Novena
tomada del Manual del devoto de Nuestra Señora de Luján, compilado por el padre
Jorge María Salvaire Vásquez CM y publicado en Buenos Aires por la imprenta de
Pablo Emilio Coni e hijos en 1889.
COMENZAMOS: 29 de abril.
FINALIZAMOS: 7 de mayo.
FESTIVIDAD: 8 DE MAYO.
SOLEMNE NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos,
líbranos
Señor
✠
Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠,
y del Espíritu
Santo. Amén.
ACTO
DE CONTRICIÓN
Omnipotente
Dios, y Señor Soberano de todas las cosas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que por un efecto de
vuestro poder, sabiduría y amor preservasteis a María del pecado original, para
ser digna habitación de Jesucristo y corredentora del linaje humano; postrados
humildemente a vuestra sagrada presencia, anonadados por el peso de nuestras
culpas, os pedimos perdón de todas ellas con el mayor dolor de nuestro corazón.
Recibid, Señor, las lágrimas de arrepentimiento que derrama el alma ante
vuestra Majestad adorable; no atendáis a nuestra profunda miseria; echad en
olvido las pasadas faltas, perdonadnos todos nuestros delitos, y por el grande
amor que manifestáis al hombre, haciendo a María Inmaculada, y por los méritos
de la Virgen Santísima, dadnos la gracia necesaria para saber hacer esta novena
para vuestra mayor gloria, en honor de vuestra Madre Purísima, y bien de
nuestras almas. Así sea.
—Aquí se
hace el ofrecimiento del Santísimo Rosario, que se reza en seguida.
DÍA PRIMERO: 29 de abril
CONSAGRADO A HONRAR A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN COMO AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS EN SUS
NECESIDADES
¡Purísima
Virgen María! Madre
del Amor hermoso, abismo de gracia y poderosa medianera entre Dios y los
hombres, por cuyas manos nos vienen del Cielo todos los favores y beneficios
que alcanzamos; acordaos de que el altísimo Dios os hizo portentosa en tantas
imágenes vuestras como venera la piedad de los fieles, y particularmente en la
coronada Imagen que veneramos en el Santuario de Luján, ante la cual las
generaciones os invocan con éxito feliz, hace más de doscientos cincuenta años;
acordaos también de que, en todos tiempos, los moradores de estas dilatadas
regiones pusieron en Vos toda su confianza y su más firme esperanza en sus
lances más apurados, llamándoos su abogada y mirándoos como su auxilio más
poderoso; humildes y confiados,
os suplicamos, Señora, nos alcancéis de vuestro Hijo adorable, lo que os
pedimos en esta novena, lo que más convenga para nuestro bien espiritual y
temporal y en particular las virtudes de fe, esperanza y caridad, el perdón de
nuestros pecados, la perseverancia en el servicio de Dios y una buena muerte. Así sea.
CONSIDERACIONES
I.
— El auxilio o socorro está fundado sobre el
amor. Cuando un hombre de corazón caritativo, ve a otro hombre que sucumbe a la
desgracia, corre compadeciendo su pena, dándole valor, sosteniéndole y llevando
con él su carga sobre sus propias espaldas. Él es el pie del que cojea, el ojo
del ciego, el báculo del anciano, el padre del huérfano, el defensor de la
viuda, el paño que enjuga las lágrimas del afligido que llora.
Nuestro
Señor Jesucristo es evidentemente el auxilio de los cristianos. “No hay duda —según nos
dice San Pablo— que Jesucristo no deja de interceder por nosotros con su
Padre celestial, que le oye siempre, a causa del gran respeto que le es
debido”. “Ni hay duda tampoco, —añade San Bernardo— que
Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres; mas como estos
tiemblan, y con razón, a la presencia de la Divina Majestad que un día ha de
juzgarlos, ha sido necesario darles un mediador entre ellos y el mismo
Mediador; y por cierto, ninguno es más a propósito para llenar este caritativo
y piadoso cargo, como la Virgen Santísima, a la cual la Iglesia llama Abogada
nuestra y Auxilio de los cristianos”.
El título de
Auxilio de los cristianos dado a María Santísima por la Santa Iglesia, nos
dice, por lo tanto, claramente que ella los tiene a todos en el corazón y que
los ama.
II.
