miércoles, 2 de agosto de 2023

NOVENA A SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, FUNDADOR DE LA ORDEN DE PREDICADORES.



La Novena fue escrita por Fray Francisco Vidal y Micó OP, y Mons. Miguel Salvá y Munar, obispo de la Diócesis de Mallorca, en 5 de septiembre de 1852, se dignó conceder 40 días de indulgencia a todos los fieles que devotamente hicieren la Novena al Patriarca Santo Domingo de Guzmán.


COMENZAMOS: 26 de julio.

FINALIZAMOS: 3 de agosto.

FESTIVIDAD Vetus ordo: 4 de agosto. 

 

ADVERTENCIAS PARA LOS QUE HICIEREN LA NOVENA DEL PATRIARCA SANTO DOMINGO


   La novena se empezará nueve días antes del día de su fiesta, que es a cuatro de agosto, o del día quince de septiembre, en que se celebra la fiesta de su imagen bajada del cielo por María Santísima al convento de Soriano, o del día veinticuatro de mayo, en que se celebra su Traslación; gánese en cada uno de esos días indulgencia plenaria. Se puede hacer también en nueve martes, por ser este día consagrado al Santo.


   Aunque se puede hacer en casa, será mejor hacerla en la iglesia; porque allí el que pide, recibe, y el que busca halla, según dice Dios. Será también mejor hacerla en comunidad, porque es más acepta a Dios esta oración; y tal vez habrá algún justo, por cuyas oraciones acepte Dios las tuyas.

   Procurarás todos los días avivar en cuanto te sea posible la consideración de que el Santo está oyendo tus ruegos y oraciones, como si realmente le tuvieras presente, y así mismo la confianza de conseguir por su medio el consuelo que le pidieres, si así conviniere para mayor gloria de Dios, y salvación de tu alma. Para lo cual será bien, que un día de la novena confieses y comulgues.


NOVENA DEL PATRIARCA SANTO DOMINGO DE GUZMÁN


  Por la señal de la santa Cruz; de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.


ORACIÓN PREPARATORIA - PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA


   Clementísimo Dios y Padre de misericordia, a Vos vuelvo arrepentido, como el hijo prodigo: “Oh Padre, pequé contra el Cielo y en vuestra presencia, ya no merezco llamarme hijo vuestro”. ¡Ay, miserable de mí, cuántos y cuán graves pecados he cometido, viviendo tan ciego, como si no hubiera Dios! No os amaba, no os servía, ni aún me acordaba de Vos; y como si mis pecados fueran servicios, me regalabais como a hijo querido. Mis maldades daban voces contra mí, y Vos os hacíais sordo; mi malicia se alargaba cada día contra Vos, y alargábase vuestra misericordia para mí. Os dejé, Dios mío, y me fui tras los deleites mundanos, con los cuales os perdí. Me amasteis, Señor, más que a vuestra vida, pues quisisteis morir por mi alma. Pues, ¡oh Salvador mío! ¿Con qué os pagaré tantos beneficios? Quisiera que me quitara la vida el pesar de haber pecado. Quebrantad, Señor, mi corazón de dolor, de modo que derrame tantas lágrimas que laven todos mis pecados. Llorad, ojos míos, llorad sin cesar. Dadme, Señor, entendimiento que os conozca, y voluntad que siempre os ame, por la Sangre y lágrimas que derramó mi dulcísimo Jesús en la Cruz. Amén.

DÍA PRIMERO – 26 DE JULIO


ORACIÓN A SANTO DOMINGO PARA ALCANZAR LA HUMILDAD


   ¡Oh soberano y celestial Domingo, hermosura del mundo, lustre de la Iglesia y ejemplo de humildad!, pues habiendo sido santificado y confirmado en gracia, os teníais por tan gran pecador, que pedíais a Dios al entrar en los lugares, no los asolase por entrar un hombre tan ingrato; compadeceos, Padre dulcísimo, de mi soberbia, vanidad y presunción; ¿en qué pude fundarla, polvo y ceniza? ¿Qué hallo en mí para engreírme, a vista de tantas culpas, que me trasformaron en bruto, siervo del pecado y esclavo del demonio? Negociadme, amantísimo Padre, una humildad hija de vuestro espíritu, para que en adelante conozca lo frágil de mi ser, lo mucho que ofendí a mi Dios; de suerte, que este humilde abatimiento sea medio para verme exaltado en la Gloria. Amén.


