—COMENZAMOS:
29 de noviembre.
—FINALIZAMOS:
7 de diciembre.
—8 DE DICIEMBRE: Solemnidad de la Inmaculada Concepción
de la Santísima Virgen María.
Por
la señal ✠ de la Santa Cruz, de
nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios
nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Pésame,
Señor, de todo corazón de haberos ofendido por ser Vos quien sois, y porque os
amo sobre todas las cosas, y propongo firmemente la enmienda.
ORACION PREPARATORIA PARA TODOS LOS
DIAS.
¡Oh Maria, bello y resplandeciente sol del
pureza y santidad!; ¡Cuán feliz y
agraciada se ostenta vuestra alma en el momento de la concepción! Con cuánto placer os acompañamos en
aquel dichoso instante en que el Padre os liberta del pecado original con su
poder, el Hijo os preserva con su sabiduría y el Espíritu santo os dispensa con
su amor: en que las tres Personas de la Trinidad beatísima exclaman a una,
complaciéndose en vuestra hermosura y limpieza: toda eres hermosa, amada mía, y
mancha no hay en ti. Iluminadnos, Señora, para que contemplando dignamente el sublime
y consolador misterio de vuestra Concepción sin mancha, que es el misterio de
vuestras grandezas, adoremos a Dios, alabemos vuestra pureza y merezcamos
vuestros favores y las gracias del Señor. Amén.
PRIMER DÍA— 29 de noviembre
MEDITACIÓN.
María inmaculada en su Concepción es libertada
del pecado original por el poder del Padre.
PUNTO I
Considera, alma mía, que, habiendo pecado nuestros
primeros Padres y contraído por ende el pecado original, todos nosotros, como
indeclinable consecuencia y como por juro de heredad, venimos al mundo con una
naturaleza corrompida é inficionada, con el alma sujeta al pecado y a la dura
esclavitud del demonio, y con un cuerpo destinado a la muerte y a sus naturales
compañeras las enfermedades y dolencias. Considera también como, en medio de
tan lúgubre cuadro de devastación y muerte, se destaca tan brillante como hermosa
la sorprendente figura de Maria, libertada por el poder del Padre de las garras
del demonio en el mismo supremo instante de su Concepción. Porque, como tenia
profetizado David, el Padre se levantó al amanecer de eterno día para formar a
Maria toda pura y toda hermosa. Y no pudiendo Maria aparecer así a los ojos del
Señor sin haber triunfado del demonio, era preciso que fuese inmaculada en su
Concepción; era preciso que aplastara y magullara la maldecida cabeza de la
infernal serpiente, conforme había sido prometido a Adán y Eva, y en
cumplimiento de la amenaza hecha por Dios al demonio en el paraíso. ¡Oh Maria! Obra sublime sois de la omnipotencia
del Padre. Mientras todos los hombres quedan ennegrecidos y manchados en su concepción,
Vos quedáis pura y hermosa.
PUNTO II.
Considera, alma mía, como en el mismo momento de la
concepción de Maria en el vientre de su Madre, el demonio presuroso se abalanza
a tomar posesión de aquella alma que de derecho cree pertenecerle. Mas ¿no ves, alma
mía, como desiste de su infernal proyecto, como se retira avergonzado, como
retrocede arrojando espumas de confusión e ira? ¿No ves como el alma de Maria
sigue tan pura cual bajó del cielo? ¿No ves como los ángeles rasgan presurosos
esta bóveda azul, techumbre del mundo, y alegres revolotean alrededor de una
humilde casa de Nazaret? ¡Ah! sí. Se ha interpuesto la omnipotencia del Padre
celestial. Maria defendida con tan impenetrable armadura, no teme las nocturnas
asechanzas del enemigo: camina con el poder de Dios sobre el áspid y el
basilisco; avanza con segura planta y victoriosamente conculca al león y al
dragón. La mano omnipotente del Padre celestial sostiene a María, que no tropieza
en la piedra de escándalo del pecado original, y que se ostenta hermosa y pura,
adornada con el laurel de la victoria, centelleante de júbilo, radiante de
placer. Nosotros contemplamos vuestro triunfo, o purísima Maria, y os
congratulamos por él: damos las gracias al poderoso Dios de cielo y tierra, que
aniquiló con su brazo la terrible fuerza del abismo. ¡Gloria a Dios!
PUNTO III.
Considera, alma mía, que en la Concepción inmaculada de
María brilla por todas partes y de una manera portentosa el augusto poder del
Padre eterno. Solo el poder de aquel Dios, único capaz de criar al mundo con
una palabra у de sostener con un dedo solo la inmensa mole de la creación. Solo
aquel Dios que, según el real Profeta, cabalga sobre el trueno, y a cuya vista
humean los montes, se enciende el aire, la tierra tiembla y la creación se anonada,
pudo libertar de la culpa original a María enlazada directamente con la estirpe
corrompida del primer culpable. Considera que este estupendo milagro de la
omnipotencia divina hizo brotar una rama frondosa de un tronco muerto, un vivo
rayo de luz de oscuro foco, un raudal de agua pura de emponzoñado manantial, una
planta incorruptible de podrida y degenerada simiente, un vaso precioso de
inmundo barro, un vástago de bendición leal y noble de una raza infiel,
reprobada y proscrita. Considera que solo el poder inmenso de Dios pudo hacer
que Maria de una mujer destinada al pecado se convirtiese en una mujer madre de
Dios y de los hombres. Todo esto por el poder de aquel Dios que sabe mudar a
las piedras en hijos de Abrahán, como decía el Bautista. Adora, alma mía, la
omnipotencia del Padre celestial que libertó a María y la ennoblece y eleva a
superior grandeza. ¡Oh Maria! ¿Quién podrá referir el
poderío del Señor? diremos
con el sagrado texto.
JACULATORIA
¡Oh Maria! Dignaos hacerme esclavo vuestro. (Sta. Juana de Francia.)
—Se dirá tres veces la jaculatoria,
para que el pueblo la aprenda.
OBSEQUIO:
Rezaremos con frecuencia el Ave Maria.
GOZOS A LA PURÍSIMA
CONCEPCIÓN.
Con
aplauso general
Todos
canten a porfía:
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
Voz
de Júbilo resuena
En
la eterna Ciudad santa;
Voz
de júbilo levanta
La
Iglesia de emoción llena;
¿A quién,
Virgen, no enajena
Tu pureza
divinal?