— Efectivamente, María, en primer lugar, no
cesa de preservar al pueblo cristiano de las maquinaciones con que el infierno
pretende hacer estragos en este rebaño de Cristo, apartando herejías, cismas,
guerras y otras calamidades que lo hubieran afligido muchísimas veces. En
segundo lugar, intercede por él, cuando la ira divina justamente irritada por
muchos de sus protervos hijos quiere
descargar castigos muy severos, y así es que, si no fuese por la divina Señora,
lloverían sobre nosotros hambres, pestes, terremotos y otras calamidades a cada
paso. En tercer lugar, lo socorre en las tribulaciones que no puede evitar, por
no oponerse al plan de la Divina Providencia, y en ellas sostiene la fe y la
paciencia de los fieles, da prudencia a los pastores, y doctrina a los maestros
siendo siempre la estrella que sirve de consuelo a la navecilla de San Pedro,
cuando más la azotan las ondas de la tempestad.
Leemos en la Sagrada Escritura que Betsabé
se presentó al rey Salomón, su hijo, diciéndole: Tengo
que hacerte una súplica, no me hagas un desaire. A cuyas palabras el rey
que se había levantado de su trono, contestó obsequioso y afable: Pedid, madre, porque no es justo que os deje avergonzada. (III Reyes
II, 20)
Así
también, Jesucristo, Rey del universo, dice a la Virgen María: Pide, Madre mía, que cuanto pidas alcanzarás; todo será
hecho según tus deseos. Por esto, se
dice de María con verdad, que puede tanto con sus súplicas, como Dios con su
propia omnipotencia.
¡Oh! Cuántas veces Jesucristo,
armado ya su brazo con las saetas de la divina venganza, para castigar con
graves penas a los pueblos cristianos por sus enormes y repetidas iniquidades,
ha reprimido clemente su mano por la intercesión de María.
III. ¿Quién será bastante a referir los
beneficios de María de Luján, sus hechos sin número, de auxilio, de asistencia,
de protección decidida en favor de sus hijos del Plata, en los apremios, las
tribulaciones y calamidades a que con frecuencia se vieron éstos expuestos?
El
Santuario de Luján ha sido preferido y constituido en ciudad de refugio, donde
ha querido la divina Providencia que tenga su origen un río de gracias y
favores, que con sus aguas fertiliza y fecunda toda esta bella parte del mundo.
El enfermo rodeado de congojas mortales, el caminante amenazado de peligros
continuos, el soldado en el riesgo y trance de la batalla, dirigen sus
corazones desde lejanas tierras a la Imagen de María de Luján, y luego ven
atendidas sus súplicas.
El
pastor en su redil, el hacendado en su estancia y el labrador que sigue el
arado, cantan y celebran las alabanzas de la Virgen de Luján, y todos ellos
reciben protección y bendición copiosa.
¿Cuántas veces en las épocas anteriores, libertó esta
divina Protectora a su amada provincia del Río de la Plata, de la temible
invasión de los indios bárbaros, poniéndolos, como sucedió en 1780, en
precipitada y misteriosa fuga?
¿Cuántas veces en aquellas ocasiones tan
frecuentes y fatales en otros países, en que los campos quedan exhaustos por la
falta de lluvias, no ha obtenido María de Luján, para sus moradores
atribulados, el anhelado beneficio de lluvias abundantes, con las cuales
quedaba superabundantemente remediado el terrible mal que se padecía?
¿Cuántas veces amparó a su pueblo en la
terribilidad de las epidemias que ponían en peligro la vida de tantos
ciudadanos, los cuales, por la intercesión de María de Luján, recobrados del
peligro, aumentaban el número de sus panegiristas y encomiadores?
Es más
fácil recordar con amor en su corazón la larga lista de los beneficios de María
de Luján en favor de estos pueblos a quienes ha mirado siempre con ojos de
predilección, que expresarlos con la palabra o por escrito, de modo que si,
cuando Salomón dedicaba el templo al Señor, se le apareció Dios y le dijo: Yo desde el cielo escucharé a este pueblo que en este
templo me orase y le seré propicio (II Paralipómenos VII, 14)
podemos decir que la misma promesa hace Jesucristo a su Madre respecto a su
Santuario de Luján. Le promete que escuchará
siempre, desde su solio excelso, las súplicas de los pueblos del Plata que la
invocaren en su Santuario de Luján, y que en todas las cosas se le manifestará
propicio.
