Según se practica en
la congregación de este título erigida canónicamente en el convento de S.
Francisco de la ciudad de Victoria y agregada a la primaria de Santa María de
la paz de Roma.
Compuesta por el Padre
Fr. Casimiro Díaz Acebedo Lector de Prima en vi dicho Convento é Impresa a
expensas de la misma Congregación con las licencias necesarias.
Reimpresa en Leon, día
6 de Abril de 1844.
Puesto de rodillas
ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, o delante del Santísimo
Sacramento, harás la señal de la Cruz.
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos
líbranos,
Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del
Padre, y del Hijo ✠, y
del Espíritu
Santo. Amén.
ELOGIO
Bendito sea el Corazón dulcísimo de Jesús, alabado sea el corazón
amabilísimo de Jesús, y mil veces exaltado y glorificado sea el corazón de
Jesús nuestro Dios nuestro Redentor, y nuestro amoroso Padre.
ACTO DÉ CONTRICION
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Criador
Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero; a quien amo más que a mi
vida, más que a mi alma y más que a todas las criaturas, me pesa Señor, una y
mil veces me pesa entrañablemente me pesa de haberos ofendido solo por ser vos
quien sois, por ser mí Padre amoroso por ser mí Jesús dulcísimo dignísimo de
ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente con vuestra divina gracia
de no volver jamás a pecar, y reparar con la práctica de esta devoción mis
tibiezas, mis frialdades, y todos los ultrajes que por ellas hubiere hecho a vuestro
dulcísimo Corazón, y aun si me fuere posible, todos los que habéis recibido en
el Augusto Sacramento de vuestro amor en el tiempo que habéis estado expuesto a
la pública adoración en los templos y en las calles. Recibid, Jesús mío, este
pequeño tributo de mi reconocimiento en unión con todos los que os rinden vuestros
devotos en todo el orbe cristiano para mayor gloria de vuestro amabilísimo Corazón,
y exaltación de vuestro dulcísimo nombre.
A la escuela, alma mía, a la escuela le llama y convida con el Corazón abierto tu divino Maestro Cristo Jesús. Acepta este precioso convite; escucha su dulce voz, atiende bien a las perfecciones del modelo que te presenta, y no salgas de ella sin resolverte a poner por obra todas las lecciones que te da: más antes de entrar manifiéstale tu gratitud y buenos deseos por medio de la oración siguiente.
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío que no contento con haberos vestido del tosco sayal de
nuestra frágil naturaleza para redimirnos y abrirnos las puertas del Cielo,
quisisteis también ser nuestro guía y preceptor para enseñarnos el camino que
debemos seguir para entrar en él; yo os doy gracias por este beneficio, deseo aprovecharme de él; y aunque indigno de ser del número de
vuestros discípulos, os suplico humildemente os dignéis admitirme en esa
escuela de amor; para que aprendiendo en ella las virtudes que practicó vuestro
amante Corazón; os pueda ofrecer, como desde ahora os ofrezco el mío en
reparación de los ultrajes que ha recibido de la humana ingratitud, y me haga
digno de alcanzar la gracia que os pido en esta Santa Novena. Recibidme divino
Maestro, dentro de vuestro Corazón, y no permitáis salga de el sin estar
penetrado de sus mismos sentimientos.
—Aquí hará cada uno la súplica particular y después se
leerá el punto de meditación correspondiente a cada día.
LECCIÓN PARA EL PRIMER
DÍA
Considera cuan sublime fue la
obediencia del Corazón de Jesús, pues no solamente prestó la más rendida
obediencia a su eterno Padre haciéndose obediente, como dice el Apóstol,
bástala muerte, y muerte de Cruz, sino que a pesar del grande imperio y señorío
que como Dios tenía sobre todas las criaturas, tomó la forma de siervo para
servirlas y obedecerlas. En el primer instante de su existencia hace a nuestro
modo de entender un voto solemne de obediencia en manos de su eterno Padre,
sometiéndose en todo y por todo a su divina voluntad. Eccevenio, ut faciam voluntatem tuam, Deus
(Me levanto para hacer tu voluntad, oh Dios). Aun no ha visto diez días la luz del
mundo obedece prontamente a la ley de la circuncisión ofreciendo su tierna y
delicadísima carne a los filos del cuchillo. Cuando llega a los doce años, se
pone como de propósito a enseñarnos la continua práctica de esta virtud,
viviendo muchos años en Nazaret sujeto y obediente a las órdenes de su Madre y
de un pobre carpintero. Cuando sale a darse a conocer al mundo por medio de su
predicación, dice expresamente que no viene a desobedecer a la ley, sino a
cumplirla; paga y manda pagar el tributo al Cesar; obedece a sus Tribunales y
Ministros abandonándose enteramente a su disposición, y acepta gustoso la terrible
sentencia de muerte que le mandan sufrir. Pondera bien las circunstancias de la
persona que obedece, a quien obedece, por amor de quien obedece, las materias
en que obedece, y lo gustosa que le ha sido la obediencia; y lleno de confusión al ver las continuas
faltas que has tenido en esta virtud; haz la oración siguiente.
ORACIÓN
¡Oh Corazón obedientísimo de Jesús! Por la pronta y rendida obediencia que prestasteis a los hombres en el
mundo, y que aun continuáis prestando todos los días bajando desde el Trono de
vuestra Majestad a las manos de vuestros Sacerdotes, concededme la gracia de vencer y triunfar de
este amor propio que ha sido y es la causa principal de tantos disgustos como
os he dado con mis desobediencias, para que obedeciendo ciegamente en lo
sucesivo a la voz de vuestras inspiraciones y a los mandatos de mis superiores,
os alabe y bendiga por una eternidad. Amén.
—Después de La lección se rezará cinco veces el Padre
nuestro y otras tantas el Gloria Patri, en reverencia de las virtudes
significadas en los atributos con que el Divino Corazón se dejó ver a la
Venerable Margarita de Alacoque.
GOZOS AL SAGRADO CORAZÓN DE
JESÚS
Escuela de perfección
y de virtudes modelo
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
Por curar la
inobediencia
causa del primer
pecado
rendiste al padre
humillado
la más perfecta
obediencia:
para enseñarme esta
ciencia
bajaste de i alto
Cielo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
A pesar de ser Señor
del mundo y de sus
riquezas,
de la más alta pobreza
fuiste maestro y
seguidor:
tu Celestial esplendor
cubriste con ese velo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
De una cándida
Azucena,
Lirio Divino nacisteis,
y al virgen Juan
distinguiste
ya en la Cruz, ya en
la cena:
lo impuro te causo
pena
la inmodestia
desconsuelo,
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
Siendo el Mesías
deseado
de todo el orbe, te
veo
sentenciado como reo,
y del pueblo
desechado:
al verte tan humillado
de luto se cubrió el
Cielo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
¿Quién podrá la magnitud
de tu paciencia entender,
si fué un puro padecer
desde el pesebre a la Cruz?
ejercer esta virtud
fue siempre tu ansia y
desvelo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
¡Qué dulce, qué enternecido
recibes al pecador,
si reconoce su error
y te busca arrepentido!
su culpa echas en
olvido,
y lo levantas del
suelo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
En el templo te
indignaste
al ver a ciertos
profanos
y aun con tus benditas
manos
de aquel lugar los
echaste
con esto nos enseñaste
cuál debe ser nuestro
celo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
Por todos los
pecadores
hiciste al Padre
oración,
porque con esta
lección
imitemos tus fervores;
tan amorosos ardores
deshagan el duro celo.
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
Las llamas que te
rodean;
y en que te estás
abrasando
nos están manifestando
que entre caridad
campeas;
las espinas son
preseas,
y la Cruz todo tu,
anhelo,
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelos.
Escuela de perfección
y de virtudes modelo
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelo
Antífona: Improperios y miserias aguarda siempre mi corazón, esperé quien se condoliese de mí, y nadie lo hizo, quien me consolase, y no encontré.
℣. Obrad con vuestro siervo según vuestra
misericordia.
℟. Y enseñadme vuestras justificaciones.
ORACIÓN
Haced; o Señor Jesús, que nos vistamos con las virtudes de vuestro Santísimo
Corazón, y seamos inflamados con sus afectos, para que, conformándonos con la
imagen de vuestra bondad, merezcamos participar del fruto de vuestra Redención. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.



