sábado, 14 de febrero de 2026

NOVENA EN HONOR A SANTA MARGARITA DE CORTONA.

 


Novena dispuesta por una Terciaria Franciscana devota de Santa Margarita de Cortona, e impresa en México por José Antonio de Hogal en 1767, y reimpresa por los herederos de José de Jauregui en 1795 con licencia eclesiástica. Los Gozos, traducidos del catalán, son de la autoría de Octavio Saltor y Soler.

 

COMENZAMOS: 13 de febrero (14 en año bisiesto)

FINALIZAMOS: 21 de febrero.

FESTIVIDAD: 22 de febrero.

  

MOTIVO DE ESTA NOVENA

 

Hallándome (aunque indigna) amante hija del Venerable Orden Tercero de mi Seráfico Padre San Francisco, me compele la Hermandad con mi querida y siempre valedora Santa Margarita de Cortona, Tercera, a que la reconozca según su vida intercesora mía: pues sin merecer su Patrocinio, confieso con verdad le he hallado propicia en todos mis conflictos de alma y cuerpo, y experimentada de lo que pueden sus ruegos ante la Majestad Divina, deseo sea conocida, para que de todos sea invocada; y experimenten por obras lo que yo les publicara con palabras, a no embarazarme la rudeza de mujer; pero si para lo relativo me embaraza, eso mismo me esfuerza a que muestre y explique las veras con que le amo, y lo agradecida que le vivo; y no teniendo suficiencia mi persuasiva, fío mi verdad a su intercesión, en la que verán un general antídoto contra todo mal, esmerándose más (como tan caritativa) en sacar de sus culpas a los endurecidos pecadores, como lo ejecutaba en vida alcanzándoles auxilios, para que saliesen de su mal estado. Alcanzadlos ahora, Santa mía, en la Gloria para todos los nacidos, y especialmente para la indigna devota que desea seas venerada para siempre. Amén.

     

NOVENA A LA ÍNCLITA PENITENTE, DECHADO DE ALMAS ARREPENTIDAS, RICO TESORO Y SERÁFICA JOYA DEL ORDEN TERCERO DE NUESTRO PADRE SAN FRANCISCO, SANTA MARGARITA DE CORTONA

  

 

—Puestos los ojos ante el Tribunal de la Misericordia Divina, implorando la poderosa intercesión de la Gloriosa Santa Margarita, dirá con todo fervor y confianza.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  

ACTO DE CONTRICIÓN


   A tus Ojos tienes, Altísimo Señor, y en tu Santa Presencia, a quien más que todos te ha ofendido, quien no ha sabido darte gusto desde el instante que amaneció al uso de la razón, hasta el presente, en que abro los ojos, y veo los errados pasos en que ando: aquí está el alma, Señor, más desagraciada que pisa la tierra entre sus vivientes: ¿Cómo has sufrido tiranía tanta? ¿Cómo no has levantado la diestra para destruirme? ¿Qué palabras diré de desagravio a tus justas iras? ¡Oh!, y ¿cómo lloraré no comunes lagrimas por las fuentes de mis ojos? Si vertiera amargas fuentes de arrepentimiento, cada instante, millares de corazones derretidos por ellos; pero ya estoy, Soberano Padre, a tus migajas, como huérfano mendigo de tu Mesa; ya no salgo de Ti, sin Ti mismo; recibe este corazón arrepentido de su mala vida, que no será la vez primera. Ejemplo me da tu amada Margarita; recibe Señor, en tu amistad, a quien con veras del Alma se acoge a Ti, que si buscas dolor de los pecados, a mí me pesa infinitamente haberte ofendido, tan sin respeto a tus mismos ojos; y te doy palabra de no volver al cieno de mis pecados, recibe en desagravio de ellos aquellas arrepentidas cuanto amorosas lágrimas de tu querida mi devota Santa Margarita; y reciba en hora buena, en satisfacción de ellos todo cuanto padeciere hasta mi muerte, la cual confío en la Sangre de tu Hijo y mi amado JESÚS, será dichoso y agradable. Amén.

