Desde
SALUTARIS HOSTIA
La
novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la
Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
COMENZAMOS: 2 de febrero.
FINALIZAMOS: 10 de febrero.
FESTIVIDAD: 11 de febrero (Aparición en Lourdes en el año 1858).
NOVENA A NUESTRA
SEÑORA DE LOURDES
En el nombre del Padre,
y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de
las almas, que te dignaste enviar a la tierra a
tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando
a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con
profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender
el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta
contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre
purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho
que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi
alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu
misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre,
me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la
perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida.
Amén.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA
VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS.
Al
presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada
y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito
de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos
por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las
muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos
hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de
tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a
las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló
admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz
dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice
Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu
Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las
lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias,
llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión,
acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la
tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud
devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen
sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las
almas.
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis
necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se
acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean
los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los
pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme
luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu
maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me
someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios
y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
DÍA PRIMERO – 2 DE FEBRERO
MEDITACIÓN: PRIMERA APARICIÓN DE LA VIRGEN A BERNARDITA
Era Bernardita una niña desconocida del pueblo de Lourdes, en
Francia. Inocente
y piadosa, había llegado a la edad de 14 años, sin hacer su primera comunión,
por haberse criado lejos de la casa de sus padres.
El día 11 de febrero de 1858 salió
a buscar un poco de leña acompañada de otras dos muchachas, y se dirigió hacia
la gruta de Massabielle. Al llegar al pie de dicha gruta, la niña oyó un ruido
sordo semejante a un viento recio. Miró, y no vio nada. Ni los árboles se
movían. “Me
habré equivocado”, pensó. Tras pocos instantes, el ruido misterioso
se volvió a oír. Alzó la niña la vista, y miró hacia la gruta y quiso dar un
grito, pero la emoción apagó su voz. Atónita ante el espectáculo que contempla,
cae de rodillas. ¿Qué
ha visto? En medio de una luz
deslumbradora, una Señora prodigiosamente bella aparece a los ojos de la
muchacha. Va vestida con traje blanco, resplandeciente, ajustado el talle con
ceñidor de color celeste. Un largo y ancho velo blanco cae de la cabeza hasta
el suelo y envuelve en sus pliegues su cuerpo. Sus pies, de virginal pureza,
están desnudos, pero adornados con rosas de oro. La dama tiene juntas las manos
en la actitud de la más fervorosa oración. De sus brazos cuelga un precioso
rosario.
Al
contemplar esta celestial visión, el corazón de la niña parece derretirse en
dicha y emoción. Bernardita buscó su rosario y quiere hacer la señal de la
cruz, mas su brazo está paralizado. Entonces tiene miedo. Mas al momento la
Visión, tomando en su mano la cruz de su rosario, hace con ella la señal de la
cruz. Imítala Bernardita, y al ver las cuentas del rosario correr entre los
dedos de la Señora, la niña reza su rosario hasta el fin, con inefable devoción.
Al fin, la Señora extiende su brazo, sonríe con dulzura y desaparece.
La
Virgen María, pues era Ella, ha vuelto otra vez al secreto impenetrable de los
Cielos.
Réstanos ahora considerar cuán agradable debe ser a María la
sencillez y la pureza, pues escoge para mensajera de sus voluntades para con
los hombres, a la más inocente y más sencilla de las tres compañeras que han
ido a la gruta. Y en efecto, escrito está: Bienaventurados los limpios de corazón, sólo ellos son capaces
de ver a Dios y de comprender las cosas del Cielo.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales: La Santa Iglesia, la Patria, los gobernadores
eclesiásticos y civiles, la enseñanza católica, la salud de los enfermos, y la
conversión de los pecadores.
NUESTRA
SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y
Glorias)
SALUD DE
LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
REFUGIO DE
LOS PECADORES:
Ruega por
nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus
respectivas Avemarías y Glorias)
Oración del día primero
¡Nuestra Señora de Lourdes! En
memoria de esa primera aparición, cuya verdad atestiguarán tantos posteriores
sucesos, en nombre del misterioso silencio que cerraba vuestros benditos
labios, en nombre de la modestia de vuestros vestidos, en nombre de la elección
que hicisteis de una gruta desierta para manifestaros a las miradas de la
inocencia: dadnos el amor al retiro, a la simplicidad y al silencio; que
aprendamos a huir del bullicio, de la agitación, del lujo, de cuánto separa de
la gracia de Dios. Refrenad la libertad de nuestra lengua, recordad siempre a
nuestra conciencia que de todas nuestras palabras debemos dar cuenta en el
Juicio final. Curad nuestras extremas delicadezas y nuestras vanidades
ridículas, nuestro apego insensato a la moda del día, a los adornos, a las
joyas, a los muebles inútiles, a las frivolidades de toda especie, al afeminado
deseo de bien parecer. Curad nuestro culpable amor por las pompas de satanás, a
las que hemos renunciado en nuestro bautismo y que sólo son dignas de nuestro
desprecio. Haced que comprendamos la verdadera riqueza de la pobreza.
