domingo, 11 de diciembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SANTA CECILIA, VIRGEN Y MÁRTIR.


Adaptación de la Novena dispuesta por el padre barnabita Gabriel María Gálvez de Valenzuela, y publicada en Roma por Antonio de Rossi en 1724. Imprimátur de fray Gregorio Selleri OP, Maestro del Sagrado Palacio Apostólico. Los Gozos son de origen valenciano, sin autor conocido.



COMENZAMOS: 13 de noviembre.


FINALIZAMOS: 21 de noviembre.


FESTIVIDAD: 22 de noviembre.

 

 

 

Por la señal de la Santa Cruz; de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante vuestra divina presencia reconozco que he pecado muchas veces, y, porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de haberos ofendido. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.

 

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

 

Misericordioso Dios y Señor bondadosísimo, que mirando con ojos de piedad nuestras miserias y olvidando nuestras ingratitudes, os dignasteis escoger entre nosotros como vaso purísimo de elección, en que se contuvieran los más ricos tesoros de vuestra gracia, a la Bienaventurada Cecilia; para que fuera, en unión de vuestro Hijo Santísimo, hostia de propiciación por los pecados del pueblo y canal beneficioso por donde vinieran las aguas de salud a regar el huerto agostado de nuestra alma; concédenos, Señor, que durante los piadosos ejercicios de esta Novena grabemos profundamente en nuestra mente y corazón las acciones santas de nuestra esclarecida y bendita Santa Cecilia, para que, imitando en esta vida mortal sus heroicas virtudes, logremos ser partícipes de su gloria en la eterna bienaventuranza. Amén.

    

 

DÍA PRIMERO – 13 DE NOVIEMBRE.

 

CONSIDERACIÓN: Santa Cecilia nace de padres idólatras. Renace a la gracia de Dios, que conservó hasta la muerte.


Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia en mí no fue vacía (San Pablo, Epístola a los Corintios 15).

  

   Puesta en la presencia de Dios, y adorada profundamente a la Augustísima Trinidad, pedid humildemente perdón de todos los pecados cometidos en pensamiento, palabra y obra, y llamada en auxilio a Nuestra Inmaculada Señora, la gran Virgen María, vuestro Ángel Custodio y Santa Cecilia, considerad con pausa.

    

PRIMER PUNTO. Considerad cómo esta Santa nació al mundo, cual nace la Rosa de las espinas, de padres envueltos en las tinieblas de la idolatría: nobles por naturaleza, mas innobles por la desgracia y esclavitud en que vivían del común enemigo. Gran fortuna sin embargo la de Cecilia, que nació después a la gracia, a la bella luz de la Fe, que recibió en las aguas bautismales. Reflexionad un poco sobre vuestra alma. Si está en gracia, buscad manteneros así; si estáis privado de ellas (lo que no creo nunca), llorad vuestra miseria y buscad en seguida cuanto podáis, por medio de la Sacramental Penitencia.

   

SEGUNDO PUNTO. Considerad cómo Santa Cecilia fue siempre celosísima conservatriz de aquella gracia, que, por especial benignidad del Señor, había recibido en el Santo Bautismo. ¿Habéis conservado la gracia bautismal? o... ¡Oh Dios, cuánto temo! Conservad al menos la gracia recuperada en el Sacramento de la Penitencia, sed (os pido por vuestro bien) más celosos, sed un poco más estimadoras de la gracia de Dios. No la perdáis más, mientras que de conservarla depende vuestra eterna salvación.

 

TERCER PUNTO. Considerad cómo la gran Santa no solo conservó la gracia recibida, sino que siempre la multiplicó, obrando como verdadera y legítima seguidora de Jesucristo, y para nunca olvidarse, llevaba en su pecho el libro de los sacrosantos Evangelios. ¿Cómo avanzáis en la gracia de Dios? ¿Cómo cooperas con ella? ¿Qué cuenta hacéis de la Ley y Consejos Evangélicos, o de vuestros deberes de estado? ¿Os contentáis tal vez de una vida tibia y ociosa? Reflexionad de la gracia, que el talento sepultado y no traficado fue la condenación de aquel siervo flojo y desconsiderado, y la gracia tenida en ocio, tal vez sea para vosotros ocasión de perderos.