RESOLUCIÓN: A fin de que la Santísima Virgen se digne
poner todo su interés de Madre para alcanzar nuestra salvación, procuraremos
con toda la solicitud de cariñosos hijos, darle gusto en cada una de nuestras
acciones, sobre todo en esta novena que consagramos a Ella.
EJEMPLO: NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN LIBRA A SU VILLA DE UN
MODO PORTENTOSO DE UNA GRAVE EPIDEMIA.
En todos tiempos, la Virgen Santísima de
Luján se mostró el seguro asilo de su pueblo fiel en las calamidades públicas.
Aquí nos contentaremos con recordar un ejemplo de su maternal protección que
sacamos de los documentos públicos y oficiales.
Corría
el año de 1778. Ya anteriormente y durante varios años consecutivos, habíase
notado en todo este distrito del Río de la Plata una grande esterilidad y seca,
con la cual los campos se habían esterilizado, y los sembrados se habían
secado... Y no hallando los vecinos y moradores del distrito con qué suplir la
falta de los trigos, se habían visto precisados a mantenerse sólo con carnes, de que habían resultado
numerosas enfermedades, que los habían desolado... Y prosiguiendo sin embargo
la dicha seca y esterilidad, había aparecido una nueva y más terrible epidemia,
ocasionada ya por el hambre, que amenazaba de concluir con todos los habitantes
de esta Provincia.
Era tal la intensidad de la peste, que, de
sólo las compañías de la Guardia de Luján, compuestas de menos de trescientos
hombres, ya se había llevado ciento noventa y seis hombres, sin incluir
mujeres, niños y forasteros.
Pues
bien, tan luego como la epidemia se manifestó en los partidos limítrofes, el
Cabildo de la Villa de Nuestra Señora de Luján, comprendiendo que para atajar
tanta calamidad, el mejor y más eficaz asilo era la invocación de su milagrosa
Virgen, no cesó, conforme era su uso y costumbre en semejantes casos, de mandar
celebrar novenarios, rogativas y procesiones, para implorar a su divina Patrona
titular, se dignase interceder con su precioso Hijo, al objeto de alejar de
este vecindario y su jurisdicción, la terrible plaga que, donde quiera que
apareciera, sembraba la desolación y la muerte. Y ¡cosa
admirable! María Santísima ampara, en esta circunstancia, con tanta
solicitud y evidencia a su querida Villa, que no solamente ninguno de sus
vecinos llega o contagiarse con la terrible peste, sino que cuantos vienen
enfermos de afuera a ella recuperan prontamente la salud.
Así que, esparciéndose por todas partes la
voz de la protección especial con que la Santísima Virgen María había amparado
a esta Villa, en diferentes circunstancias de pestes y epidemias, y más
particularmente en aquel año de 1778, se fue aumentando igualmente la fe, la
devoción y el culto hacia nuestra portentosa Imagen, siendo los principales
heraldos y panegiristas de sus prodigios y los más celosos apóstoles de su
culto, aquellos mismos que, asaltados en sus respectivos partidos por la
implacable enfermedad, habían acudido a esta Villa como a un seguro asilo, y
hallado a los pies del sagrado Simulacro el restablecimiento de su salud.
JACULATORIA: ¡Nuestra Señora de Luján, Auxilio de los
cristianos en las tribulaciones que nos agobian, tened piedad de vuestro pueblo
e interceded por nosotros!
ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
Bendita
seáis, Virgen Santa de Luján,
bendito vuestro poder, vuestra voluntad y prontitud en socorrernos; mirad cuán
necesitados estamos de vuestros soberanos auxilios; mirad cuánto se ha
aumentado el número de los que persiguen el pueblo cristiano. Defendednos, Vos,
muy amada Patrona, de sus asechanzas, y hacednos triunfar de sus insidiosas
armas, que dirigen contra nuestros espíritus, y de los combates con que atacan
a la Iglesia de Dios. Sed ahora y siempre nuestra constante defensora, ¡oh María de
Luján!, mirad asimismo cómo se multiplican las calamidades que por
doquiera nos invaden, tristes pero justos efectos de la ira de Dios irritado
por nuestras iniquidades, y que vuestra mediación nos alcance la disminución de
los males que nos agobian.
Pero ¡ay!, ¿cómo nos
atrevemos a dirigirnos a Vos? Tenemos,
es verdad, el nombre de cristianos y nos preciamos de devotos vuestros; mas
nuestras obras se hallan en contradicción con nuestra fe. Y ¿permitirá
vuestra bondad que prosigamos en una vida tan impropia de discípulos de vuestro
Hijo, tan poco digna de vuestros devotos? ¡Ah! No,
no, Madre querida, alcanzadnos una gracia eficaz con que nos resolvamos a
mejorar nuestra conducta y vivificar nuestra fe con la más fervorosa caridad.