—Ahora se dirán tres Padre nuestros y tres Ave Marías, y un Gloria Patri al Santo, y luego cada uno interiormente hará su petición del consuelo que desea alcanzar en esta novena, y después se dirán las oraciones siguientes:


   Dulcísimo padre Santo Domingo, reparador de la Iglesia, apóstol de María, que al nacer os recibió en sus brazos, fortaleció muchas veces con la leche de sus virginales pechos, reveló la devoción del Santísimo Rosario, bajó del cielo el hábito que visten vuestros amados hijos, y lo que excede toda ponderación, cuando tomándoos de la mano, dijo para expresar su cariño: “No podía estar sin tu presencia, o tu memoria, si viviese en carne mortal”, desposándose visiblemente con Vos en presencia de Cristo y de muchos cortesanos del Cielo. ¡Oh amantísimo Padre! Cuánto os debe el mundo; pues os presentó la Madre de Misericordia, acompañado de vuestro querido hermano San Francisco delante de Dios, que como juez airado estaba con tres lanzas para acabar con él con hambre, peste y guerra, fiando de vuestro celo la conversión de los pecadores. Como uno de ellos me acerco a vuestra presencia, con segura confianza de alcanzar por vuestra intercesión la Divina Misericordia; y pues cuanto pedisteis a Dios lo alcanzasteis, como Vos mismo dijisteis, ¿a dónde acudiré, Santo mío, sino a Vos? Bien sabéis la necesidad que padece mi alma y el consuelo de que necesita. Aplicad, Padre mío, vuestra poderosa intercesión, para que por vuestros méritos alcance de la Divina piedad la gracia y favor que pido en esta novena, si conviene para honra de Dios y bien de mi alma. Amén.


GOZOS EN HONOR A SANTO DOMINGO DE GUZMÁN


Pues del Todopoderoso

Cifró el poder vuestro celo:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

     

Vuestro ilustre nacimiento

Antes de ser, fue anunciado,

Y el cielo ofrece admirado

Triplicar su lucimiento;

Tres Soles el Firmamento,

Y un Astro os rinde obsequioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

    

En los brazos de María

Tuviste la primera cuna,

Y aun llegó vuestra fortuna

A gustar de su ambrosía,

Cristo, y su Madre a porfía

Tu nombre hicieron glorioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

    

Aún de néctar maternal

Tu austeridad se abstenía,

Tomando solo algún día

El sustento natural;

Con impulso celestial

Buscáis el penar ansioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

    

Cuando en Osma prebendado

Hacéis el primer oficio,

Todo el Cielo al sacrificio

Merecéis tener al lado;

Atónito y admirado

Os deja honor tan glorioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

    

Fue tu suerte tan dichosa,

Que en premio de tu candor:

La Virgen con fino amor

Os dio la mano de Esposa;

Su Corte asistió gozosa

A enlace tan misterioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

     

Cuando el mundo temerario

Reparar tu celo intenta,

Porque el mundo dé en la cuenta,

La Virgen os dio el Rosario;

Con tan poderoso erario

Vencéis al Dragón furioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

    

Con la Reina celestial

Fue tan estrecho tu trato,

Que hasta comer en un plato

Logró tu afecto leal;

Y aunque fue el lance mortal

El plato os fue muy gustoso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

Os mostráis de padecer

Sediento, a Jesús amado,

Y al instante del costado

Él su Sangre os dio a beber;

Aquí lográis conocer

El paso más doloroso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

Con profunda devoción

Sufrir penas deseáis,

Y por el Señor pasáis

Toda su Muerte y Pasión;

Morís, pero en la ocasión

Resucitáis prodigioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

        

De la santa Inquisición

El tribunal has fundado,

Con que el hereje ha quedado

En perpetua confusión;

A tu excelsa religión

Diste timbre tan famoso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

Más que humano parecíais

Cuando ansioso predicabais,

Que erais divino mostrabais

En la forma que teníais;