  

SOLILOQUIO. Amorosísimo Dios, yo soy aquella miserable creatura, que, en vez de emplear, casi desde que he comenzado a conoceros, mis movimientos internos y externos en agradeceros, y de la Gracia regenerante que me fue conferida en el sacrosanto Bautismo, y de aquella justificante tantas y tantas veces concedida por vuestra mera misericordia; he estado empleado en vuestra ofensa. ¡Oh detestable malicia mía! ¡Oh deplorable ignorancia mía! No hizo así vuestra fidelísima sierva Santa Cecilia, que comenzó a amaros, serviros y corresponder a la gracia en edad que los otros quizá todavía no os conocen. ¡Ah!, por las entrañas de vuestra misericordia, y por los méritos de mi santa Abogada, dadme gracia de llorar mi error, que demasiado tarde conozco, y de cumplir cuanto os prometo, esto es, de hacer mejor estima de vuestra gracia en adelante, no perderla sino conservarla y multiplicarla, actuando para vuestra mayor gloria. Así sea en nombre de Jesús y de María.

   

En este primer día de la Novena, exhortaréis a los devotos de Santa Cecilia a acercarse a los Santísimos Sacramentos de la Confesión y Comunión con una particular devoción, si su Padre Espiritual lo considera bien, así como escuchar todos los días la Santa Misa, y ejercitarse en algún acto de virtud, o de caridad, o de humildad, tanto interna como externa, buscando observar un silencio más particular del acostumbrado, refrenando la lengua, y según la ocasión mortificarse en los cinco sentidos corporales. Así practicaron muchos Santos y Santas en las Novenas precedentes a las solemnidades del Señor, de Santa María siempre Virgen y de aquellos Santos y Santas tomados por intercesores y abogados ante Dios para alguna gracia espiritual o temporal, acordándose siempre que la gracia principal que debéis pedir es la salvación eterna del alma.

  

Después de haber ofrecido vuestro corazón y todo vuestro ser a Dios, con el pensamiento de glorificarlo en la Santa que pretendéis obsequiar e imitar, podéis saludar a esta gloriosa Virgen y Mártir, bendiciéndola en todos sus castos y santos miembros, imitando al Celestial Esposo de los Sagrados Cánticos, que alaba a su dilecta Esposa, esto es, el alma fiel, parte por parte, y después concluye ser toda bella y sin mancha (Cántico 4). Sé que estas palabras son atribuidas por los sagrados Expositores se atribuyen solo a la Madre de Dios, pero se pueden adaptar a todas aquellas personas que conservando la gracia Bautismal vivieron puras y preservadas de toda mancha de pecado, coronadas con doble corona de virginidad y martirio, como fue la gloriosa Santa Cecilia; bendiciéndola pues parte por parte de su cuerpo virginal, para cada bendición diréis un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria Patri, y pediréis a la Santa que obtenga para vosotros de Dios una gracia en este modo:

