Novena
compuesta por el Padre Fray José Rius OFM en 1818 para las monjas clarisas de
Tarragona, e impresa en Barcelona por Francisco Ifern y Oriol ese mismo año,
con aprobación eclesiástica.
COMENZAMOS: 15 de octubre.
FINALIZAMOS: 23 de octubre.
FESTIVIDAD: 24 de octubre.
ITRODUCCIÓN DEL AUTOR
La
devoción al Glorioso San Rafael es un medio poderosísimo para alcanzar de Dios
Nuestro Señor bienes espirituales y temporales. Aconsejo a todos los fieles
cristianos que tengan por abogado este Santo Arcángel, para obtener la salud
del alma y el cuerpo, junto con innumerables bienes y frutos, y la bendición de
la Majestad de Dios, por la intercesión de este poderoso Arcángel, quien tanta
señales ha dado a los mortales de ser el que los favorece ante el Señor; y por
tenerle olvidado, experimentamos notables faltas en muchas cosas, en particular
en la salud, y también viéndose, muchas casas ricas, sin sucesión de hijos.
Tengan devoción a este soberano Arcángel y lo obtendrán todo, al ser “Medicina de Dios”.
Los gloriosos Padres de la Iglesia San Agustín y San Jerónimo, afirman que, cuando se ve una milagrosa curación, fue enviado San Rafael por el Señor, para remedio de aquella dolencia. No hablo de las curaciones que hizo con la remoción de las aguas, en la piscina de Betesda (Juan 5, 1-18), ni las que realizo con Tobías padre e hijo, ni con Sara, esposa de Tobías hijo, quienes vivieron hasta su quinta generación (Tobías 3, 16 y siguientes), porque de esto nos ocuparemos en la Novena. Tampoco diré lo que hizo con el glorioso Patriarca San Juan de Dios, como nos lo refiere en su vida, ni lo que hizo con San Pedro mártir, ni los muchos prodigios que ha hecho, ni los que hará. Solo diré uno, para gloria de España, por desgracia desagradecida por el olvido en el que tiene a este soberano medico de cámara del palacio del Señor:
A la ciudad de Cordoba vino una peste que la llenó de muertes, castigo de la mano de Dios, de suerte que la mayoría moría sin confesión, porque murieron muchos confesores y los pocos que quedaron no podían asistir a todos los enfermos.
Andaba
entre ellos Fray Simón de Sousa, comendador del Convento de Nuestra Señora de
la Merced, quien era devoto de este Soberano Arcángel, demostrándolo no solo
confesando, sino también dando limosna a los pobres en honor del glorioso
Arcángel.
Mas,
traspasado de dolor al ver aquella desdicha, vino de noche al convento y entro en
el coro, e implorando a la Reina de los Ángeles, le pedia enviase a la ciudad
al “Médico perfecto Rafael”, y a él, que lo
favoreciera como su devoto en aquel castigo del Señor. A estos clamores de Fray
Simón no se hizo sordo este poderoso Arcángel, apareciéndosele y diciéndole
estas palabras:
“Yo soy Rafael, que vengo a premiar tu ruego y
tu limosna, que a los ojos del Señor vale tanto como la humildad y la caridad,
que por ti ha levantado el azote de su justicia sobre este pueblo. Dile al
obispo que ponga mi imagen en el pináculo de la Torre de la Catedral y exhorte
a los fieles a mi devoción, y serán aliviados siempre que a la Reina de los
Ángeles pidan la medicina del Señor, y a los que portaren mi imagen los librare
de todo mal, en particular del demonio Asmodeo (Tobías 8,1), príncipe de la lujuria,
pecado por el cual muchas almas pierden la gracia de Dios.”
Todo
cuanto le dijo San Rafael a Fray Simón, este se lo declaro al Obispo, quien
hizo, cuanto San Rafael pidió, quedando la ciudad libre del azote de Dios. En
señal de profunda gratitud, el obispo instituyo su fiesta el 7 de mayo.