Curad nuestra loca
estimación por el mundo y hacednos siempre recordar que Jesucristo no ha rogado
por el mundo y ha maldecido su espíritu. Además del amor al retiro, a la
pobreza y el silencio, os suplicamos nos concedáis el amor a la oración. ¡Oh
María!, en memoria del Rosario que vio Bernardita
en vuestras sagradas manos, enseñadnos a invocaros con esa piedad filial que
todo lo consigue y a deciros con los mismos sentimientos que el Ángel Gabriel y
que los fieles corazones: “Dios te salve María, llena eres de
gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres, y bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros
pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
PRÁCTICA: Hacer
despacio, bien y con mucha devoción la señal de la cruz.
GOZOS EN HONOR A NUESTRA
SEÑORA DE LOURDES
Virgen
Santa Inmaculada,
De
la Gruta misteriosa,
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Allá
en las verdes riberas
Donde
sus aguas de plata
El
manso Gave desata
Dando
vida, inspiración.
A
la sombra de sus bosques
La
humilde Lourdes reposa.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
De
verduras tapizadas
Se
levantan sus montañas
De
cuyas ricas entrañas,
Con
admirable primor,
Se
desprende una ancha Gruta
Que
cubre silvestre roca.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Hacia
las faldas del monte
Subió
un día Bernardita,
La
aldeana de Dios bendita
Por
sus gracias y candor,
A
formar haces de leña
Que
diera fuego a su choza.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Súbitamente
a la Gruta
De
luz un rayo ilumina,
Y
en una aureola divina
Más
esplendida que el sol,
La
reina del Cielo y tierra
Su
planta en la roca posa.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
“No temas,
hija querida,
Levanta a
mí tu mirada,
Soy María
Inmaculada,
Soy la
Madre de tu Dios
Por teatro
elijo este sitio
De mi mano
portentosa”.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Dijo
la Virgen, y envuelta
Por
los pliegues de una nube
Al
Cielo de nuevo sube
Que
a su paso se entreabrió:
La
aldeana vuelve a la vida,
De
placer su alma rebosa.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Al
pie de esta misma Gruta,
Diez
y ocho veces la aldeana
De
la Virgen soberana
La
vista recibió,
Otras
tantas desafiando
Al
malvado victoriosa.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Sellar
quiso sus bondades
La
Señora eternamente,
Con
una límpida fuente
Que
entre las rocas brotó,
Al
contacto repentino
De
la niña candorosa.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
En
esas aguas del cielo
El
hombre encuentra la vida,
Huye
la muerte aterrada,
Calma
el triste su dolor,
Y
en los triunfos de María
La
Iglesia Santa se goza.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
El
lejano peregrino
Va
a postrarse ante esa roca
Donde
el mundo entero invoca
Tu
Divina Concepción.
¡Bendita
seas, María!
Que
de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
Virgen
Santa Inmaculada
De
la Gruta Misteriosa,
Acoge,
Madre piadosa
De tus
hijos la oración.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS
LOS DÍAS
Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la
tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu
misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los
milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los
sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda
clase de dolor.
En estos enfermos, ¡oh
Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a
sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se
ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de
Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha
dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus
múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los
enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la
aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre
la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas;
líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la
tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en
tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.
En el
nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA SEGUNDO – 3 DE
FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: “HAZME EL FAVOR DE VENIR QUINCE DÍAS SEGUIDOS”
…
La inocente niña había comunicado a sus padres la visión que
había tenido en la gruta. Por
segunda vez, el día 14, había vuelto al peñasco bendito, gozando por segunda
vez de la misma dicha. Y el día 18 volvía al mismo lugar acompañada de dos
amigas suyas que deseaban ayudarla en sus relaciones con la visión. Al empezar
la niña su rosario, la celestial visión se aparece por tercera vez.
- “Allí
está”, dice
la niña a sus amigas.
- “Pregúntale
si le gusta que estemos aquí contigo”.
- “Podéis quedaros”
…
Tras
un momento de contemplación inefable, - “¡Señora mía, dijo
la niña a la Visión, si tenéis algo que comunicarme tened la bondad de
escribirlo en este papel!”
La
Visión sonrió y dijo: “Lo que tengo que comunicarte no necesito escribirlo.
Hazme el favor de venir aquí quince días seguidos”.
Se
lo prometió la niña, y la Visión añadió: “Yo también te prometo hacerte dichosa no en este mundo,
sino en el otro”.
“Vendrás
quince días” ... Con
estas palabras la Santísima Virgen nos da a entender dos grandes lecciones: Que el
cristiano debe ser perseverante en la oración, y que María se complace de un
modo especial en recibir estas plegarias en los santuarios que Ella misma se ha
escogido.