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Habló
en fin el gran Jerarca
Con
divina inspiración:
María,
a tu Concepción
Ninguna
mancilla marca;
Que
eres Tú tan solo el arca
En
naufragio universal:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Gloria
a Dios, que así confunde
La
maldad del siglo impío:
Gloria
a Dios y honor a Pio,
Que
el gozo doquier difunde;
Mas
rebrama y feroz hunde
Su
frente en llamas Belial:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
España,
que a tu Patrona
Aclamaste
con ternura,
Toda
hermosa, toda pura,
Un
himno triunfal entona;
De
tu antigua fe blasona,
Y
di con amor filial:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Eres
cual sol escogida
Y
como la luna bella;
Refulgente .como estrella;
Como
luz esclarecida;
Dulzura,
esperanza y vida
De
la Iglesia universal:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original
Cuán
perfecta el Dios potente,
Virgen
santa, le creó
Sonrisa
a tus labios dio,
Fulgor
a tu hermosa frente;
Tu
tierno mirar es fuente
De
consuelo general:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Escogida
eres Tú sola,
Y
no hay, como Tú, ninguna;
Fulgura
a tus pies la luna;
Brilla
en tu sien aureola;
El
Dios mismo te arrebola,
Y
Él es tu manto real:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
¡Con qué
resplandor circundan
Tu pura faz
doce estrellas!
La
belleza y la luz de ellas
Son
las gracias que le inundan;
Tanto
en Ti, María, abundan
Los
dones del Inmortal:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Tú
la hermosa: el mismo Eterno
En
Ti fija su morada,
Y
te llama bella, amada,
Dulce
esposa, objeto tierno:
Tú
la fuerte: el fiero averno
Tiembla
a tu voz celestial:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Madre
mía candorosa,
Ya
que al candor te sonríes,
Toma
blancos alelíes,
Blanco
lirio, blanca rosa;
La
azucena blanca, hermosa,
Orne
tu sien virginal:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Ya
extienda su negro manto
Con
horror la noche fría;
Ya
derramé el claro día
Nueva
luz y nuevo encanto,
Suene
siempre el dulce canto,
Toda
hermosa.... sin igual:
Sois concebida, o María,
Sin pecado original.
Con
aplauso general
Todos
canten a porfía;
Sois concebida, María,
Sin pecado original.
¥.
En tu Concepción, o Virgen, inmaculada fuiste.
R.
Ruega por nosotros al eterno Padre cuyo Hijo pariste.
ORACIÓN
Señor y eterno Padre, que por la inmaculada Concepción de
la purísima Virgen María, preparaste digna morada a tu eterno Hijo, te suplicámos que, así como la preservaste de toda mancha y culpa original, por
haber previsto la muerte de su hijo y tuyo, así también nos concedas, que, mediante
su intercesión, lleguemos puros sin ninguna mancha a tu divina presencia. Lo
cual te suplicamos por el mismo señor Jesucristo. Amén.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA
La
Virgen santísima aprecia mucho que la saludemos con el Ave María, porque le recuerda
la embajada del arcángel Gabriel y el misterio de la encarnación. La oye con mucho gusto, dice el venerable Kempis.
Saludaremos pues a nuestra Madre con tres Ave Marías, en reverencia de sus tres
purezas, al acostarnos y al levantarnos. Las rezaremos al toque de oraciones y
cuando da el reloj. De todos estos modos honraron a María los santos, y en especial
san Carlos Borromeo y el beato Alfonso Rodríguez.
—Ahora cada uno pedirá a María
santísima lo que desee alcanzar de su maternal corazón en este día: en especial
el perdón de los pecados y la gracia de no pecar más.
ORACIÓN DE SAN BERNADO PARA TODOS LOS DÍAS.
Acordaos, o piadosísima virgen Maria, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos acudo, o Virgen madre de las vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a parecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, o Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente.Amén.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.
¡Oh María! Hermosa
sois como la plateada luna que desde nacarado trono ahuyenta con tranquila luz
los horrores de la noche: escogida sois como el dorado sol que sobre brillante
carroza recorre el mundo al que alienta у vivifica: risueña sois como la aurora
que riela; rutilante como la estrella que fulgura en el azul del cielo; pura y
graciosa como el aliento de la divinidad, como los inefables destellos de la
eterna misericordia. Cedro sois incorruptible del Líbano, ciprés entero de
Sion, palma elevada de Cades, bella rosa de Jericó, olivo especial de los
campos, plátano frondoso plantado a la orilla de los ríos. Sois azucena
cándida, violeta intacta, fresco lirio, poblado terebinto, vistoso cinamomo,
bálsamo de olor, gloriosa y bella como el Carmelo y hermosa como el Saron. Tu
cuello, o Maria, es la peregrina torre de David, tus labios cintas de grana, tu
pecho ampo de nieve, tus ojos, ojos vivísimos de paloma. Tú la que llagaste el
corazón del mismo Dios con el uno de tus ojos y con la una de las trenzas de tu
dorada cabellera. Tú aquella deliciosa criatura cuyo retrato ya estaba
perfectamente delineado en los eternos decretos del Altísimo antes que todas
las cosas salieran del caos de la nada. Tú el objeto de las complacencias y de
los amores de Dios antes de la creación del mundo. Tú la que estabas en la
presencia de Dios deleitándole, enamorándole y ayudándole en todas sus
composiciones. ¡Oh
Madre amada! ¡Bella María, gala de la
creación, obra preciada de las manos del Señor! Confesamos con el mayor placer, que fuisteis
concebida sin pecado y vencedora egregia de Satanás vuestra Concepción augusta.
Confesamos que, en medio de la inundación del pecado, quedasteis como
fragantísima rosa entre punzantes espinas, como lirio de candidez entre el heno
del campo, como romero oloroso entre las escabrosidades de los riscos.
Confesamos con san Buenaventura, que bien puede Dios criar de nuevo otro cielo
y otra tierra más preciosos que los que vemos; pero otra criatura como Vos de
ninguna manera. Confesamos con san Epifanio, que sois superior a todas las
criaturas, y más hermosa y pura por naturaleza que los querubines, serafines y
todo el ejército de los ángeles. Y os llamamos con santo Tomás de Villanueva, santuario de
Dios, casa de la Sabiduría, reliquiario del Espíritu santo, urna del maná
celestial. ¡Oh María! todo con Vos, nada sin Vos, todo para vuestra gloria. Ea
pues, dulcísima María, triunfad en nosotros del demonio que nos tienta para
hacernos caer en el pecado, y sea el misterio de vuestra Concepción inmaculada
emblema de salvación, signo de ventura y lábaro de salud para nosotros. Amén.