—Bendita sea vuestra cabeza, llena de sabiduría y ciencia verdadera de los Santos, enseñada a vuestro esposo Valeriano y al cuñado Tiburcio. Rogad a Dios que se vacíe la mía de toda vanidad y soberbia. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditos sean vuestros cabellos, símbolo de vuestros castísimos pensamientos, que fueron los primeros en conciliar el afecto de Valeriano destinado como vuestro esposo. Rogad a Dios para que sean santificados todos mis pensamientos. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditos sean vuestros ojos, con los cuales fuisteis la primera en ver el Ángel de Dios puesto a vuestra custodia, no visto por vuestro esposo Valeriano, que aún era idólatra. Rogad a Dios, para que los míos sean custodiados de toda mirada ilícita.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditas sean vuestras mejillas, que a la vista de los dos hermanos se cubrieron pronto de rubor virginal. Rogad por mí a Dios, a fin de que sean embellecidas las mías con el bermellón de una verdadera penitencia. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendita sea vuestra boca, que tan castos y amorosos besos imprimió en el Crucifijo y el libro de los Evangelios. Rogad a Dios que se cierre la mía a todo discurso que pueda ofender a Jesús, vuestro Esposo y mío, y a mi prójimo. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendita sea vuestra lengua, que no hizo otra cosa que cantar alabanzas a Dios y enseñar a otros a conocerlo, amarlo y servirlo. Rogad a Dios que quiera purificar la mía, a fin que me guarde de todos aquellos pecados en los cuales por ella pueda incurrir. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendito sea vuestro corazón, con el cual tanto amasteis al Señor Dios, y fuisteis causa que los hermanos Tiburcio y Valeriano se encendiesen del mismo amor, recibiendo el Santo Bautismo y murieron Mártires por el mismo amor de Dios y de la Religión Cristiana. Rogad a Dios para que, perfectamente dedicado a su servicio, perfectamente os ame y se vacíe mi corazón de todo afecto terreno y de todo amor propio, y unido con el vuestro, pueda llegar a amarlo eternamente en el Cielo. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditos sean vuestros pies y vuestras manos, los primeros, que tantas veces caminaron para oír las exhortaciones del santo pontífice Urbano, escondido en el Sepulcro de los Mártires por la persecución, las segundas, siempre abiertas en distribuir vuestras riquezas a los pobres, en trabajar con ellas en el tiempo que os dejaban las oraciones. Rogad por mí al Señor Dios para que pueda dirigir todos mis pasos al ejercicio de las virtudes cristianas y religiosas para las cuales Dios me ha creado y llamado, y pueda emplearme en aquellas ocupaciones propias de mi estado, para huir de toda ociosidad, origen de muchos males. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendita seáis finalmente toda vos, no menos bella que Santa, en el espíritu y en el cuerpo, que os entregasteis en sacrificio a Dios en el baño ardiente y al filo de la espada del tirano de Roma, hecha gracioso espectáculo a Dios, que os daba gracia y fortaleza para afrontar los tormentos, a los Ángeles que se gozaban por la victoria de una semejante a ellos, a los hombres que se admiraban de tanto coraje en una joven delicada y noble. Os suplico que seáis medianera por mí ante el Trono de Dios, para que por vuestros méritos sea también yo santificado en pensamientos, palabras y obras, para ser digno de ser amado por vuestro Esposo Jesús y por nuestra Madre María, y con vos poder gozar la gloria del Cielo. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


 

—Una vez dichos estos nueve Padre nuestros y Avemarías en honor de Santa Cecilia, ofrecedlas a Dios, que tanto se complació en ella, y este método de oración observaréis cada día en toda la Novena, y después diréis el himno siguiente.

  


HIMNO Vírginis Proles Opiféxque Matris,

 

¡Oh Hijo de la Virgen y Creador de tu Madre!

A ti, a quien ella concibió y dio a luz permaneciendo virgen:

Cantamos los triunfos que una Virgen reportó

Con su gloriosa muerte.

  

Esta Bienaventurada obtuvo una doble palma:

Se esforzó en domar en su cuerpo

La fragilidad de su sexo y venció con su muerte

Al tirano sanguinario.

   

No la amedrentó la muerte

Ni los tormentos que la acompañan;

Derramando su sangre,

Mereció subir al cielo.

  

Dígnate, oh Dios de bondad, perdonarnos,

Por los méritos de esta Santa, las penas

Merecidas por nuestros pecados, para que te cantemos

Santos himnos con corazón puro.

  

Alabanza sea dada a ti, oh Padre,

Y a tu Hijo Unigénito juntamente

Con el Espíritu Consolador,

Por los siglos de los siglos. Amén.

  

GOZOS

  

Pues himnos de puro amor

El Cielo os oyó cantar:

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

  

Entre delicias romanas

Noble Cecilia creció,

Y por bajas despreció

Todas las cosas mundanas;

Con las virtudes cristianas

Se ofreció entera al Señor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Del silicio protegida

Ella su cuerpo domaba,

Con la oración conservaba

La inocencia de su vida,

Y a Dios cantaba rendida

Himnos de gloria y loor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Como virgen recatada

Guardando el secreto al seno,

Al ser a un hombre terreno

Por esposa entregada,

Para no ser maculada,

Tuvo un Ángel por tutor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Valerosa superó

De Almaquio al atractivo,

Y con un celo muy vivo

A Tiburcio convirtió;

A él y a Valeriano guio

Del martirio al alto honor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Como abeja artificiosa,