DÍA PRIMERO – 13 DE FEBRERO (14 en año bisiesto)

 

Este día se considera por el espacio de media hora con mucha reflexión, el miserable estado de la culpa, por la cual de hija de Dios, queda el Alma su enemiga, como lo estuvo Santa Margarita hacia los veinte y cuatro años de su edad, y no olvidándose el Señor de su criatura, dispuso que su Galán saliese a un viaje, y acechado de sus enemigos perdiera como perdió la vida, quedando su cuerpo oculto y escondido entre unos asquerosos muladares, y cuando nuestra Santa le esperaba ansiosa para continuar su mala vida, es instrumento esta desgracia para su bien y nuestro aliento; pues el difunto entretenido todo en la tierra, solo se divertía en cosas de ella, por lo que llevaba en su seguimiento un perrillo (más leal a su amo, que nosotros a nuestro Criador), y viéndole sepultado en aquel muladar, vuelve solo con el natural instinto, y tirando de las basquiñas a su Señora, la quiere conducir al lugar, si desgraciado para uno, teatro de luz y felicidad para otro; y continuando en su instancia, trató Margarita de sosegarle ya con halagos, y ya con la comida; pero viendo que no bastaban diligencias para que el sentido animal se sosegase; y echando menos a su amante, se resolvió a seguir, y siguió el instinto de aquel bruto y habiendo llegado al lugar en que se hallaba el cadáver, comenzó a escarbar hasta descubrirle a Margarita el cuerpo que tanto amaba; pero ¡qué horroroso y deforme!, pues ni quien con amor lo miraba lo conocía. Pero, ¡oh Providencia de todo un Dios!, que solo en tu Sabiduría cabe volver el mal en bien: pues al registrar Santa Margarita aquel deforme cuerpo, abrió los ojos a la luz del desengaño, convirtiéndose a su Criador y resolviéndose a no servir más al mundo, cuyas transeúntes glorias dejan indecibles amarguras.

  

—Alienta, Alma, tu esperanza, alaba a Dios, que con tanta misericordia recibe a los pecadores, haz un fervoroso Acto de Contrición y reza cinco Padre nuestros y Ave Marías, en honra de la Pasión de Cristo, de quien fue muy amante nuestra Santa, y después dirás:

  

ORACIÓN PARA ESTE DÍA


   Margarita Santísima, que en los primeros pasos de tu juvenil edad, abriste los ojos para ver y huir el arriesgado golfo de la mundana vanidad: acuérdate desde lo eminente de tu celestial habitación de quien hoy, no con mundanos elogios, sí con fervorosas súplicas, alaba a aquel Divino Criador que supo de tan cruel muerte sacar saetas de fuego que hirieran tu corazón, trayendo para sí la preciosa Margarita de ti misma: acuérdate, Seráfica Margarita, de los que humildes te rogamos seas nuestra intercesora en todas nuestras miserias, siendo remedio en las necesidades espirituales y corporales de tus devotos: atrae, Santa Gloriosa, con tus súplicas, al gremio de la Iglesia a todos los Infieles, Herejes, Apóstatas y Cismáticos; reduce a la gracia a los que están en pecado mortal, para que imiten la puntual obediencia con que te convertiste a la voz de tu Amado; haz que todos le amemos y sirvamos como tú lo hiciste. Amén.

 

GOZOS

 

Pues mostráis en vuestra vida

Que Dios levanta el corazón cuando cae,

Nuestra Santa Margarita

Haced suave el yugo del cuerpo.

 

Si una madre cristiana

Os criaba para el Cielo,

Cuando la muerte os la demanda

Nace en vos la llama rebelde.

Y en el hogar nublado,

Ya el amor no os complace.

Pecadora Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

 

El falso brillo de la riqueza

Y los abismos del placer

En vuestra alma hacen presa

Y sacuden vuestra fe.

La conchilla cruje, herida,

Y la perla en tierra cae.

Pecadora Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

   

Como María de Madgala,

En vos vibran carne y sangre.

La ternura que el cuerpo exhala

Solo tiene regusto de fango.

En vano Dios os grita,

Vence del mundo el rubio alud.

Pecadora Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

   

Hasta que en horas desoladas

Encontráis del amante

Sus despojos soterrados

Que os mostraba el perro, aullando.

Si caéis, entenebrecida,

Os retorna un cielo más azul.