DÍA SEGUNDO—30 de noviembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción es adornada
por el Padre con el poder.
PUNTO I.
Considera, alma mía, cuán grande y desastrosa fué la
debilidad de nuestros primeros padres y cuán grande en competencia el poder que
adquirió María en su Concepción dichosa. Eva escucha la serpiente, y con
notable debilidad sucumbe al momento a sus perversas insinuaciones. Adán
escucha a Eva, y con debilidad notoria sucumbe al momento a sus tentadores halagos.
Adán y Eva prestan atento y curioso oído a las palabras de Satanás astuto y
mentiroso cuando les prometía un porvenir de suprema grandeza y de envidiable
ventura detrás del pecado y como consecuencia inmediata de su prevaricación y
rebeldía. Y comen de un árbol cuya fruta les estaba entredicha por el Señor, y
decaen inmediatamente del sublime grado a que graciosamente habían sido
elevados por la misericordia divina. El demonio se apodera de sus almas, y la
debilidad, el abatimiento y la miseria constituyen el funesto legado que
trasmiten a su infortunada descendencia. Considera, alma mía, que aquel Dios, cuya
misericordia no tiene número ni cuenta y se difunde de generación en
generación, no podía permitir en manera alguna tal debilidad y abyección en el
hombre, criado por él a su imagen y semejanza. El poder ha de reemplazar a la
debilidad. El remedio se encuentra en la Concepción de Maria: Concepción
victoriosa, merced al poder con que profusamente adorna el Padre celestial a su
amada Hija. ¡Oh María! se
levantó con Vos la generación humana; por Vos se rehabilitó la descendencia de
Adán.
PUNTO II.
Considera, alma mía, que, como precisa consecuencia de
su triunfo, quedó Maria en su Concepción investida y adornada con todo el poder
del Padre eterno. Y así como el demonio por medio del pecado original quedó declarado
príncipe de este mundo, así María por medio de su Concepción, libertada del
pecado y vencedora del demonio, quedó declarada y constituida Reina del mundo у
de todas las criaturas, como escribe san Bernardino de Sena. Así es que, como
continua el Santo, todas las criaturas que sirven a la santísima Trinidad,
sirven también a María; porque lo mismo los ángeles que los hombres, lo mismo
las cosas del cielo que las de la tierra, están sujetas al imperio de Dios, y
sujetas por ende al dominio de la santísima Virgen. Porque a María se le debe
todo reino y potestad, como asegura el abad Guerrico. Por todo lo cual la
Iglesia proclama a María reina de los coros Angélicos y reina de los
Patriarcas, Profetas, Apóstoles, Mártires, Confesores, Vírgenes y de todos los
santos; y por fin legitimación de este reinado, reina concebida sin mancha
original. Y en efecto: ¿de dónde tanto poder, o María, más que por vuestra Concepción
sin mancha? Sí, amada Madre, como
a Reina y Señora os reconocemos y aclamamos; os prometemos fidelidad y nos sujetamos
a vuestro imperio. ¡Salve, o gran Reina!
PUNTO III.
Considera, alma mía, aquellas palabras con que María santísima
nos revela su poder. Antes, dice María, que de la nada sacara Dios todas las
cosas; antes de la creación del mundo, ya era yo un objeto muy agradable para Dios.
Cuando Dios ordenaba con armonía la máquina de los cielos; cuando ceñía los
abismos con leyes justas; cuando colocaba las aguas con su natural equilibrio;
cuando contrapesaba los fundamentos de la tierra; cuando establecía términos al
mar, consistencia y solidez a los montes, sutileza y agilidad a los aires,
bellos matices a las flores, alegres trinos y risueños cantos a las avecillas;
cuando determinaba la situación del sol, de la luna y de las estrellas, ya
estaba yo allí ayudándole en todas sus composiciones. Allí estaba yo y era el
modelo y la idea de todos sus proyectos, y todas las criaturas del cielo y de
la tierra no eran más que efluvios de mi luz, arroyos de mi fuente, tiernos
renuevos que salían de mí, que soy la fecunda vid de perfección y santidad. ¿Has oído, alma
mía, cosa de mayor asombro? Tal
es el poder de María; poder recibido del Padre en su Concepción augusta: pues
en razón a esta misma Concepción y a los destinos que por ella había de
desempeñar María, asegura san Bernardino de Sena, que fué predestinada en la
mente divina antes y sobre toda criatura. ¡Oh María!
Concebida y predestinada fuisteis en los juicios eternos antes del mundo y del
pecado, para vencer al pecado y salvar al mundo. Virgen
poderosa, ruega por nosotros.
JACULATORIA.
¡Oh María! del todo me entrego a Vos; acogedme
y conservadme. (Sta.
María Magdalena de Pazzis.)
—Se dirá tres veces la jaculatoria,
para que el pueblo la aprenda.
OBSEQUIO:
Celebrar novenas en obsequio de María.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA
Vio
santa Gertrudis, que María cobijaba amorosamente en su manto a multitud de personas
que le habían hecho una novena. Procuraremos, por lo tanto, celebrar las
novenas de sus festividades; pues en estas, dice san Ligorio, la santísima
Virgen se hace toda amor, para dispensar a sus devotos innumerables y
especialísimas gracias.
DÍA TERCERO—1º de diciembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción emplea su
poder en beneficio del hombre.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que la Concepción inmaculada de Maria
fué altamente provechosa para el hombre. Ya había vaticinado Dios a la
serpiente, que María quebrantaría su cabeza, declarándose una guerra de
exterminio entre la serpiente y sus secuaces, y María у sus hijos. Considera,
que estas notables palabras del Señor claramente explican el poder que había de
recibir María en su Concepción purísima, por una parte, y por otra las grandes
victorias que los devotos de la Inmaculada habían de alcanzar con su auxilio
contra el demonio. Porque María libertada en su Concepción de las garras del
demonio, libre del pecado original por el poder supremo del Padre, debía ser
adornada por el mismo con la plenitud de este poder para emplearlo en beneficio
y provecho de los hombres. Ve ahí, alma mía, porque la Concepción de María fué
el objeto de las ansias de los justos, de los clamores de los patriarcas, de
los anuncios de los videntes, de las aspiraciones del mundo, el término deseado
de cuarenta siglos de expectación. ¡Oh María! ¡Oh
poderosa Madre, vencedora egregia de Satanás y esclarecida defensora de los
mortales! ¡Con cuánta razón os llama la Iglesia, vida, dulzura y esperanza
nuestra!
Salvadnos, Señora, os diremos con san Buenaventura, y toda la vida nos emplearemos
en publicar vuestras alabanzas.
PUNTO II.
Considera, alma mía, a la nueva Judit de la ley de gracia,
María purísima, que, armada con el invencible poder del Padre eterno, atraviesa
impávida el campamento de los asirios, entra en la tienda del general, y degüella
sin temor al orgulloso Holofernes. ¿Y cómo no, si María es asistida en aquel momento crítico
de su Concepción por el poder del Padre? Considera que la nueva
Betulia de la ley de gracia se ve libre ya del asedio de sus enemigos, del
cerco que el demonio le tenía puesto, merced a la victoria incomparable de
María. ¿Y
cómo podía dejar de suceder así, estando María adornada con tanto poder para el
bien del hombre, siendo María tan poderosa para favorecernos? ¿Y cómo podrá
dejar de ser así, preguntaremos con san Bernardo, siendo Vos, o María, la Reina
de la misericordia, y nosotros los miserables vuestros vasallos? ¿Y cómo podrá
dejar de ser así, preguntaremos con san Gregorio de Nicomedia, siendo así que
nada resiste a vuestro poder? Por ello os miramos confiadamente, oh
María, como los ojos de los siervos miran las manos de sus señores, en las
cuales ven el tesoro que necesitan. Vos sois nuestra señora benéfica y pródiga.
El demonio huye de Vos porque sois concebida sin pecado: huye la culpa, la
gracia se acerca.
PUNTO III.
Considera, alma mía, que por lo mismo que María con su
triunfo en la Concepción fué adornada con el poder del Padre, y empleó y emplea
este poder en provecho y beneficio de los hombres, es aclamada por toda la
Iglesia como la madre, protectora y amparo del género humano. María continua
siempre su guerra de exterminio contra el príncipe de las tinieblas, a quien
siempre vence, porque le asiste el poder del Padre, con el cual ya venció en su
Concepción purísima. Así es que escribe san Bernardino de Sena, que María
también es reina del infierno y señora de los demonios, porque los domina y
abate. De manera, dice san Bernardo, que, así como de las vides huyen todos los
animales venenosos, así huyen los demonios de aquellas almas en las cuales se
percibe el olor suavísimo de la devoción a María. María dice de sí misma, que fué
elevada como cedro del Líbano; ya porque el cedro está libre de la corrupción,
como lo estuvo María del pecado original; ya porque, así como el cedro con su
olor ahuyenta a las serpientes, así María con su santidad pone en fuga a los
demonios, escribe Hugo Cardenal. Nosotros, ¡oh María!, reconocemos
que todo el poder que atesorasteis en vuestra Concepción sin mancha, lo
empleáis en derrotar al demonio y enriquecer al hombre. Causa de nuestra alegría, consoladora de los afligidos, auxiliadora de
los cristianos, ruega por nosotros.
JACULATORIA.
¡Virgen Madre! Haced que me acuerde siempre de
Vos. (San
Felipe Neri.)
OBSEQUIO:
Procuraremos rezar todos los días el santo Rosario.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA
La
misma Virgen enseñó a santo Domingo la devoción del Rosario, que es la
principal para honrar a María. La Iglesia la ha enriquecido con muchísimas
indulgencias. Cuidaremos, pues, de no dejar pasar día alguno de nuestra vida
sin rezar el santo Rosario, como lo han hecho todos los santos y verdaderos
devotos de María.
DÍA CUARTO—2 de diciembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción es
preservada del pecado original por la sabiduría del Hijo.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que era de todo punto imposible que
la sabiduría del Hijo dejara de preservar a su Madre del pecado original.
Jesucristo, que sabía que la Virgen estaba destinada a la más alta dignidad
entre las dignidades todas, porque estaba destinada para su Madre: Jesucristo,
que sabía que esto no hubiera podido suceder habiendo pecado María alguna vez,
como dice santo Tomas, porque la ignominia de la Madre hubiera redundado en el
Hijo, al modo que del honor de los padres los hijos participan, según el libro
de los Proverbios: Jesucristo, que sabía que había de estar estrechamente unido
a su Madre en la encarnación, como que ella le suministró su carne, lo cual no
se hubiera verificado habiendo pecado María, como continua santo Tomás; porque,
según san Pablo, Cristo y Belial no pueden vivir juntos: Jesucristo, que sabía
que él mismo, eterna sabiduría del Padre, había de habitar en María, lo cual
hubiera sido imposible pecando María en su Concepción, como concluye el
angélico Doctor; porque, según el Espíritu santo, la Sabiduría no entrará en
almas malévolas, ni habitará en cuerpos sujetos al pecado: Jesucristo, que todo
esto sabia, y a quien su sabiduría prestaba medios para preservar a su Madre, ¿cómo no
hacerlo? ¿Cómo, o María, no preservaros del pecado original vuestro propio
Hijo? Imposible.
PUNTO II.
Considera, alma mía, que son muchas las razones que hacen
ver muy claramente que la sabiduría del Hijo preservó a María del pecado
original. Bien sabia el Verbo eterno que María estaba destinada para Reina de
los ángeles, y por tanto no debía ser inferior a ellos en la justicia y santidad,
lo cual hubiera sucedido indefectiblemente contrayendo el funesto pecado de
origen, como asegura el eximio doctor Suarez. No ignoraba Jesús que su Madre
debía aparecer con el bello conjunto de todos los privilegios, y necesitaba en
gran manera y principalmente el importante privilegio de su Concepción
purísima, en razón a los destinos que había de desempeñar sobre la tierra, como
escribe el mismo sabio doctor. Jesús sabía muy bien que no era justo, como escribe
Cornelio à Lapide, que la Madre de Dios fuese ni por un momento esclava de la culpa,
y que sería una necedad en un arquitecto, según san Cirilo Alejandrino, el
ceder a un enemigo la primera posesión de una casa edificada para sí. Jesús,
que para tanto destinaba a María, y todo esto sabia, supo también preservar a
María de las garras del demonio; supo enseñarle, por decirlo así, é infundirle
el valor necesario para vencer: quedando así María siempre pura é inmaculada, y
presentando con ello su Hijo la obra maestra de su sabiduría. ¡Oh María! Sin cesar bendeciremos al Verbo del
Padre, porque tanto os privilegió haciendo uso de su infinito saber.
PUNTO III.
Considera, alma mía, que Jesucristo no ignoraba que su
carne había de ser la misma carne de María, según escribe san Agustín: que no
ignoraba que, en lenguaje del apóstol san Andrés, así como el primer hombre fue
formado de una tierra inmaculada, así era necesario que de una virgen también
inmaculada naciese el que reconquistara para los hombres la vida eterna que
perdido había los mismos hombres. Y en atención a esto, y viendo Jesús que María
había de ser nuestra corredentora, la cual no podría verificarlo ciertamente
estando tachada de pecado, cuidó de santificar su tabernáculo, como profetizó
David. Acudió, pues, su eterna sabiduría al alma de María en aquel terrible y
angustioso trance de la Concepción; y la sabiduría, que es luz divina, ahuyentó
al demonio, que es príncipe de las tinieblas y siempre se rodea de oscuridad; y
la sabiduría que es toda de Dios, ahuyentó a la culpa que es toda del diablo. Y
Satanás con todo el aparato de su maldad y perfidia huyó avergonzado a la vista
de aquella mujer que entonces aparece vestida de la sabiduría, calzada de la sabiduría
y coronada por la sabiduría, como apareció después a los asombrados ojos del extático
Evangelista, vestida del sol, calzada de la luna y coronada por las estrellas. ¡Oh María! Si Satanás supo engañar a nuestros primeros
padres para perderlos, Jesús supo expulsarle de vuestra alma para santificaros
a Vos y salvarnos a nosotros. ¡Inefable felicidad!
JACULATORIA.
Madre de Dios, acordaos de mí. (San Francisco Javier.)
OBSEQUIO:
Ayunaremos los sábados en obsequio de la
Inmaculada.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA
El
sábado es el día de la semana especial mente dedicado a la Virgen; y en su
memoria san Carlos y otros muchos santos y venerables acostumbraron ayunar en
semejante día. Trataremos, pues, nosotros de ayunar los sábados en honor de
María y también las vísperas de sus festividades, con la seguridad de que María
premiará nuestro ayuno, como lo ha hecho muchas veces.
DÍA QUINTO—3 de diciembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción es adornada
por el Hijo con la sabiduría.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que, habiendo María vencido en su Concepción
al príncipe de las tinieblas, padre de la mentira y de la ignorancia, y habiendo
conseguido tan importante resultado con la sabiduría del Hijo, de la cual como
de brillantes resplandores se hallaba vestida y rodeada, quedó por su victoria
poseedora de la verdadera sabiduría. María alcanzó un espíritu de inteligencia
santo, según el sagrado Texto, único, de variada multiplicación, sutil, discreto,
ágil, inmaculado, certero y suave. María, según el mismo Texto sagrado, quedó
tan verdaderamente sabia, que tenía la ciencia de todas las cosas y aprendió
todo cuanto hay escondido y no descubierto. Y esto precisamente debía suceder,
porque el Verbo de Dios, eterna Sabiduría del Padre, preservó sabiamente a su
Madre del pecado original, para que fuese su digno tabernáculo, y no debemos
olvidar que la sabiduría verdadera no puede habitar en almas díscolas y en
cuerpos sujetos al pecado. Y si toda sabiduría viene de Dios, y si Dios por
ende es el autor de la verdadera sabiduría, ¿cómo, oh María, no reconocer que en Vos se difundió la
sabiduría de Dios en toda su plenitud?
PUNTO II.
Considera, alma mía, de cuan distintos modos aparece que
María fué investida y adornada por su Hijo con la verdadera sabiduría en premio
de su Concepción purísima, sin cuyo requisito no hubiera llegado a ser Madre de
Dios. La sabiduría del hombre, dice santo Tomás, es una participación de la
divina sabiduría, la cual juzga todas las cosas y considera y reflexiona las
altísimas causas de ellas. ¿No ves aquí, alma mía, por qué razón la Iglesia reconoce
a María como la Madre y Maestra de todos sus Doctores? El impío ignora
la ciencia, dice el Espíritu santo; María la posee porque posee la verdadera
santidad. María es preservada en su Concepción del funesto y terrible pecado
original: agrada a Dios con su pureza y hermosura: mira a Dios, y bebe allí la
inspiración y sabiduría de las cosas del cielo. Así es, oh María, como, gracias
a vuestra Concepción inmaculada, en la que el Hijo se complace, poseéis ya
desde aquel momento aquella verdadera Sabiduría, a la cual encarnada después
habíais de llevar en vuestro sagrado vientre, dándole alimento con el dulcísimo
néctar de vuestros castísimos pechos. Y nosotros, con más fundada razón que la
reina de Sabá, diremos que es mayor tu sabiduría que lo que la fama pública.
PUNTO III.
Considera, alma mía, que las virtudes en que tanto
resplandeció María, atestiguan a placer que recibió en su alma la plenitud de
la sabiduría de su divino Hijo. La verdadera sabiduría se consigue con la humildad,
dice el papa san Gregorio; y san Antonino escribe lo siguiente: La
bienaventurada Virgen poseyó la sabiduría en sumo grado; porque, como dice Salomón,
en donde está la humildad allí está la sabiduría: y Tolomeo enseña, que entre
los sabios aquel es más sabio que es más humilde. La bienaventurada María fué
sobre todos humilde; y, según la regla establecida por su Hijo, el que se
humilla será exaltado, y cuanto más se humille más exaltado será. Y como la
virgen María fué exaltada sobre los coros de los ángeles, resulta que fue y por
consiguiente muy sabia. Por lo cual, concluye el santo Arzobispo de Florencia,
María de tal manera fué llena de la gracia de la sabiduría, que con rigor y
verdad pudo decir: Vino sobre mí el espíritu de sabiduría. ¡Oh María! nosotros
repetiremos con el sagrado Texto, que la Sabiduría se edificó una casa para
morar en ella y llenarla de sus dones y vivísimo resplandor. Nosotros os
diremos con la Iglesia: Trono y asiento de la sabiduría, ruega por nosotros.
JACULATORIA.
Virgen María, madre de Dios, rogad a Jesús por
mí. (San
Felipe Neri.)
OBSEQUIO:
Visitar a menudo las imágenes de María.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA
Todos los devotos de María, dice san
Ligorio, suelen visitar con grande
afecto y a menudo las imágenes e iglesias dedicadas a su memoria. Esto mismo haremos nosotros, como lo
hacían san Enrique y el padre Sánchez; pues las imágenes y templos dedicados a
María son las ciudades de refugio en donde hallamos acogida en las tentaciones
y en los castigos merecidos por nuestra culpa, dice san Juan Damasceno.
DÍA SEXTO—4 de diciembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción emplea su
sabiduría en beneficio del hombre.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que la primera consecuencia que el
beato Alberto Magno atribuye a la sabiduría, es la posesión de una fe sólida y robusta,
con cuyo auxilio se consigue la eterna bienaventuranza. Considera que, como
dice san Antonino, María poseyó en sumo grado esta fe tan recomendable; pues
atestigua la Iglesia, que ella sola ha exterminado todas las herejías en el mundo.
Porque habiendo exterminado al demonio con el triunfo de su Concepción, natural
era que con la sabiduría en la Concepción adquirida exterminara a todos los herejes,
que son los hijos primogénitos del diablo, como llamaba san Policarpo al
heresiarca Marcion. Considera cuantos beneficios nos reportó María con esta su
sabiduría triunfante, acabando con las herejías, que son la piedra de escándalo
para los fieles, y facilitando así a sus devotos la posesión de la eterna
bienaventuranza, que solo se consigue con la fe de la Iglesia; bien, así como
solo se libertaron del diluvio los que se hallaban encerrados en el arca de
Noé. ¡Oh María!; cuán cierto es que el deseo de la verdad
y sabiduría, y ellas mismas, por consiguiente, conducen al reino eterno, como dice
el Espíritu santo ¡Oh cuán cierto es, repetiremos con el sagrado Texto, que los que aman
la sabiduría reinarán perpetuamente!
PUNTO II.
Considera, alma mía, que, según el mismo beato Alberto
Magno, la segunda consecuencia de la verdadera sabiduría es el abstenerse de
las cosas malas, porque se conoce su torpeza. Pues, como dice Job, la ciencia
consiste en huir del mal. Observa ahora, alma mía, con san Antonino, que
ninguna criatura se abstuvo jamás de todo pecado venial sino María. Esta
impecabilidad de María fué consecuencia de la verdadera sabiduría de que estaba
llena; como esta sabiduría fué consecuencia de su Concepción inmaculada,
porque, según afirma san Alfonso de Ligorio, era imposible que María hubiese
evitado todos los pecados, habiendo contraído como todos la culpa original. ¿Qué más
quieres, alma mía? ¿Podía la Señora favorecer a los hombres de una manera más
marcada y especial, que presentándose impecable por gracia a los ojos de Dios,
digna Madre por tanto de Jesús, único impecable por naturaleza? Así
es como María pudo ser, y lo fué, una digna Madre de Dios, y por ende una digna
Madre y protectora de los hombres. Así es como María pudo ser nuestra corredentora,
porque pudo preguntar como su Hijo: ¿quién me argüirá de pecado? Así es como María pudo ser nuestra abogada,
porque solo aprovecha para abogado el que no está manchado con el mismo delito
del reo a quien defiende. ¡Oh María! Ahora
diremos como Salomón, que con la sabiduría nos vinieron todos los bienes e innumerables
riquezas.
PUNTO III.
Considera, alma mía, que la tercera consecuencia de la sabiduría,
según el beato Alberto, es el poder vivir y conversar entre los hombres sin
contaminarse ni hacerse el hombre digno de castigo. Así lo hizo María, dice san
Antonino, la cual por lo mismo es la que alumbra y hermosea a la Iglesia toda,
y en la cual, según san Ambrosio, hallamos un vivo ejemplo de probidad que nos
enseña lo que debemos evitar y que debemos hacer. ¿Y cómo se había de contaminar en su trato
con los hombres la que no se contaminó con el pecado original? ¿Cómo manchar
los hombres lo que a Maria a quien no pudo manchar toda la fuerza del demonio?
Y es que María, según explica san
Buenaventura,
era aquella vara de Jesé
sobre la cual debía descansar el Espíritu de la sabiduría, del entendimiento,
del consejo, de la fortaleza, de la ciencia y de la piedad. Considera, alma mía, cuantas ventajas
debía reportar el hombre, de que María se hallara revestida de este espíritu,
para guiarnos en las tortuosas dificultades de esta vida y oponerse en favor
nuestro a las terribles incursiones de nuestro enemigo. Porque la sabiduría, dice el Espíritu santo, alcanza de fin a fin con fortaleza y todo lo
dispone con suavidad. Es
decir, como comenta un docto escritor, porque la sabiduría comienza y acaba en
nosotros la obra de la salud, y esto con tanta fuerza y suavidad, que no hay
corazón, por duro que sea, que no ceda a sus santas inspiraciones y dulces
movimientos. ¡Oh María! Sin vacilar decimos de Vos, lo que él
Espíritu santo de la sabiduría: que sois la eseñadora
de la ciencia de Dios y la electora y directora de sus obras.
JACULATORIA
Haced, o Señora, que Jesús no me arroje de sí.
(San Efrén.)
OBSEQUIO:
Inscribiremos nuestro nombre en las Cofradías de
María.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA.
Las
Congregaciones o Cofradías, especialmente las de Nuestra Señora, dice san
Ligorio, son otras tantas arcas de Noé en las cuales encuentran refugio los
pobres seculares en el diluvio de tentaciones y pecados, que inundan al mundo.
San Francisco de Sales y san Carlos Borromeo exhortan a todos los cristianos a
que se inscriban en las Cofradías. No nos descuidaremos, pues, en hacernos
cofrades de María, seguros de su gratitud y correspondencia.
DÍA SÉPTIMO—5 de diciembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción es
dispensada del pecado original por el amor del Espíritu santo.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que el amor del Espíritu santo desciende sobre María en el mismo momento de su Concepción como abundoso río de beneficios y consolaciones. ¡Oh incomparables proezas del amor! ¿Quién sino el amor pudo hacer a María antes hija de la gracia que, de la naturaleza, antes hija del cielo que, de la tierra, antes hija de Dios que hija del hombre? ¿Quién sino el amor, preguntaremos con san Cipriano, pudo dar a María el ser y la naturaleza de Adán, sin la culpa y pecado del mismo Adán? El amor de Dios escoge la concepción de María como motivo para portentosas manifestaciones; y como el amor todo lo trasforma y lo consigue todo, levanta a María antes de caer, la libra del cautiverio antes de ser cautiva, la purifica antes de mancharse, la redime del pecado antes de pecar, la salva del naufragio antes de naufragar. Solo a Dios incomprensiblemente bondadoso у de amor lleno, y tan grande en su amor como en su gloria; solo a Dios tocaba dispensar a María de una ley la más apremiante y universal, la más indispensable y absoluta de cuantas se han promulgado contra el hombre. Solo el Espíritu de amor debía preservar a María, hija del hombre, de la caída y desgracia del mismo hombre. ¡Oh María! vino sobre Vos el amor, y se ausentó el pecado antes de ocupar vuestra purísima alma.