Al Señor ibais sirviendo,

Vuestra corona tejiendo

De inmortalidad gloriosa,

Y de Jesús casta esposa

Lograbais condigno honor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

En seco baño metida

Para morir sofocada

Os puso turba malvada,

Pero de Dios protegida,

La llama más encendida

Perdió su fuerza y ardor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Tres veces virgen sagrada

El cuello os hirió el verdugo;

Mas como al Señor le plugo

Tres días vos extasiada

Vivisteis, y a la morada

Subisteis de eterno honor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Allá celeste cantora

Entre dulces armonías

Gozáis, y miradas pías

Al mundo dais bienhechora,

Y del devoto que llora

Calmáis acerbo dolor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Casta esposa del Señor,

Que tanto os dignó premiar,

Rogad podamos gozar

De la gloria el resplandor.

      

Antífona: Esta es la virgen sabia, y una del número de las prudentes.

. Ruega por nosotros, oh bienaventurada Santa Cecilia.

. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

     

ORACIÓN

 

Concédenos te suplicamos, Dios omnipotente, que la solemne fiesta de tu bienaventurada Virgen y Mártir Santa Cecilia, que anticipamos, incremente nuestra devoción y salvación. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

  

El divino auxilio permanezca siempre con nosotros. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 


domingo, 20 de noviembre de 2022

NOVENA EN HONOR DE SAN JUAN DE LA CRUZ, PRIMER CARMELITA DESCALZO DE LA REFORMA QUE FUNDÓ SANTA TERESA DE JESÚS.

 Novena escrita por un devoto de San Juan de la Cruz en Madrid, en el año 1849.

COMENZAMOS: 15 de noviembre.

FINALIZAMOS:  23 de noviembre.

FESTIVIDAD: 24 de noviembre.

 


 Antes de principiarla se procurará confesar y comulgar; después, puesto de rodillas ante alguna imagen del Santo, se persignará y dirá la Confesión general, y levantando el alma y corazón a Dios, le pedirá sea para mayor gloria suya y bien de su alma lo que desea alcanzar por medio de San Juan de la Cruz y su Novena; y con gran confianza de conseguirlo dirá las oraciones siguientes.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

CONFESIÓN GENERAL


Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la Bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y a todos los santos, que pequé gravemente de pensamiento, palabra y obra; por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa. Por eso, ruego a la Bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y a todos los santos, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.

 

Clementísimo Dios y Señor mío infinito, que por vuestra inmensa piedad quisisteis que San Juan de la Cruz fuese desde niño inclinado a todo género de virtudes, y por su ejercicio alcanzase ser muy amado de Vos y de vuestra Santísima Madre, comunicándole muchas gracias y singulares favores; suplícoos humildemente por su intercesión y merecimientos, me concedáis pureza de alma y cuerpo, con las demás virtudes teologales y cardinales que este Santo glorioso practicó toda su vida, para que imitándole en este ejercicio e inocencia de costumbres, merezca como él, ser amparado de Vos y de vuestra Madre Santísima en esta vida por gracia, y después gozaros para siempre en su compañía en la Gloria. Amén.

DÍA PRIMERO - 15 DE NOVIEMBRE

 

Glorioso Padre San Juan de la Cruz, que desde vuestra infancia fuiste tierno amante de María Santísima y de la Cruz de su Santísimo Hijo, mereciendo con este amor ser protector singular de las almas afligidas y desconsoladas; Suplicóte, Padre mío, interpongas tu ruego con Madre e Hijo para que me concedan fe viva, esperanza cierta, caridad ferviente y amor tierno a la Cruz de mi Señor, con cuyo ejercicio viva y muera amparado siempre de su gracia, y también consiga, si me conviene, lo que pido en esta Novena. Amén.

 

—Rezar nueve Ave Marías.

 

GOZOS A SAN JUAN DE LA CRUZ

 

Pues sois Padre generoso

Del reformado Carmelo,

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

Apenas naciste, Juan,

Cuando Jesús y María

Te dan la mano a porfía

Para ser su capellán;

Los dos de tu parte están

Para hacerte venturoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

De inocencia revestido

En el primer sacrificio,

De capellán el oficio

Hiciste bien, y cumplido;

Por ser más agradecido

Buscas siempre lo penoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

La cruz tomas por empresa

Del reformado Carmelo,

Y por subir más de vuelo

Te descalzas con Teresa;