Pecadora Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

 

Si el don blanco de la inocencia

Malversasteis locamente,

El cíngulo de penitencia

Os dio el gozo de su tormento.

Larga prueba es exigida

De quien el mal había hecho esclava.

Franciscana Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

  

La Tercera Orden os acogía

Y en su claustro aún nuevo

Hacéis perfecta la alegría

De la guía de Francisco.

Si de ceniza andáis vestida,

De altos tesoros ganáis la llave.

Franciscana Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

 

La lección de Cristo aprendida

Con tal fuerza habéis sellado

Que Cortona os vio, cautivada,

Conseguir la santidad.

El heroísmo surge florido

Si el Calvario el corazón atrae.

Franciscana Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

 

Ya os proclaman Milagrosa

Resucitados, sanos, arrepentidos.

Enseñadnos la senda austera

De los que expían, redimidos.

Por Jesús hacednos a medida

Y a la Orden Tercera guiad.

Franciscana Margarita,

Volved a los sentidos la paz.

    

Pues mostráis en vuestra vida

Que Dios levanta el corazón cuando cae,

Nuestra Santa Margarita

Haced suave el yugo del cuerpo.

    

. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Margarita.

. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

  

ORACIÓN


   ¡Oh Dios, que misericordiosamente sacaste a tu sierva Margarita del camino ancho de la perdición, reduciéndola al estrecho sendero de la salvación eterna! Concédenos por tu misma infinita misericordia que, pues no tuvimos vergüenza de imitarla en sus desaciertos, tengamos la gloria de seguirla en su penitencia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

    

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES.

 


Desde SALUTARIS HOSTIA

  

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.

 

COMENZAMOS: 2 de febrero.

 FINALIZAMOS: 10 de febrero.

FESTIVIDAD: 11 de febrero (Aparición en Lourdes en el año 1858).

 

 

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

    

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  

ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

   Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

  

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS.

 

   Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.

  

A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.

  

DÍA PRIMERO – 2 DE FEBRERO

 

MEDITACIÓN: PRIMERA APARICIÓN DE LA VIRGEN A BERNARDITA

 

Era Bernardita una niña desconocida del pueblo de Lourdes, en Francia. Inocente y piadosa, había llegado a la edad de 14 años, sin hacer su primera comunión, por haberse criado lejos de la casa de sus padres.

 

El día 11 de febrero de 1858 salió a buscar un poco de leña acompañada de otras dos muchachas, y se dirigió hacia la gruta de Massabielle. Al llegar al pie de dicha gruta, la niña oyó un ruido sordo semejante a un viento recio. Miró, y no vio nada. Ni los árboles se movían. “Me habré equivocado”, pensó. Tras pocos instantes, el ruido misterioso se volvió a oír. Alzó la niña la vista, y miró hacia la gruta y quiso dar un grito, pero la emoción apagó su voz. Atónita ante el espectáculo que contempla, cae de rodillas. ¿Qué ha visto? En medio de una luz deslumbradora, una Señora prodigiosamente bella aparece a los ojos de la muchacha. Va vestida con traje blanco, resplandeciente, ajustado el talle con ceñidor de color celeste. Un largo y ancho velo blanco cae de la cabeza hasta el suelo y envuelve en sus pliegues su cuerpo. Sus pies, de virginal pureza, están desnudos, pero adornados con rosas de oro. La dama tiene juntas las manos en la actitud de la más fervorosa oración. De sus brazos cuelga un precioso rosario.

 

Al contemplar esta celestial visión, el corazón de la niña parece derretirse en dicha y emoción. Bernardita buscó su rosario y quiere hacer la señal de la cruz, mas su brazo está paralizado. Entonces tiene miedo. Mas al momento la Visión, tomando en su mano la cruz de su rosario, hace con ella la señal de la cruz. Imítala Bernardita, y al ver las cuentas del rosario correr entre los dedos de la Señora, la niña reza su rosario hasta el fin, con inefable devoción. Al fin, la Señora extiende su brazo, sonríe con dulzura y desaparece.

 

La Virgen María, pues era Ella, ha vuelto otra vez al secreto impenetrable de los Cielos.