(Actualmente se celebra en la Iglesia Universal el 24 de octubre). Esto hace
con sus devotos este poderoso Arcángel. Lo mismo hará con nosotros si hacemos
lo que debemos y damos limosna en honra suya, por la cual obtenemos salud,
bienes e hijos, y nos alcanza el cielo. Por el contrario, el amontonar tesoros
no dando a los pobres, solo nos acarrea tropiezos, caídas y, lo que es más
lamentable, la perdida de Dios, dejándonos acá los bienes, que fueron males
para nuestra ruina. Tengamos un amigo para todo; no esperemos hasta el día de
la tribulación. Pero, ¿Qué día no es de tribulación, en este misero mar lleno
de tantas olas? Seamos de los barcos que llegan al puerto de
salvación y no de los desdichados que naufragan en el mar profundo del abismo.
Con esta devoción nosotros tenemos un amigo tan fiel y bueno (ya que a él solo
le interesa nuestro bien), para gozar de la bienaventuranza eterna obtenida por
la Preciosísima Sangre del Cordero Inmaculado.
Yo
suplico, Soberano Arcángel, mires el bien mío y el de mi prójimo con aquella
caridad con la que miraste a Tobías y a los demás Santos de que queda hecha
mención.
PROBABLE VISITA DEL ARCÁNGEL RAFAEL
“En esta
ciudad de Buenos Aires y en el año de 1804, había en el Convento de los R. P.
Dominicos, uno llamado el Padre Mansilla, sencillo y fervoroso, el cual era
devoto del glorioso Arcángel San Rafael. Asistía este religioso a una pobre Señora
que estaba enferma de un malísimo parto, la que con este motivo había hecho una
promesa a San Rafael. Ella vivía por los arrabales y se dice era sobrina de
Fray Silverio Rodríguez, dominico ejemplar. Llegó el 24 de octubre, día de su
fiesta, y aunque los demás Religiosos salieron a tomar campo, el P. Mansilla
fué a visitar a su enferma. Esperaba paseándose afuera, mientras los médicos la
veían, cuando se le acercó un joven, a quien no pudo menos de mirarlo con
alguna extrañeza, con una especie de morrión, botines, guantes, y que le pregunta
si podría ver a la enferma. Entra luego que salen los facultativos, fijándose
todos en él, que abre las dos puertas de la vivienda tocándolas con las manos
levantadas, un poco en alto y extendidas; pulsa a la enferma, ve las recetas,
señala cuáles de ellas han de traer y dárselas, y asegura que se pondrá buena.
Entretanto, el P. Mansilla y los demás que admirados presencian lo que dice y ordena
el desconocido joven, sienten una dulzura interior cada cual, de ellos, que no
aciertan a entender, y callan todos.
Al salir se
quitó uno de los guantes, con lo que se llenó con un olor suavísimo todo aquel
lugar. Entonces salen de su estupor, corren a su alcance y ya no lo hallan, no
siendo posible que se ocultase por estar aquello en descampado; y entonces también
acaban de conocer que el Santo Arcángel habría visitado a sus devotos usando de
su acostumbrada piedad, pues la señora sanó, y los demás fueron alegrados y
con-, solados. Esto lo referimos como lo hemos oído, sin anticipar juicios sobre
la autoridad de la Iglesia”
ADVERTENCIA
Sale
a la luz este Novenario a impulsos de la devoción ardiente que profesan a este
Santo Arcángel Rafael las religiosas del ejemplarísimo Monasterio de Clarisas
de la muy ilustre ciudad de Tarragona.
No
es en vano esta dulce pasión con que miran a tan sublime Espíritu. Nadie debe
extrañar la extraordinaria afición que aquellas Religiosas han cobrado a tan
singular bienhechor, por las extraordinarias gracias favores de él recibidos, y
que, no contentas con el formulario que usaban antes para sus novenas, me hayan
solicitado para la ordenación del presente. No poco obligado yo también a este
Arcángel de la salud y de la providencia, he aceptado con gusto ente encargo,
con la idea de que todo el mundo conozca la sublimidad, beneficencia y mérito
de aquel excelso Príncipe, y se proporcione con esto toda suerte de gracias y
mercedes.
Así será, sin duda, si se hace este novenario con espíritu humilde, devoto y confiado, especialmente si en uno de sus días se procura recibir los santos Sacramentos y ejercitarse en actos de virtud, mayormente de caridad y oración, de las que Rafael es especialísimo amigo y protector.
NOVENA DEL GLORIOSO
PRÍNCIPE Y ARCÁNGEL SAN RAFAEL, MÉDICO Y MEDICINA DE LOS DOLIENTES, GUÍA Y
DEFENSOR DE LOS CAMINANTES, ABOGADO Y PROTECTOR DE LOS PRETENDIENTES, CONSUELO
Y ALIVIO DE LOS AFLIGIDOS.
