miércoles, 4 de febrero de 2026

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES.

 


Desde SALUTARIS HOSTIA

  

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.

 

COMENZAMOS: 2 de febrero.

 FINALIZAMOS: 10 de febrero.

FESTIVIDAD: 11 de febrero (Aparición en Lourdes en el año 1858).

 

 

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

    

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  

ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

   Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

  

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS.

 

   Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.

  

A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.

  

DÍA PRIMERO – 2 DE FEBRERO

 

MEDITACIÓN: PRIMERA APARICIÓN DE LA VIRGEN A BERNARDITA

 

Era Bernardita una niña desconocida del pueblo de Lourdes, en Francia. Inocente y piadosa, había llegado a la edad de 14 años, sin hacer su primera comunión, por haberse criado lejos de la casa de sus padres.

 

El día 11 de febrero de 1858 salió a buscar un poco de leña acompañada de otras dos muchachas, y se dirigió hacia la gruta de Massabielle. Al llegar al pie de dicha gruta, la niña oyó un ruido sordo semejante a un viento recio. Miró, y no vio nada. Ni los árboles se movían. “Me habré equivocado”, pensó. Tras pocos instantes, el ruido misterioso se volvió a oír. Alzó la niña la vista, y miró hacia la gruta y quiso dar un grito, pero la emoción apagó su voz. Atónita ante el espectáculo que contempla, cae de rodillas. ¿Qué ha visto? En medio de una luz deslumbradora, una Señora prodigiosamente bella aparece a los ojos de la muchacha. Va vestida con traje blanco, resplandeciente, ajustado el talle con ceñidor de color celeste. Un largo y ancho velo blanco cae de la cabeza hasta el suelo y envuelve en sus pliegues su cuerpo. Sus pies, de virginal pureza, están desnudos, pero adornados con rosas de oro. La dama tiene juntas las manos en la actitud de la más fervorosa oración. De sus brazos cuelga un precioso rosario.

 

Al contemplar esta celestial visión, el corazón de la niña parece derretirse en dicha y emoción. Bernardita buscó su rosario y quiere hacer la señal de la cruz, mas su brazo está paralizado. Entonces tiene miedo. Mas al momento la Visión, tomando en su mano la cruz de su rosario, hace con ella la señal de la cruz. Imítala Bernardita, y al ver las cuentas del rosario correr entre los dedos de la Señora, la niña reza su rosario hasta el fin, con inefable devoción. Al fin, la Señora extiende su brazo, sonríe con dulzura y desaparece.

 

La Virgen María, pues era Ella, ha vuelto otra vez al secreto impenetrable de los Cielos.

 

Réstanos ahora considerar cuán agradable debe ser a María la sencillez y la pureza, pues escoge para mensajera de sus voluntades para con los hombres, a la más inocente y más sencilla de las tres compañeras que han ido a la gruta. Y en efecto, escrito está: Bienaventurados los limpios de corazón, sólo ellos son capaces de ver a Dios y de comprender las cosas del Cielo.

 

—Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales: La Santa Iglesia, la Patria, los gobernadores eclesiásticos y civiles, la enseñanza católica, la salud de los enfermos, y la conversión de los pecadores.

 

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

  

SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

  

REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

  

Oración del día primero


   ¡Nuestra Señora de Lourdes! En memoria de esa primera aparición, cuya verdad atestiguarán tantos posteriores sucesos, en nombre del misterioso silencio que cerraba vuestros benditos labios, en nombre de la modestia de vuestros vestidos, en nombre de la elección que hicisteis de una gruta desierta para manifestaros a las miradas de la inocencia: dadnos el amor al retiro, a la simplicidad y al silencio; que aprendamos a huir del bullicio, de la agitación, del lujo, de cuánto separa de la gracia de Dios. Refrenad la libertad de nuestra lengua, recordad siempre a nuestra conciencia que de todas nuestras palabras debemos dar cuenta en el Juicio final. Curad nuestras extremas delicadezas y nuestras vanidades ridículas, nuestro apego insensato a la moda del día, a los adornos, a las joyas, a los muebles inútiles, a las frivolidades de toda especie, al afeminado deseo de bien parecer. Curad nuestro culpable amor por las pompas de satanás, a las que hemos renunciado en nuestro bautismo y que sólo son dignas de nuestro desprecio. Haced que comprendamos la verdadera riqueza de la pobreza.