Un Crucifijo os hacíais,

Y luego un ángel hermoso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

Con excesivos rigores

Vuestro cuerpo castigabais,

Y con su pena sacabais

De culpa a los pecadores;

Así templáis los ardores

Del Juez airado y piadoso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

Si la invicta Majestad

Contra el mundo se conspira,

Vos templáis su justa ira,

Convirtiéndola en piedad;

Dais a Dios seguridad

De enmendar al más vicioso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

A tu imperio soberano

No hay dolencia que resista,

El ciego cobra la vista,

Y el enfermo queda sano;

Al pobre le dais la mano,

Y lo dejáis poderoso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

En los partos facilitas

El suceso más fatal,

Y con mano liberal

A cincuenta resucitas;

A la estéril habilitas,

Sois con todos generosos:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

         

Vuestra imagen a Soriano

Bajó María del Cielo,

Llenando de dicha el suelo

Con favor tan soberano;

Con esta dádiva ufano

Quedó aquel pueblo dichoso:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.

              

Pues del Todopoderoso

Cifró el poder vuestro celo:

Franquead, Domingo, el consuelo

Al que os ruega fervoroso.


. Ruega por nosotros, Bienaventurado Santo Domingo.

. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.


ORACIÓN


   Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor el bienaventurado Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


En el Nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 1 de agosto de 2023

NOVENA A SAN IGNACIO DE LOYOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.



La Novena fue escrita por un sacerdote de la Compañía de Jesús, y recibió Imprimátur de la Archidiócesis de Madrid en 1829.


COMENZAMOS: 22 de julio.

FINALIZAMOS: 30 de julio.

FESTIVIDAD: 31 de julio. 


   El tiempo más oportuno para hacer esta Novena al esclarecido Patriarca San Ignacio de Loyola, es aquel en que sus devotos necesitaren conseguir alguna gracia del Señor por medio de su poderosa intercesión. Los que la hicieren sin precisarles alguna urgente aflicción, o por fervor devoto, podrán escoger los tiempos siguientes: desde el día veintidós de julio hasta el día treinta del mismo mes, víspera de su festividad; o nueve días antes de la Asunción gloriosa de la Emperatriz de los Cielos a la Gloria, día en que San Ignacio puso los primeros fundamentos a su religión en la iglesia de San Pedro del Monte de los Mártires, extramuros de la ciudad de París; o nueve días hasta el día veinte y siete de septiembre, cuando el Papa Pablo III confirmó la Compañía de Jesús; y en fin se podrá empezar cualquier sábado, concluyéndola el segundo domingo siguiente, en memoria de aquel prodigioso rapto que tuvo el Santo en la cueva de Manresa, que duró de un sábado a otro, en el cual le mostró Dios la idea, nacimiento y progresos de la religión que había de fundar.

   El fin de hacer esta Novena, ha de ser el que tuvo San Ignacio en todas sus empresas, pensamientos, palabras y obras: “AD MAJÓREM DEI GLÓRIAM”, a la mayor gloria de Dios. Este fin nobilísimo se han de proponer sus devotos en pedir al Santo y conseguir la gracia que desearen, remitiendo al arbitrio del Santo lo que toca al propio interés, porque san Ignacio sabe mejor que nosotros lo que conviene y los que piden sus celestiales favores. Muchas veces, si el Santo concediera la gracia que se le pide, sería para condenación de los que suspiran por ella; y no pueden los Santos desear a sus favorecidos desgracia eternamente lamentable. Pero asegúrense los que hicieren la Novena del glorioso Patriarca San Ignacio, que si no les conviene el favor que piden, les ha de conceder otra alguna gracia mucho más deseable, y que ellos mismos pedirían al Santo, si Dios les abriese los ojos del alma para conocer la necesidad que de ella tienen.


Advertencias para todos los días


Hincados de rodillas delante de algún altar o imagen de San Ignacio de Loyola, levantará el corazón a Dios, y se considerará presente a la Santísima Trinidad, a Cristo nuestro Señor, a María Santísima asistida de la celestial corte de innumerables Ángeles y Santos, y especialmente pondrá los ojos del alma en San Ignacio, ofreciendo a Dios por medio del Santo todos sus pensamientos, palabras y obras con la Novena.