PUNTO II.
Considera, alma mía, que son tan notables
las amorosas operaciones
del Espíritu santo en obsequio
de María y en el momento de su Concepción,
que podemos decir que todas las leyes
de la naturaleza han sido trastornadas para dar lugar a los portentos de la
gracia. El amor del Espíritu santo crea expresa y únicamente para María un
nuevo orden de providencia, un nuevo estado de inocencia a los cuatro mil años
de la creación. El amor de Espíritu santo crea un nuevo orden de cosas en el
cual solo entra María, a quien nada alcanzan las humillantes y depresivas leyes
del género humano: un nuevo orden de cosas todo sobrenatural, donde nadie está
sino María y con ella la inocencia, la santidad y la gracia en toda su plenitud,
en toda su extensión, en toda su profundidad: un nuevo mundo al cual siempre
alumbra el Sol de justicia y del cual nunca se esconde la Luna misteriosa. El
amor del Espíritu santo crea un nuevo paraíso impenetrable y cerrado a la
infernal serpiente; paraíso a todas horas recreado por el soplo amoroso del
Señor, siempre embalsamado con celestiales aromas; jardín precioso en que se deleita
el Amado; jardín pródigamente fecundado por los caudalosos ríos de la gracia.
El Espíritu santo crea para María un don, un privilegio, que, en su concesión,
y en su esencia, y en sus circunstancias, y en su principio, y en su fin, y en
sus causas, y en sus efectos, y en su realidad y hasta en sus figuras, revela al
mundo las inexplicables grandezas y bondades de Dios y las inestimables
riquezas de su amor. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a María! ¡Oh amada Madre! verdaderamente os amó el Señor de todas las cosas, repetiremos
con el libro de la Sabiduría.
PUNTO III.
Considera, alma mía, que, como nos refiere la sagrada Escritura,
el rey Asuero condenó a muerte a todos los hebreos cautivos en su imperio. La
reina Esther, que pertenecía a la raza sentenciada, se presentó al rey, el cual,
al verla, escuchando al amor que la profesaba, le dijo de esta manera: No temas, que esta ley ha
sido constituida por todos menos por ti: mi decreto a todos alcanza menos a ti. Así el Espíritu santo, con más amor y
voluntad que el rey Asuero, hace retirar al demonio que ya se arrojaba contra
el alma de María en el momento de su Concepción, y dice estas palabras a
aquella a quien tanto amaba y destinada tenia para su querida esposa: ¡Oh María! no temas. En vano el
enemigo común quiere alistarte bajo sus banderas de perdición. En vano el orgulloso
Luzbel trata de fijar su torpe reinado y su maléfica influencia en tu corazón. En
vano el ángel rebelde pone asechanzas a tu calcañal. Tú quebrantarás su cabeza;
tú le vencerás; tú le dejarás corrido y avergonzado, porque yo, que soy el
autor de todas las cosas, le amo con predilección, y la ley del pecado original
a todos sujeta menos a ti. Esto
mismo repetiremos nosotros, ¡Oh María! El pecado original a todos comprende menos a Vos: a todos
alcanza menos a Vos.
JACULATORIA.
¡Oh María! no cese de amaros mi corazón y de
alabaros mi lengua. (San
Buenaventura.)
OBSEQUIO:
Socorreremos con limosnas a los pobres, en obsequio
de María.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA.
Procuraremos,
en conformidad a nuestras facultades, el dar limosnas y socorros a los
necesitados y visitar a los enfermos. Así lo hicieron san Adeodato, san
Gerardo, san Everardo, el padre Martin Gutiérrez y otros a quienes recompensó
abundantemente María, la cual, siendo reina y madre de misericordia, aprecia mucho
que sus devotos sean misericordiosos y compasivos.
DÍA OCTAVO—6 de diciembre.
MEDITACIÓN.
María inmaculada en su Concepción es adornada
por el Espíritu santo con el amor.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que habiendo asistido el Espíritu santo
con su amor y especial benevolencia a la Concepción inmaculada de María, y al notar
a la Virgen santísima tan pura y tan resplandeciente en belleza y en gracia sin
igual, la eligió como centro donde depositar la inmensidad de su amor. María
triunfa del demonio en su Concepción purísima y agrada a Dios de una manera
singular. El Espíritu santo la recibe por su esposa con un amor intenso, con un
amor profundísimo; у la dota y reviste con este amor como en premio de su
pureza y de su triunfo. ¿Quieres, alma mía, comprender la grandeza del amor con
que el Espíritu santo adornó a María?; ¡Oh alteza, diré
yo ahora con san Pablo, o profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la
ciencia de Dios! ¡cuán incomprensibles son sus juicios é impenetrables sus
caminos! Yo soy la Madre del amor
hermoso, dice María; y san Francisco de Sales la llamó reina del amor. El
corazón de María, en virtud de su inmaculada y purísima Concepción, atesoro tan
preciosas riquezas de amor, que ya consideremos su amor a Dios, ya su amor a
los hombres, nos veremos precisados a exclamar con David, que el amor de María
es grande e insondable. ¡Oh amor! ¡Oh María! Reina у madre sois del amor.
PUNTO II.
Considera, alma mía, que el corazón de María fué un
sagrado cuanto riquísimo depósito de amor a Dios. Habiendo experimentado tan de
lleno el amor de Dios hacia ella en el momento de su Concepción, y hallándose
con un corazón enteramente lleno de gracias y fervor por el triunfo conseguido
contra el demonio, alimentó en su interior una llama tan viva y tan perenne de
amor a Dios que, como escribe san Bernardino de Sena,
sobrepujó su amor al de
todos los ángeles y al de los hombres todos.
Solo Dios, alma mía, es capaz de conocer los amorosos misterios que en todos
tiempos se verificaban en aquel agradecido y purísimo corazón. Solo Dios, que a ningún
corazón inflamó tanto como el de María,
según se explica san Ligorio. Solo el Espíritu santo, el cual,
como dice san Ildefonso, de tal manera se comunicó a María, que solo en
ella se descubre la llama del mismo Espíritu y se percibe el fuego del amor de
Dios. Solo
María podría explicar cuan incomparables fueron los quilates de su amor: solo
María, cuyo corazón fué comparado por santo Tomás de Villanueva a la zarza de Moisés que ardía sin consumirse. ¡Oh María! Vos sí que podéis exclamar como la
esposa de los Cantares: Mi amado es todo para mí y yo toda para mi amado.
