Novena
escrita por el Padre Ramón Sarabia Barbero CSSR, con aprobación eclesiástica.
Los Gozos, de origen valenciano, son tradicionales, sin autor conocido.
COMENZAMOS: 18 de junio.
FINALIZAMOS: 26 de junio.
FESTIVIDAD: 27 de junio.
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠
enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del
Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN
PREPARATORIA
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Tú
conoces todos los dolores de mi vida y sobre todo la horrible pena que hoy me
trae a Tus Plantas maternales.
Adoro la Divina Voluntad y beso resignado la
Mano de mi Dios que me prueba; y hoy, como ayer y como siempre, confío en Su
Infinito Poder y en Su Misericordia Infinita.
Pero Él puso en Tu Corazón las riquezas de
Su Bondad y en Tus Manos los tesoros de Su Omnipotencia. Por eso acudo a Ti, Madre Mía del Perpetuo Socorro.
Señora y Madre
mía, las sombras del dolor me envuelven por todas partes, y no sé a qué
puerta llamar para tener algún consuelo en esta amargura que me ahoga. Los
hombres, unos me son adversos, otros me persiguen, otros me olvidan, los más me
miran con indiferencia. Los pocos que parecen compadecerse de mí se declaran impotentes
para remediar mi mal.
Sólo me quedas Tú, Madre mía del Perpetuo Socorro. Por eso a Ti acudo lleno
de confianza y amor. ¡Eres la Madre de Dios! ¡Eres
mi Madre! Jesús aprieta Tus Manos para depositar en Ellas Su
Misericordia y Su Amor. El primer milagro que obró en Su vida mortal lo obró
movido por Tus súplicas. ¿No puedes hacer ahora
otra súplica como aquélla en favor mío?
Madre mía del Perpetuo Socorro, vengo a
pedirte un milagro, y que este milagro sea para gloria de Dios, alabanza Tuya y
santificación de mi alma. (Se hace la petición).
Aquí vendré nueve días seguidos a Tus
Plantas. ¿Quedará Tu Maternal Corazón insensible a
mis ardientes y humildes súplicas? Porque eres buena, porque eres fiel,
porque eres según el plan Divino, Dueña de todos los tesoros de Dios, por eso
confío en Ti.
Sin embargo, que ahora y siempre se haga la
voluntad de Dios, así en la tierra como en el Cielo. Tú, Madre mía, hallarás en
Tu Maternal Corazón recursos poderosos para que descienda el bálsamo del
consuelo ahí donde siga el dolor purificando mi vida.
¡Oh, Madre
del Perpetuo Socorro, en Ti confío!
DÍA PRIMERO - 18 DE JUNIO
¿Qué me
dice Tu Santa Imagen, oh Madre del Perpetuo Socorro? Que
eres Madre de Dios. Ese Niño que descansa en Tus Brazos y que te llama con
inefable cariño Madre, es Dios, el Hijo de Dios, Tu Verdadero Hijo… Así lo
declaran esas letras misteriosas que están al lado de las mejillas del Divino
Infante.
Te lo anunció el Arcángel San Gabriel cuando
te saludó llena de gracia y bendita entre las mujeres…. Lo viste por primera
vez cuando en la cueva de Belén salió de Tus Purísimas Entrañas como un rayo de
la Divinidad… Tuviste la dicha inefable de llevarlo en Tus Brazos y vivir toda
Tu vida en Su compañía. Ni en la cruz quiso que te apartaras de Él….
¡Madre de Dios!
A cada hora, a cada instante, en todos los climas y bajo todos los siglos, la
Santa Iglesia cae rendida a Tus Plantas y proclama este título excelso que es
la base de todas Tus grandezas y el fundamento de todos Tus privilegios: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
Ante la gran Madre de Dios, ¿puede presentarse una ruin y pecadora criatura de este
mundo? Las puertas del palacio de los reyes y de los poderosos cerradas
están para los mendigos…, pero abiertas están de par en par las puertas del
palacio de María para todos los pecadores y desgraciados. Y cuanto más
pecadores y desgraciados son, con más piedad y ternura son recibidos.
Por eso, ¡oh Madre
del Perpetuo Socorro!, de
la tierra vengo y sin más títulos que mis miserias me he atrevido a presentarme
ante Tu solio maternal…. Aquí te traigo escrito con lágrimas y con sangre el
memorial de todas mis amarguras. Fíjate, Señora y Madre mía, en la pena que hoy
me trae hasta aquí y verás que todo está perdido, que se han desvanecido todas
las esperanzas humanas. Sólo me quedas Tú.
También un día la reina Ester, que era tu
figura, se presentó triste y llorosa ante el rey Asuero. «Señor -le
dijo- si he hallado gracia
en tu presencia, te pido gracia para mi pueblo injustamente condenado a
muerte…». Y
la compasiva reina fue escuchada….
Y yo te digo también a Ti, Madre de Dios,
Señora y Madre mía, ten piedad de mí…. Estoy condenado al dolor, al hambre, al
trabajo y a las garras de las injusticias humanas.
Madre del Perpetuo Socorro, nadie Te llamó y
lo desamparaste. En Ti confío.
—Rezar tres Avemarías.
INVOCACIONES
PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Madre
mía, Perpetuo Socorro de todos los que sufren y de todos los que lloran! Permíteme que, recostada
mi frente abatida sobre Tu Corazón de Madre, te diga mis penas y te exponga mis
deseos, porque sólo Tú eres mi esperanza en esta hora tristísima en que me
acosan todos los males.
Por Tus inefables alegrías cuando por un
portento de Dios te viste al mismo tiempo Virgen y Madre. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Por Tu gozo dulcísimo cuando por vez primera
se miró Jesús en Tus Ojos y te dio el nombre dulcísimo de Madre. ¡Oh Madre del
Perpetuo Socorro, óyeme!
Por la maternal complacencia de Tu Corazón
cuando viste cómo Tu Hijo accedía a Tus súplicas y obraba el primer milagro en
las bodas de Caná. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Por la santa satisfacción de Tu Espíritu
cuando contemplabas los milagros de Tu Jesús en favor de Sus hermanos y Tus
hijos, los hombres. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Por tu gozo divino cuando viste cómo Jesús
obraba el milagro de los milagros, la Divina Eucaristía, para vida, sustento y
alegría de todos Tus hijos redimidos. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Por Tu Mirada de Misericordia. ¡Oh Madre del
Perpetuo Socorro, óyeme!
Por Tu nombre de Madre del Perpetuo Socorro,
símbolo de poder y de bondad. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Por los continuos y estupendos milagros que
haces en favor de los que invocan este nombre Tuyo dulcísimo. ¡Oh Madre del
Perpetuo Socorro, óyeme!
Para que el poder de Jesús sea reconocido y
celebrado. ¡Oh
Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Para que Tu Amor y Misericordia sean de
todos glorificados. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Para que mi corazón, agradecido, te amé y te
invoque siempre. ¡Oh
Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
Para que Tu Nombre sea en todo el mundo,
conocido, amado y alabado. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!
ORACIÓN
FINAL
¡Oh María! Ya
que para inspirarme confianza, te quisiste llamar Madre del Perpetuo Socorro,
yo (mencionar su nombre), aunque indigno de
ser inscrito en el afortunado número de Tus siervos, deseando no obstante
participar de los benéficos efectos de Tu Misericordia, postrado ante Tu trono
te consagro mi entendimiento, para que piense siempre en el amor que mereces;
te consagro mi lengua, para que ensalce Tus grandes prerrogativas y propague Tu
devoción; te consagro mi corazón, para que después de Dios, te amé sobre todas
las cosas.
