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lunes, 1 de mayo de 2023

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN.


 

Novena tomada del Manual del devoto de Nuestra Señora de Luján, compilado por el padre Jorge María Salvaire Vásquez CM y publicado en Buenos Aires por la imprenta de Pablo Emilio Coni e hijos en 1889.


COMENZAMOS: 29 de abril.

FINALIZAMOS: 7 de mayo.

FESTIVIDAD: 8 DE MAYO.


SOLEMNE NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


   Omnipotente Dios, y Señor Soberano de todas las cosas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que por un efecto de vuestro poder, sabiduría y amor preservasteis a María del pecado original, para ser digna habitación de Jesucristo y corredentora del linaje humano; postrados humildemente a vuestra sagrada presencia, anonadados por el peso de nuestras culpas, os pedimos perdón de todas ellas con el mayor dolor de nuestro corazón. Recibid, Señor, las lágrimas de arrepentimiento que derrama el alma ante vuestra Majestad adorable; no atendáis a nuestra profunda miseria; echad en olvido las pasadas faltas, perdonadnos todos nuestros delitos, y por el grande amor que manifestáis al hombre, haciendo a María Inmaculada, y por los méritos de la Virgen Santísima, dadnos la gracia necesaria para saber hacer esta novena para vuestra mayor gloria, en honor de vuestra Madre Purísima, y bien de nuestras almas. Así sea.


—Aquí se hace el ofrecimiento del Santísimo Rosario, que se reza en seguida.

DÍA PRIMERO: 29 de abril 


CONSAGRADO A HONRAR A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN COMO AUXILIO DE LOS CRISTIANOS


ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS EN SUS NECESIDADES


   ¡Purísima Virgen María! Madre del Amor hermoso, abismo de gracia y poderosa medianera entre Dios y los hombres, por cuyas manos nos vienen del Cielo todos los favores y beneficios que alcanzamos; acordaos de que el altísimo Dios os hizo portentosa en tantas imágenes vuestras como venera la piedad de los fieles, y particularmente en la coronada Imagen que veneramos en el Santuario de Luján, ante la cual las generaciones os invocan con éxito feliz, hace más de doscientos cincuenta años; acordaos también de que, en todos tiempos, los moradores de estas dilatadas regiones pusieron en Vos toda su confianza y su más firme esperanza en sus lances más apurados, llamándoos su abogada y mirándoos como su auxilio más poderoso; humildes y confiados, os suplicamos, Señora, nos alcancéis de vuestro Hijo adorable, lo que os pedimos en esta novena, lo que más convenga para nuestro bien espiritual y temporal y en particular las virtudes de fe, esperanza y caridad, el perdón de nuestros pecados, la perseverancia en el servicio de Dios y una buena muerte. Así sea.


CONSIDERACIONES


I. — El auxilio o socorro está fundado sobre el amor. Cuando un hombre de corazón caritativo, ve a otro hombre que sucumbe a la desgracia, corre compadeciendo su pena, dándole valor, sosteniéndole y llevando con él su carga sobre sus propias espaldas. Él es el pie del que cojea, el ojo del ciego, el báculo del anciano, el padre del huérfano, el defensor de la viuda, el paño que enjuga las lágrimas del afligido que llora.

   Nuestro Señor Jesucristo es evidentemente el auxilio de los cristianos. “No hay duda —según nos dice San Pablo— que Jesucristo no deja de interceder por nosotros con su Padre celestial, que le oye siempre, a causa del gran respeto que le es debido”. “Ni hay duda tampoco, —añade San Bernardo— que Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres; mas como estos tiemblan, y con razón, a la presencia de la Divina Majestad que un día ha de juzgarlos, ha sido necesario darles un mediador entre ellos y el mismo Mediador; y por cierto, ninguno es más a propósito para llenar este caritativo y piadoso cargo, como la Virgen Santísima, a la cual la Iglesia llama Abogada nuestra y Auxilio de los cristianos”.

El título de Auxilio de los cristianos dado a María Santísima por la Santa Iglesia, nos dice, por lo tanto, claramente que ella los tiene a todos en el corazón y que los ama.


II. — Efectivamente, María, en primer lugar, no cesa de preservar al pueblo cristiano de las maquinaciones con que el infierno pretende hacer estragos en este rebaño de Cristo, apartando herejías, cismas, guerras y otras calamidades que lo hubieran afligido muchísimas veces. En segundo lugar, intercede por él, cuando la ira divina justamente irritada por muchos de sus protervos hijos quiere descargar castigos muy severos, y así es que, si no fuese por la divina Señora, lloverían sobre nosotros hambres, pestes, terremotos y otras calamidades a cada paso. En tercer lugar, lo socorre en las tribulaciones que no puede evitar, por no oponerse al plan de la Divina Providencia, y en ellas sostiene la fe y la paciencia de los fieles, da prudencia a los pastores, y doctrina a los maestros siendo siempre la estrella que sirve de consuelo a la navecilla de San Pedro, cuando más la azotan las ondas de la tempestad.

   Leemos en la Sagrada Escritura que Betsabé se presentó al rey Salomón, su hijo, diciéndole: Tengo que hacerte una súplica, no me hagas un desaire. A cuyas palabras el rey que se había levantado de su trono, contestó obsequioso y afable: Pedid, madre, porque no es justo que os deje avergonzada. (III Reyes II, 20)

   Así también, Jesucristo, Rey del universo, dice a la Virgen María: Pide, Madre mía, que cuanto pidas alcanzarás; todo será hecho según tus deseos. Por esto, se dice de María con verdad, que puede tanto con sus súplicas, como Dios con su propia omnipotencia.

   ¡Oh! Cuántas veces Jesucristo, armado ya su brazo con las saetas de la divina venganza, para castigar con graves penas a los pueblos cristianos por sus enormes y repetidas iniquidades, ha reprimido clemente su mano por la intercesión de María.


III. ¿Quién será bastante a referir los beneficios de María de Luján, sus hechos sin número, de auxilio, de asistencia, de protección decidida en favor de sus hijos del Plata, en los apremios, las tribulaciones y calamidades a que con frecuencia se vieron éstos expuestos?

   El Santuario de Luján ha sido preferido y constituido en ciudad de refugio, donde ha querido la divina Providencia que tenga su origen un río de gracias y favores, que con sus aguas fertiliza y fecunda toda esta bella parte del mundo. El enfermo rodeado de congojas mortales, el caminante amenazado de peligros continuos, el soldado en el riesgo y trance de la batalla, dirigen sus corazones desde lejanas tierras a la Imagen de María de Luján, y luego ven atendidas sus súplicas.

   El pastor en su redil, el hacendado en su estancia y el labrador que sigue el arado, cantan y celebran las alabanzas de la Virgen de Luján, y todos ellos reciben protección y bendición copiosa.

   ¿Cuántas veces en las épocas anteriores, libertó esta divina Protectora a su amada provincia del Río de la Plata, de la temible invasión de los indios bárbaros, poniéndolos, como sucedió en 1780, en precipitada y misteriosa fuga?

   ¿Cuántas veces en aquellas ocasiones tan frecuentes y fatales en otros países, en que los campos quedan exhaustos por la falta de lluvias, no ha obtenido María de Luján, para sus moradores atribulados, el anhelado beneficio de lluvias abundantes, con las cuales quedaba superabundantemente remediado el terrible mal que se padecía?

   ¿Cuántas veces amparó a su pueblo en la terribilidad de las epidemias que ponían en peligro la vida de tantos ciudadanos, los cuales, por la intercesión de María de Luján, recobrados del peligro, aumentaban el número de sus panegiristas y encomiadores?

   Es más fácil recordar con amor en su corazón la larga lista de los beneficios de María de Luján en favor de estos pueblos a quienes ha mirado siempre con ojos de predilección, que expresarlos con la palabra o por escrito, de modo que si, cuando Salomón dedicaba el templo al Señor, se le apareció Dios y le dijo: Yo desde el cielo escucharé a este pueblo que en este templo me orase y le seré propicio (II Paralipómenos VII, 14) podemos decir que la misma promesa hace Jesucristo a su Madre respecto a su Santuario de Luján. Le promete que escuchará siempre, desde su solio excelso, las súplicas de los pueblos del Plata que la invocaren en su Santuario de Luján, y que en todas las cosas se le manifestará propicio.


RESOLUCIÓN: A fin de que la Santísima Virgen se digne poner todo su interés de Madre para alcanzar nuestra salvación, procuraremos con toda la solicitud de cariñosos hijos, darle gusto en cada una de nuestras acciones, sobre todo en esta novena que consagramos a Ella.


EJEMPLO: NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN LIBRA A SU VILLA DE UN MODO PORTENTOSO DE UNA GRAVE EPIDEMIA.


   En todos tiempos, la Virgen Santísima de Luján se mostró el seguro asilo de su pueblo fiel en las calamidades públicas. Aquí nos contentaremos con recordar un ejemplo de su maternal protección que sacamos de los documentos públicos y oficiales.

   Corría el año de 1778. Ya anteriormente y durante varios años consecutivos, habíase notado en todo este distrito del Río de la Plata una grande esterilidad y seca, con la cual los campos se habían esterilizado, y los sembrados se habían secado... Y no hallando los vecinos y moradores del distrito con qué suplir la falta de los trigos, se habían visto precisados a mantenerse sólo con carnes, de que habían resultado numerosas enfermedades, que los habían desolado... Y prosiguiendo sin embargo la dicha seca y esterilidad, había aparecido una nueva y más terrible epidemia, ocasionada ya por el hambre, que amenazaba de concluir con todos los habitantes de esta Provincia.

   Era tal la intensidad de la peste, que, de sólo las compañías de la Guardia de Luján, compuestas de menos de trescientos hombres, ya se había llevado ciento noventa y seis hombres, sin incluir mujeres, niños y forasteros.

   Pues bien, tan luego como la epidemia se manifestó en los partidos limítrofes, el Cabildo de la Villa de Nuestra Señora de Luján, comprendiendo que para atajar tanta calamidad, el mejor y más eficaz asilo era la invocación de su milagrosa Virgen, no cesó, conforme era su uso y costumbre en semejantes casos, de mandar celebrar novenarios, rogativas y procesiones, para implorar a su divina Patrona titular, se dignase interceder con su precioso Hijo, al objeto de alejar de este vecindario y su jurisdicción, la terrible plaga que, donde quiera que apareciera, sembraba la desolación y la muerte. Y ¡cosa admirable! María Santísima ampara, en esta circunstancia, con tanta solicitud y evidencia a su querida Villa, que no solamente ninguno de sus vecinos llega o contagiarse con la terrible peste, sino que cuantos vienen enfermos de afuera a ella recuperan prontamente la salud.

   Así que, esparciéndose por todas partes la voz de la protección especial con que la Santísima Virgen María había amparado a esta Villa, en diferentes circunstancias de pestes y epidemias, y más particularmente en aquel año de 1778, se fue aumentando igualmente la fe, la devoción y el culto hacia nuestra portentosa Imagen, siendo los principales heraldos y panegiristas de sus prodigios y los más celosos apóstoles de su culto, aquellos mismos que, asaltados en sus respectivos partidos por la implacable enfermedad, habían acudido a esta Villa como a un seguro asilo, y hallado a los pies del sagrado Simulacro el restablecimiento de su salud.


JACULATORIA: ¡Nuestra Señora de Luján, Auxilio de los cristianos en las tribulaciones que nos agobian, tened piedad de vuestro pueblo e interceded por nosotros!


ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS


   Bendita seáis, Virgen Santa de Luján, bendito vuestro poder, vuestra voluntad y prontitud en socorrernos; mirad cuán necesitados estamos de vuestros soberanos auxilios; mirad cuánto se ha aumentado el número de los que persiguen el pueblo cristiano. Defendednos, Vos, muy amada Patrona, de sus asechanzas, y hacednos triunfar de sus insidiosas armas, que dirigen contra nuestros espíritus, y de los combates con que atacan a la Iglesia de Dios. Sed ahora y siempre nuestra constante defensora, ¡oh María de Luján!, mirad asimismo cómo se multiplican las calamidades que por doquiera nos invaden, tristes pero justos efectos de la ira de Dios irritado por nuestras iniquidades, y que vuestra mediación nos alcance la disminución de los males que nos agobian.

   Pero ¡ay!, ¿cómo nos atrevemos a dirigirnos a Vos? Tenemos, es verdad, el nombre de cristianos y nos preciamos de devotos vuestros; mas nuestras obras se hallan en contradicción con nuestra fe. Y ¿permitirá vuestra bondad que prosigamos en una vida tan impropia de discípulos de vuestro Hijo, tan poco digna de vuestros devotos? ¡Ah! No, no, Madre querida, alcanzadnos una gracia eficaz con que nos resolvamos a mejorar nuestra conducta y vivificar nuestra fe con la más fervorosa caridad.


Aquí se canta o se reza la Letanía de la Virgen:


Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, ten piedad de nosotros

Señor, ten piedad de nosotros

  

Cristo, óyenos

Cristo, escúchanos.

 

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros.

 

Santa María, ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.

Santa Virgen de vírgenes, ruega por nosotros.

Madre de Cristo, ruega por nosotros.

Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

Madre de la Divina gracia, ruega por nosotros.

Madre purísima, ruega por nosotros.

Madre castísima, ruega por nosotros.

Madre inviolada, ruega por nosotros.

Madre incorrupta, ruega por nosotros.

Madre amable, ruega por nosotros.

Madre admirable, ruega por nosotros.

Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros.

Madre del Creador, ruega por nosotros.

Madre del Salvador, ruega por nosotros.

Virgen prudentísima, ruega por nosotros.

Virgen venerable, ruega por nosotros.

Virgen laudable, ruega por nosotros.

Virgen humildísima, ruega por nosotros.

Virgen poderosa, ruega por nosotros.

Virgen clemente, ruega por nosotros.

Virgen fiel, ruega por nosotros.

Espejo de justicia, ruega por nosotros.

Trono de la Sabiduría, ruega por nosotros.

Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.

Vaso espiritual, ruega por nosotros.

Vaso honorable, ruega por nosotros.

Vaso de insigne devoción, ruega por nosotros.

Rosa mística, ruega por nosotros.

Torre de David, ruega por nosotros.

Torre de marfil, ruega por nosotros.

Casa de oro, ruega por nosotros.

Arca de la Alianza, ruega por nosotros.

Puerta del Cielo, ruega por nosotros.

Estrella de la mañana, ruega por nosotros.

Arca de salvación, ruega por nosotros.

Mística ciudad de Dios, ruega por nosotros.

Adoratriz perpetua de Jesús Sacramentado, ruega por nosotros.

Salud de los enfermos, ruega por nosotros.

Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.

Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.

Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros.

Corredentora del género humano, ruega por nosotros.

Medianera de todas las gracias, ruega por nosotros.

Terror de los demonios, ruega por nosotros.

Exterminadora de todas las herejías, ruega por nosotros.

Reina Inmaculada, ruega por nosotros.

Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.

Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.

Reina de los Profetas, ruega por nosotros.

Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.

Reina de los Mártires, ruega por nosotros.

Reina de los Confesores, ruega por nosotros.

Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.

Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.

Reina concebida sin mancha de pecado, ruega por nosotros.

Reina asunta a los Cielos, ruega por nosotros.

Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.

Reina del clero, ruega por nosotros.

Reina de la Iglesia, ruega por nosotros.

Reina de la familia, ruega por nosotros.

Reina de la paz, ruega por nosotros.

 

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

 

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.


Oremos


   Te suplicamos, Señor Dios, nos concedas a nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y cuerpo: y, por la intercesión de la gloriosa y Bienaventurada siempre Virgen María santísima, vernos libres de las tristezas presentes, y obtener las alegrías eternas. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


GOZOS A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN COMO AUXILIO DE LOS CRISTIANOS DEL PLATA


Coro: En Luján, en su Templo famoso,

Donde el pecho gozoso palpita,

Nuestra voz entusiasta repita

¡Gloria, gloria a la Madre de Dios!

Campesinos, venid a las plantas

De la Esposa del pobre artesano;

Vuestros ruegos alzad, que no en vano

Lograrán su ternura mover.

No os arredre mirar en su frente

La corona de rayos circuida,

Bien sabéis que en el mundo su vida

Se pasó en humilde taller.

Coro: En Luján, en su Templo famoso,

Donde el pecho gozoso palpita,

Nuestra voz entusiasta repita

¡Gloria, gloria a la Madre de Dios!

II

¡Ah!, venid, los que vais por la tierra

Del dolor en la copa bebiendo,

Los que en medio a la dicha sonriendo

Verdadera delicia sentís.

Los mendigos cubiertos de harapos.

Los que en torno miráis la opulencia,

Los enfermos de horrible dolencia,

Los que sanos y alegres vivís.

Coro: En Luján, en su Templo famoso,

Donde el pecho gozoso palpita,

Nuestra voz entusiasta repita

¡Gloria, gloria a la Madre de Dios!

 III

Caminantes, marinos, guerreros,

Vuestra humilde plegaria resuene

Y el Santuario de júbilo llene

Con los himnos de paz y de amor.

La que hoy brilla en espléndido trono,

Por el mundo cruzó peregrina;

Es la Estrella que el mar ilumina

Y es su nombre en la lid vencedor.

Coro: En Luján, en su Templo famoso,

Donde el pecho gozoso palpita,

Nuestra voz entusiasta repita

¡Gloria, gloria a la Madre de Dios!

 IV

Todos, todos, venid a sus plantas

Venid justos; venid pecadores,

Y cubrid sus altares de flores

Levantando gozosos la voz.

Sin descanso decid en el colmo

De entusiasmo y ardiente alegría;

“Nuestro amparo y refugio es María,

Nuestra Madre es la Madre de Dios”.

Coro: En Luján, en su Templo famoso,

Donde el pecho gozoso palpita,

Nuestra voz entusiasta repita

¡Gloria, gloria a la Madre de Dios!

 

GOZOS DE NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

  

Todo el mundo con afán,

Os quiere por protectora,

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

 

En Lujan, pago pequeño,

Quisiste tener asiento;

Mas ya Luján incremento

Goza de villa, al empeño

De los milagros que están

Mostrándote protectora.

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

 

Las lámparas, noche y día

Arden en vuestra presencia,

Y en su licor la dolencia

Encuentra la mejoría;

Los enfermos lo dirán

Y la fama voladora.

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

 

Ciegos, cojos y tullidos,

Enfermos, agonizantes,

Siendo en sus votos constantes,

Son de Vos favorecidos,

Las romerías lo van

Diciendo con voz sonora.

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

 

Ni el sarampión enfadoso,

Ni las viruelas mortales,

Dejan rastros ni señales

De su humor tan venenoso,

Si el miserable a quien dan

Vuestro patrocinio implora.

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

 

Vuestro poder ha mostrado

Ser norte de navegantes,

Asilo de naufragantes;

Y los que os han invocado

Seguros, conseguido han

Vuestro auxilio sin demora,

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

 

En las crueles invasiones

De los indios inhumanos

Libráis a los comarcanos.

De sus robos y traiciones;

Por esto os aclamarán

Siempre por su defensora.

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.

    

Los que cautivos se miran

De su bárbara crueldad

Recobran la libertad,

Virgen, si por vos suspiran:

Después publicando están

Que sois su libertadora,

Amparadnos, gran Señora,

Virgen pura de Luján.


ORACIÓN


   Os suplicamos, Señor, escuchéis benignamente las devotas súplicas de vuestro pueblo, y lo que pedimos en la tierra por la protección de la Bienaventurada Virgen María, merezcamos alcanzarlo por su intercesión en el cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.