El
Señor ha dicho: “Es
necesario orar siempre sin desfallecer jamás”. En la oración continua el alma se comunica más
íntimamente con Dios y recibe sus inspiraciones y caricias. Y cuando la
plegaria sale de un corazón puro y humilde, en un lugar escogido por la Madre
de Dios, María la oye y la despacha con bondad.
Acudamos asiduos y obedientes al templo donde nos llama nuestra
Madre y nuestras oraciones no serán nunca desoídas.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del segundo día
Nuestra Señora de Lourdes, también nosotros, como
la pequeña niña a quien os aparecisteis, tenemos nuestros miedos y temores
delante de las manifestaciones de lo alto. Nosotros también cuando a nuestra
alma se presenta algo de divino, como el deber que cumplir, o la religión que
practicar, experimentamos cierto temor y desfallecimiento. Enseñadnos, ¡oh María!, a vencer con la ayuda de la oración el
primer temor de nuestra débil naturaleza. Hacednos comprender que la virtud es
sólo austera en la apariencia y que, si cierta timidez precede a las acciones,
un gozo inefable las acompaña y las sigue: muy al contrario que con el pecado,
nos seduce y nos engaña con el atractivo del placer y que deja sólo el vacío y
decepción, la tristeza y la amargura.
Mil veces nuestros
espíritus han experimentado esta verdad, y parece, sin embargo, que la
ignoramos enteramente: tan rebeldes o descuidados somos para hacer el bien, y
tan fácilmente sucumbimos a la tentación. ¡Oh Madre
nuestra!, haced penetrar esta verdad en el fondo
de nuestros corazones, a fin de que ella ayude constantemente nuestra
debilidad, y sigamos siempre los senderos del Señor.
¡Nuestra Señora de Lourdes, rogad por
nosotros!
PRÁCTICA: A
ejemplo de Bernardita, servirse del agua bendita para desterrar las tentaciones
y otros asaltos del demonio.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA TERCERO – 4 DE FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: “YO TE PROMETO HACERTE DICHOSA NO EN ESTA
VIDA SINO EN LA OTRA”
Una ley natural nacida en el corazón de todos los seres, los
inclina a buscar siempre su felicidad; y
más que todos, el hombre ansía el momento en que pueda ser feliz.
Desgraciadamente el hombre busca su dicha allí donde no se encuentra: la busca
en las riquezas, y estas son perecederas; la busca en los placeres, y éstos son
amargos; la busca en los honores, y estos son vanos. El corazón del hombre está
hecho para una dicha infinita, y nada de lo que es creado le puede saciar.
María sabe dónde se encuentra la verdadera felicidad, y ésta es la que promete
a Bernardita: “Yo
te haré dichosa, no en esta vida sino en la otra”.
La
verdadera dicha consiste en conseguir el fin para el cual hemos sido creados, y
este fin es Dios. En Él está la verdadera felicidad. Y como para llegar a Dios
es necesario seguir el camino del deber, la verdadera dicha para el cristiano
aquí en la tierra, es el testimonio de la conciencia del deber cumplido. Está
dicha la podemos y aún la debemos buscar aquí en la tierra. Pretender otra
felicidad es engañarse.
Además,
no debemos olvidarnos que la tierra es el valle de
lágrimas, es decir, el lugar del sufrimiento, y que mientras vivamos en él
tendremos que sufrir, queramos o no. En primer lugar, porque somos pecadores y
nuestros pecados necesitan una expiación; y, en segundo lugar, porque a ejemplo
de Jesús, para subir al Cielo, el cristiano debe merecerlo, pasando antes por
los sufrimientos del Calvario. En cuanto a la eterna dicha, María nos la
promete como se la prometió a Bernardita, con tal que oigamos sus consejos y
cumplamos sus mandamientos.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día tercero
Nuestra Señora de Lourdes, nos
atrevemos a pediros para nosotros mismos lo que vos habéis prometido a Bernardita.
Aseguradnos la felicidad no en esta fugitiva
tierra, por donde no hacemos más que pasar, sino en el mundo definitivo y
eterno, en medio de los Ángeles y Santos, donde, ¡oh
Reina de los Bienaventurados!, estáis sentada sobre un trono de gloria. Dadme
la virtud sólida, haced descender a nuestros corazones esa inmortal esperanza
que alegrará todas las penas de nuestra vida, dulcificará todas las amarguras
de nuestro destierro, y que nos hará gozar aquí abajo de la paz, de la dulce
paz del cristiano, felicidad anticipada de la bienaventuranza eterna.
¡Nuestra
Señora de Lourdes, rogad por nosotros!
PRÁCTICA: Procurar
en medio de los quehaceres de la casa rezar Avemarías hasta completar un
rosario.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA CUARTO – 5 DE
FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: ESTAMOS LLAMADOS A VOLVER A DIOS
Al dignarse bajar del cielo, la Santísima Virgen se proponía
convertir a Dios el mundo materializado, resucitando la fe en los corazones. Se consigue esto de dos maneras: o
por las manifestaciones públicas de la piedad cristiana, o por las
manifestaciones de las maravillas de Dios. María lo sabe, y por eso pide a
Bernardita que el mundo entero venga en procesión a la gruta que Ella se ha
escogido, haga en ella actos de fe y de amor, y en cambio recibirá las
manifestaciones de la misericordia divina.