 

Réstanos ahora considerar cuán agradable debe ser a María la sencillez y la pureza, pues escoge para mensajera de sus voluntades para con los hombres, a la más inocente y más sencilla de las tres compañeras que han ido a la gruta. Y en efecto, escrito está: Bienaventurados los limpios de corazón, sólo ellos son capaces de ver a Dios y de comprender las cosas del Cielo.

 

—Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales: La Santa Iglesia, la Patria, los gobernadores eclesiásticos y civiles, la enseñanza católica, la salud de los enfermos, y la conversión de los pecadores.

 

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

  

SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

  

REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

  

Oración del día primero


   ¡Nuestra Señora de Lourdes! En memoria de esa primera aparición, cuya verdad atestiguarán tantos posteriores sucesos, en nombre del misterioso silencio que cerraba vuestros benditos labios, en nombre de la modestia de vuestros vestidos, en nombre de la elección que hicisteis de una gruta desierta para manifestaros a las miradas de la inocencia: dadnos el amor al retiro, a la simplicidad y al silencio; que aprendamos a huir del bullicio, de la agitación, del lujo, de cuánto separa de la gracia de Dios. Refrenad la libertad de nuestra lengua, recordad siempre a nuestra conciencia que de todas nuestras palabras debemos dar cuenta en el Juicio final. Curad nuestras extremas delicadezas y nuestras vanidades ridículas, nuestro apego insensato a la moda del día, a los adornos, a las joyas, a los muebles inútiles, a las frivolidades de toda especie, al afeminado deseo de bien parecer. Curad nuestro culpable amor por las pompas de satanás, a las que hemos renunciado en nuestro bautismo y que sólo son dignas de nuestro desprecio. Haced que comprendamos la verdadera riqueza de la pobreza.

 

Curad nuestra loca estimación por el mundo y hacednos siempre recordar que Jesucristo no ha rogado por el mundo y ha maldecido su espíritu. Además del amor al retiro, a la pobreza y el silencio, os suplicamos nos concedáis el amor a la oración. ¡Oh María!, en memoria del Rosario que vio Bernardita en vuestras sagradas manos, enseñadnos a invocaros con esa piedad filial que todo lo consigue y a deciros con los mismos sentimientos que el Ángel Gabriel y que los fieles corazones: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

  

PRÁCTICA: Hacer despacio, bien y con mucha devoción la señal de la cruz.

  

GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

  

Virgen Santa Inmaculada,

De la Gruta misteriosa,

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Allá en las verdes riberas

Donde sus aguas de plata

El manso Gave desata

Dando vida, inspiración.

A la sombra de sus bosques

La humilde Lourdes reposa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

De verduras tapizadas

Se levantan sus montañas

De cuyas ricas entrañas,

Con admirable primor,

Se desprende una ancha Gruta

Que cubre silvestre roca.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Hacia las faldas del monte

Subió un día Bernardita,

La aldeana de Dios bendita

Por sus gracias y candor,

A formar haces de leña

Que diera fuego a su choza.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Súbitamente a la Gruta

De luz un rayo ilumina,

Y en una aureola divina

Más esplendida que el sol,

La reina del Cielo y tierra

Su planta en la roca posa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

“No temas, hija querida,

Levanta a mí tu mirada,

Soy María Inmaculada,

Soy la Madre de tu Dios

Por teatro elijo este sitio

De mi mano portentosa”.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Dijo la Virgen, y envuelta

Por los pliegues de una nube

Al Cielo de nuevo sube

Que a su paso se entreabrió:

La aldeana vuelve a la vida,

De placer su alma rebosa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Al pie de esta misma Gruta,

Diez y ocho veces la aldeana

De la Virgen soberana

La vista recibió,

Otras tantas desafiando

Al malvado victoriosa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Sellar quiso sus bondades

La Señora eternamente,

Con una límpida fuente

Que entre las rocas brotó,

Al contacto repentino

De la niña candorosa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

En esas aguas del cielo

El hombre encuentra la vida,

Huye la muerte aterrada,

Calma el triste su dolor,

Y en los triunfos de María

La Iglesia Santa se goza.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

El lejano peregrino

Va a postrarse ante esa roca

Donde el mundo entero invoca

Tu Divina Concepción.

¡Bendita seas, María!

Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Virgen Santa Inmaculada

De la Gruta Misteriosa,

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

 

   Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.

    

   En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.