Por
la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠
enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del
Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
- PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados. La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mí toda su Sangre? «Sí: me levantaré y me iré al Padre», os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos, Señor, firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.
A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amén.
DÍA PRIMERO - 15 DE OCTUBRE
CONSIDERACIÓN:
SAN RAFAEL,
GRAN PRIVADO DEL REY SUPREMO
Para formar el debido concepto de la privanza y especial predilección, con que honra a San Rafael el Rey Supremo, basta considerar la alta cumbre de honor a que le ha elevado. Mas ¡oh, qué altura de honor tan asombrosa!
El menor de los Ángeles ocupa ya un trono incomparablemente más excelso y brillante, que el mayor de los monarcas de la tierra: ¿cuál, pues, será la elevación de un Espíritu que se eleva sobre millares de millones de Ángeles, por ser uno de los siete supremos Magistrados, que honran y decoran el celestial imperio?
Él mismo reveló por su propia boca a los dos Tobías esta tan sublime preeminencia, cuando les dijo: «Yo soy el Ángel Rafael, uno de los siete que estamos delante del Señor, esto es, uno de los siete más allegados a su Augusto Solio, prontos a desempeñar las comisiones con que nos honra como a sus más íntimos privados».
Y
de aquí es que, del incalculable número de Ángeles que (como dice Santo Tomas
con el Areopagita) es mucho más crecido que el número de todos los otros seres
justos, sólo de San Rafael y de otros dos espíritus angélicos ha querido Dios
dar cierta e individual noticia a los mortales; que, por esto, sólo de estos
tres celebra en particular su fiesta la Iglesia. ¡Oh excelencia de San Rafael,
verdaderamente admirable!
—Medítese un poco y
pídase el favor que se desee alcanzar.
COLOQUIO
¡Qué grande os hizo, sublime San Rafael la poderosa diestra del Altísimo! ¡Ay! Yo quiero levantar la vista al refulgente solio de vuestra gloria; y los vivos rayos de brillante luz que os rodean, deslumbran y obligan a cerrar mis endebles ojos.
Vos
sois uno de aquellos siete supremos senadores que forman al Rey inmortal e
invisible su más secreto gabinete, y que, a la manera de inextinguibles
antorchas, arden y brillan sobre los siete candeleros de oro, que vio San Juan
en el Apocalipsis delante del Cordero de Dios.
A vos dirige con dulce Majestad sus cariñosos ojos el Rey de la gloria, haciéndoos con los reverberos de su luz eterna e increada un fidelísimo espejo de su hermosura.
A vos confía aquellos profundos arcanos que no es lícito hablar al hombre, y como a su apreciado valido os concede todas las gracias con que, como Ángel de la caridad, queréis socorrer a los afligidos mortales.
Ya que tan grande sois, y tanto priváis con el Rey de Reyes, sacadme de mi pequeñez y miseria y alcanzadme de su Divina Majestad, que se eleve mi espíritu a las cosas celestiales y eternas, en cuya comparación todas las grandezas y pompas de este mundo no son más que vanidad y aflicción del espíritu.
—Y para más obligaros,
unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la
Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestro, tres Ave María y un
Gloria Patri.
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Excelentísimo
Príncipe del Empíreo San Rafael,
Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono
de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros,
auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal
de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio
acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en
todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis
necesidades.
Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.
Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que, aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amén.
—Pedir la gracia que se desea recibir.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
Oh soberana
Reina de los cielos y Señora de todos los nueve coros, María Santísima, digna Madre de mi Señor Jesucristo,
templo vivo de la Divinidad, depósito de los tesoros de su gracia, principio de
nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo
gozo de los santos, gloria de las obras del Altísimo y único instrumento de su
omnipotencia: confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los
miserables, amparo de los pobres, consuelo de los afligidos, y todo lo que en
ti, por ti y de ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo
confieso, y lo que en ti y por ti alaban a la Divinidad y la glorifican todo lo
alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico, confieso y creo. Y pues el
poder divino convida a todos los pobres desvalidos, ignorantes, pecadores,
grandes, pequeños, enfermos, flacos y a todos los hijos de Adán, de cualesquier
estados, condiciones y sexos, prelados y príncipes e inferiores, para que
vengan por su remedio a su infinita y liberal providencia, por la intercesión
de la que dio carne humana al Verbo, porque sola Ella es poderosa para
solicitar nuestro remedio y alcanzarle: por tanto, sagrada Reina de todas las
jerarquías, os pido y suplico en nombre de todas ellas nos alcancéis de vuestro
querido Hijo la exaltación de su santo Nombre en todas las partes del mundo, la
salud espiritual de todas las almas, la extirpación de las herejías, la ruina
del soberbio príncipe de las tinieblas; la universal extensión de la santa
Iglesia y la paz y concordia entre los príncipes cristianos, para que todos
eternamente alabemos al santo Nombre de Jesucristo, a quien sea gloria por
infinitos siglos de los siglos. Amén.