PUNTO III.
Considera, alma mía, que María amó también infinitamente
a los hombres; porque esto es una deducción irrevocable y precisa del amor a
Dios. Su inmaculada y gloriosa Concepción y el amor con que Dios la enriqueció
en aquel momento, la prepararon para la altísima dignidad de Madre de Dios y de
los hombres; y su Concepción y su amor y su dignidad la prepararon para amar a
los hombres de tal manera, que, así como no hubo, dice
san Ligorio, ni habrá quien ame más a María,
así no hubo ni habrá quien haya amado más al prójimo que María. Por lo cual escribe el padre
Nieremberg,
que el amor de todas las
madres a sus hijos es una sombra en comparación del amor que a uno solo de
nosotros tiene María, porque nos ama más que todos los ángeles y santos juntos. Vio san Juan
a María en su misterioso Apocalipsis, y la vio vestida del sol. Porque, así como nadie de la tierra se
liberta del calor del sol, comenta
el sabio Idiota,
así no hay viviente en la
tierra que esté privado del amor de María.
¡Oh Madre purísima! Permitid que os digamos con san
Francisco de Sales, que sois la más amable,
la más amada y la más amante entre todas las criaturas.
JACULATORIA.
Santa María, mi abogada, rogad a Jesús por mí. (Padre Cupati.)
OBSEQUIO: Cuidaremos de oír misa
todos los días en obsequio de María.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA.
Siendo
tan grande y excelente el santo sacrificio de la Misa, razón será que le oigamos
todos los días, si ser pudiere, en obsequio de María, la cual reveló a un alma,
que era muy de su agrado esta laudable devoción. Formaremos propósito de oír todas
cuantas misas podamos, honrando así a María y ganando al mismo tiempo
innumerables indulgencias concedidas por los Romanos Pontífices.
DÍA NOVENO—7 de diciembre.
MEDITACIÓN
María inmaculada en su Concepción emplea su amor en beneficio del hombre.
PUNTO I.
Considera, alma mía, que siendo de buena ley el amor de
María para con los hombres, no podía permanecer en manera alguna ociosa:
porque, así como es propiedad nativa de la luz el alumbrar al mundo, así es
propiedad instintiva del amor el favorecer al amado. Esto considerado, y
reconocido cuanto amor para los hombres recibió María en su Concepción sin mancha,
fácilmente vendremos en conocimiento de que María emplea decididamente un
inmenso amor en beneficio del hombre. Y todo esto procede de su señalado
triunfo contra el demonio. Y a esto contribuye poderosamente el miedo que el
demonio tiene a María; porque, como no puede olvidar la confusión y vergonzoso
abatimiento de que le cubrió Maria en su Concepción gloriosa, huye como saeta
disparada cuando ve que su vencedora protege al hombre y le defiende con su maternal
amor. Pero ¿a
qué cansarnos en buscar confirmaciones de la amorosa protección de María? Basta con que recordemos que es nuestra Madre y
que nos consuela como una madre cariñosa, según ella misma dice en la sagrada
Escritura, y en un orden más elevado y perfecto que las madres naturales. Madre nuestra sois, o
dulcísima María; madre de amor, madre de consolación, madre de misericordia.
PUNTO II.
Considera, alma mía, que es tanto el amor de María para
con los hombres que, movido por ello nuestro bondadoso Dios, ha dispuesto que todas las gracias y
favores nos vengan por mano de María, como
asegura y prueba san Alfonso de Ligorio. Así es que no duda escribir el sabio
Gerson, que, consistiendo el reino de
Dios en el poder y en la misericordia, se ha reservado Dios el poder y ha
cedido en cierta manera la parte de la misericordia a su amada Madre. Bien claro lo atestigua el Maestro
de los Doctores
cuando dice, que María alcanzó la mitad del reino de Dios, para ser reina de
la misericordia, quedando Jesucristo rey de la justicia. Atendiendo a lo cual enseña san
Bernardo, que en María se encuentra
la plenitud de todos los bienes, para que cuanto alcancemos de Dios, todo lo
reconozcamos conseguido por medio de María. ¡Cuán consoladoras son,
alma mía, estas verdades! ¡Qué felicidad la nuestra
en tener una Madre tan empeñada en favorecernos y tan poderosa al mismo tiempo!
Y siendo todo
esto, como es, notoria consecuencia de la Concepción sin mancha de María, no
aparecerá extraño que digamos con la santa Iglesia: Tu Concepción, o Virgen
Madre de Dios, anunció el gozo a todo el mundo. Dios te salve, Reina y Madre de
misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
PUNTO III.
Considera, alma mía, con atención lo que nos encarga san
Bernardo
en las siguientes palabras, que son muy a propósito para inducirnos a amar a María,
para convencernos de que María en todo y por todo nos favorece, y para encender
nuestra devoción a la Concepción inmaculada de María, fuente de todas sus grandezas
y prerrogativas. Oh tú, —así
dice el Santo, —que te ves fluctuando entre los escollos y tempestades de esta
vida, no apartes tus ojos de María resplandeciente y divinal estrella. Si se levantan contra ti
los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de la tribulación,
fija tus miradas en esta estrella, llama a María. Si te ves arrojado entre las
olas de la soberbia, de la ambición, de la murmuración y de la envidia, fija
tus miradas en esta estrella, llama a María. Si tu entendimiento se ve combatido
por la ira, la avaricia у la lujuria, fija tus miradas en María. Si con turbado por la
crueldad de tus vicios, confundido por la suciedad de tu conciencia, aterrorizado
ante la perspectiva del juicio, te ocupa ya la tristeza del infierno y te ves
ya sumido en el abismo de la desesperación, piensa en María; y en tus peligros
y angustias y en todas tus dudas piensa en María y llama a María. ¡Oh María! Bendita sea vuestra Concepción sin mancha; bendito vuestro amor
en el cielo y en la tierra.
JACULATORIA.
¡Oh Señora! No me abandonéis hasta la muerte. (Spinelli.)
OBSEQUIO:
Frecuentar la sagrada comunión para agradar a María.
INSTRUCCIÓN PARA ESTE DÍA
Haremos
todos los esfuerzos imaginables para recibir a menudo la sagrada comunión. Nada
podremos hacer más grato a Dios que alimentarnos con su carne y sangre: nada
más grato a María, la cual reveló a un alma devota, que no le podía ofrecer
cosa más de su gusto que la sagrada comunión. Especialmente pediremos licencia
al confesor para comulgar en los sábados y festividades de la Virgen.
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