La
procesión procura la gloria de Dios. En ella y por ella el cristiano confiesa a
Dios, canta sus alabanzas, proclama sus grandezas, e implora sus misericordias.
En la procesión, el cristiano vence su pusilanimidad, triunfa del respeto
humano, y con el ejemplo de sus hermanos se alienta en la fe, en la confianza y
en el amor. Y ¡qué
disposiciones para recibir las gracias divinas! Por eso la Santísima Virgen se complace en derramar
sobre el pueblo cristiano los beneficios de su maternal misericordia. Cuando el
pueblo reunido a orado y cantado las alabanzas de Dios y pedido el auxilio de
su Madre, llueve del cielo el rocío del milagro y viene a dar vista al ciego,
oído al sordo, lengua al mudo, y salud al paralítico. Y la gente que le
contempla, ve crecer su fe, renace a la esperanza perdida, y canta de nuevo las
alabanzas de Dios.
Aunque
no de un modo tan patente, ¡cuántas maravillas han contemplado nuestros ojos! ¡Cuántos favores han
recibido nuestras almas! Y, sin embargo, permanecemos fríos ante la
gracia y sordos a la voz de Dios. También a
nosotros nos llama la Virgen, cuando en su templo la piedad cristiana procura
alguna manifestación. También nos llama, cuando en nuestro corazón sentimos el
deseo de practicar alguna virtud para agradarla, o de apartarnos de algún
pecado que la ofende. No nos hagamos sordos a su voz, seámosle siempre dóciles,
y en cambio, Ella derramará sobre nuestras almas las gracias de salud y de
conversión que tanto necesitamos.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día cuarto
Nuestra Señora
de Lourdes, la presencia de las iniquidades de la tierra ha hecho pasar
una dolorosa nube sobre vuestra frente celestial y contristado, por decirlo
así, vuestra felicidad eterna. Nos habéis ordenado entonces que roguemos por
los pecadores.
Os obedecemos, Clementísima Virgen y
elevamos nuestras ardientes súplicas a Vos y Dios, por todos los que os han
ofendido en la tierra. Mas, nosotros también, somos pecadores, muy grandes
pecadores, indignos de levantar hacia Vos nuestros ojos, y os invocamos por
otros pecadores quizás menos culpables que nosotros a los ojos de vuestra
justicia, que sólo exigirá a cada uno en proporción de lo que ha recibido.
Os suplicamos por los débiles,
fortificadlos; os suplicamos por los extraviados, dirigidlos; os suplicamos por
los enfermos, curadlos; os suplicamos por los que padecen del todo muertos a la
gracia, ¡resucitadlos! ¿Acaso,
Señor, la iniquidad de los hombres será mayor que vuestra misericordia e
infinito poder? Alzad, ¡oh
Dios de Jacob!, vuestra mano omnipotente y vengaos de
este mundo culpable haciéndole caer de rodillas, postrándole delante de vuestra
Cruz y convirtiéndolo en vuestro misionero apóstol.
¡Ah Señor!;
todas las fuerzas humanas han llegado a su límite; venid a nosotros, ¡oh
Salvador del mundo!, porque perecemos sin Vos. Dirigid la
barca y se calmarán todas las furias del mar.
¡Nuestra
Señora de Lourdes, rogad por nosotros!
PRÁCTICA: Hacer
alguna oración especial por la conversión de algún pecador que tengamos en
vista.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA QUINTO – 6 DE FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: ROGAR POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES
Bernardita
sigue cumpliendo la promesa hecha a la visión de ir durante quince días a la
gruta. El 21 de febrero, al terminar la niña su Rosario, la Virgen se le
apareció, con el mismo traje, el mismo rosario y rodeada de la misma gloria. De
repente el rostro de la Señora se puso triste.
- “¿Qué
tenéis, Señora? ¿Qué debo hacer?”, preguntó
la niña.
- “Rogad
por los pecadores”, contestó
la Madre de la Misericordia. Y los circunstantes vieron dos gruesas lágrimas
surcar las mejillas de Bernardita.
¡Rogar!
¡Rogar por los pecadores! He
aquí el gran empeño del corazón de la Santísima Virgen, porque es también el
grande, el único deseo de Dios: “No quiero, ha dicho Dios, no quiero la
muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Mas ¡ay!, contra esta conversión hay muchos impedimentos. El
pecador está voluntariamente encadenado a su pecado. La justicia de Dios
irritada quiere castigar al culpable. El hombre no puede convertirse de por sí,
sin una gracia especialísima de Dios, y esta gracia no se la puede dar porque
él no la merece. ¿Qué
hacer para aplacar la ira de Dios; hacer que el pecador aborrezca su pecado y
se haga digno de la gracia de la conversión?