 

Curad nuestra loca estimación por el mundo y hacednos siempre recordar que Jesucristo no ha rogado por el mundo y ha maldecido su espíritu. Además del amor al retiro, a la pobreza y el silencio, os suplicamos nos concedáis el amor a la oración. ¡Oh María!, en memoria del Rosario que vio Bernardita en vuestras sagradas manos, enseñadnos a invocaros con esa piedad filial que todo lo consigue y a deciros con los mismos sentimientos que el Ángel Gabriel y que los fieles corazones: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

  

PRÁCTICA: Hacer despacio, bien y con mucha devoción la señal de la cruz.

  

GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

  

Virgen Santa Inmaculada,

De la Gruta misteriosa,

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Allá en las verdes riberas

Donde sus aguas de plata

El manso Gave desata

Dando vida, inspiración.

A la sombra de sus bosques

La humilde Lourdes reposa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

De verduras tapizadas

Se levantan sus montañas

De cuyas ricas entrañas,

Con admirable primor,

Se desprende una ancha Gruta

Que cubre silvestre roca.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Hacia las faldas del monte

Subió un día Bernardita,

La aldeana de Dios bendita

Por sus gracias y candor,

A formar haces de leña

Que diera fuego a su choza.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Súbitamente a la Gruta

De luz un rayo ilumina,

Y en una aureola divina

Más esplendida que el sol,

La reina del Cielo y tierra

Su planta en la roca posa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

“No temas, hija querida,

Levanta a mí tu mirada,

Soy María Inmaculada,

Soy la Madre de tu Dios

Por teatro elijo este sitio

De mi mano portentosa”.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Dijo la Virgen, y envuelta

Por los pliegues de una nube

Al Cielo de nuevo sube

Que a su paso se entreabrió:

La aldeana vuelve a la vida,

De placer su alma rebosa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Al pie de esta misma Gruta,

Diez y ocho veces la aldeana

De la Virgen soberana

La vista recibió,

Otras tantas desafiando

Al malvado victoriosa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Sellar quiso sus bondades

La Señora eternamente,

Con una límpida fuente

Que entre las rocas brotó,

Al contacto repentino

De la niña candorosa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

En esas aguas del cielo

El hombre encuentra la vida,

Huye la muerte aterrada,

Calma el triste su dolor,

Y en los triunfos de María

La Iglesia Santa se goza.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

El lejano peregrino

Va a postrarse ante esa roca

Donde el mundo entero invoca

Tu Divina Concepción.

¡Bendita seas, María!

Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

Virgen Santa Inmaculada

De la Gruta Misteriosa,

Acoge, Madre piadosa

De tus hijos la oración.

  

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

 

   Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.

    

   En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 12 de enero de 2026

NOVENA DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE JESÚS.

 

Novena compuesta por el Padre Fray Antonio Garcés y Maestre OP. Imprimátur concedido por el canónigo José de Nadal, Vicario General y Oficial del Obispado de Barcelona; y Reimprimátur por el doctor Raimundo de Irabien y Uriondo, ministro del Consejo Real de Castilla, los días 10 y 11 de Agosto de 1766 respectivamente. Mons. Tomás Crespo Aguero, Arzobispo de Zaragoza, concedió cuarenta días de Indulgencia a cuantos hicieren esta Novena.

 

COMENZAMOS: 24 de diciembre.

FINALIZAMOS: 1º de enero. (día de la circuncisión y del Santo Nombre que se colocó a nuestro Niño Jesús)

 


NOVENARIO DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE JESÚS.