Aquí se
canta o se reza la Letanía de la Virgen:
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos.
Dios
Padre celestial, ten
piedad de nosotros.
Dios
Hijo Redentor del mundo, ten
piedad de nosotros.
Dios
Espíritu Santo, ten
piedad de nosotros.
Santísima
Trinidad que eres un sólo Dios,
ten piedad de nosotros.
Santa
María, ruega
por nosotros.
Santa
Madre de Dios, ruega
por nosotros.
Santa
Virgen de vírgenes, ruega
por nosotros.
Madre
de Cristo, ruega
por nosotros.
Madre
de la Iglesia, ruega
por nosotros.
Madre
de la Divina gracia, ruega
por nosotros.
Madre
purísima, ruega
por nosotros.
Madre
castísima, ruega
por nosotros.
Madre
inviolada, ruega
por nosotros.
Madre
incorrupta, ruega
por nosotros.
Madre
amable, ruega
por nosotros.
Madre
admirable, ruega
por nosotros.
Madre
del Buen Consejo, ruega
por nosotros.
Madre
del Creador, ruega
por nosotros.
Madre
del Salvador, ruega
por nosotros.
Virgen
prudentísima, ruega
por nosotros.
Virgen
venerable, ruega
por nosotros.
Virgen
laudable, ruega
por nosotros.
Virgen
humildísima, ruega
por nosotros.
Virgen
poderosa, ruega
por nosotros.
Virgen
clemente, ruega
por nosotros.
Virgen
fiel,
ruega por nosotros.
Espejo
de justicia, ruega
por nosotros.
Trono
de la Sabiduría, ruega
por nosotros.
Causa
de nuestra alegría, ruega
por nosotros.
Vaso
espiritual, ruega
por nosotros.
Vaso
honorable, ruega
por nosotros.
Vaso
de insigne devoción, ruega
por nosotros.
Rosa
mística, ruega
por nosotros.
Torre
de David, ruega
por nosotros.
Torre
de marfil, ruega
por nosotros.
Casa
de oro, ruega
por nosotros.
Arca
de la Alianza, ruega
por nosotros.
Puerta
del Cielo, ruega
por nosotros.
Estrella
de la mañana, ruega
por nosotros.
Arca
de salvación, ruega
por nosotros.
Mística
ciudad de Dios, ruega
por nosotros.
Adoratriz
perpetua de Jesús Sacramentado, ruega
por nosotros.
Salud
de los enfermos, ruega
por nosotros.
Refugio
de los pecadores, ruega
por nosotros.
Consuelo
de los afligidos, ruega
por nosotros.
Auxilio
de los Cristianos,
ruega por nosotros.
Corredentora
del género humano, ruega
por nosotros.
Medianera
de todas las gracias, ruega
por nosotros.
Terror
de los demonios, ruega
por nosotros.
Exterminadora
de todas las herejías, ruega
por nosotros.
Reina
Inmaculada, ruega
por nosotros.
Reina
de los Ángeles, ruega
por nosotros.
Reina
de los Patriarcas, ruega
por nosotros.
Reina
de los Profetas, ruega
por nosotros.
Reina
de los Apóstoles, ruega
por nosotros.
Reina
de los Mártires, ruega
por nosotros.
Reina
de los Confesores, ruega
por nosotros.
Reina
de las Vírgenes, ruega
por nosotros.
Reina
de todos los Santos,
ruega por nosotros.
Reina
concebida sin mancha de pecado, ruega
por nosotros.
Reina
asunta a los Cielos, ruega
por nosotros.
Reina
del Santísimo Rosario, ruega
por nosotros.
Reina
del clero, ruega
por nosotros.
Reina
de la Iglesia, ruega
por nosotros.
Reina
de la familia, ruega
por nosotros.
Reina
de la paz, ruega
por nosotros.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
V.
Ruega por
nosotros, Santa Madre de Dios.
R.