Si esto a todos embelesa

A ti te hizo más dichoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

De la cumbre del Carmelo

Compasivo al valle vas,

Y a todo pobre le das

Por sustento el pan del Cielo;

Todos quedan con consuelo

De verte tan dadivoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

Los cojos y los quebrados,

Los mancos y los tullidos,

Los tristes más afligidos

Quedan por ti consolados;

En partos muy revesados

Socorres más generoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

    

Son de toda enfermedad

Tus reliquias medicina,

Y universal oficina

De perenne sanidad;

A todos con brevedad

Sanas siempre prodigioso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

Trabajos y oposición

En reformar padecéis,

Pero todo lo vencéis

Con paciencia y oración;

La mayor contradicción

Sufrís blando y cariñoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

En las alas del amor

Y espinas de penitencia

Subís, Juan, a la eminencia

De insigne reformador;

En este divino ardor

Seguiste a Elías celoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

         

De Jesús en el costado

Tuviste, Juan, la morada,

No buscando gusto en nada

Fuera de Jesús amado;

¡Oh Querubín abrasado

De todos modos, dichoso!

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

A Jesucristo imitaste

Negándote a ti mismo,

Queriendo ser uno mismo

En la Cruz que tanto amaste;

En ella pues te quedaste

De más penas siempre ansioso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

  

Por tan crecidos fervores

Os llegó Cristo a ofrecer

Coronas al escoger;

Mas tú eliges los mayores

Desprecios y confusiones

Por Jesucristo amoroso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

  

Siguiendo Juan este plan

En Cristo Juan se ha trocado,

Y Cristo crucificado

Vive transformado en Juan;

Esta gracia fue el imán

Que os hizo, Juan, portentoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

  

Mil veces afortunados

Dicen, Juan, ser tus devotos,

Pues logran por ti sus votos

En favores duplicados;

Por eso experimentados

Te aclaman el poderoso.

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

Pues sois Padre generoso

Del reformado Carmelo,

Dadnos favor y consuelo,

San Juan de la Cruz glorioso.

 

. Ruega por nosotros, bienaventurado padre San Juan de la Cruz.

. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

 

ORACIÓN


Omnipotente Dios y Señor, que al bendito San Juan de la Cruz le concediste ser amante fervoroso de los trabajos, desprecios y Cruz de vuestro Santísimo Hijo, y una abnegación perfecta de sus pasiones y apetitos; concédeme, Señor, por sus méritos y ruegos, que imitando yo aquí sus virtudes merezca en el Cielo ser compañero de su gloria por los siglos de los siglos. Amen.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

   

sábado, 19 de noviembre de 2022

NOVENA A SANTA ISABEL DE HUNGRÍA (1207- 1231) COMPLETA.

 


Basada en los escritos de su confesor Conrado De Marburgo al Papa Gregorio IX (1232).


 

COMENZAMOS: 11 de noviembre.

 

FINALIZAMOS: 19 de noviembre (FESTIVIDAD).

 

 

Patrona de la Tercera Orden Franciscana; de Bogotá, viudas; panaderos; mendigos; novias; trabajadores y sociedades de caridad; condesas; exiliados; personas falsamente acusadas; hospitales y sanatorios; servicios de enfermería; personas ridiculizadas por su piedad; terciarios. Protectora contra la mortalidad infantil; dolores de muela; problemas con la familia política.

 

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ORACIÓN INICIAL

 

Te rogamos Señor que, a imitación de la Bienaventurada y bendita Isabel, cuyo nombre se interpreta como “hartura y saciedad de Dios” por cuanto tantas veces te hartó en la persona de tus pobres y de tus enfermos, busquemos la felicidad eterna presentando a tu mesa tres manjares preciosos; la repulsión de cuanto Tú prohíbes; la obediencia a cuánto Tú ordenas y el cumplimiento de cuanto aconsejas. Amén.

 



MEDITACIÓN: DÍA 11 de noviembre 


“Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos”.

 

Rezar: Pater Noster, Ave María y Gloria Patri.

 

 

ORACIÓN FINAL


Iluminad Dios misericordioso, los corazones de tus fieles; y, por las gloriosas preces de la bienaventurada Isabel, haced que despreciemos las prosperidades mundanales, y gocemos siempre de la celestial consolación. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Santa Isabel de Hungría.

Ruega por nosotros.

 

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.