NOVENA A SAN IGNACIO DE LOYOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN – PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA


   Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrezcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.


ORACIÓN INICIAL – PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA


   Gloriosísimo Padre y Patriarca San Ignacio, Fundador de la Compañía de Jesús y Padre mío amantísimo: si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma que yo consiga la gracia que os pido en esta Novena, alcanzadla del Señor; y si no, ordenad mi petición con todos mis pensamientos, palabras y obras a lo que fue siempre el blasón de vuestras heroicas empresas: A mayor gloria de Dios.



DÍA PRIMERO – 22 DE JULIO


   Jesús mío dulcísimo, que nos revelasteis los misterios sagrados de vuestra Fe, y por vuestra predicación deseasteis plantarla en los corazones humanos como raíz de todas las buenas obras y de la eterna salvación, ofrezcoos los merecimientos de mi glorioso Padre San Ignacio, y singularmente los de su iluminada fe, con la cual creería cuantos misterios están escritos en las santas Escrituras aunque se perdiesen todos los libros sagrados; y de la cual animado, la defendió contra los herejes, la dilató entre los gentiles y la avivó entre los católicos. Suplícoos, Padre amantísimo de mí alma, me deis una fe vivísima de vuestros divinos misterios, que me ilustre para creerlos y estimarlos como verdadero hijo de la santa Iglesia con fervorosas obras de perfecto cristiano, y me concedáis la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor del Santo, y bien de mi alma. Amén.


—Rezar tres Padre nuestros, y tres Ave Marías a la Santísima Trinidad, en obsequio de la devoción que nuestro Padre San Ignacio tuvo a este inefable e incomprensible Misterio.


ORACIÓN A SAN IGNACIO DE LOYOLA


   Santísimo Padre y Patriarca San Ignacio, a quien Jesús escogió para Capitán de su sagrada Compañía y adornó con todas las virtudes que pedía este supremo cargo: Ángel en la pureza de cuerpo y mente; Arcángel encargado de tantos negocios de la mayor gloria de Dios y bien de las almas; Principado excelentísimo en la dirección de tantos millares de espíritus felices; Potestad poderosísima para echar a los demonios de los cuerpos y de las almas; Virtud prodigiosa en tantos y tan estupendos milagros; Dominación suprema de la Compañía, que formó tan dignos ministros evangélicos, y ahora continúa en formarlos desde el Cielo; Trono elevadísimo en quien descansó la mayor gloria de Dios, corriendo en vuestra fogosa alma por todas las cuatro partes del mundo; Sapientísimo Querubín, cuya mente ilustrada por el Espíritu Santo dictó sabiduría celestial a su pluma; Serafín fogosísimo que aspiró en su vida, y aspira continuamente desde el Cielo, a encender todo el mundo en llamas del divino amor; abreviado paraíso de todas las virtudes y gracias que, a competencia, formaron la heroicidad nunca bastantemente alabada de vuestra grande alma. Yo, Padre mío amantísimo, me gozo de veros tan superior a cuantos elogios puede daros mi balbuciente lengua y concebir mi tardo entendimiento, aunque inspirado de una voluntad ansiosa de amaros y de que os amen todos los hombres. Confiado en vuestras piedades, imploro vuestra benignísima caridad para que me alcancéis que viva yo una vida verdaderamente cristiana, conforme a las obligaciones de mi estado, observando perfectamente la ley santa de Dios y los consejos evangélicos que me pertenecen; y que no buscando en todas mis acciones otra cosa que la mayor gloria de Dios, consiga una muerte dichosa en los brazos de Jesús, en el amparo de María Santísima, y en vuestra presencia. Espero, Padre mío dulcísimo y suavísimo, me concedáis estas gracias tan importantes para mi eterna salvación, y el favor que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén. (Aquí se hará la petición al Santo, alentando la confianza de conseguir la gracia que se desea por los merecimientos de tan poderoso intercesor)


ORACIÓN DE ENTREGA


   ¡Oh Dios infinitamente liberal y misericordioso! Pues he recibido de vuestra Majestad todos los dones naturales y sobrenaturales que tengo, deseoso de ser en alguna manera agradecido a vuestras misericordias, os vuelvo cuanto me habéis dado, con esta oferta familiar en el corazón y en los labios de mi glorioso Padre San Ignacio: “Recibid, Señor, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad. Cuanto tengo o poseo, de vuestra Divina Majestad lo he recibido; todo lo vuelvo a mi Dios, y lo consagro a vuestra Divina voluntad, para que me dirija y gobierne en todas las cosas. Dadme, Señor, vuestro Divino amor a continuo con vuestra Divina gracia, y con eso solo soy bastantemente rico, ni pido otra cosa alguna”.