La Virgen nos lo indica. Rogar por los
pecadores.
“La
oración asidua del justo, dicen
los libros santos, penetra los cielos”.
¡Cuántas
veces Dios, irritado contra la maldad de un pecador, se deja mover por la
oración de un alma justa, y le manda la gracia de la conversión, junto con el
perdón! Y, ¡qué acto de caridad tan sublime aquel que
consiste en librar de la muerte eterna al alma de su hermano! Pues que Dios en vista de nuestros ruegos se apiade de
los pecadores, porque nada desea más que verlos convertidos, démosle este
consuelo. Suban hasta Él nuestras caritativas plegarias y merezcan a estos
desgraciados misericordia y perdón.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día quinto
Nuestra Señora
de Lourdes, antes de decir vuestro nombre y de comenzar en el desierto
lugar donde os aparecisteis la maravillosa serie de milagros que deben
extenderse por todo el universo, habéis querido recordar a la tierra la gran
Palabra que el Precursor de vuestro Hijo predicaba en las riberas del Jordán: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!”. Habéis querido hacer comprender a nuestro
empedernido sensualismo, que el arrepentimiento, la reparación y la expiación
de las faltas cometidas son las más urgentes necesidades de nuestro culpable
siglo, y la más saludable preparación para las gracias y beneficios del Cielo.
A quien fuera de la estación os pida la flor
perfumada del rosal, vos le responderéis, ¡oh María!,
recordándole la necesidad de las espinas.
Obtenednos, omnipotente
Madre de Dios, el espíritu de penitencia, el espíritu que consiste en morir a
sí mismo para resucitar en la vida nueva, en la misma vida de Nuestro Señor
Jesucristo. Y haciendo esto, ¡oh Nuestra Señora de
Lourdes!, Vos nos daréis en el invierno de este
mundo la flor anticipada de la eterna primavera.
¡Nuestra
Señora de Lourdes, rogad por nosotros! Amén.
PRÁCTICA: Ofrecer
alguna mortificación por la conversión de los pecadores y en especial, besar la
tierra con este fin, puesto que la Virgen nos lo pide.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA SEXTO – 7 DE FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: OFRECER SACRIFICIOS PARA ALCANZAR LA
CONVERSIÓN
Muchas veces la oración no basta para obtener de Dios la
conversión de un pecador. A
fuerza de crímenes su alma se halla demasiado empedernida para oír la voz de
Dios, y demasiada engolfada para salir del cieno del pecado. A fuerza de
crímenes también ha irritado demasiado a Dios, que le niega su gracia. Su
justicia se opone a que Él se apiade del pecador, y la oración no consigue nada
de la justicia de Dios. Así, lo declaró El mismo un día a Santa Brígida.
Entonces es necesario acudir a su misericordia, y obligarla a que se apiade del
que ruega por el pecador.
“El reino
de Dios sufre violencia, ha
dicho Jesús, y
sólo los que se hacen violencia le conquistan”. Para conseguir, pues, para sí o para otros este
reino de Dios, es necesario hacerse violencia imponiéndose algún sacrificio,
sacrificio que podamos presentar delante de Dios, diciendo: “Señor, ya que
no oyes mi oración, mira a lo menos lo que sufro por tu amor para que perdones
a este pobre ingrato”.
Es
necesario que este sacrificio sea tan humilde que Dios al mirarle tenga
compasión del que le ofrece, le reciba, y en vista de él perdone al pecador y
le mande la gracia de la conversión. Ahora bien, entre
todas las mortificaciones que podamos ofrecer a Dios, tal vez no la haya más
meritoria que la de besar la tierra, porque es una de las que más nos humillan
venciendo nuestra vanidad. Besar este polvo que hollamos con tanto desprecio,
besar este polvo que tanto horror nos causa, porque es la figura de la nada en
la cual se ha de convertir nuestro cuerpo, es un acto de profunda humildad, y
por eso nos los pide la Virgen cuando queremos conseguir un gran favor del
corazón de Dios, cual es la conversión de un pecador.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día sexto
Nuestra Señora de Lourdes, enseñadnos
también a nosotros a no ir a beber a los ríos de la tierra, al Gave que pasa
espumoso y revuelto; a las pasiones efímeras y desordenadas; a la vida aparente
de los sentidos que no es más que una muerte; a los goces de la materia que
matan al espíritu; a esas aguas que producen la sed en vez de apagarla; a esas
desabridas aguas que dan la ilusión de un instante y dejan al hombre todos sus
males, todos sus dolores, todas sus miserias. Que dejemos las tumultuosas y
agitadas ondas, y abandonemos la corriente de esos ríos, de esos torrentes que
se precipitan en el abismo. Conducidnos a la Fuente que calma y alienta, que
cura y resucita. Conducidnos al manantial de la verdad y de la verdadera vida,
a ese manantial que brota de la Roca inmutable sobre la cual la Iglesia ha
echado sus fundamentos eternos.
Aún más, ¡oh
María!, a través de nuestra corrompida naturaleza, haced brotar del
fondo de nuestras almas un fluente de gracias que venzan nuestras resistencias,
purifique nuestras manchas y cure nuestros inveterados males.
Que, a un signo de vuestra mano, nazca y se
ensanche en nosotros mismos esa fuente de agua de vida que conduce a la vida
perdurable.
¡Oh Virgen de indecible ternura y sin igual
pureza!, ablandad este corazón de mármol y que
derrame lágrimas de arrepentimiento.
¡Nuestra
Señora de Lourdes, rogad por nosotros!
PRÁCTICA: Privarse
de un bocado que guste para conseguir la conversión de un pecador.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA SÉPTIMO – 8 DE FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: EXPIAR LOS PECADOS PROPIOS
En la precedente lección, la Santísima Virgen pedía a las almas
fieles un gran acto de caridad para con sus hermanos los pecadores.
El
24 de febrero, Bernardita se encontraba al pie de la gruta en presencia de una
gran muchedumbre de personas acudidas allí con el fin de presenciar alguna
maravilla. Mientras la niña contemplaba extasiada la misericordiosa Visión, los
circunstantes oyeron distintamente estas palabras: “¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Penitencia!”.
Con
esta lección la Virgen nos quiere dar a comprender que antes de ejercer la
caridad para con nuestros hermanos, debemos ejercerla hacia nuestra alma, y
que, para que Dios se apiade de los pecadores por medio de nuestros ruegos,
debemos primero merecer que Dios se apiade de nosotros, aplacando su ira con la
expiación de nuestros propios pecados. Repetimos a menudo “El pecador tiene irritado a Dios”, y
no nos acordamos a añadir “Este pecador que ha ofendido a Dios soy yo”.
Ahora
bien, la fe nos enseña que el pecado, una vez cometido, debe ser expiado para
ser perdonado, y mientras no lo sea, el brazo de Dios vengador amenazará
siempre nuestras cabezas, y en vano pediremos la conversión de los demás por
medio de nuestras plegarias.
La
Santísima Virgen nos enseña esta verdad en su actual lección: “¡Penitencia!
¡Penitencia! ¡Penitencia!”. Sí, hagamos penitencia, porque somos
pecadores. Hagamos penitencia, porque tenemos muchas culpas que expiar. Hagamos
penitencia porque hemos irritado a Dios con nuestros pecados. “Si no hacéis
penitencia, ha dicho Jesús, todos
pereceréis”. Mas ¿cómo lo
haremos? Llorando sin cesar la desgracia
que hemos tenido de ofender a Dios, privándonos voluntariamente de los
placeres, aún lícitos, puesto que hemos dado a nuestro cuerpo los placeres
culpables; y admitiendo todo cuanto nos puede sobrevenir de duro y penoso, como
un medio de satisfacer a la justicia de Dios. Al oír Bernardita el
mandato de la Virgen, empezó a andar sobre sus rodillas. Más tarde le
preguntaron “¿por
qué hacías eso?” Y ella contestó:
“En
penitencia por mí y los demás”.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día séptimo
También a nosotros, Nuestra
Señora de Lourdes, habéis hablado en secreto, haciéndonos oír íntimas
palabras que parecen nacer de nosotros mismos y que no son sino vuestra
misteriosa voz, haciendo eco en el fondo de nuestros corazones.
Nos habéis dicho: “Ve
al Sacerdote, a fin de que un templo se eleve en este lugar”. Ve al
depositario de las gracias de Dios, al hombre que puede buscar en nombre del
Altísimo, absolver todos los pecados, quitar todos los obstáculos y crear
limpio campo al nuevo edificio. “Ve al Sacerdote, y
en los Sacramentos que distribuye por sus manos recibiréis con la inteligencia
y la fuerza cuanto es necesario para el trabajo que de ti espero. Y este
trabajo es, hijo mío, elevar un templo invisible en tu alma, el templo augusto
de la virtud para que mi Jesús lo haga su tabernáculo para que yo descienda con
él allí y el Cielo entero tenga sus complacencias en esta mansión de la
tierra”. De este modo nos habláis todavía, pero nuestro oído desatento
se deja distraer por otras voces; y menos dóciles que la pastora de Lourdes, no
tomamos por regla las palabras de vuestra boca.
Humildemente postrados a vuestros pies, ¡oh
Virgen María!, lloramos nuestras ingratitudes y dureza
de corazón. Perdonadnos, ¡oh Madre ofendida!,
perdonadnos y sanadnos.
¡Nuestra
Señora de Lourdes, rogad por nosotros!
PRÁCTICA: Hacer
algún sacrificio que nos cueste como perdonar a los que nos ofenden en
satisfacción de nuestros pecados.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA OCTAVO – 9 DE FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: LA FUENTE DE LA GRUTA, SEÑAL DE LA
CONFESIÓN
El cura de Lourdes había pedido a Bernardita como prueba de la
veracidad de las apariciones que floreciese el agavanzo del peñasco. ¡Pobre inteligencia humana! ¡Cuánto más profundas son las miras de
María! El
hombre, aun cuando sea para asegurar su fe, pide un milagro que al fin solo
satisfará su curiosidad, y María le va a abrir los tesoros de su misericordia,
descubriéndole un venero de gracias inagotables que a través de los siglos
manarán en provecho de la pobre humanidad. Era el 25 de febrero, al llegar la
niña a la Gruta, la Virgen María le dijo: “Quiero confiarte, sólo para ti, el último secreto” (ya le había revelado otros dos). Y tras un corto
instante añadió: “Ahora
ve a beber y a lavarte en la fuente, y come la hierba que hay allí”.
Atónita
la niña, mira alrededor, pues nunca hubo fuente en la Gruta. Bernardita quiere
dirigirse hacia el torrente, más la visión la detiene con un ademán y le dice: “No te he dicho
que vayas al arroyo; ve a la fuente que está aquí”. Buscaba la niña, pero nada veía. Con otro ademán,
la visión le indicó el lugar, y la niña empezó a escarbar con sus manos la
arena.
De
repente el hoyo hecho por la niña se humedeció, y bajó la mano de ésta,
apareció un agua misteriosa que pronto llenó el hoyo. Como estaba mezclada con
lodo, y de consiguiente turbia, la niña no se animaba a beberla. Mas al fin, al
ver la sonrisa de la visión que la miraba sin cesar, venció su repugnancia, la
bebió y se lavó con ella el rostro. Los concurrentes nada comprendían y
pensaban que la niña estaba loca. El manantial casi imperceptible al principio
siguió creciendo hasta alcanzar el chorro el grueso del brazo de un niño, y
desde entonces ni creció ni disminuyó.
“Vete a
lavar en la piscina”, dijo
Jesús al ciego de Siloé. María repite la misma palabra, no sólo a Bernardita,
sino a todos aquellos que van a implorar su protección, y como Jesús, María
hace de las aguas de la fuente milagrosa el instrumento de sus innumerables
prodigios y de sus maternas misericordias, y no hay casi milagro, en Lourdes,
que no tenga o su principio o su conclusión en las benditas aguas, de las
cuales parecen manar raudales de salud corporal. Mas, si María sana los cuerpos
en las aguas benditas es para manifestarnos que también las almas tienen su
baño divino en el cual se deben lavar para sanar. En efecto, las aguas de
Lourdes, como las de Siloé, son la imagen de las aguas de la gracia cuyos
canales son los Sacramentos y muy en particular el de la penitencia. “Ve y lávate en
la fuente”. Almas cristianas,
maculadas con la mancha del pecado, ¿queréis limpiaros para ser dignas de comparecer delante
de vuestra Madre? Id a lavaros en la
fuente. Almas enfermas de la lepra espiritual, ¿queréis recobrar la salud de vuestra alma?
Id a lavaros a la fuente, acudid al Sacramento de
la Penitencia, purificaos en él de todas vuestras culpas, y vuestra alma será
sana y salva. El Sacramento de la penitencia purifica, fortalece, sana,
resucita. En él nuestra alma recobrará la verdadera salud que nos hará seguir
el camino del deber y nos introducirá después en la celestial mansión.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día octavo
Nuestra Señora de Lourdes, Vos
que nada rehusáis a la fe de vuestros hijos, haced descender sobre nosotros la
fe misma; no sólo la fe que consiste en creer las verdades que la Iglesia
enseña, sino también la fe particular, esa fe viva y filial plena y ardiente
que tanto agrada al corazón de Dios; esa fe poderosa y sin vacilaciones que
recompensa en la tierra concediéndole todo lo que pide y haciendo por ella los
mayores milagros. Dadnos la fe de esas almas rectas y sencillas que os han
invocado en Lourdes y lejos de Lourdes, y que han obtenido de vuestra inmensa
bondad esas extraordinarias curaciones que asombran al mundo. Ciertamente, ¡oh María!, nosotros creemos y con el
socorro de la gracia sabríamos morir por nuestra fe, más a pesar de todo, esta
fe es tímida, vacilante y tiembla a cada paso en medio de las tinieblas.
Hacedla valiente, firme y luminosa. ¡Oh María!, en
Vos ponemos nuestra confianza.
¡Nuestra
Señora de Lourdes, rogad por nosotros!
PRÁCTICA: Hacer la
Comunión sacramental, y en caso de que no se pueda la comunión espiritual.
—Concluir con los Gozos y la Oración final.
DÍA NOVENO – 10 DE FEBRERO
En
el nombre del Padre...
Acto
de Contrición y Oración a la Santísima Virgen...
MEDITACIÓN: LOURDES, TRONO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
El mundo había visto las maravillas acaecidas alrededor de la
gruta; había sido testigo de los prodigios obrados por la visión; había
contemplado los éxtasis de la pastorcilla; había visto brotar la fuente
milagrosa; conocía los milagros producidos ya por sus saludables aguas, pero,
aunque en el corazón de los creyentes no cupiera duda alguna acerca del origen
de tanta maravilla, nadie, ni aún la niña sabía a punto fijo quién era la
Señora de la Visión.