Recíbeme ¡oh
Gran Reina!, en el venturoso número de Tus siervos; acógeme bajo Tu
protección; socórreme en todas mis necesidades espirituales y temporales,
especialmente en el peligroso trance de mi agonía. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!
Sé que me amas más de lo que yo puedo amarme a mí mismo; por eso, te constituyo
Señora y Árbitro de mis intereses y de todas mis cosas. Dispón, pues,
libremente de mí y de cuanto me pertenece conforme Te agrade.
Bendíceme, ¡oh
Madre mía!, y con Tu poderosa intercesión fortalece mi flaqueza, a fin
de que, sirviéndote fielmente en esta vida, pueda alabarte, amarte y darte gracias
en la otra eternamente.
Jaculatoria:
¡Oh Madre, Madre del Perpetuo Socorro, ruega por mí!
¡Seas amada,
seas alabada, seas invocada, seas eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo
Socorro!, mi esperanza, mi amor, mi Madre, mi refugio y mi vida! Amén.
GOZOS
EN ALABANZA A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
Una
vez Constantinopla
Toma
la morisca atroz,
El
viento impío que sopla
Para
el devoto, es feroz.
La
mediterránea isla
Invade
el turco infiel,
Y
el católico se aísla,
Huyendo
en débil bajel.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
Si
yendo de Creta a Roma
Va
un rico mercader,
Y
tu poder olas doma
Evitando
el perecer,
Y
calmas las tempestades
Del
enfurecido mar…
Conociendo
tus bondades
Debo
en Ti, Virgen, confiar.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
Entre
el templo de María
Y
el de San Juan de Letrán
Te
instalan, ¡oh
Madre pía!,
Y
allá los devotos van.
En
pos de la Imagen Santa
En
ferviente procesión,
Multitud
enorme canta,
Entre
incienso y oración.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
Con
triste pesar y asombro,
El
templo de San Mateo
Queda
reducido a escombro,
Por
intenso bombardeo.
Después
de trescientos años
De
culto y veneración,
Por
intereses extraños
Lo
eclipsa Napoleón.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
El
famoso Cuadro oculto
Medio
siglo, en un rincón,
Sin
templo, altar, ni culto,
Queda
sin veneración,
Le
honran devotamente,
Guardado
bajo dosel
Fray
Orsetti solamente
Y
el lazarillo Miguel.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
Y
los Padres Agustinos
Buscando
al Cuadro un altar,
Van
recorriendo caminos
Hasta
encontrarle un hogar.
No
tienen un lugar previo
Y
lo llevan con afán
Al
templo de San Eusebio,
Con
permiso del Deán.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
Según
dicen los cronistas,
A
instancia de Fray Maurón,
A
Padres Redentoristas
Da
Pio Nono posesión
Del
Cuadro, que en oratorio
Se
le da gran devoción
Y
en el templo de Ligorio
Crece
la veneración.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
El
culto empezado en Roma
Ya
no es devoción local,
Pues
por Patrona te toma
Una
gran parte mundial.
Si
perpetuamente ayudas
A
quien te invoca con fervor,
Para
tus fieles, no hay dudas,
Que
atenderás su clamor.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
Postrados
con fe a tus plantas
Escucha
nuestra oración,
Y
Tú que das gracias tantas,
Mándanos
tu bendición,
Siendo
nuestra bienhechora,
Hasta
la hora final,
Empujándonos,
Señora,
A
la Gloria Celestial.
Del Perpetuo Socorro
Déjame participar:
¡Virgen
mía!, a ti me acojo
Fiando
me has de ayudar.
℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de nuestro Señor
Jesucristo.
ORACIÓN
Señor
Jesucristo, que
nos has dado por Madre pronta siempre a socorrernos, a tu Madre María, cuya
imagen insigne veneramos; te rogamos que, implorando sin cesar su ayuda
maternal, merezcamos experimentar perpetuamente los frutos de tu redención. Tú
que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del
Espíritu Santo. Amén.