GOZOS EN HONOR A SAN IGNACIO DE LOYOLA


A Ignacio glorificado

Cante el Empíreo victoria:

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

  

Un fiero golpe espantoso

Del bronce que le combate

Le hiere, pero no abate

Su espíritu valeroso:

¡Oh corazón generoso,

Magnánimo y esforzado!

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

        

Apenas a orar empieza,

Su plegaria al Cielo sube,

Y baja en cándida nube

La Madre de la Belleza.

¿Qué don le trae? La Pureza,

Don precioso y regalado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

     

Desde entonces en ferviente

Caridad todo se inflama,

Y está viva y dulce llama

Crecer en su pecho siente.

Al orbe ya en fuego ardiente

Quisiera ver abrasado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

   

Quien visto su ardor hubiera,

Su ternura, su desvelo

Ante la Reina del Cielo

Que Montserrat venera,

¿Un Serafín no dijera

Ser del Empíreo bajado?

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

 

En la caverna horrorosa

Que el Cardoner limpio baña,

Con admiración vio España

Su penitencia pasmosa,

Tan rígida y espantosa

Que al orbe dejó asombrado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

  

Pero en cambio allí gustará

Tan regalados favores,

Tantos deliquios y amores,

Que, aunque otro bien no esperara

Ya su dicha no trocará

Por un palacio dorado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

  

Si la deja, va corriendo

A buscar la Palestina,

Donde su sangre Divina

Vertió el buen Jesús muriendo.

¡Cuánto allí crece el incendio

De su espíritu inflamado!

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

   

Desde entonces de tal suerte

Arde su amor, que ni penas,

Ni cárceles, ni cadenas,

Ni el tormento, ni la muerte

Le entibian, porque más fuerte

Es el amor acendrado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

       

Mas si una vez este fuego

En un pecho noble prende,

¿Sofocarlo quién pretende

Que afuera no salga luego?

No hay paz, quietud ni sosiego

Hasta verlo propagado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

   

Corre inflamado la tierra,

Busca nuevos compañeros,

Alista fuertes guerreros,

Declara al Infierno guerra:

Ya el campo se ve, y la tierra

Y el mundo todo incendiado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

     

¡Oh que júbilo sentía

Su corazón generoso

Al ver que el Nombre glorioso

De Jesús ya se veía

Por su amada Compañía

En todo el orbe anunciado!

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

     

Mas, ¡ay!, que viendo cumplido

Su ardentísimo deseo,

Ansiar el Cielo le veo

Más y más enardecido.

¡Oh fénix de amor herido,

Vuela, vuela arrebatado!

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

   

Mueres de amor cual viviste:

Rompa ya el alma esos grillos,

Y júntese a los caudillos

Que acá en la tierra seguiste.

Venciste, Ignacio, venciste,

Tu amor, tu amor ha triunfado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

   

Recibe, pues, mil albricias

En esas mansiones santas

Donde triunfas, donde cantas

Ventura, amor y delicias,

Y el gozo y tiernas caricias

En que te inunda tu Amado.

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.

    

A Ignacio glorificado

Cante el Empíreo victoria:

Gloria a Ignacio, eterna gloria

Cante el mundo alborozado.


Antífona: Como un hombre prudente, que construyó su casa sobre la roca.


. Lo amó el Señor y lo adornó.

. Lo revistió con una estola gloriosa.


ORACIÓN


   Oh Dios, que, para la mayor gloria de vuestro Nombre, habéis dado por el bienaventurado Ignacio un nuevo socorro a vuestra Iglesia militante, haced que después de haber combatido en la tierra, siguiendo su ejemplo y bajo su protección, merezcamos ser coronados con él en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén