domingo, 11 de diciembre de 2022

NOVENA COMPLETA A SAN FRANCISCO JAVIER.

Novena por el padre Francisco García SJ y reimpresa en Zaragoza en 1858 a expensas de los devotos de San Francisco Javier. Con aprobación eclesiástica.



COMENZAMOS: 24 de noviembre.   

FINALIZAMOS: 2 de diciembre.

FESTIVIDAD: 3 de diciembre.

 

  

MODO DE HACERLA

 

En cada uno de los nueve días se ha de ejercitar el que hace la Novena, en oraciones, y buenas obras a gloria de Dios, y honra de su Siervo San Francisco Javier, procurando conservar siempre una grande confianza en los merecimientos de este Santo Apóstol, esperando alcanzar de Dios por su medio lo que pide, si le conviene para su salvación y bien de su alma: y si no, que el Santo, en lugar de la merced que le pide, y no le conviene, le alcance de Dios la merced que no le pide, y le conviene para su felicidad eterna. Se han de tomar por intercesores a los nueve coros de los Ángeles, haciendo particular mención y estima de las principales virtudes de San Francisco Javier, y guardar otras advertencias, que diremos después para hacer con perfección la Novena. El primer día será bien confesar y comulgar; para que, purificada el alma de las culpas, y dignificada con la Eucaristía, sean todas nuestras obras hechas en gracia meritorias de la vida eterna, y más eficaces para conseguir el beneficio que pedimos. Quien no se confesare, a lo menos empiece cada día con el acto de Contrición, para purificar el alma de las culpas y asegurar más el logro de su petición.

 

Hincado de rodillas delante de algún Altar o Imagen de San Francisco Javier, se levantará el corazón a Dios, que está presente, y haciéndole una profunda reverencia de espíritu y ofreciendo todas sus acciones, palabras y pensamientos a mayor gloria suya, honra de la Virgen Maria, y reverencia de San Francisco Javier, y de todos los Ángeles y Santos del Cielo, hará la señal de la Cruz y dirá de corazón el Acto de Contrición.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

   Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido. Y propongo con vuestra gracia de enmendarme, y confesar mis pecados, y de todos ellos os pido perdón con todo rendimiento y verdadero dolor de mi ingratitud. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos y preciosísima Sangre de Jesucristo mi Redentor. Amén.

  

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

   Glorioso San Francisco Javier Apóstol de las Indias, si es para gloria de Dios y honra vuestra, que yo consiga lo que deseo y pido en esta Novena, alcanzadme esta gracia del Señor; y si no, enderezad mi petición, y pedid para mí a Dios, aquello que más conviene para gloria suya y provecho de mi alma.


DÍA PRIMERO - 24 DE NOVIEMBRE.

 

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

 

   Dios y Señor de los Ángeles, a los cuales encomendáis la guarda de los hombres, ofrezcos los merecimientos de estos Soberanos Espíritus y los de vuestro Siervo San Francisco Javier, llamado Ángel por su pureza, y porque guardaba a los hombres de muchos peligros de cuerpo y alma: suplícoos que me concedáis aquella pureza angélica de alma y cuerpo que concedisteis a vuestro Santo Apóstol, y la gracia que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

 

—Aquí rezará tres Padre nuestros y tres Ave Marías.

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


   Santísimo Padre Francisco Javier, que de la boca de los niños inocentes sacáis vuestras alabanzas; por la preciosísima Sangre de Jesús, y por la Inmaculada Concepción de María Santísima, Madre y Señora nuestra, imploro humildemente vuestra benignísima caridad, para que me alcancéis de la bondad infinita de Dios, que cuando llegare la hora de mi muerte, se recoja y aparte mi corazón de todas las distracciones y diversos pensamientos del mundo a un ardentísimo amor suyo y deseo de la eternidad; para que dejadas las muchas cosas, que hasta ahora me han perturbado, diligentísimamente busque, y perfectamente consiga aquel uno necesario, que es morir y descansar en paz en el amparo de María Santísima, en las llagas de Jesús su benditísimo Hijo, en el descanso suavísimo de mi Dios y Señor, y en vuestra presencia, por cuya intercesión espero alcanzar esta gracia. Pero mientras la eterna disposición de la Divina Providencia me quisiere conservar la vida, ruegoos, protector mío, amantísimo y suavísimo Padre mío, que me alcancéis de la Divina Majestad que yo viva como quien ha de morir, y como quisiera haber vivido en la hora de mi muerte, imitando vuestras virtudes y cumpliendo perfectamente su santísima voluntad, para que la muerte temporal sea puerta de la vida eterna; y también os suplico, me alcancéis lo que pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

 

—Luego pedirá a San Francisco Javier el favor particular que desea alcanzar.

 

ORACIÓN QUE SAN FRANCISCO JAVIER DECÍA TODOS LOS DÍAS

 

   Eterno Dios, criador de todas las cosas, acordaos que Vos solo criasteis las ánimas de los infieles, haciéndolas a vuestra Imagen y semejanza. Mirad, Señor, cómo en oprobio vuestro se llenan de ellas los Infiernos. Acordaos, Señor, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su Sangre, padeció por ellos. No permitáis, Señor, que sea vuestro mismo Hijo y Señor nuestro por más tiempo menospreciado de los infieles, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos, y de la Iglesia Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo, acordaos de vuestra misericordia, y olvidado de su idolatría e infidelidad, haced que conozcan también al que enviasteis, Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos, a quien sea dada gloria por infinitos siglos. Amén.

  

GOZOS DEL PRODIGIOSO APÓSTOL DE LAS INDIAS SAN FRANCISCO JAVIER

 

Pues a Jesús Vuestro Celo

Le rindió tantas naciones;

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

 

Javier de noble hidalguía,

Navarra patria os ha dado,

Ignacio os hizo soldado,

Jesús os dio compañía;

Los empleos os dio el Cielo,

La tierra nuevas regiones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

 

Vuestro fervor sin segundo

En caridad encendido,

Como rayo ha discurrido

Por las tres partes del mundo:

Leguas pasó vuestro vuelo

Treinta mil en las misiones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

 

Nuncio del Papa os entrasteis

Por las Indias, y entendieron

Varias gentes, que os oyeron,

Lo que en una lengua hablasteis,

Convirtió asi vuestro celo

Reyes, indios, y japonés:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

 

Fuego, tierra, vientos, mares,

Naufragios, pestes, dolencias,

Os rindieron obediencias

Con portentos singulares;

Hasta parar en el Cielo

Al Sol vuestras oraciones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

 

Si alguno en su mal, la ausencia

De vuestro favor lloraba,

En dos lugares se hallaba

A un tiempo vuestra presencia;

Llenasteis de horror y hielo

A bárbaros escuadrones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

    

Cuando estabais trabajando,

Un Crucifijo ese día

Vuestra fatiga sentía,

Copia de sangre sudando;

Incansable vuestro anhelo,

Almas bautizó a millones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

 

En viva cal enterrado

Quedó vuestro cuerpo entero,

Y a las pruebas del acero,

Sangre y agua dio el costado;

Copia del mejor modelo,

Sois con tan raros blasones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

  

De los prodigios obrados

Pierde el guarismo la cuenta;

Pues son cerca de setenta

Los muertos resucitados;

Sois Peregrino del suelo,

Con tantas apariciones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

  

Vuestro Novenario ha sido

Por vos al mundo inspirado,

Y con él han alcanzado

El favor que os han pedido;

Cesa todo desconsuelo

Con estas nueve estaciones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

  

Diez viernes los que os veneran

También de los vuestros son,

Y mil pueblos por patrón,

En vuestro culto se esmeran;

Todos buscan con desvelo,

Tan propicias bendiciones:

Dad a nuestros corazones,

Apóstol Javier, consuelo.

  

Antífona: Ven, siervo bueno y fiel, porque en lo poco fuiste fiel, sobre lo mucho te constituiré, entra en el gozo de tu Señor.


. El Señor conduce al justo por caminos rectos.

. Y le muestra el Reino de Dios.

  

ORACIÓN


   Oh Dios, que habéis querido unir a vuestra Iglesia los pueblos de la India mediante la predicación y los milagros del bienaventurado San Francisco Javier, concedednos, en vuestra misericordia, que imitemos las virtudes de aquél de quien hoy honramos los gloriosos méritos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

NOVENA EN HONOR A SANTA CECILIA, VIRGEN Y MÁRTIR.


Adaptación de la Novena dispuesta por el padre barnabita Gabriel María Gálvez de Valenzuela, y publicada en Roma por Antonio de Rossi en 1724. Imprimátur de fray Gregorio Selleri OP, Maestro del Sagrado Palacio Apostólico. Los Gozos son de origen valenciano, sin autor conocido.



COMENZAMOS: 13 de noviembre.


FINALIZAMOS: 21 de noviembre.


FESTIVIDAD: 22 de noviembre.

 

 

 

Por la señal de la Santa Cruz; de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante vuestra divina presencia reconozco que he pecado muchas veces, y, porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de haberos ofendido. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.

 

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

 

Misericordioso Dios y Señor bondadosísimo, que mirando con ojos de piedad nuestras miserias y olvidando nuestras ingratitudes, os dignasteis escoger entre nosotros como vaso purísimo de elección, en que se contuvieran los más ricos tesoros de vuestra gracia, a la Bienaventurada Cecilia; para que fuera, en unión de vuestro Hijo Santísimo, hostia de propiciación por los pecados del pueblo y canal beneficioso por donde vinieran las aguas de salud a regar el huerto agostado de nuestra alma; concédenos, Señor, que durante los piadosos ejercicios de esta Novena grabemos profundamente en nuestra mente y corazón las acciones santas de nuestra esclarecida y bendita Santa Cecilia, para que, imitando en esta vida mortal sus heroicas virtudes, logremos ser partícipes de su gloria en la eterna bienaventuranza. Amén.

    

 

DÍA PRIMERO – 13 DE NOVIEMBRE.

 

CONSIDERACIÓN: Santa Cecilia nace de padres idólatras. Renace a la gracia de Dios, que conservó hasta la muerte.


Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia en mí no fue vacía (San Pablo, Epístola a los Corintios 15).

  

   Puesta en la presencia de Dios, y adorada profundamente a la Augustísima Trinidad, pedid humildemente perdón de todos los pecados cometidos en pensamiento, palabra y obra, y llamada en auxilio a Nuestra Inmaculada Señora, la gran Virgen María, vuestro Ángel Custodio y Santa Cecilia, considerad con pausa.

    

PRIMER PUNTO. Considerad cómo esta Santa nació al mundo, cual nace la Rosa de las espinas, de padres envueltos en las tinieblas de la idolatría: nobles por naturaleza, mas innobles por la desgracia y esclavitud en que vivían del común enemigo. Gran fortuna sin embargo la de Cecilia, que nació después a la gracia, a la bella luz de la Fe, que recibió en las aguas bautismales. Reflexionad un poco sobre vuestra alma. Si está en gracia, buscad manteneros así; si estáis privado de ellas (lo que no creo nunca), llorad vuestra miseria y buscad en seguida cuanto podáis, por medio de la Sacramental Penitencia.

   

SEGUNDO PUNTO. Considerad cómo Santa Cecilia fue siempre celosísima conservatriz de aquella gracia, que, por especial benignidad del Señor, había recibido en el Santo Bautismo. ¿Habéis conservado la gracia bautismal? o... ¡Oh Dios, cuánto temo! Conservad al menos la gracia recuperada en el Sacramento de la Penitencia, sed (os pido por vuestro bien) más celosos, sed un poco más estimadoras de la gracia de Dios. No la perdáis más, mientras que de conservarla depende vuestra eterna salvación.

 

TERCER PUNTO. Considerad cómo la gran Santa no solo conservó la gracia recibida, sino que siempre la multiplicó, obrando como verdadera y legítima seguidora de Jesucristo, y para nunca olvidarse, llevaba en su pecho el libro de los sacrosantos Evangelios. ¿Cómo avanzáis en la gracia de Dios? ¿Cómo cooperas con ella? ¿Qué cuenta hacéis de la Ley y Consejos Evangélicos, o de vuestros deberes de estado? ¿Os contentáis tal vez de una vida tibia y ociosa? Reflexionad de la gracia, que el talento sepultado y no traficado fue la condenación de aquel siervo flojo y desconsiderado, y la gracia tenida en ocio, tal vez sea para vosotros ocasión de perderos.

  

SOLILOQUIO. Amorosísimo Dios, yo soy aquella miserable creatura, que, en vez de emplear, casi desde que he comenzado a conoceros, mis movimientos internos y externos en agradeceros, y de la Gracia regenerante que me fue conferida en el sacrosanto Bautismo, y de aquella justificante tantas y tantas veces concedida por vuestra mera misericordia; he estado empleado en vuestra ofensa. ¡Oh detestable malicia mía! ¡Oh deplorable ignorancia mía! No hizo así vuestra fidelísima sierva Santa Cecilia, que comenzó a amaros, serviros y corresponder a la gracia en edad que los otros quizá todavía no os conocen. ¡Ah!, por las entrañas de vuestra misericordia, y por los méritos de mi santa Abogada, dadme gracia de llorar mi error, que demasiado tarde conozco, y de cumplir cuanto os prometo, esto es, de hacer mejor estima de vuestra gracia en adelante, no perderla sino conservarla y multiplicarla, actuando para vuestra mayor gloria. Así sea en nombre de Jesús y de María.

   

En este primer día de la Novena, exhortaréis a los devotos de Santa Cecilia a acercarse a los Santísimos Sacramentos de la Confesión y Comunión con una particular devoción, si su Padre Espiritual lo considera bien, así como escuchar todos los días la Santa Misa, y ejercitarse en algún acto de virtud, o de caridad, o de humildad, tanto interna como externa, buscando observar un silencio más particular del acostumbrado, refrenando la lengua, y según la ocasión mortificarse en los cinco sentidos corporales. Así practicaron muchos Santos y Santas en las Novenas precedentes a las solemnidades del Señor, de Santa María siempre Virgen y de aquellos Santos y Santas tomados por intercesores y abogados ante Dios para alguna gracia espiritual o temporal, acordándose siempre que la gracia principal que debéis pedir es la salvación eterna del alma.

  

Después de haber ofrecido vuestro corazón y todo vuestro ser a Dios, con el pensamiento de glorificarlo en la Santa que pretendéis obsequiar e imitar, podéis saludar a esta gloriosa Virgen y Mártir, bendiciéndola en todos sus castos y santos miembros, imitando al Celestial Esposo de los Sagrados Cánticos, que alaba a su dilecta Esposa, esto es, el alma fiel, parte por parte, y después concluye ser toda bella y sin mancha (Cántico 4). Sé que estas palabras son atribuidas por los sagrados Expositores se atribuyen solo a la Madre de Dios, pero se pueden adaptar a todas aquellas personas que conservando la gracia Bautismal vivieron puras y preservadas de toda mancha de pecado, coronadas con doble corona de virginidad y martirio, como fue la gloriosa Santa Cecilia; bendiciéndola pues parte por parte de su cuerpo virginal, para cada bendición diréis un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria Patri, y pediréis a la Santa que obtenga para vosotros de Dios una gracia en este modo:

—Bendita sea vuestra cabeza, llena de sabiduría y ciencia verdadera de los Santos, enseñada a vuestro esposo Valeriano y al cuñado Tiburcio. Rogad a Dios que se vacíe la mía de toda vanidad y soberbia. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditos sean vuestros cabellos, símbolo de vuestros castísimos pensamientos, que fueron los primeros en conciliar el afecto de Valeriano destinado como vuestro esposo. Rogad a Dios para que sean santificados todos mis pensamientos. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditos sean vuestros ojos, con los cuales fuisteis la primera en ver el Ángel de Dios puesto a vuestra custodia, no visto por vuestro esposo Valeriano, que aún era idólatra. Rogad a Dios, para que los míos sean custodiados de toda mirada ilícita.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditas sean vuestras mejillas, que a la vista de los dos hermanos se cubrieron pronto de rubor virginal. Rogad por mí a Dios, a fin de que sean embellecidas las mías con el bermellón de una verdadera penitencia. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendita sea vuestra boca, que tan castos y amorosos besos imprimió en el Crucifijo y el libro de los Evangelios. Rogad a Dios que se cierre la mía a todo discurso que pueda ofender a Jesús, vuestro Esposo y mío, y a mi prójimo. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendita sea vuestra lengua, que no hizo otra cosa que cantar alabanzas a Dios y enseñar a otros a conocerlo, amarlo y servirlo. Rogad a Dios que quiera purificar la mía, a fin que me guarde de todos aquellos pecados en los cuales por ella pueda incurrir. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendito sea vuestro corazón, con el cual tanto amasteis al Señor Dios, y fuisteis causa que los hermanos Tiburcio y Valeriano se encendiesen del mismo amor, recibiendo el Santo Bautismo y murieron Mártires por el mismo amor de Dios y de la Religión Cristiana. Rogad a Dios para que, perfectamente dedicado a su servicio, perfectamente os ame y se vacíe mi corazón de todo afecto terreno y de todo amor propio, y unido con el vuestro, pueda llegar a amarlo eternamente en el Cielo. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Benditos sean vuestros pies y vuestras manos, los primeros, que tantas veces caminaron para oír las exhortaciones del santo pontífice Urbano, escondido en el Sepulcro de los Mártires por la persecución, las segundas, siempre abiertas en distribuir vuestras riquezas a los pobres, en trabajar con ellas en el tiempo que os dejaban las oraciones. Rogad por mí al Señor Dios para que pueda dirigir todos mis pasos al ejercicio de las virtudes cristianas y religiosas para las cuales Dios me ha creado y llamado, y pueda emplearme en aquellas ocupaciones propias de mi estado, para huir de toda ociosidad, origen de muchos males. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


—Bendita seáis finalmente toda vos, no menos bella que Santa, en el espíritu y en el cuerpo, que os entregasteis en sacrificio a Dios en el baño ardiente y al filo de la espada del tirano de Roma, hecha gracioso espectáculo a Dios, que os daba gracia y fortaleza para afrontar los tormentos, a los Ángeles que se gozaban por la victoria de una semejante a ellos, a los hombres que se admiraban de tanto coraje en una joven delicada y noble. Os suplico que seáis medianera por mí ante el Trono de Dios, para que por vuestros méritos sea también yo santificado en pensamientos, palabras y obras, para ser digno de ser amado por vuestro Esposo Jesús y por nuestra Madre María, y con vos poder gozar la gloria del Cielo. 

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.


 

—Una vez dichos estos nueve Padre nuestros y Avemarías en honor de Santa Cecilia, ofrecedlas a Dios, que tanto se complació en ella, y este método de oración observaréis cada día en toda la Novena, y después diréis el himno siguiente.

  


HIMNO Vírginis Proles Opiféxque Matris,

 

¡Oh Hijo de la Virgen y Creador de tu Madre!

A ti, a quien ella concibió y dio a luz permaneciendo virgen:

Cantamos los triunfos que una Virgen reportó

Con su gloriosa muerte.

  

Esta Bienaventurada obtuvo una doble palma:

Se esforzó en domar en su cuerpo

La fragilidad de su sexo y venció con su muerte

Al tirano sanguinario.

   

No la amedrentó la muerte

Ni los tormentos que la acompañan;

Derramando su sangre,

Mereció subir al cielo.

  

Dígnate, oh Dios de bondad, perdonarnos,

Por los méritos de esta Santa, las penas

Merecidas por nuestros pecados, para que te cantemos

Santos himnos con corazón puro.

  

Alabanza sea dada a ti, oh Padre,

Y a tu Hijo Unigénito juntamente

Con el Espíritu Consolador,

Por los siglos de los siglos. Amén.

  

GOZOS

  

Pues himnos de puro amor

El Cielo os oyó cantar:

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

  

Entre delicias romanas

Noble Cecilia creció,

Y por bajas despreció

Todas las cosas mundanas;

Con las virtudes cristianas

Se ofreció entera al Señor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Del silicio protegida

Ella su cuerpo domaba,

Con la oración conservaba

La inocencia de su vida,

Y a Dios cantaba rendida

Himnos de gloria y loor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Como virgen recatada

Guardando el secreto al seno,

Al ser a un hombre terreno

Por esposa entregada,

Para no ser maculada,

Tuvo un Ángel por tutor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Valerosa superó

De Almaquio al atractivo,

Y con un celo muy vivo

A Tiburcio convirtió;

A él y a Valeriano guio

Del martirio al alto honor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Como abeja artificiosa,

Al Señor ibais sirviendo,

Vuestra corona tejiendo

De inmortalidad gloriosa,

Y de Jesús casta esposa

Lograbais condigno honor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

En seco baño metida

Para morir sofocada

Os puso turba malvada,

Pero de Dios protegida,

La llama más encendida

Perdió su fuerza y ardor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Tres veces virgen sagrada

El cuello os hirió el verdugo;

Mas como al Señor le plugo

Tres días vos extasiada

Vivisteis, y a la morada

Subisteis de eterno honor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Allá celeste cantora

Entre dulces armonías

Gozáis, y miradas pías

Al mundo dais bienhechora,

Y del devoto que llora

Calmáis acerbo dolor,

Enseñadnos a alabar,

Cecilia, a Dios con fervor.

   

Casta esposa del Señor,

Que tanto os dignó premiar,

Rogad podamos gozar

De la gloria el resplandor.

      

Antífona: Esta es la virgen sabia, y una del número de las prudentes.

. Ruega por nosotros, oh bienaventurada Santa Cecilia.

. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

     

ORACIÓN

 

Concédenos te suplicamos, Dios omnipotente, que la solemne fiesta de tu bienaventurada Virgen y Mártir Santa Cecilia, que anticipamos, incremente nuestra devoción y salvación. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

  

El divino auxilio permanezca siempre con nosotros. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.