirable Misterio, atendáis a mis humildes ruegos, y me deis vuestra Santa gracia, para serviros y agradaros hasta la muerte. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.