 

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 


ORACIÓN PREPARATORIA


 

   ¡Oh Trinidad Santísima! Padre, Hijo y Espíritu Santo, y un solo Dios verdadero. En cuya presencia se postra mi alma, con deseos de alabaros y bendeciros, ordenando este Novenario a fin de daros gracias por vuestra infinita misericordia, venerando y alabándola en el Dulcísimo nombre de Jesús, que ofrece vuestra piedad; y para que este obsequio os sea de agrado, purificad piadoso, y enderezad mis pensamientos, palabras y obras según vuestra Divina voluntad; y si mis culpas lo impiden, me deseo arrepentir, diciendo de lo íntimo de mi corazón: Creo en Vos, y en todo lo que cree la Santa Madre Iglesia Católica Romana; espero, Señor, en vuestra infinita piedad y misericordia, que me habéis de perdonar, y os amo más que a todo lo criado; me pesa de haberos ofendido, por ser Vos sumo bien, a quien debo amar sobre todas las cosas: quitadme la vida antes que os ofenda.

  

  

   ¡Oh buen Jesús! ¡Oh piadosísimo Jesús! ¡Oh Jesús, Hijo de María Santísima! Lleno de piedad y misericordia, según ella, mirad a mi alma. ¡Oh Clementísimo Jesús! Humildemente os ruego, que, por vuestra preciosísima Sangre, que derramaste por mí, me laves con ella las manchas de mis culpas. Mirad buen Jesús, a mi miserable alma, que sin Vos está perdida, pero confiada a vuestros pies, pidiendo misericordia, invocando el nombre de Jesús, al que está vinculada. ¡Oh Dulcísimo nombre de Jesús!, Nombre dulce. ¡Oh nombre de Jesús!, Nombre deleitable. ¡Oh nombre de Jesús!, que fortaleces a las almas. ¿Qué cosa es Jesús sino Salvador? Ea, pues, misericordiosísimo Jesús, por tu Santísimo nombre, sálvame; no permitas se condene mi alma, a quien criaste, y con tu preciosa Sangre redimiste. Mirad, Señor, en mí todo lo que es de Vos, y arrojad de mi alma todo lo que os disgusta. Usad conmigo de piedad por vuestro Dulcísimo nombre, para lograr ser feliz cuando me juzgues. ¡Oh Dulcísimo Jesús!, Salud para los que creen en Ti, consuelo de los que a Ti llegan afligidos. ¡Oh Dulcísimo Jesús!, Hijo de María Santísima, avivad mi fe, fortaleced mi esperanza, encendedme en la caridad, hacedme humilde y casto, y de todos modos virtuoso, para que pueda perfectamente amarte, en todo servirte, en solo Ti gloriarme, y que con mi alma, corazón, potencias y sentidos alabe continuamente el nombre de Jesús en esta vida, y después eternamente con los Ángeles en la Gloria.

DÍA PRIMERO - 24 DE DICIEMBRE

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

   ¡Oh Nombre de Jesús!, Nombre admirable. Por eso exclama David, diciendo: «Oh Señor, cuán admirable es tu nombre»: le veneran los Ángeles, le aman los Serafines, conociendo su grandeza. Y el Apóstol San Pablo dice: «Que, al nombre de Jesús, todas las Criaturas doblan las rodillas, en el Cielo, en la Tierra, y en el Abismo». Y aun el mismo Cristo, estando para morir en la Cruz, según San Bernardo, inclinó la cabeza, haciendo reverencia a su Dulcísimo nombre de Jesús, que tenía sobre sí escrito. Ea, pues, Señor, dadme a conocer las excelencias de este Dulcísimo nombre, para amarle, bendecirle y reverenciarle con todas mis potencias y sentidos, para que pueda decir con San Bernardo: No reine en mí sino el amor al Dulcísimo nombre de Jesús. Todo me desagrada, como decía de sí este Santo, si no suena el nombre de Jesús. Jesús en mi lengua, celestial almíbar: Jesús en mis oídos, melodía sagrada del Cielo: Jesús en mi corazón, consuelo celestial. Para mover a las almas a que le tengan devoción, mandó vuestro siervo San Gregorio Papa en el Concilio Lugdunense que se incline la cabeza al oír el nombre de Jesús, concediendo Indulgencias a los que lo ejecuten con devoción. Y yo, deseando alabar y bendecir al Santísimo nombre de Jesús, os ordeno, piadosísimo Señor, a este fin este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre:

 

SALUTACIÓN AL NOMBRE DE JESÚS


Alegría de las almas

Es Jesús, gloria suprema,

Dulzura de los sentidos,

Del corazón dulce néctar.

—Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

¡Oh suma bondad de Dios!

En el nombre de Jesús,

Fuente viva de piedad,

Nuestro amor, consuelo, y paz.

—Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

Con el nombre de Jesús

Se endulza el alma y la lengua,

Más que con la miel y azúcar,

Con solas sus cinco letras.

—Padre nuestro, Ave María y Gloria.

  

Para todos es Jesús

Firme esperanza y clemencia,

Y suma su gran bondad,

Que a los justos saborea.

—Padre nuestro, Ave María y Gloria.

  

Sed, pues, Jesús, nuestro gozo,

Sed nuestro futuro premio,

Y sed también nuestra gloria

Eternamente en el Cielo.

—Padre nuestro, Ave María y Gloria.

  

—Alentando cuanto pudiere la esperanza, pedirá a su Divina Majestad el favor que desea conseguir.

 

GOZOS

 

¡Oh Jesús!, mi dulce amor,

¡Oh Jesús!, dulce renombre,

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

       

El infierno, tierra, y cielo,

Siempre que a Jesús se nombra,

Aquél de temor se asombra,

Y estos explican consuelo:

De rodillas en el suelo

Rinden culto a vuestro amor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

   

Como escudo poderoso

Contra el soberbio Luzbel,

El Arcángel San Miguel

Usó este nombre glorioso:

Éste en la Cruz amoroso

Os aclamó vencedor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

  

Jesús difunde los gustos

A potencias, y sentidos,

Cuando llega a los oídos

De pecadores y justos:

A unos les quita los sustos,

Y a otros infunde fervor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

  

¡Oh Soberana piedad!

Si el demonio capaz fuese,

Y por Jesús lo pidiese,

Lograse ver la Deidad.

Muy grave es nuestra maldad,

Mas no llega a tanto horror.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

  

¡Oh Jesús!, Pastor Divino,

Es vuestro nombre el cayado,

Y encamináis al errado,

Como a Pablo en el camino:

O como al grande Agustino

Le ilustró vuestro favor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

  

Aun siendo tan alevoso

Judas, no desesperara,

Si en aquel lance invocara

A Jesús, nombre amoroso:

Por olvidarlo ambicioso,

Se precipitó en su error.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

  

San Pablo, Apóstol Sagrado,

Este nombre pronunció

Tres veces, y lo mostró

Con un prodigio no usado:

Tres saltos dio en el tablado

Su cabeza con fervor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

  

A Ignacio martirizado

El pecho el tirano abrió,

Y en él de Jesús halló

El nombre impreso, y dorado:

¡Oh mérito bien pagado!

Con este premio de amor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

 

Jesús, por vuestra bondad,

Concedednos que al morir

Logremos el repetir;

¡Oh Jesús, Jesús, piedad!

Y al oír tal suavidad,

Demos muestras de dolor.

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

 

¡Oh Jesús!, mi dulce amor,

¡Oh Jesús!, dulce renombre,

¡Oh Jesús!, por vuestro nombre,

Perdonad al pecador.

 

Deprecación: Sea alabado el Nombre de Jesús por todos los siglos en el Cielo y en la tierra de todas las Criaturas.

 

ORACIÓN


   ¡Oh Buen Dios!, que quisiste que vuestro Hijo redimiese al linaje humano, poniéndole por nombre Jesús: os suplicamos humildemente por vuestra piedad, que amemos tiernísimamente a Jesús, venerando su Santísimo nombre, y que después continuemos sus alabanzas en la Gloria. Amén.

 

 

Sea bendito y alabado el Santísimo Sacramento del Altar, y la Virgen concebida sin pecado original.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.