Para que
seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oremos
Te suplicamos, Señor Dios, nos concedas a nosotros tus siervos, gozar
de perpetua salud de alma y cuerpo: y, por la intercesión de la gloriosa y
Bienaventurada siempre Virgen María santísima, vernos libres de las tristezas
presentes, y obtener las alegrías eternas. Por
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
GOZOS A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN COMO AUXILIO DE LOS CRISTIANOS DEL
PLATA
Coro: En Luján, en su Templo famoso,
Donde
el pecho gozoso palpita,
Nuestra
voz entusiasta repita
¡Gloria,
gloria a la Madre de Dios!
Campesinos, venid a las plantas
De
la Esposa del pobre artesano;
Vuestros
ruegos alzad, que no en vano
Lograrán
su ternura mover.
No
os arredre mirar en su frente
La
corona de rayos circuida,
Bien
sabéis que en el mundo su vida
Se
pasó en humilde taller.
Coro: En Luján, en su Templo famoso,
Donde
el pecho gozoso palpita,
Nuestra
voz entusiasta repita
¡Gloria,
gloria a la Madre de Dios!
II
¡Ah!, venid, los que vais por la tierra
Del
dolor en la copa bebiendo,
Los
que en medio a la dicha sonriendo
Verdadera
delicia sentís.
Los
mendigos cubiertos de harapos.
Los
que en torno miráis la opulencia,
Los
enfermos de horrible dolencia,
Los
que sanos y alegres vivís.
Coro: En Luján, en su Templo famoso,
Donde
el pecho gozoso palpita,
Nuestra
voz entusiasta repita
¡Gloria,
gloria a la Madre de Dios!
Caminantes, marinos, guerreros,
Vuestra
humilde plegaria resuene
Y
el Santuario de júbilo llene
Con
los himnos de paz y de amor.
La
que hoy brilla en espléndido trono,
Por
el mundo cruzó peregrina;
Es
la Estrella que el mar ilumina
Y
es su nombre en la lid vencedor.
Coro: En Luján, en su Templo famoso,
Donde
el pecho gozoso palpita,
Nuestra
voz entusiasta repita
¡Gloria,
gloria a la Madre de Dios!
Todos, todos, venid a sus plantas
Venid
justos; venid pecadores,
Y
cubrid sus altares de flores
Levantando
gozosos la voz.
Sin
descanso decid en el colmo
De
entusiasmo y ardiente alegría;
“Nuestro
amparo y refugio es María,
Nuestra
Madre es la Madre de Dios”.
Coro: En Luján, en su Templo famoso,
Donde
el pecho gozoso palpita,
Nuestra
voz entusiasta repita
¡Gloria,
gloria a la Madre de Dios!
GOZOS DE NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN
Todo
el mundo con afán,
Os
quiere por protectora,
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
En
Lujan, pago pequeño,
Quisiste
tener asiento;
Mas
ya Luján incremento
Goza
de villa, al empeño
De
los milagros que están
Mostrándote
protectora.
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
Las
lámparas, noche y día
Arden
en vuestra presencia,
Y
en su licor la dolencia
Encuentra
la mejoría;
Los
enfermos lo dirán
Y
la fama voladora.
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
Ciegos,
cojos y tullidos,
Enfermos,
agonizantes,
Siendo
en sus votos constantes,
Son
de Vos favorecidos,
Las
romerías lo van
Diciendo
con voz sonora.
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
Ni
el sarampión enfadoso,
Ni
las viruelas mortales,
Dejan
rastros ni señales
De
su humor tan venenoso,
Si
el miserable a quien dan
Vuestro
patrocinio implora.
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
Vuestro
poder ha mostrado
Ser
norte de navegantes,
Asilo
de naufragantes;
Y
los que os han invocado
Seguros,
conseguido han
Vuestro
auxilio sin demora,
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
En
las crueles invasiones
De
los indios inhumanos
Libráis
a los comarcanos.
De
sus robos y traiciones;
Por
esto os aclamarán
Siempre
por su defensora.
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
Los
que cautivos se miran
De
su bárbara crueldad
Recobran
la libertad,
Virgen,
si por vos suspiran:
Después
publicando están
Que
sois su libertadora,
Amparadnos,
gran Señora,
Virgen
pura de Luján.
ORACIÓN
Os
suplicamos, Señor, escuchéis
benignamente las devotas súplicas de vuestro pueblo, y lo que pedimos en la
tierra por la protección de la Bienaventurada Virgen María, merezcamos
alcanzarlo por su intercesión en el cielo. Por
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
En el
nombre del Padre, y del Hijo ✠,
y del Espíritu Santo. Amén.