GOZOS EN HONOR A SAN
RAFAEL ARCÁNGEL
De
Dios íntimo Privado
Y
su Ministro escogido:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Tú
eres en Naturaleza
Un
puro espíritu, y tal,
Que
en la Corte Celestial
Descuella
tu grande Alteza;
Al
sol vences en belleza,
Del
eterno Sol bañado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
En
aquella antigua lid,
En
que el valiente Miguel
Ajó
al soberbio Luzbel,
Fuisteis
invencible adalid.
Tropas
del abismo, huid,
Pues
ambos os han hollado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
De
los siete más vecinos
Al
trono augusto de Dios
Por
uno os cuentan a vos
Los
oráculos divinos.
Nuestros
discursos mezquinos
Vencen
tan noble dictado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Principado
en dignidad,
En
las luces Querubín,
En
las llamas Serafín,
Y
trono en la majestad;
Reúnes
la autoridad
Del
Angélico Senado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la salud,
invocado!
Aunque
tan grande en el Cielo
Del
hombre no os desdeñáis,
De
allá a la tierra bajáis
Para
su guía y consuelo.
De
Dios tomando el modelo
A
nadie os negáis, llamado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Por
vos Tobías el mozo
Libre
de un susto mortal
Halló
bienes sin igual,
Halló
mujer, halló gozo.
Por
vos llena de alborozo
A
Raguel su suegro amado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Sara,
antes entristecida
Con
siete maridos muertos
(Por
ti echado a los desiertos
Asmodeo),
vuelve a vida,
Y
a un santo marido unida
Prole
feliz le has logrado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Tú
de Gabelo el dinero
Para
Tobías cobraste;
Tú
siempre caudal hallaste
Al
que te ama con esmero.
Siempre
en ti un fiel tesorero
Halla
el bien intencionado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Tú
a Tobías el mayor,
Ya
de muchos años ciego,
Con
hiél de un pez diste luego
De
la vista el resplandor.
Loa
el anciano al Señor
Y
ve al hijo suspirado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Tú
ofreces en copa de oro
Al
gran Rey de la alta Sión
La
limosna, la oración
Y
del pecho humilde el lloro.
La
piedad es tu decoro
Y
hacer bien al angustiado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Ángel
de salud te llama
La
Iglesia, la cual opina
Que
el Ángel de la Piscina
Eres
tú: y quien a ti clama
De
tu caridad la llama
Presto
siente remediado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Ya
tu nombre mismo expresa
Que
eres de Dios medicina;
De
socorro rica mina
Todo
el mundo te confiesa.
¡Feliz el
que te profesa
Un amor
fiel y alentado!
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
No
es Córdoba solamente
La
que, por ti apadrinada,
Se
vio pronto libertada
De
un contagio pestilente:
A
cualquiera edad y gente
La
salud has alcanzado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Pues
siempre das grato oído
Al
que te llama confiado:
¡Rafael, de
Dios querido,
Dad la
salud, invocado!
Antífona: Príncipe gloriosísimo San Rafael Arcángel, acuérdate de
nosotros, y aquí y en todo lugar ruega siempre por nosotros ante el Hijo de
Dios.
℣.
Estaba junto al altar del templo el Ángel.
℟.
Teniendo en su mano un incensario de oro.
ORACIÓN
Oh Dios que has dado a Tobías tu siervo al
bienaventurado Arcángel San Rafael como compañero para el viaje, concédenos la
gracia, a quienes también somos tus siervos, que también podamos ser protegidos
por su vigilancia y fortificados por su ayuda. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.