El
día 25 de marzo, Bernardita sintió un irresistible impulso hacia la gruta.
Obedece dichosa y se traslada a Massabielle. Extraordinaria concurrencia la
espera. La niña se pone en oración con su rosario en la mano y pronto un súbito
estremecimiento y alteración de su rostro anuncian que la Virgen aparece. La niña
se acuerda entonces que su cura le ha mandado preguntar su nombre a la Visión.
- “Señora, le dijo, ¿queréis tener la bondad de decirme quién
sois?”
Tres
veces la pobre niña le hizo esta pregunta, pues a las dos primeras la Visión le
contestaba con inefable sonrisa. A la tercera, elevando sus manos juntas a la
altura del pecho, y alzando sus ojos al cielo, y envolviendo a la niña en
arrobadora sonrisa contestó: “Soy la Inmaculada Concepción”. Al oír el
párroco el relato de la niña lo comprendió todo. Ni él ni el pueblo cristiano
se habían engañado, la Visión era Ella, la Virgen, la Madre de Dios. Esta
aparición corona la obra de María en la gruta. En ninguna parte del mundo,
María se ha aparecido con ese nombre; la gruta de Lourdes será el santuario privilegiado
de la Virgen sin mancilla, escogido por Dios mismo para honrar este privilegio
de su madre: “Yo
soy la Inmaculada Concepción”.
En esta palabra tiene el cristiano toda su oración; ella
encierra el secreto de todas sus esperanzas. Para honrar el privilegio de la
Concepción Inmaculada, y por la virtud de la Inmaculada Concepción, brotan de
las fuentes los milagros; y en la gracia de la Inmaculada Concepción hallan los
pecadores las dulzuras de la misericordia, pues que la Concepción Inmaculada de
María es el principio de esta Misericordia, siendo como lo es el principio de
nuestra redención. Dichosos los templos encargados de custodiar este sagrado
tesoro. ¡Dichosas las almas que hacen especial profesión de honrar con su
devoción a la Santísima Virgen, bajo el nombre de Lourdes, en su Purísima
Concepción! Dichosas más aún aquellas que para honrarla mejor privan a su
cuerpo de todo placer carnal aún lícito, con el fin de imitar, en cuanto es
dado a la pobre debilidad humana, la pureza Inmaculada de María. Estas almas,
ángeles con cuerpo mortal, en la tierra recibirán las caricias maternales de
María, y en el Cielo su pureza recibirá un aumento de gloria que sólo las almas
puras tendrán la dicha de gozar.
—Aquí se
medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las
intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las
invocaciones.
Oración del día noveno
¿Qué te diremos, ¡oh Virgen de Lourdes!, en
recuerdo de ese día en que, mostrándote vestida de luz y de celestial
esplendor, has revelado tu nombre y pronunciado estas palabras: Yo soy la Inmaculada Concepción”? ¿Qué
decirte sino caer a tus pies y contemplar tu hermosura sin mancha, que ha
encantado, desde la eternidad, al Corazón mismo del Dios Todopoderoso?
Viéndote, ¡oh
María!, la más hermosa de las criaturas, la Trinidad Santa se ha
conmovido en la profundidad inmutable de la eternidad, y de un polo al otro de
los cielos infinitos ha resonado un grito de admiración, de respeto y de amor,
una exclamación trina y una, la exclamación de Dios. Dios Padre ha dicho: “He ahí mi Hija”. Dios Espíritu Santo ha dicho: “He ahí mi Esposa”. Dios Hijo ha dicho: “He ahí mi Madre”.
También nosotros, ¡oh
Inmaculada!, nosotros a quienes Jesús ha elegido por hermanos
rescatándonos con el precio de su Sangre, nosotros que hemos sido encomendados
a Ti al pie de la Cruz, también nos atrevemos a decirte con filial confianza: “Virgen
María, tú eres nuestra Madre. ¡Ven pues a nuestro socorro!
¡Ven, Tú que has sido concebida sin pecado, que has vivido sin pecado y has
muerto sin pecado! ¡Ven, Inocencia íntegra, a curar a la pobre raza humana
cubierta enteramente de la lepra del mal! ¿Quién
nos salvará?, ¡oh María!, sino
aquella que ha criado al Salvador, ¿Quién tendrá bastante
compasión y ternura? sino nuestra Madre, ¿Quién
tendrá bastante fuerza y poder? sino la Hija de Dios, la Esposa
de Dios, la Madre de Dios”.
Inmaculada
Concepción, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por
nosotros. Amén.
PRÁCTICA: En todos
los acontecimientos de este día, buenos o malos, acudir a María pidiéndole
sobre toda la gracia de imitar en cuanto sea posible, su pureza inmaculada.
—Concluir
con los Gozos y la Oración final.










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